Gerardo Leibner, historiador “Los comunistas nunca renunciaron a ser revolucionarios”
Publicado ‎ 22 oct. 2011 16:10 por Semanario Voces

Teníamos idea de que estaba investigando la historia del partido Comunista en Israel pero jamás nos imaginamos la profundidad de su trabajo. Por primera vez se escribe la historia de una de las organizaciones más importantes de la izquierda uruguaya desde un punto de vista académico. Más aun analiza el periodo previo a 1955 que hasta ahora era medio oculto y su interpretación de la historia comunista hasta 1973 es muy interesante. Lo que sigue es una larga charla con el autor de una obra imprescindible.  
 
Por Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López
 
¿Lograste desentrañar la historia del Partido Comunista?
Creo que sí, una de las razones por las que duró mucho el trabajo es que quería estar muy seguro de algunas cosas. Usé muchas fuentes, hice mucho esfuerzo, la historia no está solo en los datos, es también la interpretación. Seguramente habrá quienes discrepen en algunas interpretaciones, y en otras no. Eso es la Historia, es la discrepancia acerca de interpretaciones del pasado.
 
Te basás mucho en relatos personales y usas el término “cultura comunista”.
Entrevisté a más de 30 militantes y ex militantes, y el término que ellos utilizan y además lo recojo de la distinta prensa comunista, es el concepto de la “familia comunista”. Hay una intimidad, comparten ciertas características que se autocalifican como familia.
En los relatos que recogí, no noto diferencias entre comunistas y ex comunistas.
Hay diferencias pero no pasan por ahí, pasan por otros rasgos de las personas entrevistadas. Puedo encontrar ex comunistas que no son menos oficialistas en la narrativa que los actuales, y encuentro actuales y ex comunistas, que son un poco más reflexivos, críticos. Hay una variedad de relatos, dentro de ciertos parámetros, que de ellos no se salen.

¿Es difícil meterse para desentrañar una historia oficial tan armada?
Sí. Sin duda. Los comunistas son historicistas, el trasfondo marxista-leninista es muy fuerte, son muy concientes de lo que dicen y de la narrativa. La tenían muy bien armada y fundamentada, en forma de un relato denso, fundamentado, que tiene una lógica interna bastante fuerte y cohesionada.
¿Cómo desarmo eso? Como llega la gente a decir no lo que piensa que tiene que decir sino lo que piensa.  En determinado momento, me di cuenta que era un error metodológico de mi parte tratar de hacer eso, porque a través de ese relato bien armado, me permite reconstruir el relato, la línea partidaria. Vamos a no tratar de desarmarlo a la fuerza.
Luego, cuando me fui perfeccionando, cuando fui refinando el bagaje metodológico, empecé a hacer más historia de vida. Ahí la cosa se pone más interesante porque afloran las subjetividades, aflora el ser humano –y no solo el relato partidario-, que está intrincado dentro del relato partidario, que no es otra cosa pero sí otra dimensión. Ahí empezaron a surgir cosas más interesantes. Primero, hago pocas preguntas y dejo a la persona hablar, y cuando empiezo a preguntar por sus trayectorias, espontáneamente  surge una vida, se va reconstruyendo. Eso luego lo pongo frente al relato partidario y me da pie a veces para preguntas, para entender contradicciones y ambigüedades. El tema de los relatos de vida ha sido esencial, me ha permitido saltar en algunos momentos de traba.
 
¿Cómo elegiste a los entrevistados?
Viniendo de una familia comunista y teniendo contactos, se empieza con una red, aún con el peligro que esa red reproduzca solo un aspecto del intrincado sociocultural del Partido Comunista. Si cada uno me trae a quienes conoce  el peligro de que la muestra no sea suficientemente representativa  es grande. Entonces, en determinado momento, y después de iniciar por esa red de contactos empecé a tratar de conseguir  un dirigente obrero del este de la ciudad, otro del oeste… Si uno ve la lista de entrevistados, notará que no está balanceada del todo, yo no busqué una muestra suficientemente representativa, las entrevistas tratan de ser de calidad y no una encuesta. Pero sí me importaba tocar distintas sensibilidades, y que son distintas, porque el Partido Comunista fue un partido que logró abarcar a gente de distintas capas sociales, el partido obrero sin duda, pero no solo obrero, obreros de distintas generaciones, también la diferencia de género es importante porque no es lo mismo una experiencia varonil que la femenina, no es lo mismo la experiencia de quienes entraron a través de la UJC en los años de mayor agitación en el país, en la segunda mitad de los sesenta, y en los setenta, que los que entraron ya más adultos en el PCU. No es lo mismo la UJC que el PCU; hay diferencias interesantes.
Obviamente el interior del país está sub representado, pero también lo estaba  en la propia integración del Partido. Busqué y conseguí tres personas que tuvieron militancia en el interior en distintas épocas y lugares. Hice un esfuerzo conciente para no encerrarme en determinado grupo.
 
