Alternativa Socialista, 13 de mayo de 1987 Reportaje a Rodney Arismendi
“El anticomunismo es un arma bacteriológica para dominar y dividir a los pueblos”, dijo Rodney Arismendi, citando a un obispo. “Nosotros no creemos que la gente que difiere con nosotros es anticomunista”, precisó.
“Como viejo comunista y lector de Lenin le recuerdo que no hay contradicción entre reforma y revolución”, señaló, aunque destacó que no comparte que la revolución sea una suma de reformas: “una suma de reformas es mecánica, y lo que plantea el socialismo es el cambio cualitativo de la sociedad”.
“Si yo creyera que el Frente se divide, estaría atribuyendo una cosa casi criminal hacia algún sector frentista”, enfatizó. Partidario de privilegiar el parlamentarismo, entendió que “cualquier reforma debe aumentar y no disminuir la presencia protagónica del Frente”.
Citó a Lenin: “Quien no sea capaz de luchar por las instituciones democráticas, tampoco va a luchar por la revolución”. Y refutó a Tarigo: “Batlle casi nunca usó la palabra “liberal”, sino otras como “demócrata”. El liberalismo no se identifica con la democracia.
El secretario general del Partido Comunista del Uruguay se declaró satisfecho de conversar con Alternativa.

En los diferentes frentes en donde actúan los militantes de izquierda se generan, obviamente, debates sobre diversos temas. Cuando alguien se opone a lo expresado por algún militante comunista, éste -naturalmente que no son todos- le endilga al compañero el mote de “anticomunista”. Este tipo de planteos
¿no ha alimentado, de alguna manera, el propio anticomunismo?

Usted hace una pregunta arrancando desde un ángulo en donde se privilegia cierta cuestión. Yo creo que hay que partir de otra base. El anticomunismo es un fenómeno
-quizás de los principales- de la guerra sicológica que el imperialismo y las clases dominantes desarrollan contra todo movimiento progresista, contra la izquierda, contra el Frente Amplio, contra el movimiento sindical y estudiantil. El anticomunismo, entonces, tiene viejas raíces. En 1848, cuando Marx y Engels buscaron una definición del socialismo científico, dijeron que un fantasma está recorriendo el mundo. Empezaron a hablar de un fenómeno al que recurrían todas las fuerzas reaccionarias, incluso la Santa Alianza, poco después de organizar la invasión portuguesa a nuestro suelo, para atacar el hecho de que la clase obrera aparecía con su fisonomía. Esto lo presentaban como un fantasma. Esta impregnación, esta guerra
sicológica utilizada contra cualquier adversario -como lo decían Marx y Engels- por las fuerzas regresivas, procura crear determinados reflejos. A veces sectores de la izquierda, cuando razonan, no se libran de esos reflejos. Nosotros percibimos ese reflejo y decimos que actúan en forma errónea y equivocada.

¿Pero ese reflejo está en todos los que se oponen a determinada actitud u opinión brindada por un comunista?

Déjeme que le explique. Monseñor Méndez Arceo, en una conferencia sobre deuda externa realizada en La Habana, dijo que el anticomunismo era un arma bacteriológica pensada por la clase dominante para dominar y dividir a los pueblos. Yo quiero precisar: nosotros no creemos que la gente que difiere con nosotros es anticomunista. Inicio la respuesta explicando este fenómeno que me parece que hay que tenerlo en cuenta. Hay un fantasma que se agita, que muestra al comunista como sectario. No confundan. Es totalmente natural que haya gente que opine en forma contraria a los comunistas. Como partido nosotros jamás categorizaremos a esas personas como anticomunistas; son gente que piensa de determinada manera, con las cuales somos aliados en un mismo momento.

Usted utilizó la palabra “sectarismo”. Y éste es uno de los temas recurrentes en la izquierda uruguaya aunque también el punto preocupa a otros sectores políticos. Hay determinadas actitudes de los comunistas que son tildadas de “sectarias”. Estas, a su vez, reciben como respuesta también un comportamiento “sectario”. Así se ha generado una lógica que en determinados momentos emerge con fuerza.

