- Por Álvaro Portillo

Agosto de 1915


 La llegada de Amodio Perez al Uruguay ha despertado una serie de interrogantes acerca de su verdadero propósito. Pero más allá de ello se ha producido un revivir de las circunstancias de la lucha final de los tupamaros. Amodio se presenta como víctima de acusaciones falaces por parte de militantes tupamaros y lo expresa en el libro oportunamente publicado. Su presencia en Montevideo habría estado orientada a reafirmar esa postura.

Lo novedoso fue la intervención de la Justicia convocándolo como testigo y confrontándolo con militares de la época y otros militantes por él señalados. No se sabe el final de esta pequeña historia. Lo importante a destacar son los fantasmas que se han desplegado. Un operativo claramente de la derecha expresado en la mayoría de los medios de comunicación ha tomado el punto de vista de Amodio como la “verdad” desconocida y a partir de ello una intensa y extensa descalificación del movimiento Tupamaro destacando enfáticametne las supuestas responsabilidades de los líderes que aún viven y militan en la política.

La supuesta inocencia de Amodio es infundamentable dada la abrumadora cantidad de testigos que avalan sus claudicaciones y traiciones.

Lo destacable es que se abrió una nueva oportunidad para que la derecha  intente la descalificación moral y política de una de las fuerzas de izquierda más importantes del Frente Amplio.

Hasta la llegada de Amodio, en la agenda de la derecha estaba la investigación de Ancap claramente orientada a desacreditar y exponer a notorios dirigentes del FA como son los compañeros Raul Sendic y Daniel Martinez. En los propósitos dichos e implícitos de esta investigación no está la discusión del papel de las empresas públicas, la importancia de la soberanía energética, ANCAP como factor de desarrollo integral a través del proyecto sucro alcholero impulsado desde ALUR, la prospección de hidrocarburos, las miles de fuentes de trabajo directas e indirectas generadas por los diversos proyectos productivos, entre otras cosas.

Con la ceguera y mezquindad característica de lo que ha sido la oposición de los partidos tradicionales en todos estos años solamente se persigue el aliento a una posible crónica policial que ensucie el nombre de dirigentes frenteamplistas.

En esta agitada coyuntura de denuncias no tuvo mucha difusión, pero no deja de ser profundamente representativo de la esencia de la derecha uruguaya, la acusación pública realizada conjuntamente entre Luis Alberto Lacalle y Julio Sanguinetti estableciendo como “criminal” un libro de texto que marginalmente señala que el neoliberalismo es una doctrina que no le importan la justicia social ni la desigualdad. Un planteo airado y acusatorio de reescribir la historia, de parte precisamente de quienes directa e indirectamente fueron responsables de escribir las peores mentiras acerca de nuestra historia-.

Tres episodios aparentemente inconexos que tienen como hilo conductor las características de la derecha vernácula. Desde una ausencia total de proyecto político alternativo solamente buscan la descalificación personal y los cuestionamientos formales como impedimento de la gestión de gobierno. Una suerte de campaña de desgaste para la fuerza política en el gobierno con el objetivo de ganar a partir del desprestigio del adversario antes que por la virtud y consistencia de la propuesta propia.

Lo más preocupante de esto es que el FA en lugar de defender no solo personalmente sino políticamente a los compañeros señalados por la oposición, se enreda en discusiones formales dejando un vacío en la necesaria explicación de la esencia de lo que ocurre.

También en estos días el FA ha estado abrumado por la Presidencia de la fuerza política. Lamentablemente no se logran escuchar argumentos políticos en uno u otro sentido. Se discute a partir del formalismo estatutario y su interpretación en lugar de asumir una mirada que comience por definir qué FA se quiere, y con qué compañeros encarar los importantes cambios que urgen. 

Mientras la derecha intenta sobrevivir con Amodio, Ancap y el libro de texto, desde el campo popular se sigue postergando la discusión acerca de los nuevos rumbos del proyecto político. La misión del FA no es solamente acompañar la gestión de gobierno, se requiere construir un pensamiento crítico que ilustre sobre el curso del proyecto y en simultánea se confronte de manera contundente a una derecha que aunque sin ideas lo que sí mantiene claro es la defensa a ultranza del orden constituído y en caso de regresar al gobierno desandar buena parte de lo realizado en la “decada ganada” del FA.

 

AJP

Agosto de 2015