Carta de José Manuel Zelaya a la clase trabajadora de Honduras
José Manuel Zelaya Rosales

Rebelión 24-08-2010
Del escritorio del ex presidente Jose Manuel Zelaya Rosales
Coordinador G del FNRP

Compañeros(a) Trabajadores de Honduras
Me dirijo a ustedes para darles fuerza y aliento en este momento en que los niveles de brutalidad del régimen sólo se pueden comparar con la carrera desesperada que tienen por entregar todos los bienes de los hondureños al capital transnacional y sus representantes locales.

En la historia nunca antes vivió nuestra patria una situación más difícil, ni nos tocó enfrentar la insaciable ambición de unos pocos que hoy se revelan sin reservas ante nuestros ojos y de los extraños.

El estado de indefensión de nuestra población ante las fuerzas represivas es palpable. Tenemos que unirnos para vencerlos.

 


A un año del Golpe, Honduras resiste. Entrevista al Presidente Manuel Zelaya Rosales

Manola Romalo   

 

“Debemos vencer el golpe de Estado, la impunidad y el terror” Este 28 de junio,  el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), sale a la calle para denunciar al golpe de Estado y la continua represión del regimén de facto. Actualmente el  Frente  lleva a cabo una recolección de más de un millón 200 mil firmas para lograr el retorno de Manuel Zelaya a Honduras y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Entrevista realizada para el  periodico alemán “Junge Welt” (Berlin). Manola Romalo 

Manola Romalo: Señor Presidente, hoy se cumple un año desde que un grupo de grandes empresarios hondureños mandaron a la Fuerza Armada sacarle a punta de fusil de su casa.  ¿Qué significa esto para el futuro de Honduras?

Manuel Zelaya: Ellos ahora tienen más problemas que antes: hicieron tomar conciencia       no solo al pueblo de Honduras, sino también a los pueblos de América de la amenaza que la ambición económica  representan para las democracias, con este ataque lograron acelerar el proceso de transformación, al nacer nuevas fuerzas de oposición.
La influencia de las grandes trasnacionales se extiende a la política exterior de los Estados Unidos, prueba está que en lo que va de la administración del Presidente Obama, al igual que en el pasado, cayò en el terrible error de apoyar el terrorismo de estado, con el regreso de los golpes militares, prácticas ya conocidas de la extrema derecha, empeñada en sembrar  la barbarie.

Manola Romalo: A pesar de que los golpistas trataban de maquillar en    "democráticas" las elecciones presidenciales de noviembre 2009 - patrocinadas por el Departamento de Estado de EE.UU.- gran parte de la comunidad internacional no ha reconocido la legitimidad del actual gobierno. ?Qué transformaciones necesita su país para lograr lo que pide el pueblo?

Manuel Zelaya: He presentado un plan de reconciliación de 6 puntos, que desde luego pasa por el respeto a los Derechos Humanos y el fin a la impunidad. Ese es el camino correcto para revertir el golpe de estado y regresar al estado de derecho. Los  EEUU y sus aliados criollos, en su posición inflexible y extremista de dejar impune el golpe de estado en Honduras no apoyan ese plan ni ayudan en nada a la reconciliación del pueblo hondureño. Contrario a lo que esperábamos, con  sus declaraciones el Departamento de Estado  ignora el  crimen que antes condenaba y habla de “crisis política”, y públicamente manifiesta desconocer lo que está a su vista: la inmunidad y los privilegios de que gozan los golpistas en Honduras.

 Manola Romalo:  En su página Web, la Cancillería de Alemania informa que “ después del golpe de Estado”, el gobierno federal no empezará nuevos proyectos de ayuda a Honduras, cancelando igualmente los de “consulta gobernamental.” ¿Cuál es la situación socio-económica del país?

Manuel Zelaya:  Los números hablan mejor que las palabras. En tres anos, logramos los índices de crecimiento del 6.5 y 6.7  mejores en la historia de Honduras y la reducción de la pobreza en más del 10% por primera vez en treinta años. 
Por el contrario, desde el golpe de estado a la fecha, el país ha entrado en recesión económica, aumentado la pobreza y el número de pobres, igual que la significativa reducción de la inversión privada y estatal. El daño que ha causado el golpe  en  el proceso de desarrollo económico por lo menos va tardar diez anos en recuperarse.  
  
Manola Romalo:  El 28 de junio habrán grandes movilizaciones en todo el país en cuales se discutirán los puntos de la Declaración Soberana. La Resistencia quiere lograr una “refundación de Honduras”. ¿Cúáles son los pasos necesarios?
 