Usted en la misma pregunta está reflejando sectarismo.

Yo estoy recogiendo elementos de conversaciones entre gente de izquierda.

¿Usted cree que sectarios son solamente los comunistas? Yo creo que cuando hay compañeros de izquierda que pretenden aliarse con todos para aislar a los comunistas, son sectarios y no comprenden su grandes obligaciones que es la de forjar la unidad y entendernos. Hace poco, en un discurso en Florida, yo dije que la misma izquierda tiene que seguir aprendiendo fraternidad, capacidad de diálogo interno, profundización de este gran fenómeno histórico que se ha dado en el Uruguay que es la central única de trabajadores, un movimiento estudiantil e intelectual que gira fundamentalmente a la izquierda y un Frente Amplio que tiene características especiales. Nosotros consideramos que el Frente Amplio no es una operación de coyuntura ya que hemos teorizado que el Frente es, en cierto sentido, un camino peculiar para que el pueblo uruguayo pueda transitar hacia el socialismo.
Generalmente, por un prejuicio, se afirma que los comunistas son sectarios y todos los que practican las mil formas de sectarismo se considera que están inmunizados.
Admitamos que en la génesis de todo esto no se sabe bien quién ha sido el primer sectario. Pero el fenómeno existe y perjudica el funcionamiento de determinadas organizaciones. Esto se contrapone con esa concepción unitaria que todos los sectores de izquierda dicen impulsar.

¿Usted cree que es propiedad de los comunistas el ser sectario? Yo creo que hay que desinfectar a la izquierda del sectarismo pero para eso hay que empezar por saber que esto no es un tema de éste o aquel comunista, ya que nuestro partido es por definición teórica y por la propia práctica -además de paciencia- aguda y radicalmente antisectario.

Usted citaba un discurso realizado en que decía que hay que aprender fraternidad. ¿Es que la izquierda no ha reflejado lo suficiente sobre este tema de la unidad?

Si me lo pregunta en el plano del movimiento, digo que no lo suficiente. Si me lo pregunta respecto al pasado uruguayo y a la realidad latinoamericana, expreso que hemos avanzado muchísimo. Tenemos un Frente Amplio, una central única y por algo nos llamamos compañeros.

Yo le pregunto esto porque se sostiene que copando organizaciones no se avanza. Esto tiene que ver con la autoproclamación de distintos sectores de izquierda como la “vanguardia”. Aquí el tema se entronca con los hegemonismos en cada área de acción.

Copar una organización no es la resolución adecuada para el pleito de masas, ideológico o de tendencias. Esto es -perdóneme la expresión- una estupidez. Ya Lenin
-nuestro maestro- enseñaba que las masas aprenden por su experiencia, por su movilización profunda, por su participación en definiciones generales. Cualquiera que pretenda copar el movimiento obrero uruguayo, o copar los distintos comités del Frente Amplio o el movimiento estudiantil uruguayo, no ha aprendido nada de la práctica política uruguaya. Si fuera un comunista no habría aprendido nada de todos los congresos del partido, de las definiciones, de todas las experiencias y todos los libros escritos.

LA REFORMA Y LA REVOLUCIÓN

El Partido Comunista es un referente importante dentro del Frente Amplio y fuera de él. Seguramente los comunistas latinoamericanos están observando con atención este fenómeno uruguayo. En ese marco surge el informe realizado por usted el pasado miércoles 5 de agosto en el Palacio Peñarol. Allí sostiene que los comunistas no son partidarios de estatizar todo; defender sí el sector estatal actual, estatizar los bancos ya pagados “pero no todos los demás sectores de la producción”. Más adelante afirma que los
comunistas son partidarios de las cooperativas. Esto -disculpe usted la posible ignorancia- suena como a nuevo.