¿Qué temas tabú hallaste en las charlas con las personas?
Sorprendentemente casi nada. Las entrevistas las comencé en el año 2000, la inmensa mayoría de la gente tenía muchas ganas de hablar porque se sentía sub representada por las narrativas de izquierda. Sentía como que la narrativa tupamara había adquirido dimensiones que no tienen nada que ver con lo que fue su vivencia, su experiencia, y querían hablar.
Sí, hay sensibilidades, temas más difíciles de hablar, y eso va variando de persona en persona, pero en general, me sorprendió. Esperaba encontrar más resistencias, me sorprendió la apertura, me imagino que sin duda…
 
Te veían como uno de la casa.
Claro, sin duda, el hecho de pertenecer a una familia comunista,  muchos conocieron a mi viejo o los más jóvenes sino a mis primos; eso jugaba a mi favor. También traté de que si no querían hablar de algo no insistir demasiado. Me cuidé mucho, como mucha de esta gente pasó experiencias de cárcel y de interrogatorios, intenté que fuera lo más lejano posible a un interrogatorio.
En ese sentido, creo que logré apertura. Hubo quien se negó a algunas cosas, hubo quien me pidió en un momento que apague el grabador para contarme cosas sin que lo citara, hubo dos o tres personas que por teléfono buscaron excusas para no ser entrevistados; la inmensa mayoría de los entrevistados hablaron, algunos llegaron a las cosas más duras, desde el punto de vista de sus recuerdos más difíciles en la segunda o tercera entrevista. Encontré un par de casos de personas que me pidieron por escrito las preguntas, querían venir armaditos. Respeté todo, no tenía apuro, por eso los años. Porque además había dificultades, cuando yo ya empezaba a acumular versiones, me decían: “¡No! ¿Pero quién te habrá dicho eso?”.
 
Además comienzan a jugar las responsabilidades y roles de cada uno.
Más que nada, cómo va a quedar determinado dirigente en la memoria histórica, o cómo vamos a quedar. Hay una responsabilidad con el pasado compartido, pero eso me parece importante, es muy alto el grado de sinceridad. La gente podía no ser muy exacta en muchas cosas, pero en  el 99% de los casos, estoy muy seguro de la sinceridad y en las exactitudes.
 
Hay hitos que marcaron el PCU, del 1955 en adelante, por ejemplo en el período en que el partido influyó en forma importante en la formación de la central obrera. Planteás que hay una visión donde fueron únicos, y en realidad fueron muchas las fuerzas moviéndose alrededor.
En realidad tenían un problema, porque cuando en 1955 se da el viraje al interior del Partido Comunista, en ese momento hay tres sectores del movimiento sindical separados. Está la UGT, que en ese momento son solo comunistas -al inicio también había socialistas, nacionalistas independientes y batllistas, a mediados de los cuarenta-, pero con el comienzo de la Guerra Fría quedaron solo los comunistas. Estaba también el sector, incluso más grande que la UGT, que eran los sindicatos autónomos, y estaba la CSU, que estaba muy vinculada a la ORIT, organización muy vinculada a los sindicatos americanos, que se consideraba amarilla, aunque había en ella todo tipo de sindicatos, por lo que hay que ser cuidadoso con la categorización. Dos de sus principales dirigentes eran amarillos, en el sentido de que su anticomunismo era más importante que cualquier interés obrero legítimo, entonces, supeditaban la acción sindical al tema de la Guerra Fría, y por eso aceptaban las becas a los EE.UU.; uno de ellos terminó siendo expulsado del Partido Socialista en 1956, Acuña, pero era de origen socialista, de antes del viraje que hizo el Partido Socialista. Si se quería crear una sola central sindical había que hacer dos cosas. Uno, ayudar en el proceso de desgaje de sindicatos que tenían base obrera real, porque no eran solo sellos los de la CSU,  y por otro lado, negociar con los autónomos una plataforma común. Ahora los autónomos eran algo muy heterogéneo, había un peso ideológico anarquista, anarcosindicalista importante, y había algunos autónomos socialistas, y otros autónomos que eran simplemente economicistas, y estaban los autónomos como en el gremio textil -donde Héctor Rodríguez tenía un peso importante-, que eran ex comunistas. Y no era menor el tema de cómo limar asperezas y heridas del pasado.
 
