Ruben López El Chasque 212 14/11/2025 “ Pero la más hermosa de todas las dudas es cuando los débiles y desalentados levantan su cabeza y dejan de creer en la fuerza de sus opresores .” … “ Tú, que...
Coordinación de los Frenteamplistas para una nueva etapa en el proceso de liberación Ruben López El Chasque 211 7/11/2025 «Actuar es fácil, pensar es difícil y actuar según se piensa, terriblemente...
Ruben López El Chasque 210 31/10/2025 La movilización política, la imaginación, trabajo de masas, la conciencia… “ Nuestra movilización tiene que ser, por sobre todas las cosas, movilización a nivel...
Julio Castillo El Chasque 210 31/10/2025 Según se cuenta en la Odisea, Sísifo hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar...
Ruben López El Chasque 27/10/2025 Mirando un artículo que escribía en marzo de 2012, veo que hoy se reiteran muchos de los conceptos, sobre todo en la definición del momento. Hoy surge un grupo de...
Ruben López El Chasque 22/10/2025 1. El Presupuesto El centro de la idea que nos trasmite el sistema: es que no se puede hacer nada más, dentro de ese espacio fiscal acotado. 2. La Economía Nacional...
Ruben López El Chasque 208 17/10/2025 Porque queremos fortalecer al FA, porque es necesario el protagonismo popular, por la más amplia participación en el debate y la toma de decisiones. 1. El...
Una nueva concepción de la política “ ninguno de esos militantes estaba dispuesto a abandonar sus banderas, a entregarlas a representantes para que estos actuaran separados del pueblo.” Ruben López...
A 52 años de Los hechos de abril de 1972 El Chasque 17/04/2024 El 17 de abril de 1972 eran asesinados 8 comunistas en la Seccional 20, Montevideo. 52 años han pasado desde aquellos días trágicos....
13 Abril 2024
1985-2004 Restauración Democrática
1519
28 de marzo de 1985 Hace 39 años el PCU en la palabra de Arismendi hacía un análisis de la situación, apenas unos días después de la asunción de Sanguinetti como presidente de la República....
VALERIO ARCARY TRADUCCIÓN: ROLANDO PRATS JACOBIN El Chasque 130 22/03/2024 Lecciones leninistas para el combate contra la extrema derecha. En esta alocución pronunciada en español el pasado 3 de...
13 Abril 2024
02 La Dictadura del Proletariado
1826
UNA ENTREVISTA CON ADRIÁN PIVA Jacobin – 1/08/2023 El Chasque 130 22/03/2024 La teoría económica, incluso el marxismo, ha tendido a separar la política de la economía. Esto condujo a que sectores de...
6 Abril 2024
1985-2004 Restauración Democrática
1611
El Chasque 19 de marzo de 2024 El 19 de marzo de 2004, en el marco de una serie de homenajes que se le organizó al cumplirse 20 años de su liberación, el general Liber Seregni habló en el Paraninfo...
6 Abril 2024
1973-1984 Dictadura y Resistencia
1689
Discurso del general (r) Líber Seregni desde el balcón de su apartamento de Bulevar Artigas y Bulevar España, pronunciado el 19 de marzo de 1984. El Chasque 24/03/2024 «Quiero decirles dos o tres...
6 Abril 2024
1971-1973 Del origen del FA al Golpe de Estado
1897
General Liber Seregni (9/02/1973) El Chasque 25/10/2023 1973. Ante los hechos, el enfrentamiento de las FFAA con el Poder Ejecutivo, el Comunicado 4/73 del mismo día 9/02, el acuartelamiento de la...
Julio Castillo El Chasque 129 15/03/2024 La Zona de Interés es un film que en la actualidad nos muestra que la convivencia con la injusticia y el horror es más común de los que parece. Noemí Klein,...
El Chasque 128 8/03/2024 “ La chispa de la revolución contra la autocracia en Rusia Si el Día de la Mujer nació de las luchas sociales y políticas, su celebración en Rusia en 1917 fue el germen de...
Publicado el 6 de noviembre de 1919 en el núm. 249. De «Pravda». El Chasque 128 8/03/2024 El segundo aniversario del Poder soviético nos obliga a echar una ojeada de conjunto a lo que hemos hecho en...
Publicado el 6 de noviembre de 1919 en el núm. 249. De «Pravda». El Chasque 128 8/03/2024 El segundo aniversario del Poder soviético nos obliga a echar una ojeada de conjunto a lo que hemos hecho en...
8 de julio de 1920 El Chasque 128 8/03/2024 El poder soviético ha sido el primero en crear las condiciones en la que la mujer podrá coronar, finalmente, la obra de su propia emancipación. En el...
Discurso pronunciado en el Congreso de Gotha del Partido Socialdemócrata de Alemania el 16 de octubre de 1896. Reproducido como panfleto. El Chasque 128 8/03/2024 L os estudios de Bachofen [1] ,...
Escrito en 1899 El Chasque 128 8/03/2024 Introducción Este panfleto fue escrito hace mucho tiempo, en 1899, en el pueblo siberiano de Shushenskoye, en la región de Minusinsk, en la provincia de...
Escrito: 5 de marzo de 1914 El Chasque 128 8/03/2024 El día de la Mujer trabajadora inaugura la semana de la Socialdemocracia. Con el duro trabajo de estas jornadas el partido de los desposeídos...
Pronunciado: Ante el Congreso Obrero Internacional de Paris, el 19 de julio de 1889. [1] Marxist.org El Chasque 128 8/03/2024 (Ciudadana Zetkin, diputada de las trabajadores en Berlín, asume bajo el...