Esto está definido, en cierto sentido, en la declaración programática del Partido y plataforma política inmediata de 1958. Allí nosotros señalamos que en la etapa de la revolución democrática, de liberación nacional de base agraria y antimperialista, la toma del poder por un bloque donde participe la clase obrera como fuerza rectora, no supone la estatización de vastos sectores de la producción. Desde luego que sí a la reforma agraria pero sin parcializar, es decir respetando aquellos establecimientos modernos que parcializados pierden eficacia. A ningún marxista se le ha ocurrido estatizar toda la pequeña propiedad. En cuanto al régimen de cooperativas siempre lo hemos defendido. El tema es más vasto y lo hemos discutido en varias oportunidades, como por ejemplo en agosto y octubre del año pasado, en la conferencia nacional. En esa oportunidad nosotros definimos el tema de los dos proyectos que están en el centro del país: el que levanta el Frente Amplio y el que impulsa el Partido Colorado. Hace pocos días el diario “El Día” -en un editorial furioso contra el Frente Amplio- decía que queremos estatizar todo. Es errado; ni lo dijo Marx, ni lo dijo Engels ni Lenin. Lo que impulsa el Frente Amplio es avanzar hasta determinado lugar y no es propiamente una revolución socialista.

Desde algún ámbito se ha dicho que esto es reformismo

¡Cómo va a ser reformismo! Como viejo comunista y lector de Lenin le recuerdo que ya Lenin explicó este tema, diciendo que no hay contradicción entre reforma y revolución. Se puede defender las reformas en el camino hacia el socialismo.

Un legislador de la lista 99 dijo hace algunos meses que la revolución es una suma de reformas.

Filosóficamente yo le contestaría que no es así. Una suma de reformas es una suma mecánica, de acoplamiento, desconociéndose que lo que plantea el socialismo es el cambio de la sociedad; cambio cualitativo.

Desde tiendas coloradas se dice que el PCU vive anclado en el pasado y que en las modernas teorías sociológicas ya Marx y Lenin casi no se citan

Esto último es una equivocación. En primer lugar quiero decir que desde el año 1955 nosotros estamos permanentemente sobre una concepción común de renovación de nuestros planteamientos. Incluso en ese debate sobre las vanguardias que usted me preguntaba. En un debate que hubo en Berlín -en donde estaba presente un representante del Partido Socialista uruguayo- yo dije que a nosotros no nos preocupaba la vanguardia con el PS que se proclama de inspiración marxista- leninista. Lo importante es que marchemos juntos -incluso sin descartar la posibilidad de un día crear un solo partido- para encabezar los cambios que el Uruguay necesita.
LA VIGENCIA FRENTISTA

A su juicio ¿el Frente Amplio ha perdido protagonismo?

Todos queremos que el Frente tenga más protagonismo; más fuerza. El Frente está metido en la vida del país y las encuestas están diciendo que el Frente es la única fuerza que en Montevideo no ha sido erosionada. En el interior del país hay una expectativa importante. Cuando los encuestadores proponen los nombres de los candidatos y mencionan a Sanguinetti, Ferreira Aldunate y Seregni, los datos revelan la credibilidad y la inserción de Seregni entre la gente. ¿Que el Frente tiene que ser más? Por supuesto. Nosotros creemos que el Frente tiene que tener una mayor agresividad programática, con proyectos concretos. Pero hay un elemento que incide en esta falta de protagonismo porque algunos piensan que el Frente tiene que ir hacia determinados lados, hacia determinadas direcciones. Esto se opone a una posición que dice que el Frente tiene que fortalecer su perfil, no perder parte de su fisonomía ni la razón histórica de su existencia. El Frente tiene -no obstante- un protagonismo esencial. En el movimiento sindical se tiene un protagonismo muy activo y crece.

¿Cuáles son los elementos que le permiten afirmar eso?

El movimiento sindical aparece como una fuerza decididamente unitaria, irrompible. En segundo lugar creo que el movimiento sindical -más allá de sus fluctuaciones internas- afirma que la unidad se basa en la central única. Hay fortalecer la fraternidad interna, profundizar su democratización, encontrar -dentro de lo posible a través de consenso- el acuerdo sobre las grandes temas sindicales. Hay que buscar, dentro de las correlaciones de fuerza, el máximo de representatividad.