Manuel Zelaya:  Debemos vencer el golpe, la impunidad y el terror. La Asamblea Nacional Constituyente con participación de todos los sectores, es el legítimo instrumento para reconstruir la democracia, el orden constitucional y el estado de derecho.
Organización, conciencia y movilización, para  fortalecer el FNRP Que es la fuerza social y política en  Resistencia contra el golpe, tenemos la responsabilidad de la reconstrucción y el el pueblo retomar las tareas por la transformación del paìs.
 
Manola Romalo:  Señor Presidente, en el contexto político de Honduras, el pueblo reclama con fervor su retorno ¿ qué planes tiene usted para el futuro? 
 
Manuel Zelaya:  El futuro no está muy lejos. Pero  hago planes para el presente: lograr vencer los espacios de impunidad con los que pretenden los golpistas encubrir los crímenes contra la democracia y contra la humanidad.
Mi retorno deberá producirse a lo inmediato, no existe pretexto ni justificación que explique la ausencia absoluta de garantías para mi retorno. No es posible que alguien pretenda vernos a las vìctimas sometidos a la justicia de nuestros verdugos.
Mi retorno esta ligado al  retorno del estado de derecho en  honduras, el propio presidente Lobo dice sentirse amenazado y acto seguido dice que el me garantiza mi seguridad.
Evidentemente están usando  Honduras  como conejillo de indias, como un laboratorio de la violencia, Regresando a las castas Militares a reprimir al pueblo e infundir zozobra  para mantener control sobre la sociedad .No les ha  importado las consecuencias en el proceso de integración regional y la confrontación con  los organismos multilaterales que han salido seriamente afectados.  Las pruebas están a la vista, refundaron un régimen de terror y persecución y   EE.UU. perdió gran parte de su prestigio en América Latina 

Impacto económico del golpe de Estado en Honduras

Mariana Ríos

Revista Pueblos 06-07-2010

 

Las consecuencias del golpe de Estado del 28 de junio de 2009 en Honduras no pudieron haber sido previstas por los golpistas. Difícil para ellos (conservadores recalcitrantes, anacrónicos dinosaurios) era calcular, en los momentos que planificaron y conspiraron contra Mel Zelaya, una serie de situaciones que se darían a partir del aislamiento internacional al gobierno de facto y del propio saqueo de las arcas públicas, llevado a cabo por los que a punta de armas entraron en la Casa Presidencial y demás instituciones del poder ejecutivo.

Egolpe en Honduras se da en el marco de una gestión de Estado de los últimos años enmarcada en el modelo económico neoliberal capitalista. El modelo hondureño ha producido pobreza y dependencia económica y ha mostrado un agotamiento en términos sociales, situación que se puede resumir mencionando que un 65 por ciento de su población se encuentra sumida bajo la línea de pobreza.

A pesar que el gobierno del presidente Zelaya en sus primeros dos años siguió las recetas económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI), sostuvo su promesa de campaña de no imponer nuevas medidas económicas o paquetazos. En el resto de su administración tuvo intenciones de suavizar el modelo a través de la implantación de medidas que atendieran las demandas de los movimientos sociales y organizaciones populares. Se dio la orden, por ejemplo, de incrementar el salario mínimo, y también se modificó el método de compra de combustibles, lo que le enfrentó a los sectores empresariales más poderosos del país.

Estas medidas, entre otras, provocaron el inicio de una pugna constante del gobierno con la oligarquía hondureña, pugna que terminaría derivando en el golpe de Estado que tiene hasta hoy a nuestro país sumido en la peor crisis económica de su historia reciente.

Los impactos económicos del golpe han sido tremendos. En este momento se puede hablar de un Estado en bancarrota, con un gobierno continuista del golpe que con desesperación intenta su reconocimiento para volver a acceder a fondos de programas financieros de organismos internacionales y países que, tradicionalmente, habían dinamizado la economía hondureña.

Economía de Honduras en etapa neoliberal

El neoliberalismo entró formalmente en Honduras a principios de la década de 1990. A la cabeza del ejecutivo se encontraba Rafael Leonardo Callejas, quien llegó hasta Casa Presidencial por el Partido Nacional (institución política conservadora que ahora mismo se encuentra en el poder por medio de elecciones fraudulentas).

El modelo neoliberal perseguía la estabilización de la economía y el crecimiento económico a través de la liberalización de los mercados y laese marco se han venido dando varios paquetes de medidas económicas que, al final, no han tenido más consecuencias que la concentración de la riqueza en unas pocas personas.

Durante 20 años Honduras ha seguido el plan neoliberal a rajatabla: reestructuración de la economía, liberalización de los mercados, estabilización de la macroeconomía y firma de tratados de libre comercio. Hasta ahora los efectos de estas medidas no han mejorado la situación social de las grandes mayorías empobrecidas en el país.