Quiero que un joven halle en la dureza que construí, con lentitud y con metales, como una caja, abriéndola, cara a cara, la vida, y hundiendo el alma toque las ráfagas que hicieron mi alegría, en la altura tempestuosa.
Canto General, La gran alegría, Pablo Neruda
Basta con que una generación despierte para que haya despertado el Universo
Silo
Este 19 de Diciembre tiene lugar la segunda y definitoria vuelta presidencial en Chile. Definitoria, no solo porque el vencedor será el próximo presidente del país andino, sino porque en ella se juega también la posibilidad de una nueva Constitución para el pueblo chileno, en la que los derechos sociales y políticos hasta ahora cancelados por los cerrojos pinochetistas, puedan florecer.
El resultado es definitorio también en términos geopolíticos: la derrota del exponente pinochetista, pondrá un nuevo freno a la avanzada ultraderechista regional y mundial, siendo de vital importancia para la reconstrucción de la integración latinoamericana de signo soberano e impulsando los vientos que auguran el éxito de Lula en Brasil y Gustavo Petro en Colombia.
La victoria de la centroizquierda chilena constituiría también un mojón histórico, con la chance de cerrar el ciclo de una dictadura neoliberal de casi medio siglo, que el advenimiento de la democracia formal solo prolongó de manera dolorosa, continuando el programa elitesco del golpismo que derrocó en 1973 al socialista Salvador Allende.
Del mismo modo, Gabriel Boric, hoy de 35 años y destacado exponente de la asonada estudiantil de 2011 – en el marco de una rebelión global inconclusa contra el poder del 1% – completaría parte de ese proceso (y el iniciado por la Revolución Pingüina de 2006 en Chile), asumiendo el cargo político más alto en nombre de sus principales paradigmas.
La definición electoral
Si bien las encuestas previas al día de la elección dan prácticamente sin excepciones ventaja a Boric, es aconsejable desconfiar de las mismas. No hacemos con esto alusión a la habitual inclinación de vaticinios según la estrategia electoral de quien paga a las consultoras a cargo, sino a factores relacionados con las modalidades en las que se realizaron, casi todas de modo electrónico o a distancia, la dificultad de acceder a regiones menos urbanas, la posibilidad de un voto oculto vergonzante y el humor social de una gran parte de la población, cada vez menos afecta a declarar abiertamente simpatías políticas.
Sin embargo, es posible analizar lo que juega a favor o en contra del vital triunfo de la coalición progresista.
El voto orgánico-ideológico
Las orgánicas políticas que concurrieron a la primera vuelta, declararon sus apoyos como era previsible. A favor de Boric, ungido candidato presidencial por la coalición Apruebo Dignidad (constituida por el Frente Amplio, el Partido Comunista, la Federación Regionalista Verde Social y Acción Humanista, entre otros colectivos), se manifestaron los partidos de la ex Concertación (el partido Socialista, el demócrata cristiano, el radical y el PPD), el partido Liberal, el progresismo de Enríquez Ominami y la Coalición Dignidad Ahora, conformada por el Partido Humanista y el Partido Igualdad. A pocos días de la elección, regresó al país la ex presidenta Michelle Bachelet, que goza todavía de popularidad en un segmento de la población, y que seguramente hará algún gesto que confirme el apoyo ya expresado por su fundación al candidato de centroizquierda.
Por su parte, la derecha en el gobierno (en esta elección con la denominación de Chile Vamos, que agrupa a Renovación Nacional, la Unión Demócrata Independiente y Evópoli) salió en auxilio del débil aparato republicano de Kast, reforzado por las huestes evangélicas.
El campo retrógrado podría además sumar parte de la sorpresiva votación de Parisi, candidato con un electorado volátil, radicado en su influencia digital y actualmente jaqueado en su credibilidad por diversas denuncias. Si bien el grado de respaldo de ese segmento a uno u otro candidato es difícil de medir, es seguro que el importante contingente (13%) que lo apoyó en primera vuelta, no votará unánimemente. Lo probable es que una parte no vote, ya que el respaldo a su Partido de la Gente forma parte del rechazo a la política tradicional, aunque escorado al liberalismo y otra parte divida sus preferencias, según una última encuesta de la consultora CADEM, apoyando incluso en mayor medida a la coalición del progresismo.
La mayoría silenciosa
En ninguna de las últimas 3 elecciones se superó el 51% de participación, porcentaje que votó en el plebiscito de Octubre 2020, que dio un amplio resultado favorable a la redacción de un nuevo texto constitucional (78,3 contra 21,7). Siete meses después, en la elección de los convencionales constituyentes, la asistencia decreció 10 puntos (41,5%) o 1 millón 380000 votos menos. Finalmente, en la elección presidencial y legislativa de Noviembre votó algo más del 47% de los empadronados.
En las presidenciales de 2017, en las que triunfó Sebastián Piñera, la participación osciló entre un 47% y un 49%, en primer y segundo turno respectivamente. Por su parte, Michelle Bachelet fue electa en 2013 con una asistencia del 49% del padrón en primera vuelta, porcentaje que descendió luego a un 42% seguramente a causa de un resultado ya definido.
En otras palabras, casi la mitad de los chilenos, que recién gozan de la inscripción automática en el padrón electoral desde Enero de 2012, sufre una paradoja de consecuencias fatales. La sociedad chilena requiere y exige un profundo viraje político, pero siente, al mismo tiempo un fuerte y fundado rechazo a la ineficacia de la política para producir las esenciales transformaciones sociales. Esto último, asentado en la caricatura de democracia maniatada por el amañado andamiaje constitucional urdido por los esbirros ideológicos de Pinochet en complicidad con las presiones fácticas del poder empresarial y geopolítico pro-imperial.
