Gerardo Rojas
14/08/2018

La democracia revolucionaria
La Revolución Bolivariana, encabezada por el Comandante Chávez, fue abriendo caminos que permitieron ensayos para su profundización, en el marco de la democracia que se planteaba la participación protagónica para su concreción. En las manos del pueblo estaba el horizonte transformador.

Así se fue transitando caminos cada vez más complejos, aprovechando los aportes y aprendizajes de las experiencias que se iban desarrollando, incluyendo las contradicciones inherentes a los procesos sociales y las generadas por ocupar un Estado heredado, en decadencia, que no termina nunca de morir, más bien muta de muchas formas para sostenerse, incluso usando a su favor políticas que en teoría lo niegan.
 
En ese contexto estuvo presente la búsqueda de hacer viable la máxima de “todo el poder para el pueblo”, teniendo como objetivo superar la democracia representativa, la que en el acto del voto enmascaraba una entrega de la soberanía política del pueblo.
 
Desde que se levantaron las banderas de la Revolución Bolivariana estuvo presente esta visión, asumiéndose como heredera del más avanzado pensamiento y acción que nos permitió nuestra primera independencia y de la evaluación crítica de las diversas luchas desde entonces.
 
Por ello, en el Libro Azul, que se presenta como síntesis programática al país en un primer momento de lucha política pública, nos decía el Comandante:
 
“El modelo de la sociedad original de la Venezuela del siglo XXI está concebido con el criterio de un sistema de gobierno que abra con amplitud ilimitada los espacios necesarios donde los pueblos, la masa popular, se desplieguen creativa y eficazmente, y obtengan el control del poder para tomar las decisiones que afectan su vida diaria y su destino histórico”.
 
Así se planteó un Sistema de Gobierno que exigía recuperar la soberanía del país, de su pueblo, reconocer sus potencialidades y debilidades, partiendo de la necesaria creación de una nueva hegemonía para hacer viable un Plan Nacional, herramienta al servicio de los cambios estructurales.
 
Pero toda construcción de tales proporciones, exige a la par la formación de una base sólida para hacer profundos e irreversible los cambios. De esta manera, partiendo de lo planteado en el Libro Azul, el camino a transitar sería:
 
“Las comunidades, barrios, pueblos y ciudades deben contar con los mecanismos y el poder para regirse por un sistema de autogobierno que les permita decidir acerca de sus asuntos internos por sí mismos, a través de procesos y estructuras generadas en su propio seno”.
 
Así, un sistema de gobierno que impulsa la transformación del país debía tener como base un “sistema de autogobierno”, que permita el ejercicio pleno de la soberanía en la democracia participativa y protagónica, de la democracia revolucionaria.
 
Aquí el sustento político que permitió el impulso de organizaciones sectoriales en el marco de acción popular y la del Gobierno bolivariano, son las diversas Mesas Técnicas, los Comités de Tierras Urbanas, pensando en la cogestión en las acciones que mejorarían las condiciones de vida de las comunidades populares.
 
Con ese ensayo, el siguiente paso lógico fue el dado por el impulso de los Consejos Comunales, y posteriormente con las Comunas, que tenían la cualidad no sólo de facilitar la “gestión de gobierno”, sino que fueron pensadas como espacios de autogobierno, allí lo central del ensayo revolucionario.
 
Asumiendo así un planteamiento del Maestro Simón Rodríguez:
 
“Ojalá cada parroquia se erigiera en Toparquía, entonces habría confederación, el gobierno más perfecto de cuantos puede imaginar la mejor política, es el modo de dar el pie al despotismo”.
 
La Toparquía Bolivariana es el gobierno del territorio a través de instancias pensadas desde una dinámica permanente, con posibilidades de ir agregándose para convertirse en la medida de su desarrollo en “confederación” que debería asumir la tarea de construcción del socialismo desde la comunidad, transformando el ejercicio del poder desde lo local.
 
Allí una tensión de la Revolución Bolivariana presente en el proceso de construir lo nuevo en el proceso de superación de lo heredado: el impulso de un proyecto nacional con una raíz sólida en autogobiernos, sólo así nacería un Sistema de Gobierno Popular, en la articulación funcional de esos dos procesos políticos.
 
Como es obvio, esas dinámicas no se encontraron siempre, incluso se podría decir que la primera en muchos casos negaba y niega a la segunda. Por ello, lo planteamos como tensión, es nuestro deber analizar esa contradicción en periodos de tiempos y características.
 