Es precisamente en este contexto que el presidente Zelaya decide hacer algunos cambios en sus políticas y buscar nuevas relaciones con los países de América del Sur para establecer nuevas formas de comercio solidario y condenar las ya agotadas recomendaciones del FMI. Pero éstas y otras acciones le cuestan un golpe de Estado.

Las consecuencias inmediatas del golpe

El 28 de junio, día en que se ejecuta el golpe de Estado, comienzan los problemas para la economía nacional. La reacción del pueblo a través de movilizaciones en las calles, a nivel nacional, pone en aprietos a los golpistas y de inmediato comienzan los estados de sitio y toques de queda, que dan como resultado una inmediata paralización de la economía principalmente en las ciudades más importantes del país.

El aislamiento internacional no se hace esperar: comienza a darse desde el mismo día de golpe una respuesta al gobierno de facto. Se reúne la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) y emite la resolución de expulsar a Honduras. Días después se unen a la condena los organismos internacionales y centroamericanos de financiamiento. Condenan al gobierno de Micheletti los siguientes: Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), Grupo de Río, Grupo de TUXTLA (Centroamérica, México y Colombia), Unión Europea, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y Sistema de Integración Centroamericano (SICA).

Esto ocasiona el congelamiento de los desembolsos programados desde algunos de estos organismos, así como el cierre de fronteras. Todo ello provoca grandes pérdidas a los productores y productoras hondureñas y centroamericanas.

Crisis en indicadores

Según un estudio elaborado por el Grupo de Sociedad Civil (GSC), se estima que el país dejó de percibir alrededor de 2.219,3 millones de lempiras previstas en el presupuesto de 2009 (1.629,00 en préstamos y 590,3 en donaciones sólo de USAID, Comisión Europea y Cuenta del Milenio).

Mario Bustillo, director de la Cámara de Comercio e Industria de Tegucigalpa (CCIT), institución golpista, declaró que estimaban que sólo el 60 por ciento de los negocios habían estado en funcionamiento durante las primeras semanas del golpe.

Pero las consecuencias del golpe no sólo se sentirán en el último semestre del año. Veamos algunos indicadores macroeconómicos.

Según Wilfredo Girón, las principales de algunos indicadores. El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) refleja los cambios bruscos en la economía producto de la coyuntura.

Comparado con el mes de noviembre de 2008, el IMAE cayó un 4 por ciento. Las actividades económicas más afectadas fueron la construcción y el comercio. El rubro de la construcción cayó en un 50 por ciento a un mes del golpe, mientras que el comercio disminuyó un 11 por ciento (julio), un 17 por ciento (septiembre) y un 21 por ciento (noviembre).

El Producto Interior Bruto (PIB) tuvo un comportamiento relativamente bueno en los últimos años en Honduras, y la caída a partir de 2008 se debe principalmente a la crisis internacional. Pero su caída más drástica en la historia reciente se da por la crisis causada por el golpe de Estado.

Según Francisco Saravia, el Banco Central de Honduras (BCH) reportó una tasa negativa de crecimiento económico de -3,1 por ciento, la peor en Centroamérica. Esta caída supera, con creces, a las registradas en 1994 (-1,6 por ciento), provocada por la crisis energética; a la de 1999, debida al Huracán Mitch (1,9 por ciento); y a las pérdidas de 1982 y 1983.

Según el investigador Francisco Saravia, "si las proyecciones del programa monetario para 2009 estimaban un crecimiento de dos por ciento valorando los impactos de la crisis financiera internacional, esto quiere decir que el decrecimiento real de la economía en el 2009, producto de la crisis político institucional, fue de aproximadamente el 5,3 por ciento”.

Esto se tradujo, a su vez, en una fuerte contracción de la inversión bruta interna, que experimentó una caída del 29 por ciento, mientras que el consumo se contrajo en un 2,1 por ciento. Con esto, Honduras dejó de ser una de las economías más dinámicas de la región centroamericana, como lo había sido en 2006 y parte de 2007.

Crisis y empleo

Saravia explica la crisis económica a raíz de la caída del producto, la inversión y el consumo, lo que afecta a sectores generadores de empleo tales como la construcción, la industria manufacturera y la agricultura.

La construcción y la industria manufacturera fueron los sectores más afectados por la crisis: registraron una contracción del 6,0 y el 5 por ciento, respectivamente. El sector agropecuario decreció más de un 3 por ciento. En promedio, estos sectores generan el 43 por ciento del empleo de la Población Económicamente Activa (PEA) en el país, de ahí que su impacto pueda ser fuerte en la generación de puestos de trabajo.