El frentista -militante o no- no se siente conforme con el Frente Amplio. Es una percepción a partir de las conversaciones que uno tiene en diversos ámbitos.
¿Está cansado, descreído, apesadumbrado?

El frentista quiere ver a Seregni en cada conversación, que el Frente se desarrolle y que sea más eficaz. Lo que el frentista no quiere -sobre todo- es que dé la imagen de fuerzas que se dividen y que se atacan. Esto permite que los adversarios del Frente toquen música para que los frentista bailen. Eso la gente no quiere. Yo no hago política sentado en este escritorio; salgo y converso diariamente con los compañeros de todas las tendencias. Me preguntan: ¿Qué pasa Arismendi, que se dividen? Yo no creo que el Frente se divida; no creo, porque si yo creyera estaría atribuyendo una cosa casi criminal hacia algún sector frentista. Olvidaría la trayectoria del Frente Amplio, a sus grandes fundadores como Zelmar Michelini y nuestros mártires.
Estaría olvidándome de todo eso. Además hay un grado de madurez en la masa frentista que en cierto sentido es un centinela y una garantía de la unidad del Frente. Hay que ser prudentes. Usted observará que no entramos en polémicas porque no queremos dar cachones al enemigo. Debemos tener prudencia y profundizar la fraternidad de la que hablamos. Además digo que los problemas no son tan grandes
como los presentan.

Sin embargo hay un fuego graneado respecto a la reforma constitucional y este tema es presentado como la gran piedra del escándalo.

Es un importante tema pero no el fundamental. Si se quiere hablar de reforma nosotros decimos que no estamos en contra, y que por ejemplo coincidimos con algunos planteos referidos a la votación a presidente.

Sobre este punto -al parecer uno de los más importantes- el PCU surge el miércoles 5 de agosto, durante su informe, con una posición clara y nítida. Allí usted aseguró que se propone la votación a presidente e intendente en hoja separada, sin lema, en coincidencia con las posiciones del PDC y del PGP.

Hay documentos sobre la reforma, que miramos en forma positiva. Decimos que estamos de acuerdo con una reforma que afirme el régimen parlamentarista, en detrimento del presidencialismo. Pero el tema de la reforma lo presentamos como para que no oscurezca el problema de la impunidad, del referéndum. Pero además hay otro tema que no debe ser oscurecido con temas que a nuestro juicio no son los fundamentales y es que la gente tiene bien claro que hay dos programas: el del Frente Amplio y otro el del Partido Colorado. Nosotros no podemos contribuir de ninguna manera a sacar estas cosas del centro del acontecer político nacional. Pero además decimos que cualquier reforma debe estar enfocada desde el punto de vista de que se debe aumentar y no disminuir la presencia protagónica del Frente Amplio. No se puede impulsar ninguna reforma que haga que el Frente pierda su perfil y su fuerza, echando por tierra todo lo dicho hasta ahora.

¿Usted puede precisar la posición del PCU sobre este aspecto de la reforma que aparece como el nudo de la polémica?

Nosotros decimos que estamos de acuerdo con la votación del presidente sin lema, en hoja separada, pero en política debemos saber cuándo decimos A, tenemos que saber cuándo decir B y qué quiere decir B y por lo menos hasta la J. Hay que pensar que cuando el Partido Nacional hablaba de reforma o cuando la FENAPODE -integrada por gente que se fue del Frente y que hace de su razón de existir los ataques y la hostilidad hacia el Frente- proclama la reforma y solamente se invita a una parte del Frente para las reuniones, demuestran que no tienen la misma concepción de la reforma como la que podamos tener nosotros.

¿Ustedes habrían ido a esos encuentros?