La gran incógnita de estos comicios es si el pueblo de Chile, y fundamentalmente sus jóvenes, logran salir de esta encerrona. El desencanto fuertemente arraigado y la relativa falta de adhesión a las figuras en liza podría provocar que muchos no vayan a sufragar. Sin embargo, la importancia de la elección y la polarización de las alternativas podrían ayudar a subir la participación, lo que es esencial para garantizar que el despertar masivo de Octubre 2019 consolide su camino.
El voto luminoso frente a las voces de la caverna
La actual Ruta de la Esperanza encabezada por Izkia Siches, quien renunció a la presidencia del Colegio Médico de Chile para acompañar la campaña de Boric, viene concitando un gran apoyo en su recorrida de Norte a Sur. La joven médica, oriunda de Arica, viaja con su pequeña hija, simbolizando y atrayendo con fuerza el voto clave de las mujeres, cuyos derechos están fuertemente amenazados por la postura misógina del candidato ultraconservador.
Al mismo tiempo, además del feminismo, diversos colectivos ciudadanos ecologistas y territoriales, del mundo de los derechos humanos, la cultura, la educación, las diversidades sexoafectivas, el movimiento sindical, el No+AFP, movimientos de pobladores y por una vivienda digna, entre otros, han conformado un gran frente activista a favor de Gabriel Boric.
Se puede observar el franco crecimiento de este conglomerado portador de la nueva sensibilidad en el creciente posicionamiento político y territorial de sus figuras más prominentes. Los resonantes 20 puntos de Beatriz Sánchez en 2017, con los que el Frente Amplio consiguió 20 diputados y un senador representaron el quiebre del bipartidismo.
En el nivel ejecutivo, la nueva generación avanzó en el relevo consiguiendo una importante base territorial a través de las recientes victorias en 11 comunas, cuyas alcaldesas y alcaldes pertenecen a la misma cohorte etaria del candidato presidencial. Entre esas comunas están tres de las más pobladas del país (Maipú, Viña del Mar y Valparaíso), además de la muy significativa de Santiago Centro, hoy liderada por Irací Hassler, del Partido Comunista.
También es muy relevante el avance político del movimiento social. En Valparaíso, además de la reelección de Jorge Sharp -también dirigente estudiantil en Magallanes y compañero de ruta de Boric en la fundación del Movimiento Autonomista y Convergencia Social-, se produce el resonante triunfo a la gobernación regional de Rodrigo Mundaca, dirigente del Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (Modatima).
Algo similar ocurre en Tarapacá con José Miguel Carvajal, de 36 años e impronta regionalista, recientemente electo por el partido Comunes, del Frente Amplio y con Krist Naranjo, electa como independiente en la lista del Partido Ecologista Verde.
Esta escalada política de la calle y el activismo a la institucionalidad, con el ascenso de jóvenes y dirigentes sociales a puestos de decisión, augura ahora su posible coronación con la elección de uno de sus representantes al máximo sitial de gobierno del país.
Ante este voto de futuro, se elevan en reacción las voces anacrónicas, nostálgicas de un orden violento y que pretenden anclar al país en un pasado eterno. Voces que proceden sobre todo del segmento mayor de 60 años, de la porción más adinerada de la población y de sectores tradicionalistas, reacios a los imprescindibles cambios.
El pantano mediático-digital, el voto Covid y antigobierno
Como ya es habitual en las campañas políticas, el ámbito digital es cada vez más influyente en la comunicación de propuestas, pero también en la difamación sistemática, en la difusión de insidiosas y falsas informaciones, en especial, contra el candidato progresista.
Varios analistas han prevenido sobre el efecto “burbuja” que producen estas publicaciones, que reverberan en espacios afines por la propia lógica de los algoritmos que direccionan las redes según principios de cercanía y segmentación. Dicho de otro modo, las redes provocan una “intoxicación” que potencia la propia opinión y podría distorsionar la percepción sobre las simpatías hacia las opciones en pugna.
Del mismo modo, los medios de propiedad altamente concentrada, aunque atravesados según el Centro de Investigación Periodística (CIPER) por “una crisis reputacional que en 2020 tuvo a la televisión, la radio y la prensa entre las instituciones con menores niveles de confianza del país”, no han hecho sino su “pega” habitual: silenciar las demandas populares, tergiversar el sentido del descontento, sesgar la cobertura de las movilizaciones, ocultar los escándalos de corrupción del gobierno y sus allegados y obviando lo obvio: que la extrema derecha es la opción favorecida por los partidarios del actual gobierno ante su propio fracaso.
Por otra parte, la coyuntura pandémica ha afectado negativamente en términos electorales a todos los gobiernos. En el caso de Piñera, pese a pertenecer y haber sido elegido por los partidos que ahora apoyan al candidato xenófobo, es marcada su ausencia política, evidentemente contraproducente por el carácter corrupto y antipopular que representa. Queda por verse si la estrategia de Kast por desmarcarse del actual gobierno da algún resultado, lo cual es altamente dudoso.
Un triunfo revolucionario
Más allá de la circunstancia electoral, que obliga a alianzas y concesiones y descontando las fuertes presiones que intentarán empañar su cometido en caso de ser electo, el triunfo de Boric, candidato de una muy amplia coalición ciudadana, será un hecho revolucionario, de acuerdo a los parámetros de la nueva sensibilidad.
Quizás confunda a algún analista la colorida diversidad de las banderas que acompañan a Boric en cada manifestación y que representan precisamente el variopinto arco de apoyos concitado por su candidatura. Ésa es justamente la principal expresión de la revolución en curso, impulsada desde la convergencia de la diversidad.
