Ruben López
22/01/2018

Vivió su niñez y adolescencia en una Cerdeña empobrecida por la crisis y la política proteccionista del norte industrial que relegaba al sur agrario y minero.

    La cuestión social, la brutal postergación del obrero:

 “En estas minas, el descanso de un día por cada seis de trabajo es realmente excesivo, porque lejos de los centros habitados y no sabiendo a qué dedicar  el tiempo los días de descanso, muchos lo consumirían abandonándose a libaciones excesivas que comprometerían, incluso, el trabajo del día siguiente.”(i)  Así hablaba el Ingeniero de la mina sobre el descanso dominical.

    En 1913, por primera vez, votaban los analfabetos, así los electores se habían multiplicado por cuatro. Antes resultaba más sencillo comprar y seducir a  los votantes, ahora ante los argumentos de los Socialistas, había que encontrar otras formas. Y la clase dominante encuentra el argumento del miedo, miedo a perder sus pequeñas propiedades, miedo a saltar al vacío.
    Antes se juntaban, los propietarios irritados por los impuestos y los obreros y campesinos en el límite de la resistencia por la escasez de los salarios y la carestía creciente de la vida, en la trinchera sardista.
    Pocos advertían que las razones de la protestas eran diversas, cuando no contradictorias. Nada tenían en  común la desesperación del campesino hambriento y el despecho del parlamentario conservador excluido del gobierno.
    En aquella atmósfera de jacobinismo sardista el resentimiento ocasional de los reaccionarios y el ímpetu de la rebelión de los oprimidos acababa confundiéndose, aunque una cosa fuese el justo descontento de las masas heridas y otra el simple interés en instrumentalizar aquel descontento para abatir un gobierno, no por incapaz, sino por haber sido excluido. Así nos relata G. Fiori, el ambiente de la época.ii
    Con estas vivencias  se iba formando Gramsci, experiencias que le darían elementos para crecer y tomar conciencia del mundo que le rodeaba.

Al leer hoy,  100 años después, en este enero uruguayo, llama  la atención la similitud:  la rebeldía de “un campo” sin distinciones entre terratenientes y empresarios por un lado, con los sufridos pequeños productores  y el más postergado aún, proletariado rural.

    Aquella experiencia iba a ser decisiva para Antonio Gramsci, nos cuenta  Fiori. “Fue aquel espectáculo y la meditación sobre él lo que lo hicieron definitivamente un socialista” .. “comenzó a abrirse paso la idea de que los verdaderos opresores de los campesinos, de los pequeños propietarios y de las capas medias de la isla y de todas las clases pobres del Mediodía no eran los obreros industriales junto con las clases propietarias del norte, como había creído durante tanto tiempo, sino las clases propietarias del norte junto con los grupos reaccionarios sardos, con los grupos reaccionarios de todo el Mediodía” iii

    Después, nos dice: “el convencimiento (de Gramsci) de que la teoría que no se puede traducir en actos es una abstracción inútil y que las acciones que no se fundamentan en la teoría son impulsos estériles. ..se percibía la tendencia a un método... de educación de las masas y no de simple excitación con discursos mitinescos.”

    Viene bien esta relectura. En el mundo de hoy, un cable a tierra que nos lleve al análisis concreto, ser capaces de superar el sectarismo de pequeños grupos que olvidan a las masas, dejar de lado a supuestos líderes que olvidan su primera responsabilidad con el pueblo, no ser  guía o profeta, sino el esfuerzo permanente por avanzar juntos hacia la liberación definitiva. La inteligencia, la modestia, la fidelidad a sus ideas y a los trabajadores, que nos legara Antonio Gramasci, son una guía para la acción en estos momentos de profunda crisis ideológica y política en la izquierda.

    Sólo habrá cambios y un nuevo orden social con la activa participación de las masas en todo el proceso, debatiendo por el programa, por una estrategia y tácticas, resueltas en común. La historia ha demostrado, que cuando las masas y los cuadros proyectados por éstas, son desplazados por cúpulas que se auto-designan como los más preparados para dirigir, los procesos de cambio se detienen, retroceden y fracasan como se dio en las experiencias, tanto del Socialismo conocido, como de la Socialdemocracia.

    Una activa participación en la comunidad local, en la lucha diaria por resolver las necesidades básicas de todos. Fijar las bases del trabajo político y social que se traduzcan en actos concretos para la transformación de la realidad de cada lugar, de cada ciudadano.

    No habrá mejor homenaje a ese gran revolucionario, que hacer realidad el mundo por que que brindó su vida, en lucha contra el fascismo.

Por eso tomamos este pequeño párrafo de su vasta obra:

“Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes.” IR

i Vida de un revolucionario. Giuseppe Fiori. Pag.55