¿Cuándo la correlación de fuerza estuvo a favor de lo comunal? ¿Cuándo no? ¿Qué permitió avances o retrocesos? Ese análisis nos dará lectura, una de muchas posibles, del proceso bolivariano. Asumiendo lo comunal más allá de la comuna, partiendo de que es todo espacio que construye desde el protagonismo del pueblo la transformación de su vida para poner a su servicio el ejercicio de poder.
 
Allí se generarán insumos en el sentido de aporte histórico a las luchas de los pueblos, para la acción en nuestra actual y difícil situación y para el futuro, ya que el Comandante Chávez afirmaba: “Lo nuevo de Nuestro Socialismo es la Democracia”.
 
¿Pero cuál democracia?, la que construye el socialismo, según sus mismas palabras en el Consejo de Ministros del 20 de octubre del 2012, conocido como Golpe de Timón: “El Socialismo es democracia y la democracia es Socialismo en lo político, en lo social, en lo económico”.
 
Lo que queda claro es que es una línea de construcción presente desde el primer momento, ligada a la propuesta constituyente, a la democracia participativa y protagónica, a la posibilidad de construir mayoría desde la matriz de crítica e impopularidad de lo que representaba la cuarta República.
 
Allí está el inicio del recorrido histórico que luego del 4 de febrero de 2002 fue convirtiendo a Chávez en comandante invicto, el que hoy deberíamos emular.
 
La agregación funcional de los autogobiernos del territorio
 
La estrategia impulsada logró el desarrollo intenso de los Consejos Comunales y cierto avance de las comunas, a pesar de los tantos obstáculos que se siguen presentando. Una vez más tuvo mucho que ver con los esfuerzos de Chávez y su pueblo y con la política impulsada por el presidente Maduro, por lo menos hasta finales del 2015.
 
Un principio básico para estas iniciativas es la agregación política, la posibilidad de ir sumando fuerzas y territorios de diversas instancias del poder popular para la creación de sistemas de autogobiernos. Esta cualidad permite el desarrollo de un sujeto dinámico, complejo y con capacidad de ir escalando su potencia en aras de afianzarse como herramienta para la acción de las múltiples necesidades de las comunidades. Incluso como ejecutora de transferencia de competencias del Estado por parte del pueblo organizado.
 
Ley Orgánica de las Comunas
 
Artículo 60. Los sistemas de agregación comunal son:
 
1. El Consejo Comunal: como instancia de articulación de los movimientos y organizaciones sociales de una comunidad.
2. La Comuna: como instancia de articulación de varias comunidades organizadas en un ámbito territorial determinado.
3. La Ciudad Comunal: constituida por iniciativa popular, mediante la agregación de varias comunas en un ámbito territorial determinado.
4. Federación Comunal: como instancia de articulación de dos o más ciudades que correspondan en el ámbito de un Distrito Motor de Desarrollo.
5. Confederación Comunal: instancia de articulación de federaciones comunales en el ámbito de un eje territorial de desarrollo.
6. Las demás que se constituyan por iniciativa popular.
 
Así vimos nacer Ciudades Comunales, agregación de comunas en una escala superior, que si bien es cierto no han sido muchas las experiencias, no dejan de ser un aporte importante del pueblo en la construcción de esa estrategia de participación.
 
Las de mayor tiempo están presente en los andes y llanos Venezolanos, algunas de ellas acompañadas por la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, entre ellas la Ciudad Comunal Campesina Socialista Simón Bolívar en Apure que recién cumple 10 años de constitución de su autogobierno conformada por ocho comunas, con experiencias significativas de democracia directa, de planificación, ejecución y control de múltiples proyectos, entre ellos de producción.
 
Lxs comunerxs en ese aniversario plantean un debate interno, que sin duda debe ser generado en todas las experiencias del sujeto comunal: ¿cómo se configuran los autogobiernos en el marco de la actual coyuntura del país?
 
En el acto, Braulio Márquez, vocero electo para el autogobierno de la Ciudad Comunal Campesina Socialista Simón Bolívar, informó: “Estamos eligiendo una hoja de ruta, un modelo de autogobierno, llevamos meses de debate en el seno de los consejos comunales, las comunas, precisando ese modelo, cómo se cree que debe ser el autogobierno para someterlo hoy a la asamblea”.
 