Se habían ido del Partido Comunista bajo acusaciones graves.
Fortísimas acusaciones. Y además era la época de Gómez cuando el Partido Comunista había prácticamente cortado a parte de sus miembros, se había amputado. Yo analizo distintos casos, el caso de los textiles, pero está el caso de la agrupación de estudiantes de Medicina, hay un montón de casos; se amputaban en masa militantes, miembros, órganos.
Ahora, volviendo al tema de la unificación sindical, creo que los comunistas fueron determinantes, creo que el esfuerzo sistemático y la paciencia que tuvieron para ir avanzando a pesar de que la correlación de fuerza les favorecía, pero concediendo y encontrando formas para ir tejiendo esa unidad. Los otros participaron y sellaron la unidad y por eso el Instituto se llama Cuesta Duarte, porque los anarquistas contribuyeron a final de cuentas también. Pero quienes hicieron el gran esfuerzo y tuvieron una paciencia tremenda para que maduren las condiciones de los otros y al mismo tiempo empujaban, crecían, e iban desarrollando en luchas concretas, sindicalizando a más trabajadores, fortaleciendo el movimiento, creo que en eso, los comunistas tienen el absoluto derecho de decir que es principalmente obra suya, aunque no únicamente.
 
Incluso, a nivel electoral habían quedado marginados con la Unión Popular, pese a eso siguieron trabajando.
Además ganaron, en 1962 lo que se da, y hay quien lo llama así es un plebiscito sobre la unidad de la izquierda. Porque había dos proyectos frentistas: el proyecto de la Unión Popular, que era el Partido Socialista y Erro; y estaba el FIDEL. Ahora, el FIDEL se constituyó después de la UP, porque los comunistas querían la unidad de acción con los socialistas, antes de que empezaran a recibir a quienes se iban del Partido Nacional o del Batllismo histórico. Los socialistas crearon una concepción de que los comunistas “estorbarían” a una ampliación de la izquierda y por lo tanto, unidad con exclusión de los comunistas. Los comunistas encontraron a pesar de todo aliados, Ariel Collazo en aquel momento con el MRO, empujado un poco por Cuba, porque él se dejaba empujar por Cuba;  algunos batllistas del movimiento Avanzar, descendientes ideológicos de Grauert; Aguirre Gonzalez también.
En ese momento lo que está en juego en el seno de la izquierda son dos modelos de frente. Un modelo que dice “sin comunistas” y otro que dice “unidad sin exclusiones”. Y este gana por goleada.
Ahora en 1962 hay un ambiente de efervescencia en la izquierda, especialmente entre la juventud por  reflujo de la revolución cubana. Pero  tampoco hay que olvidarse que no todo viene de afuera, también fue producto de la reforma universitaria en 1958, y las leyes obreras arrancadas en la campaña de 1958. En ese sentido ya se llega con viento en popa pero con ese enfrentamiento sobre el modelo de frente de izquierda. Todos están de acuerdo que hay que hacer frente, que partidos doctrinarios no tienen que presentarse a elecciones solos, sino en frentes. Y el tema de la amplitud del frente se dirime a favor de la visión comunista. El problema es que sumados no crecen mucho y va a contra percepción de lo que eran el ambiente juvenil y el ambiente obrero.
Entonces se crea un anticlímax después de las elecciones, que influye mucho en la generación de lo que va a ser luego el MLN y lo que van a ser otros grupos que se definen extraparlamentarios, porque consideran, con mucha miopía, con mucho ímpetu juvenil,  que los resultados de 1962 implicaban que el electoralismo no iba a redituar.
 
Hoy con el diario del lunes es fácil hacer el análisis, porque se ve una concepción frentista comunista.
Sí. En el sentido común de la izquierda.
 