¿O acaso no es revolucionario que un dirigente que viene de las luchas estudiantiles conduzca el país que con tanto afán neoliberal negó la educación pública y gratuita y condenó al crimen de endeudamiento serial a miles de jóvenes y a sus familias, con el solo propósito de beneficiar a la banca usurera?
¿O no es revolucionario que un joven proveniente del distante austral territorio magallánico, venza al concentrado poder centralista, empujando un respeto federal a la diversidad de pueblos y territorios de Chile?
Claramente revolucionario es el relevo generacional que significa que un “cabro” de 35 años derrote a los vetustos “momios”, vigilantes de la herencia de Pinochet.
¿Y no es además revolucionario el gesto humilde, no estridente, paritario, de diálogo inclusivo y participativo en reemplazo del verticalismo de antaño que provoca hoy ya un rechazo generalizado?
Esencialmente revolucionario, sin duda, es el gran avance que significará su triunfo para todas las mujeres del país, condenadas por centurias a un machismo virulento. Revolución que, enhebrada en la corriente de lucha social y ecológica planetaria, constituirá un respiro para la catástrofe medioambiental y humana causada por el despojo del agua y otros bienes naturales comunes tan solo para asegurar rédito a grupos oligárquicos y corporaciones extranjeras.
La victoria en las urnas de Boric será un acontecimiento de características revolucionarias también en el ámbito cultural, porque posibilitará el diálogo de cada chilena y chileno con su propia memoria milenaria, con las innegables trazas plurinacionales de su composición y permitirá la denuncia expresa del expolio imperialista, la expulsión territorial y la negación de derechos a la que indígenas y sus descendientes fueron sometidos durante siglos.
Será un triunfo fundamental porque además de elevar las condiciones socioeconómicas y la calidad de vida de la mayoría hoy asfixiada por interminables horas de trabajo, intentará a pasos lentos pero con derrotero claro, desarticular la infame violencia de los carabineros, una policía militarizada cuya sistemática violación de los derechos humanos durante la dictadura permanece tristemente presente en la represión del Chile actual.
¿Qué hará el pueblo, qué los jóvenes?
Repetidas veces se ha señalado que el miedo, la inseguridad e incerteza de los tiempos actuales dificultan el crecimiento de las mejores gestas. A pesar de ello, la especie humana se eleva siempre finalmente por sobre las sórdidas intenciones y en la actitud contestataria, en la sensibilidad de las nuevas generaciones, revela su destino de superación evolutiva.
Una vez más, como ha sucedido a lo largo de toda la historia, tendrán que ser les jóvenes quienes habrán de protagonizar la “primera línea” electoral, con la intención inequívoca de sanar la dolorosa y prolongada herida abierta por el radical antihumanismo de la dictadura, sus mentores externos y sus protagonistas y cómplices internos.
Como escribió el gran Mario Benedetti, en su poema ¿Qué les queda a los jóvenes?
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros
Solo así, en Chile, América Latina y el mundo entero, podremos salir de la prehistoria.
(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en Pressenza, agencia internacional de noticias con enfoque de Paz y No Violencia
En medio de la zozobra por la dramática situación sanitaria y socioeconómica, las y los ecuatorianos tendrán una nueva cita con las urnas el 7 de Febrero. Los algo más de 13 millones de empadronados habrán de escoger a un nuevo/a primer mandatario/a y su vice entre dieciséis binomios contendientes junto a la composición de la nueva Asamblea legislativa y los representantes ante el Parlamento Andino.
Para acceder a la presidencia en primera vuelta, los candidatos deben sumar más del 40% de los sufragios y superar por más del diez por ciento a su más inmediato rival. De no ser así, los dos primeros irán a segunda vuelta el 11 de Abril.
El 18 y 19 de Diciembre tiene lugar en la Sede de UNASUR en San Benito (Cochabamba), el “Encuentro de los Pueblos del Abya Yala hacia la construcción de una América Plurinacional”.
La convocatoria fue acordada en la reunión que sostuvo el ex presidente Evo Morales Ayma en la sede de la Coordinadora de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba con representantes de movimientos indígenas, campesinos y sindicales de Ecuador, Bolivia, Argentina y Perú, luego de su épico regreso del forzado exilio.
Las organizaciones reunidas suscribieron un documento en el que se ratificó como postulados esenciales la lucha contra todas las formas de colonialismo y neocolonialismo, la lucha contra el capitalismo por ser un sistema que acaba con la vida y la Madre Tierra y la lucha contra todas las formas de guerra.
El llamamiento consigna entre sus objetivos la definición de una nueva agenda política para los pueblos, el fortalecimiento de la CELAC y la recuperación de UNASUR y el ALBA. Se aspira a través de la Diplomacia de los pueblos a consolidar la RUNASUR como mecanismo de integración de los pueblos y a forjar una organización internacional de los pueblos indígenas originarios campesinos y trabajadores obreros del Abya Yala.
Los sectores populares de Bolivia han dado una nueva lección al mundo. El triunfo apabullante del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) no deja dudas sobre la voluntad mayoritaria de su población.
Las difíciles circunstancias en las que se dio está elección realzan la valentía de quienes no se dejaron amedrentar. A la persecución y encarcelamiento por motivos políticos, a las graves vulneraciones de derechos humanos, frente a la intimidación y agresión, las y los bolivianos respondieron con dignidad y convicción, sin retroceder ni ceder en la presión para recuperar la democracia.
Es preciso recordar las sucesivas postergaciones de la elección, que finalmente se logró gracias al temple en la movilización activa de las comunidades y la firmeza de liderazgos y parlamentarios, que impidieron que el régimen de facto se perpetuara.
