Otoño del imperio y del capitalismo - Alberto Rabilotta
El Correo - 17-05-2013
Cuando el imperio es incapaz de mantener su hegemonía aportando soluciones a las crisis sistémicas recurre a la « hegemonía explotadora » [1], con toda la violencia y la destrucción que la acompaña. Así sucedió en la decadencia de la hegemonía imperial de Holanda.
Fue tratando de salvarse imponiendo el libre comercio con una hegemonía explotadora que terminó el imperio británico, y algo similar pero de naturaleza diferente es lo que desde hace ya unas tres décadas estamos presenciando en la decadencia de la hegemonía mundial de Estados Unidos (EE.UU.).
Hegemonía explotadora suena muy bien como apellido del neoliberalismo, de esa extraordinaria expansión financiera, comercial e industrial que el imperialismo estadounidense quiere llevar a sus límites extremos, que ya no puede controlar ni remediar sus terribles secuelas de disolución social y desastre económico, ni la concentración del poder y riqueza en las cuentas de la oligarquía que poseen los monopolios ya presentes en prácticamente todas las ramas de los sectores económicos, sin hablar de la destrucción ambiental y el recalentamiento global que amenaza la vida del planeta.
En los casos de Holanda y Gran Bretaña las fases de hegemonía explotadora fueron en efecto el « otoño » de esos imperios, pero también las « primaveras » en el proceso de desarrollo del capitalismo, y en particular del modo de producción del capitalismo industrial.
En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemonía explotadora no solo es el « otoño » del imperio sino también del modo de producción capitalista, que ya se encuentra ante la « barrera insalvable » que anticipaba Karl Marx.