En principio no decimos que no hubiéramos ido. Seregni lo dice siempre y yo lo comparto: no se puede adelantar una opinión cuando el hecho no ha sucedido. Pero prosigo. Nosotros nos enteramos de las reuniones a través de la prensa. Ellos tienen
una visión diferente de la reforma. Es claro que la visión del senador Zumarán es que el Frente se parta y por ello -junto a la FENAPODE-impulsan este tipo de reformas. Querían una reforma constitucional que facilitara sus planes. Esa no es nuestra posición ni creo que sea la de los frentistas que participaron de esas reuniones ni tenemos ningún derecho de atribuirle intenciones maledicentes, cayendo en el mismo juego que los que se oponen al Frente Amplio.

EL REFERENDUM EN EL CENTRO

Usted señala -y diversas fuentes frentistas así lo han precisado- que el referéndum es la tarea prioritaria, fundamental. Algunas personas albergan dudas sobre si se arriba a la cantidad de firmas.

Estoy seguro que se van a conseguir.

Yo quería plantearle el tema de esta manera. En encuestas realizadas el año pasado, se recogía que cerca del 80 por ciento de los montevideanos se mostraban favorables a que los militares fueran juzgados, mientras que ese índice bajaba cuando se le preguntaba al ciudadano si creía que los militares iban a ser detenidos. Esos datos ¿no estarían revelando la lenta recolección de firmas en virtud del estado de ánimo de la gente en aquel momento y en éste?

Yo creo que en el momento actual se nota una mayor decisión de la gente a firmar. Pienso que si se trabaja con tesón, como lo está haciendo tanta gente en la calle, se van a conseguir las firmas y va a haber una gran votación en el plebiscito para derogar la ley de impunidad. Hubo una etapa que la gente contestaba que después firmaría; hubo otra en que se dio una cerrazón propagandística muy bien planeada, presionando para sembrar desilusión y temor. El temor no solo se siembra amenazando; también se crea el temor cuando se llevan tribulaciones a la gente.
Cuando un diputado propone que el Ministerio del Interior controle las firmas, no lo hace por tonto, sin darse cuenta de lo asombroso del planteo. Lo hace porque de esa manera crea dudas e incertidumbres. Yo conozco gente -retirados militares- que han mostrado su voluntad de firmar pero que no lo han hecho por temor a que le quiten las pensiones. Cuando la gente vio que se estaba al borde las 500 mil firmas todo ese andamiaje se empezó a quebrar. Cuando los mismos medios televisivos se vieron obligados a pasar los avisos del referéndum y comenzaron a verse en televisión los grandes ases deportivos, la gente vio afirmada su convicción.

Desde hace algunas semanas quienes se oponen al referéndum han disminuido sensiblemente su campaña. ¿A qué se debe, según su opinión?

Mi impresión es que están un poco resignados. La experiencia dice que si se hace un esfuerzo decisivo, fuerte, se juntan las firmas en poco tiempo. No es sencillo pero hay que buscar la firma allí donde puede estar. Si se logra el plebiscito, marcará el cuadro político del país de una nueva manera. Eso sí que es una línea de fuego. Yo no hablo
de la gente -que se expresará libremente- pero desde el punto de vista de los dirigentes políticos, se realizará un señalamiento claro muy nítido, que tiene mucha importancia para saber con quiénes contamos para profundizar la democracia.

El presidente Sanguinetti ha afirmado en la revista Punto y Aparte que los comunistas aludían “despectivamente a las libertades burguesas”. ¿Qué opina usted?

Las libertades no son burguesas ni proletarias. Lo que en el pasado subrayaban Marx, Engels y Lenin y repetían los comunistas, los socialistas y mucha otra gente, es que todo régimen político tiene bases de clase. Pero también repetían sistemáticamente -y está dicho por Lenin aún en los libros más duros de tratamiento teórico, como “El Estado y la Revolución”- que jamás un marxista va a confundir un régimen dictatorial, fascista -ni siquiera lo era el gobierno de Pacheco Areco, futuro candidato presidencial- con un régimen de democracia como el que estamos viviendo. Yo al volver al país recordé varias veces aquella frase de Lenin que decía que quién no sea capaz de luchar por las instituciones democráticas, tampoco va a luchar por la revolución.