Pese al manejo desastroso de la pandemia por parte del gobierno, envuelto en pocos meses en graves hechos de corrupción, las y los bolivianos salieron a votar, en paz y conscientes de que les iba en ello su destino.
El abultado margen de más de 20 puntos porcentuales con el que el binomio de Luis Arce y David Choquehuanca aventajó al segundo, Carlos Mesa, representante del neoliberalismo y las ambiciones de recolonización extranjera, tiene un doble efecto.
Por una parte, disipa toda duda sobre el carácter de golpe de Estado dado en Noviembre en base a la acusación de un fraude inexistente. Golpe que lleva el sello conspirativo del Departamento de Estado estadounidense a través de su brazo de control “hemisférico”, la OEA y su secretario general.
Golpe cuyas responsabilidades atañen también a sectores de poder económico – en especial los ligados a la oligarquía cruceña – y a transnacionales con apetencias sobre los recursos naturales nacionalizados.Golpe que tuvo como partícipes necesarios a los medios de comunicación privados, propiedad de estos mismos conglomerados o transnacionalizados, a las iglesias católica y pentecostales y también a muchas organizaciones no gubernamentales eurodependientes, desplazadas en su función asistencialista por las políticas públicas del gobierno revolucionario de Evo Morales. Golpe en el que la responsabilidad directa recayó sobre los altos mandos de las Fuerzas Armadas y la Policía, un asunto de relevancia estratégica que el nuevo gobierno de Arce deberá sin duda abordar.
La inobjetable victoria, por otro lado, obra el milagro de dificultar toda intentona de fraude electoral -esta vez sí altamente posible, estando el aparato institucional en manos de un régimen de facto- o la reedición violenta de golpe, cortando de cuajo en esta ocasión toda apariencia de legalidad o legitimidad.
Si bien la sombras oscuras de resistencia a entregar el poder político todavía podrían estar sobrevolando las mentes de algún que otro agente foráneo, funcionario o militar, los pronunciamientos públicos han sido prácticamente unánimes en convalidar la clara voluntad del pueblo, cerrando el camino a posible aventuras desesperadas de la derecha.
Las razones del triunfo
El desgobierno de facto hizo todo lo que tuvo a su alcance para sepultarse. La obligación contraída con las fuerzas que manejaron sus hilos hizo que en pocos meses se pretendiera desmontar aceleradamente la construcción del Proceso de Cambio. Sobre todo en el aspecto económico y geopolítico. Y ésta fue su perdición.
El manifiesto racismo que destiló la gestión de Añez tocó el nervio histórico de la comunidad de naciones que luego de siglos lograron respeto, un importante grado de autodeterminación y valoración cultural y social. Ante ello, se levantó el clamor profundo de la rebeldía frente a la violencia instalada, logrando cimentar nuevamente la unidad que había comenzado a resquebrajarse en el último período de gobierno de la Revolución Democrática y Cultural.
Al mismo tiempo, la figura de Luis Arce, principal responsable en la implementación del crecimiento económico de la mano de Evo Morales como responsable político, proyectó la posibilidad de lograr una nueva estabilidad en medio de la tempestad de la pandemia y el futuro incierto.
Por otra parte, fue un gran acierto la fórmula de sustitución y de unidad, única táctica posible ante la proscripción y persecución contra el líder histórico. La misma estrategia se ensayó en Brasil con Fernando Haddad, en Argentina exitosamente con Alberto Fernández y es la perspectiva que moviliza la reconstrucción de un bloque progresista en Ecuador a través de la candidatura de Andrés Aráuz.
En el caso boliviano, la vicepresidencia de un dirigente indígena de talla histórica como David Choquehuanca acompañando a Arce, simboliza una vez más el intento de unir las dos vertientes del Proceso de Cambio, la visión del Buen Vivir y la desarrollista de izquierda, bajo el objetivo común de la soberanía del pueblo frente a un peligroso y desalmado adversario.
Pero más allá de los argumentos de coyuntura, el 53 o más por ciento de Lucho Arce representa un agradecimiento al Proceso de Cambio liderado por Evo Morales Ayma. Un periodo de casi catorce años en el que se emprendió un curso de desarrollo económico en base a la recuperación de los recursos naturales para generar inéditas mejoras sociales en el descenso de la pobreza, la eliminación del analfabetismo, el acceso a la salud y la educación de manera universal, la protección de la ancianidad y la infancia, entre muchas más.
Junto a los logros sociales, el Proceso de Cambio produjo innovadores y revolucionarios cambios en el imaginario y la práctica política. En el marco estructural de una sociedad plutocrática y racista logró hacer manifiesto un mundo que quiere nacer y dar paso a lo multicultural y plurinacional frente al otro decadente y moribundo, que solo favorece a un grupo de privilegiados supremacistas, herederos de la colonia.
El Proceso de Cambio, senda que ahora retomará Bolivia en un nuevo ciclo creativo, posibilitó la emergencia de las culturas ignoradas y sometidas durante centurias, dándole protagonismo político y dignidad identitaria, promocionó la creciente participación y los derechos de las mujeres, suplantó una institucionalidad republicana excluyente, convirtiéndola en democracia participativa.
Las y los bolivianos valoraron con su voto la Nueva Constitución Política lograda con enorme esfuerzo en 2009, que hace efectiva una nueva visión del Estado, pluricultural y plurinacional, laico, pacifista, humanista, rescatando reivindicaciones y consagrando nuevos derechos para todos los sectores sociales postergados.
Es un voto necesario, justo e históricamente consciente.