Claro, y que incluso el propio MLN, aún siendo hoy mayoría dentro del FA, lleva delante la política comunista de aquellos años.
No sé si la política comunista, me parece que aquella estrategia se agotó hace rato, pero se incorpora a esa estrategia muy tardíamente. Cuando el MLN crea el MPP junto con otros socios y se incorporan al FA, ahí hay una victoria histórica de la visión que tenían los comunistas acerca de la acumulación de fuerzas. Se montan en la estrategia diseñada por los comunistas uruguayos a fines de los cincuenta. Eso sin duda, y por eso, ahí hay algo de victoria irónica, de las ironías de la historia.
En los años sesenta, era una disputa muy seria acerca de la estrategia. Para los comunistas estaba muy claro de que había que crear un frente. El frente que ellos imaginaban no era exactamente el que se creó en el 71. Ellos hablaban de una alianza obrero campesina. Pensando un poco los sectores rurales no estaban sobre representados en el FA, casi no existían y el gran déficit del Frente durante varias décadas fue el interior. Entonces, algunas de las previsiones estratégicas que tenían los comunistas a fines de los cincuenta, no se cumplieron a pesar de su voluntarismo. Yo dedico un capítulo entero del libro a los esfuerzos por llegar al interior, por entrar en lo rural. Se hizo un gran esfuerzo por sindicalizar a los trabajadores rurales, tremendamente sacrificado y generalmente no reconocido, y que a veces terminó paradójicamente actuando en contra del intento de crear alianzas con los productores rurales. Porque ¿a quiénes lograban sindicalizar? A los trabajadores de los productores pequeños, porque resultaba más fácil. La sindicalización de los trabajadores de los tambos en la cuenca lechera hizo que los pequeños y medianos tamberos fortalecieran aún más su visión conservadora, porque crean anticuerpos. Ellos ya tenían esa visión, Chicotazo había hecho efecto, hay una tradición fuerte de la derecha, y no considerada la derecha como un partido, blanco o colorado, sino como algo que a veces se pasa de partidos, como se pasó el Ruralismo dos veces.
Esa realidad muy compleja del interior no supo ser manejada por la izquierda. De todos modos los comunistas apostaban a un frente, que tendría que ser de liberación nacional, anti oligárquico. Y el programa del 71 sí recoge los postulados básicos que los comunistas pensaban que tenía que tener un programa, lo que pasa es que ese frente no refleja la composición social que ellos pensaban.
 
Postulados como la reforma agraria.
La reforma agraria era lo primero, pero quienes iban a ser los beneficiarios inmediatos de la reforma agraria no estaban organizados. Había un desfasaje, la reforma agraria era de la principal consigna de los de Montevideo.
 
En los sesenta las posturas se polarizaron.
Hay que señalar que la diferencia de caminos entre el MLN y el PC, o la izquierda armada o la vía frentista, no hay que verla como dicotómica, eso también lo trato en el libro. Los comunistas nunca renunciaron a ser revolucionarios, y el tema de las formas, de los métodos, era una cuestión a dirimir de acuerdo a la imposición de las circunstancias. A partir de 1964, analizo como desarrollan la idea, la doctrina, el concepto de contragolpe, y se arman para el contragolpe. Pasa que a diferencia del MLN y de otros sectores de izquierda armada, que ellos llaman despectivamente “ultras”, los comunistas consideran que mientras se pueda avanzar pacíficamente, mientras se pueda avanzar considerando la sensibilidad de la sociedad uruguaya, no hay que precipitar hechos, no hay que forzarlos, que la vía pacífica es una posibilidad, y que hay que explorarla mientras sea posible. En cierta manera, se llega a la conclusión y no lo dicen de esta manera, esto es una interpretación mía, que el primero que vaya a utilizar la fuerza, tiene que ser el enemigo para entonces, tener la justificación de hacerlo. Ahí es la idea de contragolpe. Y la preparación hacia un eventual golpe de Estado empieza en 1964, y logran inculcarla en la CNT, y que otros sectores de alguna manera u otra la aceptan. La concepción es de defensiva y de contra ataque con la posibilidad de que en una eventual situación de huelga general y de partición del Ejército y de suma de otras capas sociales, eso iba a determinar un salto cualitativo hacia el poder y hacer una revolución de liberación nacional. Esa era un poco la doctrina, la premisa.
La insurrección iba a ser producto de la reacción frente a un choque de ese tipo. Bajo ese concepto, se hacen los preparativos logísticos, bajo ese concepto se educa a la gente a no gastarse innecesariamente, a no precipitar hechos, a no agudizar. La situación estaba fuertemente aguda, el MLN y otros sectores en ese momento, piensan que hay que echar aceite al fuego. No, ¿para qué? Nos quemamos. Acumulemos fuerzas, acumulemos sectores, y cuando llegue el choque, estar en las mejores condiciones de darlo, considerando que lo más probable es que el choque iba a llegar. En 1964 es importante por el golpe de Estado en Brasil, eso determina una situación geopolítica, Onganía y Costa Silva sacan una declaración de que las fronteras no importan, solo las fronteras ideológicas, y eso es considerado una amenaza al Uruguay.
 
El movimiento de Aguerrondo.
 