Sanguinetti también sostiene en ese artículo que los comunistas y sus “recientes compañeros de ruta no están defendiendo esas garantías ciudadanas para afirmar la vigencia del sistema sino, por el contrario, para debilitarlo”.

Hay que ver el sistema que él invoca. Nosotros los comunistas estuvimos contra el sistema dictatorial y allí están nuestros muertos, torturados y desaparecidos. Nosotros buscamos consolidar la democracia porque comprendemos perfectamente que en este momento de Uruguay y América Latina esto tiene que ser defendido. Entre otras cosas porque la política del gobierno, al exonerar de toda culpa a los asesinos, a los que pisotearon la Constitución, a los que, amparados en el aparato del Estado, afirman que Miranda se fue del país y que la familia de Miranda es poco menos que farsante. Nosotros vemos que todo eso son amenazas para la democracia y hay que defenderla. Pero además queremos avanzar en democracia. Nosotros creemos que la democracia uruguaya se asentará profundamente y avanzará en el cuadro singular del Uruguay, en la misma medida que se asienta en un cambio económico y social.

¿Qué opinan los comunistas de los liberales?

En un reciente editorial del diario “El Día” se afirma que el país se divide entre liberales y marxistas. En primer término me parece que estas cosas están siendo manejadas sin rigor científico. Me extraña porque el editorial parece ser del Dr. Tarigo, un jurista notorio cuyas ideas no comparto, pero que está obligado a un cierto rigor científico. En segundo término digo que casi nunca Batlle utilizó la palabra liberal como para caracterizarse. Usó otras expresiones como ser demócrata. La expresión liberalismo fue usada por sectores desprendidos, del riverismo, del antibatllismo. En tercer término la expresión liberal correspondió como filosofía
política y tomó cuadro en la zona del positivismo, pero también antes, en los economistas llamados por Marx “los economistas vulgares”. Ellos reflejaban la sociedad de la libre concurrencia. Para ellos libertad era libertad de la concurrencia, de la libre competencia. Pasado el tiempo esto se volvió en una farsa cruel. Los inspiradores de la política económica del actual gobierno -y antes el señor Vegh Villegas- hablan del neoliberalismo. Esto es una gran farsa. En la nueva sociedad imperialista los monopolios, los trust, las estructuras bancarias y los grupos económicos no actúan libremente; actúan en forma monopolista. Diríamos, incluso, usando fórmulas extraeconómicas. Cuando el gobierno mismo afirma que en la economía nacional aquel que no es viable debe desaparecer y que parece que eso es el juego de la libre competencia de la primera etapa del capitalismo, está poniendo un manto a una competencia mucho más cruel: la del tiburón y la sardina. La oligarquía y los capitales de las transnacionales que vienen aquí no actúan en el plano de libertad e igualdad. Actúan en el plano del monopolio, del dominio, del beneficio, de la imposición económica. Es la imposición de los Estados Unidos y los grandes países de economía capitalista. ¿Eso es liberalismo? Eso es que el pez grande se come al chico y el Estado se retira. Esto que se quiere aplicar con el sesgo de modernización no es liberalismo; es privilegiar el monopolio de los grupos más poderosos y retirarse, negando la orientación batllista, del mercado del trabajo.

Eso es la expresión económica del liberalismo ¿y la expresión política?

El liberalismo -si lo vemos como doctrina política- lo vemos como que no se identifica con la democracia.

¿Cómo lo define usted al gobierno del Presidente Sanguinetti?

Desde el punto de vista marxista y de clase yo creo que el gobierno colorado representa un bloque de poder encabezado por lo que nosotros llamamos la gran burguesía nacional reformista. Es decir ese sector que se expresa muy poderosamente en América Latina. Esto predomina en el Partido Colorado y también en grandes sectores del Partido Nacional. Si lo califica por su orientación yo diría que busca conformar un bloque de centro derecha.

Este material ha sido tomado de la Fundación Rodney Arismendi