El significado de la victoria popular para América Latina y el Caribe
Una vez más, la unidad de los sectores desposeídos logró derrotar con amplitud la mezquindad de los opulentos. Al igual que antes sucediera con las primarias en Argentina, los resultados excedieron largamente las previsiones de las encuestas. A pesar de las directivas del Norte, que obligaron a bajar a Áñez su candidatura y la irrelevancia de Tuto Quiroga, que hizo lo propio, la derecha concurrió dividida. Eso reitera un antecedente evidente. En tiempos de zozobra y fragmentación, la unidad del campo popular es imprescindible, aún con ciertas contradicciones.
Los espíritus emancipadores de Latinoamérica y el Caribe recibieron el desenlace electoral con esperanza y finalmente desahogo y alegría, entreviendo ya la posibilidad de reforzar el bloque de países que como México, Venezuela, Argentina, Cuba, Nicaragua y varias naciones del Caribe que defienden la integración, la soberanía y la solidaridad entre los pueblos como bandera.
Sin duda que se abre con la presidencia de Luis Arce la posibilidad de reactivar el camino hacia la unidad sudamericana a través de una versión quizás reducida de UNASUR, que con el tiempo y la reversión de la relación de fuerzas políticas en Ecuador, Chile, Colombia o Brasil, pueda completarse, esta vez con una mayor inserción de las fuerzas vivas de la sociedad civil.
En el corto plazo, sin duda que Bolivia se re-acoplará al ALBA y fortalecerá el trabajo que viene realizando el gobierno de López Obrador en la CELAC. Del mismo modo, construyendo un eje con el gobierno argentino, mejorará la actual versión nuevamente neoliberal del MERCOSUR.
De mucha importancia es destacar que la asunción de Luis Arce a la presidencia debilita al Grupo de Lima y la posición belicista e injerencista de EEUU en la región, aportando una importantísima posición en defensa de la paz como bien inapreciable y logro común.
El mandato: Volver mejores
En el inicio de su gestión de gobierno, Arce tendrá que actuar para atender las urgencias. La pandemia, la desocupación y el desastre que deja el desgobierno golpista no dejan margen de maniobra para otras prioridades. Lo primero será reencaminar el esfuerzo hacia la protección del pueblo y afirmar la certidumbre que nuevamente se está en el buen camino.
Pero no solo habrá que sanar las heridas del cuerpo, sino intentar curar las heridas del alma, luego de un período cargado de odio, venganza y resentimiento. Por lo que el nuevo gobierno, intentará tender puentes hacia los diversos sectores con mensajes de conciliación en el marco de la fortaleza política que le otorga la mayoría recibida en el ejecutivo y ambas cámaras legislativas.
Sin embargo, en términos de proyección transformadora ¿Qué significa volver mejores? ¿Alcanza con avanzar en la transformación de la matriz productiva extractiva? ¿O con la desburocratización y descentralización comunitaria de la revolución?
El primer ciclo de catorce años del Proceso de Cambio respondió con creces al mandato de la Agenda de Octubre de 2003, ante la deuda de siglos con el pueblo que el modelo de saqueo neoliberal prolongó y profundizó.
Si bien la deuda de despojo está lejos de haber sido saldada por completo, ¿Cuál es la nueva agenda para volver mejores? ¿Cuál el modo de acoplar las nuevas sensibilidades jóvenes emergentes, cuyos paisajes se formaron en este siglo, muchos de ellos en el marco de la revolución?
Es obvio que la revolución, en tanto transformación profunda de estructuras socioeconómicas y mentales, constituye la única salida a la entropía que genera el estertor de un modelo social caduco. Sin embargo, es posible que las nuevas revoluciones en el momento histórico actual estén demandando la inclusión de nuevos tópicos y una profundización del cambio educativo cultural que favorezca la comprensión de que toda construcción social requiere partir del ser humano como preocupación central y de la intencionalidad humana como característica constitutiva de todo sentido social evolutivo.
El Proceso de Cambio ha visibilizado e implementado derechos para las mayorías, generando conquistas en la superación de la marginalidad y enarbolando la valorización de las propias culturas y su diferencia. ¿Será posible ahora dar un paso más hacia la convergencia consciente de los distintos mundos culturales sin que éstos resignen su identidad? ¿Será posible mirar a la propia cultura en un sentido dinámico, en el que cada una tiende a transformarse conservando sus mejores atributos? Si se mira en detalle, en un mundo interconectado como el actual, esa identidad civilizatoria en proceso de síntesis es mucho más cercana de lo que se piensa. En Bolivia y en todas partes.
El objetivo común de esta nueva agenda, desde un punto de vista humanista, debe tener como horizonte mayor la superación de toda forma de violencia, discriminación y marginación, no solo a nivel social, sino también a nivel cotidiano interpersonal y en la actitud individual.
¿Podrá surgir entonces el nuevo ser humano, especie tan ansiada por los revolucionarios de todos los tiempos? Esto solo será posible si se atiende, en simultáneo al cambio social también al desarrollo interior, rescatando lo verdaderamente esencial de cada cultura, sus experiencias profundas, para que se exprese una nueva sintonía entre los seres humanos y entre el ser humano y su entorno.
Posiblemente así, seremos mejores. No es de revolucionarios conformarse con menos.
(*) Javier Tolcachier es comunicador en agencia Pressenza e investigador en el Centro de Estudios Humanistas de Córdoba, Argentina.
Pensar y construir un nuevo modelo de Estado no es ningún desvarío trasnochado sino una necesidad ante la evidente la caducidad de esquemas instalados hace poco más de doscientos años. Un tiempo considerable para un ciclo, si se toma en cuenta la aceleración histórica que atraviesa la humanidad.