Aguerrondo, la “buseca”, el golpe parece ser inminente y para eso hay que prepararse. Arismendi, detecto en 1964, el problema era debatir eso sin entrar en evidencia que permita una represión, porque no es legal armarse como partido. A pesar de que hay algo que digo ahí, que en una versión muy deshonesta recogió Búsqueda, al día siguiente de publicado el libro, un título : “Los comunistas practicaban la violencia y se preparaban para la lucha armada”. Un intento como de revivir el cuco. Y en forma muy deshonesta, toman tres o cuatro frases del libro, una sobre que practicaban y legitimaban la violencia, cuando yo analizo ese tema, y cortan la frase siguiente que dice inmediatamente “y en eso, no eran distintos al resto de la sociedad y los sectores políticos uruguayos”. Eso hay que decirlo, la sociedad uruguaya portaba armas, hay que tenerlo en cuenta, ni que hablar de la institución del duelo entre notables, una institución anacrónica para el resto del mundo que en Uruguay existió hasta los noventa. Eso entre los notables, pero en la plebe, el duelo criollo era muy común. Entre los políticos veo en vísperas de las elecciones de 1966 un tiroteo en el interior donde se matan a balazos dos ediles, uno colorado y otro blanco, por haberse insultado en la calle. Se matan a balazos no porque fueron hasta la casa a buscar el revolver, lo llevaban puesto. Era una sociedad mucho más violenta de lo que se relata. Hay un autorelato del Uruguay pacífico, idílico que no tiene mucho que ver con la realidad. Uruguay era bastante más de armas portar, más violento de lo que se suele admitir, y dentro de eso, los comunistas no eran la excepción, ni para un lado ni para el otro. Ahora, que tenían una estrategia política que consideraba la posibilidad, es cierto, pero ojo, no hay que ir a 1964. Los relatos sobre la transición, la transición del gobierno colorado al gobierno blanco, en 1958, también ahí hablan de que los militares colorados no estaban tan seguros de entregar el poder hasta el último momento, que algunos políticos sudaban, dudaron ese día y que Seregni, por ejemplo tuvo una actuación legalista importante siendo un referente colorado, para tratar de decirle a los que tenían otras ideas: acá hay transición y listo, y se pasa el gobierno a los blancos.
Entonces, el PCU, considerando todo eso y toda la situación regional, decidió que lo más probable es que en algún momento esto desemboque en lucha armada pero hay que agotar todas las instancias posibles para avanzar en lo otro.
 
¿Hablaron del aparato armado? Ese es uno de los temas tabú que el partido nunca habló. La historia oficial se negó a hablar de ese tema.
 
No hay historia oficial. No hubo prácticamente historia oficial. La mayoría de los relatos oficiales salieron entre 1985 y 1990, y se entiende que en esa época, muy cercana a los hechos -con todo el tema de la impunidad y los amagos militares de desobediencia y todavía, no se podía descartar que se viniera otra vez-, que no se hablara. Sería muy torpe en ese momento hablar de eso. Es cierto que encontré respuestas muy distintas, eso tiene que ver con otra cosa, de que la existencia del aparato armado no era de conocimiento generalizado. Había un problema de funcionamiento, no se podía, era una estrategia demasiado sofisticada como para poder transmitirla. Ahora, yo leo textos de Arismendi que se publicaron en Estudios  en 1964, y soy capaz, con el diario del lunes, de decir que acá se refiere a esto, a lo otro, y otra gente perspicaz podía darse cuenta en ese momento, pero la mayoría de la gente no necesariamente. Hay un momento en 1967, en que Masera habla de que en uno de los textos que publica en Estudios que alguno puede pensar que nuestros textos tienen olor a pólvora, y discute eso, sí algunos sectores dentro del partido se preguntaban, pero era un secreto que lo manejaba un grupo reducido de personas, y estaba compartimentado. Otros se imaginaban de que debería haber, y otros no se imaginaban. Porque la discusión, contrariamente a lo que afirma Jaime Pérez, en el libro de 1996, en que dice que el aparato armado se creó para que no se nos fueran los jóvenes,  pero si no era algo que podían divulgar, ¿de qué hablan? Todo lo contrario, había gente tan compenetrada en la discusión con los tupamaros, tan compenetrada con la línea de masas, que después no podían creer que hubiera un aparato armado. Es al revés.
En la coyuntura de 1968, 1969, cuando la efervescencia estudiantil, hay gente que se decanta por una organización u otra, por personalidad, por afinidad a ciertas metodologías. Hay también los que por ideología, muchos no leían muchos libros, pero se decantaban por el lado que más tenía que ver con su personalidad, con la forma de política que querían hacer. El que se calentaba más rápido se iba para el FER. Y el tipo que tenía una visión de la política como acción social, el que concebía el concepto de paciencia y lo conjugaba con la política, se iba para la UJC.
 
El fragmento de León Lev muestra como una paradoja en que ellos caen en enfrentamientos con los cuales no estaban demasiado de acuerdo.
 