A pesar de lo que muchos creen, también se puede evidenciar que actualmente, en el momento más complejo del proceso bolivariano, se impulsan en Lara dos posibles Ciudades Comunales, en las montañas de Morán, motivada por la Comuna Capitán Carmelo Mendoza, y en Simón Planas, en este caso motorizada por la Comuna El Maizal.
 
Este último proceso de Simón Planas en realidad se plantea el impulso de una Confederación Comunal, con la agregación de dos futuras Ciudades Comunales para recuperar un objetivo del Plan de La Patria planteado por el Comandante Chávez, la constitución de un Distrito Motor de Desarrollo Agroindustrial en sus territorios.
 
Y allí, lo importante de esa posible constitución es el espacio donde se hace presente la tensión de lo nacional (expresado en este caso en la constitución de una subregión que debe ser legitimada por el gobierno nacional) y lo comunal, asumiendo lo establecido en el artículo 60 de la Ley Orgánica de las Comunas, que plantea que las federaciones son: “instancias de articulación de dos o más ciudades que correspondan en el ámbito de un Distrito Motor de Desarrollo.”
 
El Distrito Motor de Desarrollo según la Ley De Regionalización Integral para el Desarrollo Socioproductivo de la Patria del 18 de noviembre del 2014, es definido como:
 
Ley de Regionalización Integral para el Desarrollo Socioproductivo de la Patria
 
Artículo 34:
 La creación y régimen de los Distritos Motores será decretada por el Presidente o Presidenta de la República como una forma especial de subregión, caracterizada por sus variables físico-naturales, geo-históricas, funcionales y potencialidades productivas. Los Distritos Motores deben servir al impulso del desarrollo integral subregional con base en la armonización de su especialidad, desarrollo integral del sistema de ciudades y de movilidad. A tales efectos, sistematizará la inversión pública nacional y el rol del poder popular en el desarrollo específico del plan.
 
Así la planificación comunal, realizada desde los espacios de autogobierno que se agregan, se cruzan para complementar y perfeccionar al Sistema de Planificación Nacional. Construcción de una nueva institucionalidad que debe asumir la disputa por ser una alternativa real, viable y superadora del Estado actual.
 
Aquí se articulan las potestades del Presidente con la iniciativa del pueblo organizado, siendo una oportunidad para el desarrollo de lo nuevo, en el caso que sea impulsado con un plan coherente que respete la autonomía y rebeldía popular, en caso contrario sostendremos lo actual, la reafirmación del Estado heredado, el que niega lo central de la Revolución Bolivariana. Una vez más se hace presente la tremenda autocrítica realizada por el Comandante Chávez en el Golpe de Timón:
 
“Creo que en estos años hemos acumulado experiencia, hemos creado entes que no existían. Creo que hemos venido acumulando recursos, inyectando recursos y seguiremos haciéndolo. Creo que tenemos unos nuevos códigos; creo que tenemos una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, las leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento”.
 
Con ese acumulado, que sin duda es afectado por la actual crisis integral, nos toca con urgencia asumir el debate planteado por lxs comunerxs: ¿cómo actualizamos la disputa estratégica desde el campo popular?, en tiempos en que el horizonte planteado para la construcción del socialismo en la Revolución Bolivariana no se presenta como acción de gobierno, nos toca un rearme para su reimpulso.
 
Nos planteamos el desafío del rearme desde las claves de un pueblo en lucha, el que marcha a pie desde Portuguesa a Caracas para exigir y hacer posible la revolución en el campo, el que denuncia y reta al latifundista y al burócrata, al corrupto y al apátrida, el que recupera empresas en batallas productivas organizadas por los mismos trabajadores, e impulsa la gestión obrera.
 
Ese sujeto que hizo realidad avances del horizonte estratégico, el cual no es fábula, cuento lindo para endulzar un relato, es la concreción efectiva de la democracia revolucionaria para la construcción de la nueva hegemonía, con el pueblo como centro, creador, impulsor y sujeto principal de la Revolución, allí el chavismo en el que militamos, es el que debe asumir lo necesario para ser, cumpliendo su objetivo.

 @Gerojasp
http://desafios.com.ve/el-sistema-comunal-como-estrategia-de-la-democracia-revolucionaria/
https://www.alainet.org/es/articulo/194706