Tal como sucedió en su momento con las monarquías y se verifica aún hoy en varios Estados en los que formalmente éstas subsisten, la institucionalidad estatal establecida presenta un funcionamiento de muy baja intensidad, en el que el ritual permanece pero ha perdido su alma.
Sin embargo, no es un asunto tan sencillo pensar y construir un futuro diferente. La dificultad reside por un lado en la resistencia de lo residual, pero también en el hecho de que nuestro modo de ver las cosas se ha forjado en un mundo de Estados, incluso viendo nacer muchos en la última oleada independentista de la posguerra en África y Asia.
Voy a tratar de aportar a esta conversación desde una escueta perspectiva histórica latinoamericano-caribeña.
Antes de entrar en las propuestas, quiero apuntar brevemente las lógicas que han operado en la condición de origen de los Estados actuales, que como veremos, no se condicen con las aspiraciones de desarrollo humano, entendidas como evolución dentro de los marcos culturales e históricos actuantes.
La matriz burguesa, colonial, patriarcal y las revoluciones recientes
Como todos sabemos, los Estados actuales surgen inspirados en la independencia estadounidense (1776) y en la Revolución Francesa (1789). En ambos casos, paralelo al principio de libertades individuales, las constituciones santificaron el principio de la propiedad. Tal es así que la esclavitud, pilar de la economía colonial, más allá de las declaraciones, recién fue abolida efectivamente a partir de la mitad del siglo XIX.
Algo similar sucedió en relación a las mujeres, que recién pudieron participar en la vida política -y todavía con enormes restricciones-, a partir de la segunda mitad del siglo XX. O sea: la base sobre la cual se fundaron los actuales Estados fue el ascenso burgués, la explotación colonial y el patriarcado.
A pesar de su clamor independentista, la institucionalidad de los estados de América Latina y el Caribe durante el XIX y el XX se miró en el espejo de lo que era considerado un “modelo civilizado”, es decir, aquel impuesto por las oligarquías locales, siempre con la mirada puesta en el Norte y por el poder neocolonial, con la mirada siempre puesta en las riquezas del Sur.
Mirada vigilante y entrometida que tuvo como sello permanente evitar todo disenso y toda rebeldía. Rebeldía con la que la revolución cubana pudo perforar el muro neocolonial, adoptando a partir de entonces un modelo de socialismo centralista, alejado del multipartidismo liberal.
Más recientemente, en los albores del nuevo milenio se producen tres revoluciones constitucionales, en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Éstas reformulan la institucionalidad reivindicando los derechos de las poblaciones marginadas en el camino hacia democracias populares participativas.
Todas ellas se asientan en principios de autodeterminación, paz y justicia social, adoptando en el caso de Bolivia y Ecuador, en conexión con las características de sus poblaciones, conceptos como la plurinacionalidad, que abre la puerta a la incidencia de las culturas indígenas y afrodescendientes como sujetos de derecho pleno en la vida social y política en esos países.
Al mismo tiempo, todas estas constituciones refrendadas democráticamente mediante plebiscitos, incorporan una lógica de participación y contraloría ciudadana, superando la falta de real representatividad en el decadente esquema liberal. En todas ellas hay además una fuerte pretensión de fortalecer la autonomía local articulando el poder popular con los estamentos del Estado.
El avance positivo que este nuevo modelo representa para el pueblo se refleja en la férrea resistencia que enfrenta por parte de los poderes establecidos. En todos los casos, la oligarquía y el imperio se han esforzado por impedir primero, por poner trabas después y ahora por vaciar de hecho y contra todo derecho, las premisas de estas nuevas constituciones.
En la actualidad se está fraguando en el hermano Chile la posibilidad de una nueva revolución constitucional, la que tiene enormes posibilidades de configurarse desde el pueblo mismo, a pesar de las enormes trabas que ponen el oscuro legado dictatorial y las fuerzas económicas corporativas.
Nos toca pensar hoy más allá y colocar nuevos horizontes revolucionarios para la acción que retomen los elementos más evolutivos de estas últimas constituciones y propongan profundizar sus características humanistas con nuevos elementos.
Contenidos que sean acordes al futuro que se quiere construir, pero también que permitan adaptación incidente en las rasantes transformaciones que se verifican en el planeta en la actualidad. Propuestas que recojan el sentir de las generaciones jóvenes, de una mayor horizontalidad y paridad y de una definitiva despatriarcalización social.
Una institucionalidad acorde al futuro
Entendemos que el papel de la institucionalidad es formalizar un marco de funcionamiento común, que posibilite el libre desarrollo de todas y todos los habitantes. Por tanto, los futuros Estados deben poner en duda y contrarrestar la concentración de la riqueza, que indudablemente conspira contra la libertad de opción de las mayorías.
El derecho de todo ser humano a existir debe ser garantizado a través de un ingreso o renta universal, pensado no solo como base de subsistencia para las mayorías excluidas sino también ampliando la autonomía para decidir a cada persona en situación de dependencia.
La garantía social de existencia y la nivelación socioeconómica entre sectores, asiento necesario para la igualdad de oportunidades vitales, es un paso ineludible hacia la reducción del dolor que produce la carencia y para una mayor libertad de elegir el tipo de vida que se quiere.
La redistribución de riquezas que se requiere debería ser encarada, a pesar del sufrimiento infligido por la expoliación necolonial y la explotación oligárquica, no desde un espíritu revanchista destinado a fracasar, sino desde la exigencia de reparación histórica que ensanche la senda hacia la reconciliación social.
Lo mismo debe decirse sobre la necesidad de desmonopolizar la comunicación. Una democracia verdadera no puede admitir la espantosa concentración de los medios de difusión, que ejercen de hecho el control social a través de la manipulación informativa.