No solamente no estaban de acuerdo, él dice que se debatió hasta no sé que hora de la noche tratando de evitar esa movilización porque pensó que era un error, que era peligroso, que era innecesario. Pero cuando se tomó la decisión, llama a los compañeros de la agrupación, para que no digan que eran flojos, que su posición tiene algo que ver con cobardía, cuando son posiciones de principios. Pero además había otra cosa, y eso tiene que ver con una de sus mejores virtudes, León Lev, cuando lo menciona, se nota que le duele y le cuesta, que ahí hay algo muy profundo, la apertura que tuvo es notable, pero hay algo que tiene que ver con el viraje de 1955, con uno de los grandes factores del éxito del PC luego. Ahí cito una reunión de los pocos estudiantes comunistas que había entonces con Alberto Suárez, secretario de organización, a comienzos de 1956. Alberto Suárez les dice dos cosas que aparentemente son contradictorias. Les dice: “Ustedes ya no pertenecen al partido, ustedes son parte del UJC. No tienen que esperar directivas, ustedes tienen que elaborar y desarrollar su propia línea de acuerdo al ámbito de trabajo, no esperen que los mayores les digamos qué hacer en cada momento”.  Esto es muy importante para entender el éxito luego del PC. No es que no daban línea, ojo, que cuando alguna agrupación se salía demasiado, se volvía a alinear. Pero se le daba un grado de autonomía y de confianza en los dirigentes que estaban en cada lugar, que en relación a su lugar vayan desarrollando e interpretando, la línea general para desarrollar su línea específica. Ese es un gran mérito. Lo otro que aparentemente es contradictorio es que inmediatamente les dice: “No puede ser que ustedes sigan considerando a los demás militantes estudiantiles como enemigos; ustedes no pueden encerrarse. Hacer labor comunista no es encerrarse solo en el círculo comunista, ustedes tienen que trabajar en la Federación de Estudiantes y ser fieles primeramente a la Federación de Estudiantes, y si la orientación que predomina no es la nuestra, hay que trabajar según ella, porque los comunistas tienen que ser fieles a los gremios, a los cuales son afiliados y luchar adentro para modificar la línea, pero mantener la unidad por sobre toda otra consideración”. Ese era un cambio de las prácticas comunistas. Los comunistas en años anteriores llegaron en algunos lugares a tener sindicatos paralelos, llegaron a enfrentarse.
 
Como en el caso de la carne.
Cuando se da el viraje y deciden disolver el sindicato comunista e integrarse al sindicato autónomo, aunque no les gustara nada la línea, Arismendi dice en un momento: “Mantener un sindicato aparte de los frigoríficos era el monumento a la torpeza sectaria”. Ahora, lo que Suárez dice a los estudiantes en 1956, es interiorizado y lo que León Lev relata en 1968, es el fruto. Si la FEUU decide hacer una movilización y nosotros creemos que es una cagada, vamos igual a la cagada, porque los comunistas somos fieles a los sectores en donde nos movemos, y vamos a pelearla y hacer todo lo posible para modificar la decisión, pero una vez tomada, vamos adelante.
 
Vos decís en el libro que ellos no se sienten derrotados.  ¿Eso es una interpretación que vos hacés?
 
Yo lo analizo en el libro como un fenómeno de grupo, no como una interpretación personal. Algunos no aceptan haber sido derrotados, otros no incluyen el concepto, otros reaccionaron y conceden pero nunca lo han pensado de esa manera, lo cual me sorprende, en los años que se comieron en la cárcel, ¿no pensaron que estaban derrotados? ¿O en el exilio? Ahora, no están mintiendo, lo que pasa es que la memoria histórica tiene esa característica. Los entrevisté antes de la victoria del FA, o sea, no es la victoria del FA que les hizo decir eso, fue en el 2000, 2003, pero hay algo, varios factores. Uno, tiene que ver con la resistencia a la dictadura, no se podría haber llevado a cabo una resistencia activa de la dictadura asumiendo una derrota. Asumir una derrota implica una desmovilización, un montón de cosas que no permiten motivar a lo que fue la resistencia comunista a la dictadura que fue lo más destacable que pudo haber aquí, frente a la dictadura. Ahí había un problema, y ahí nuevamente, la habilidad política, porque la habilidad política  es empujar para el lado que vos querés situaciones dadas. Y la habilidad política tremenda de la dirigencia inventando aquella frase, genial desde el punto de vista político pero desde el punto de vista histórico tan inexacta, que “la dictadura nació malherida”, por la huelga general. Es una frase que caló, porque le permitía seguir peleando cuando no se veía salida. Uno piensa en 1977 y se imagina que no salió el sol ni un día, porque uno se imagina el año de plomo. Pero con esa convicción de que la dictadura nació malherida, que no tiene legitimidad social, vos podés sobrellevar el año 1977 y mantener una resistencia.
Creo que ahí hay una clave importante, y eso luego queda impregnado. Y como sí se desarrolla una estrategia relativamente exitosa frente a la dictadura, entonces el fracaso anterior queda opacado frente a esa estrategia.
 