La industria maquiladora, una de las mayores fuentes de empleo, presenta una contracción de sus exportaciones del 19,9 por ciento y una caída del 19,6 en sus importaciones, reflejo de la disminución en la demanda externa de estos bienes. El turismo, uno de los ejes generadores de empleo, también se vio muy afectado (el rubro de hoteles, comercio y restaurantes registra una caída del 7,1 por ciento).

Muy importante es además la caída de las finanzas públicas, que muestran también una tremenda reducción de ingresos. Los ingresos fiscales disminuyeron en un 13 por ciento en términos reales, es decir, aún manejando la variable inflación. Las restricciones presupuestarias elevaron el endeudamiento interno en casi un 80 por ciento (pasó del 3,5 por ciento del PIB en 2008 al 5,9 en 2009).

Saravia explica también que las remesas sufrieron una fuerte disminución y tuvieron una merma del 11,1 por ciento con respecto a 2008. Otro indicador de mucha importancia es la inversión extranjera. En los últimos años ésta había observado un buen comportamiento, pero en 2009 cayó en un 40,8 por ciento (lo que supone un total de unos 484,9 millones de dólares).

Inseguridad y cambio

Es importante entender que todo esto es producto directo de la inestabilidad en el país. La inseguridad provocada por las convulsiones a raíz del golpe de Estado se tradujeron en inseguridad para la inversión extranjera.

El impacto es realmente sin precedentes. Como bien lo señalan los indicadores, ni la crisis energética de 1994 ni el huracán Mitch, que devastó el sector productivo en 1998, habían provocado consecuencias tan tremendas para la economía hondureña.

El gobierno continuista del golpe, dirigido por Pepe Lobo, no ha logrado ni siquiera aún el reconocimiento internacional. Sigue haciendo intentos por recobrar su estatus de país democrático, pero sin obtener hasta ahora mayores resultados. La situación económica del país obligará a sus gobernantes a tomar medidas que, sin duda alguna, serán de gran impacto para la población en general, pero particularmente tendrán efectos negativos sobre la población más pobre.

Entre las medidas que el gobierno de Lobo ha comenzado a tomar está la aprobación de un nuevo paquetazo para resolver el serio problema del déficit fiscal, así como una posible devaluación para hacer frente al endeudamiento interno, que asciende ya a unos 35.000 millones de lempiras.

La situación que atraviesa nuestro país es alarmante en términos económicos, y las condiciones políticas internas no son favorables para que se dé una pronta recuperación. La oligarquía empresarial y terrateniente hondureña es la causante del golpe de Estado, pero es también la responsable de haber implantado un modelo que visiblemente nunca resolvió los problemas profundos de inequidad social, los que genera el modelo neoliberal.

Es por ello que la resistencia hondureña se ha propuesto, dentro de su visión transformadora de país, cambiar el modelo económico por uno que le entregue por primera vez la posibilidad a la mayoría del pueblo hondureño de vivir con las condiciones de dignidad que siempre le fueron negadas por la clase dominante.

*Mariana Ríos es investigadora. Participa en la Comisión Política del Frente Nacional de Resistencia Popular de Honduras (FNRP).

http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1905

 

Honduras un año después del golpe de Estado

Renaud Lambert

Le Monde diplomatique  01-07-2010

Traducido para Rebelión por Caty R.

Hace un año, el 28 de junio de 2009, un golpe de Estado militar derrocó al presidente de Honduras, Manuel Zelaya.

Más allá de los pretextos invocados, el golpe de Estado tenía el objetivo de defender los intereses de quienes lo patrocinaron: la oligarquía hondureña y las multinacionales presentes en el país. Esa élite –sobre la que incluso un informe de la Oficina para la Democracia, los Derechos Humanos y el Trabajo, del Departamento de Estado estadounidense, observaba, en marzo de 2007, que «ejercía un control excesivo sobre la economía, el sistema judicial y las instituciones políticas del país»- se sentía amenazada por el programa económico de Zelaya. No era la primera vez que un jefe de Estado hondureño alborotaba a los dominadores al pretender estimular el capital «nacional», desarrollar el consumo interno y aumentar el salario mínimo.

En 1993 Carlos Roberto Reina ganó las elecciones presidenciales apoyado por una fracción de la burguesía, amenazada por la apertura económica del país, y por las capas populares, ya golpeadas por las políticas neoliberales. En su primer año de mandato, Reina se reunió con los dirigentes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) con el fin de presentarles el giro de la política económica de Honduras que proyectaba. Amenazado, a su vez, con tener que arreglárselas sin los créditos que le asignaban dichas instituciones, Reina regresó a la hoja de ruta neoliberal.