Por otro lado, la nueva institucionalidad debe transformar el concepto actual del Estado como detentor del monopolio de la violencia para que éste pase a tener un carácter conciliador, de mediación y armonización de los conflictos, abandonando el rol de padre controlador y castigador.
Constituciones para un mundo de diversidades
El mundo que hoy adviene es un mundo de diversidades, por lo que las nuevas revoluciones constitucionales deben apuntar a conformarse alrededor de la convergencia de esta diversidad.
La idea del Estado-Nación surgió de la premisa de absorber la diferencia y de forjar un espíritu uniforme, con un proyecto que pretendió forzadamente la adopción de una identidad común, negando facetas culturales propias preexistentes. Está a las claras que pese a la presión uniformizante, el factor cultural de los sometidos y los dominadores continúa existiendo y pretender su inexistencia impide comprender y acometer adecuadamente las tensiones que genera.
En este sentido, el reconocimiento de la plurinacionalidad es un gran avance. Sin embargo, también debemos reconocer que hay una interculturalidad manifiesta, lo que permite pensar en forjar una nueva identidad común que recoja lo mejor de cada cultura, que fomente el diálogo y la paridad entre culturas, sin imposiciones supremacistas.
De este proceso de interculturalidad ya en marcha, se desprende la posibilidad de una identidad latinoamericana y caribeña con múltiples ingredientes culturales, a partir de la cual se pueda crear un nuevo tipo de nación, primero regional, integrada, hermanada, solidaria y cooperante y luego, aspirar a una fusión planetaria en el marco de una Nación Humana Universal.
Paz, No Violencia y desmilitarización
Este transcurso solo puede ser guiado por ideales de paz y no violencia entre los pueblos. Por ello es imperativo dar pasos decididos hacia la desmilitarización.
En la historia latinoamericana, las fuerzas armadas, lejos de haber sido un resguardo de soberanía, han fungido como un poder de desestabilización interno. Las transnacionales, en la lógica de la penetración neoliberal, se han hecho con los recursos naturales, han endeudado a Estados y poblaciones; las plataformas digitales extraen y usan los datos personales, explotan a distancia a los trabajadores condenándolos al precariado; los recursos que deberían servir para mejorar la salud y la educación son evadidos y fugados al exterior de los países. Es evidente que ninguna institución militar es efectiva para defender la soberanía arrebatada.
Por lo demás, tanto la policía como los ejércitos educan a sus componentes en una lógica de disciplinamiento, lo que es poco compatible con las prácticas democráticas. La realidad es que ejércitos y policía se nutren habitualmente de los sectores excluidos de la sociedad, por lo que es posible pensar que a través de la construcción de sociedades inclusivas, equitativas y protectoras, las personas ya no quieran reprimir, matar o morir en conflictos bélicos que sirven siempre a los intereses del poder.
Un nuevo paradigma de Estado transformará las actuales fuerzas armadas en Cuerpos de Paz, promoviendo su desarme progresivo, estrategias de protección civil no violentas y una democratización en su conformación, apuntando incluso a la elección directa de sus autoridades.
Hacia el poder comunal
Quiero también referirme a un aspecto de máxima centralidad en la configuración de una imagen futura y es el tema de la descentralización. Descentralización que debe trascender el carácter administrativo para pasar a ser una transferencia de poder real a la base social.
Hoy existe en el mundo una tendencia a la desestructuración de formas anteriores y a la reconfiguración de la organicidad en nuevas matrices. Es posible entonces aprovechar esta tendencia mayor de manera consciente y elaborar estrategias para la transferencia creciente del poder de decisión y acción a las comunas, los municipios y los territorios como paso ineludible para recuperar la soberanía arrebatada por una superestructura estatal cada vez más alejada de la base social.
Este reconfiguración institucional, para no caer en una atomización secesionista y conservar un carácter de conjunto, debe pensarse en términos federativos, en las que los municipios puedan expresar las necesidades particulares de sus habitantes y colaborar con otros en la búsqueda de soluciones y proyectos compartidos.
La imagen del poder comunal no solo permite una mayor incidencia democrática y un contralor más efectivo por parte del pueblo mismo, sino que también coloca el tema de la reconstitución del tejido y los lazos en la misma base social como un primario.
La recomposición de las relaciones humanas en el seno de la comunidad reviste máxima importancia estratégica ya que provee una respuesta existencial certera a la indefensión y el desarraigo al que nos condena el individualismo. Respuesta que, por su parte, colabora como barrera al avance de integrismos retrógrados, los que utilizan la contención humana y el sentido de pertenencia como una de los principales canales para ganar adeptos.
En la transición hacia sociedades de poder descentralizado, proponemos forjar fuertes alianzas entre lo público y lo comunitario, que valoricen y potencien la enorme energía popular que es la que en definitiva, sostiene a nuestras sociedades.
La constitución social, expresión de la dinámica histórica de la intencionalidad humana
Por último, mencionar el carácter dinámico que tiene toda constitución social, motorizada por el surgimiento permanente de nuevas generaciones, cuya posibilidad de crítica tiende a renovar el paisaje humano y desplazar lo establecido.
De este modo, toda construcción social debe favorecer la irrupción de nuevas sensibilidades generacionales, abriendo plenamente los espacios para que éstas se expresen, colocando las premisas vigentes en estado de revisión crítica y transformación.
Así, el Estado no será una camisa de fuerza limitante a la que los seres humanos deben obedecer, sino la expresión misma de la intencionalidad humana, que va plasmando su íntima necesidad de evolución a través de la dinámica histórica.
(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia Pressenza