El MLN asume la derrota.
 
La diferencia es que el MLN deja de actuar. De 1974 en adelante, no hay MLN, no existe. ¿Cómo no asumir la derrota cuando no hay continuidad orgánica? Luego es un reinvento, no es el MLN lo que se da luego, pero el PCU tiene continuidad, una continuidad…
 
Termina la dictadura y es triunfador.
 
Si, y tiene imprenta y había creado bajo condiciones muy difíciles, había mantenido parte de su infraestructura. Parte había caído, pero había creado nuevas cosas, tenía miles de personas haciendo labor de hormiga. Para que eso fuera posible no se podía pensar en derrota. Luego los hechos posteriores y la división. Hay algunos que si, JJ Martínez publica “Crónica de una derrota” en el 2004. En realidad es una publicación que se publica después que fallece y ese libro, en cierta medida puede leerse como la derrota de la estrategia del 73, pero en realidad, está más orientada por la derrota del movimiento comunista internacional en el 90, y la derrota de que no se pudo impedir la fractura del Partido a comienzos de los noventa, a eso apunta. Con una lectura determinada puede que se refiera a 1973.
Turiansky en algún texto insinúa algo, porque es una de las personas más reflexivas de los ex dirigentes.
 
Pero hay temas que no habla.
 
Todos hay temas que no hablan, pero relativamente hablaron mucho. Turiansky es uno de los más sinceros, recomiendo leer “Apuntes contra la desmemoria”, un texto de él. Ahí hay un grado de sinceridad y de reflexión, de visión de las cosas que era muy raro en aquella época entre la dirigencia comunista.
 
Sin duda el Partido comunista uruguayo es excepcional en América Latina, y dentro de él la figura de Arismendi.
 
Primero no nos olvidemos del partido chileno.
 
Pero se divide mucho antes.
 
Hablo de los sesenta, setenta. La figura de Arismendi sin duda es importantísima, pero nuevamente, si me fijo en Argentina, allí hay marxistas brillantes, pero ningún marxista brillante argentino se convierte en líder del partido.
Quiero decir lo siguiente, las bases obreras del partido, la inserción en la sociedad, es el fragmento que le permite a Arismendi ser Arismendi. Sino, hubiera sido un Agosti, un intelectual de izquierda brillante pero sin incidencia política.
Aquí se dan las dos cosas, una alimentación mutua que permite a la brillantez intelectual convertirse en líder de un movimiento político vivo.
 
Deja de ser un académico para ser un dirigente político.
 
Nunca fue académico, pero si en las luchas intestinas de comienzo de los cincuenta lo hubieran echado y hubiera quedado aislado, hubiera sido a lo mejor un intelectual brillante y hoy lo citarían en todos lados, el marxista original de América, algo así. Pero lo que sucede es que está a la cabeza de un partido de masas.
Los italianos, por ejemplo -yo trabajé mucho archivos del Partido Comunista Italiano-, le tenían un gran respeto intelectual, pero también consideraban y tenían diferencias de opinión sobre temas internacionales, pero consideraban al PCU, le concedían la autoridad no solo por su capacidad intelectual sino porque también era dirigente de un partido que avanzaba. No era un tipo que hablaba.
 
No era solo un tipo que hablaba desde su torre de marfil.
Incuso no solo torre de marfil. Porque también el Partido Socialista también tuvo un dirigente muy brillante intelectualmente, Vivian Trías, pero políticamente ineficaz.  El Partido Socialista, cada vez que reclutaba una nueva generación de estudiantes, al año siguiente se les iba la gente. El PS tenía cada tanto alguna base obrera, pero no tenía la inserción que tenía el PCU. El PS captaba, no lograba retener y no lograba insertarse.
 
Lo interesante del PCU es la inserción en las raíces históricas, la reivindicación del artiguismo. Y eso le dio ciertas peculiaridades.  Y esto no es solo producto de Arismendi.
 