Quince años después las cosas habían cambiado. Abandonado por las instituciones financieras internacionales, Honduras consiguió el apoyo político de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), a la que se incorporó en agosto de 2008, y la ayuda económica de Venezuela. Cuando llegó al poder, Zelaya se había quejado de que Honduras era tan pobre que «ni siquiera podría construir una carretera sin apelar al Banco Mundial». Desde la firma de un acuerdo con Petrocaribe, Honduras se benefició de financiaciones a bajo interés para sus inversiones en infraestructuras que le permitían gastar su propio dinero en el marco de programas sociales. Dicho acuerdo le garantizaba la entrega de 20.000 barriles de petróleo crudo diarios a precios generosos.

El 3 de enero de 2008, un comunicado de la Asociación Industrial Nacional (ANDI) –que a pesar de su nombre representa los intereses de las empresas extranjeras en Honduras- tomaba nota de ese cambio de época: «ahora se impone la necesidad inevitable de tomar medidas que nadie desea o salir del país». Los intereses de la élite no son negociables. ANDI concluía: «el presidente Zelaya y sus acólitos de los sindicatos obligan a la patronal a defenderse y, sin querer, han despertado al tigre». El 28 de junio de 2009, tras una larga siesta, el tigre saltó.

A esta ruptura en la estrategia de las clases dominantes hondureñas, el presidente estadounidense Barack Obama prometió oponer otra en la política extranjera estadounidense. Hasta entonces, ésta se caracterizaba por su complacencia hacia los golpistas latinoamericanos, como durante el golpe de Estado que derrocó durante unas horas al presidente venezolano Hugo Chávez, en abril de 2002.

Por el contrario, desde el 29 de junio Obama condena a los golpistas: «Pienso que se trataría de un precedente terrible si empezáramos a retroceder a una época donde las transiciones políticas se efectuaban por medio de golpes de Estado más que a través de elecciones democráticas». Pero la actitud posterior de Washington no ha estado a la altura de las declaraciones del nuevo presidente.

El Departamento de Estado se niega a calificar la operación de «golpe de Estado militar», un término que habría «obligado a la administración a poner fin a sus programas de ayuda a Honduras», observa Alex Main, del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR). El Gobierno estadounidense se conformó con suspender el pago de una pequeña fracción de la ayuda que asigna al país (por un importe de 31 millones de dólares). Hillary Clinton, próxima al «lobbista» Lanny Davis –que rápidamente se puso al servicio de los golpistas hondureños- anunció la reanudación el 4 de marzo de 2010. El mismo día la secretaria de Estado invitó a la Organización de Estados Americanos (OEA) a reconocer al Gobierno de Porfirio Lobo, vencedor, el 29 de noviembre de 2009, de unas elecciones ilegales (puesto que fueron organizadas por un gobierno ilegal), en funciones desde el 27 de enero de 2010. Por otra parte, Hillary Clinton le felicitó por haber «restaurado la democracia» en Honduras.

Situación inverosímil hace sólo una veintena de años, el Gobierno de facto, apoyado por Estados Unidos, nunca ha sido reconocido por la OEA. Regularmente es cuestionado por los países del ALBA. La Unión de las Naciones Sudamericanas (UNASUR) amenazó con boicotear la Cumbre América Latina, Caribes y Unión Europea de Madrid, en mayo de 2010, si Lobo participaba…

Sin duda la crisis hondureña constituye uno de los episodios del conflicto soterrado que enfrenta a Venezuela con Estados Unidos. Pero aunque Honduras podría prescindir del reconocimiento diplomático de Venezuela, el de Brasil le hace mucha falta.

Hace algunos años Brasilia ratificó las preferencias estadounidenses cuando el derrocamiento del presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide, en 2004.

Pero en esta ocasión el presidente brasileño, Luis Inacio «Lula» da Silva, consideró que podía enfrentarse a Estados Unidos. Según el periodista uruguayo Raúl Zibechi, en el transcurso de este año se está revelando una amenaza más preocupante para Washington que el Socialismo del siglo XXI del presidente Chávez: la emergencia del coloso económico brasileño y su pretensión de defender sus intereses.

Por ahora la población hondureña prosigue su lucha a pesar de la represión policial y militar. Torturas, desapariciones, toques de queda, cierres de medios de comunicación se han convertido (otra vez) en moneda corriente en Honduras. Las reuniones de más de cuatro personas están prohibidas. El Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras (COFADEH) ha documentado 43 asesinatos políticos.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-06-28-Honduras