En parte es anterior. El PCU descubre a Artigas en la época de Gómez. Primero que el Partido Comunista se nacionaliza en el sentido de que empieza a cantar el himno nacional además de La Internacional en 1936, al igual que el resto de los partidos comunistas del mundo. Adoptan los símbolos nacionales que antes rechazaban. Además, empiezan a hablar y es parte de la política del frente popular, impulsada por Moscú. Ahí está la paradoja, desde Moscú se impulsa una política de implantarse en los países, y se toma la idea, por primera vez, de retomar lo mejor de las tradiciones nacionales.
Ahora, esa es una frase que me parece que resuena, porque ese concepto está en la fundación del FA. Por eso la bandera de Otorgués, para buscar alguna raíz histórica en el siglo XIX, que los partidos tradicionales tenían. Bueno, el Partido comienza ese camino a fines de los treinta. Es muy artificial, incoherente. En el cincuenta hay un gran esfuerzo, Gómez se apresura a que el PCU impulse un proyecto por el centenario de la muerte de Artigas en el Parlamento. Hay una gran preocupación y la figura de Artigas es la que más se presta, porque sabemos como se crea la figura del héroe, una figura que no es ni blanca ni colorada, tiene que ver con el manejo del panteón nacional, y los que están copados y no son accesibles dentro del panteón, y el que representa a la nación toda.
De todos modos, lo de Gómez es poco hábil, pero es un precedente, y los comunistas se consideran artiguistas ya entonces.
Luego, hay dos cosas. Uno que analizo en el libro, aparentemente por otro lado, cuando se crea el diario El Popular, a diferencia del Justicia, elijen como lema “No tengo más enemigos que los que se oponen a la pública felicidad”, que es una frase que la analizo como frase de amplitud, que en vez de decir “quien no es como yo, es mi enemigo; dice “quien no es mi enemigo, puede estar conmigo”. Es revertir la lógica sectaria y es una lógica de amplitud. Luego está el tema de la invocación al padre Artigas que empiezan durante los sesenta, y se hacen dos cosas: una es la retórica artiguista, y lo otro, la investigación histórica de Julio Rodríguez, de Nelson de la Torre y Lucía Sala, en torno a la cuestión de la tierra. Fue una investigación histórica en serio, no era para instrumentalizar, y arrancó de antes, sobre quién tenía la tierra en la Banda Oriental colonial y qué vueltas dio la tierra, y llegan al “Reglamento de Tierras” de Artigas luego de trabajar varios años. Y esto era una reforma agraria radical. Esa idea de estos intelectuales ligados al PCU, miembros del PCU, empieza a difundirse, sale el libro.
Ahora, el artiguismo es recogido por el FA, la bandera de Otorgués, no sé si está registrado pero creo que Julio Rodríguez tuvo que ver en la elección de la bandera.
 
¿Sentís que te faltó algo en la investigación, desarrollar algo más que hubieras querido?
 
Básicamente hubiera querido acceder a archivos a los que no tengo acceso aún.
 
¿En Moscú?
 
En Montevideo también, hay archivos de la dictadura que todavía no están disponibles de forma plena a los investigadores. Algunos colegas están entrando, lo que pasa es que yo tendría que posponer la publicación y estoy satisfecho como para publicarlo así como está. También quisiera consultar archivos en La Habana y no sé cuándo se va a poder. Imagino que dentro de muchos, muchos años, se podrá. Porque la actitud de los cubanos es de mucha reserva.
En Moscú es accesible, lo que pasa es que no creo que vaya a encontrar cosas interesantes. Me fui dando cuenta, al principio hice esfuerzos por trabajar en Moscú, pero me fui dando cuenta que no debe haber gran cosa. Lo que hay, de alguna manera ya se publicó, los montos de dinero de apoyo a los partidos comunistas, ya se publicó. No me da gran cosa para el tipo de historia que quería hacer. Eso sí, faltaría hacer un esfuerzo aquí por juntar, pedirle a los veteranos militantes de izquierda, encontrar una institución que esté dispuesta a recolectar archivos personales, de militantes de izquierda, y pedirle a ellos o a sus descendientes, que por favor depositen materiales de trayectorias riquísimas, interesantes, que se pueden analizar desde muchos puntos de vista, y que sino se perderán. Ahí hay una riqueza tremenda.
 
PERFIL:
Nació  en 1965 en Montevideo, tiene tres hijos, de 21, 17 y 10 años. Su esposa es asistente social, nacida en Israel. Es docente de Historia, tiene un doctorado expedido por la Universidad de Tel Aviv, donde trabaja actualmente. Se especializó en Historia Latinoamericana, para su doctorado abordó un análisis crítico de las fuentes de información que manejaba Mariátegui acerca de los indígenas andinos. Su tesis fue publicada en formato libro en Lima, Perú, en 1999.