Intervención de Gerardo Caetano    20.10.2014
Presentación del libro EL FANTASMA DE LA RESISTENCIA en la Feria Internacional del Libro.

Autor: Miguel Millán. Editorial Fin de Siglo.

Buenas noches. Antes que nada quiero decirles algo importante para mí. Yo, que no pertenezco a lo que he llamado "la patria comunista", he insistido, desde hace tiempo, en la necesidad de que todos los "compañeros-almas" -como diría Zitarrosa- de esa patria comparecieran con su testimonio, con sus investigaciones, con su memoria, para enriquecer ese friso necesario y siempre provisorio del pasado reciente de la izquierda y del país todo. Allí radica un trazo fundamental en términos de reconstrucción histórica del Uruguay, de su democracia, de las resistencias contra la dictadura. Pero ese ejercicio es indispensable también en términos de reconstrucción política de la izquierda uruguaya.



Y digo esto desde la angustia del historiador: el testimonio que no se hace muchas veces no se puede recuperar, se pierde para siempre. Y hay mucho del pasado que no queda en documentos. Hay muchas historias que solo se pueden contar. Por eso, celebro la aparición de este libro que forma parte de un esfuerzo creciente, que tiene mucho por delante pero que ha avanzado en forma notoria en los últimos años, para incorporar esa memoria necesaria de la "patria comunista".

 Quiero referirme a la importancia política que tiene el registrar esa historia. Obviamente, todos podemos señalar el impacto enorme que significan los huecos de olvidos en toda memoria política. Hemos conocido, en la derecha pero también en la izquierda, una negación ideológica del pasado que busca a veces sin saberlo el atajo infértil de "una política sin historia". A menudo no se trata de un hecho natural, ingenuo, espontáneo. No. Con frecuencia allí anidan intentos deliberados, que tienen mucho de ideológico, de arraigar una política sin historia. ¿Por qué? Porque una política que comienza todos los días, que no reconoce pasado, es una política sin raíces. Es una política donde la memoria y las comparaciones se disuelven, donde los compromisos son necesariamente fugaces y tibios, por lo general inconsistentes. Es esa política tan de moda hoy de "surfear la ola" y no navegar, tan asimilada a estos tiempos de la cultura del instante. Y no lo olvidemos: una política sin pasado no tiene futuro, sin tradiciones no hay utopías posibles, el borramiento del pasado en definitiva busca abdicar de la lucha indispensable por un futuro mejor, no solo posible sino también deseable.

Las consecuencias de la desmemoria en política son enormes. Por eso siempre entendí que el hecho de que la "patria comunista" no bregara por recuperar su historia y su memoria -que son siempre dos cosas distintas- tenía un impacto empobrecedor en muchos sentidos, no solo para los comunistas -los que son y los que fueron, aunque todos ellos no son por suerte de aquellos que "borran huellas"- sino para la izquierda uruguaya en su conjunto e incluso para el país todo. Créanme, no me puedo imaginar a los comunistas uruguayos sino es dentro del Frente Amplio. Formo parte de una generación que no se puede imaginar ciertas cosas. No me puedo imaginar la ruptura de la central sindical. No me puedo imaginar un Frente Amplio sin la patria comunista adentro.

Y me gustaría pensar que la recuperación de la memoria de los comunistas, en particular de su lucha incesante y valiente de los tiempos más duros, es también una señal de que la patria comunista está reconstruyendo también sus redes humanas. Esa identidad plural, a pesar de las explosiones e implosiones, a pesar de los desgarros, de las rupturas, de los conflictos, de las razones, sigue haciendo falta. Y repito que lo dice alguien que no forma parte de la patria comunista.

También debo decir que esta patria ha sido solidaria, ha sabido convivir. Que necesariamente hoy tiene que convivir con otros distintos. Que se va a dar cuenta que, como dijera Zitarrosa, sus "compañeros-almas" no solo están fronteras adentro, que se proyectan necesariamente con muchos "otros" también cercanos, de muchas procedencias, como ocurrió durante la dictadura.

Con Álvaro (Rico) y otro grupo de compañeros tuvimos el triste compromiso de recorrer los documentos de la represión de los años del terrorismo de Estado. En los momentos más terribles de ese tiempo terrible de persecución, cuando aparecía un conflicto por más derechos y libertades, un principio de protesta, allí donde se diera un esbozo de resistencia en una fábrica, en un liceo, en una facultad, allí donde había una movilización, por supuesto que no estaban solos los comunistas, que la rebeldía de la lucha antidictatorial provenía de muchas tiendas, dentro y fuera de la izquierda, pero siempre estaban los comunistas. Y eso los represores lo sabían. Por eso las operaciones focalizadas en el Partido Comunista en la clandestinidad y todas sus redes, ese ensañamiento de la represión que supo tener como uno de sus objetivos centrales el aniquilamiento personal y político de los comunistas. No puede haber razón alguna para perder esos relatos. Esta es una tarea no solo de los militantes sino también de los investigadores. Entre otras cosas porque esta tarea consolida la democracia, que recordémoslo siempre, es una forma de convivencia política que requiere de tradiciones y utopías, que no puede vivir en la filosofía conservadora del "eterno presente".

Estos relatos, estos testimonios que aparecen en este libro, revelan que no hubo un solo día, aun en los peores momentos, en el que la dictadura no tuviera que enfrentar la resistencia. Decir esto hoy es sencillo, pero decirlo en aquellos años terribles de 1975, 76, 77, 78, era por cierto muy difícil y riesgoso. Hacer lo que en este libro se narra significaba ni más ni menos que jugarse la vida, la propia y la de los seres más queridos. Y muchos perdieron la vida. Y esa es una razón más, tal vez la más demandante, para registrar lo ocurrido, para que no se pierdan ni historias ni memorias, nombres o fechas.

Las izquierdas tienen que aprender mucho sobre esto. A menudo han tenido problemas para registrar su historia. Con frecuencia han caído en el error de suponer que la historia de los partidos de izquierda era sobre todo una "historia de ideas", por todo aquello de la "autorrepresentación" como "partidos de ideas". Y no es así, es una "historia de ideas y de personas". No hay idea que pueda disolver el compromiso personal, sobre todo en los momentos más difíciles. No hay registro más persuasivo que la valentía de una persona en medio de una dictadura con terrorismo de estado: eso no es una abstracción, no es el determinismo ineluctable o la simple proyección materializada de una idea. Es la historia intransferible y única de mujeres y hombres enfrentando al poder que se creía omnipotente, con capacidad de decidir sobre la vida y la muerte.

Por eso hay que pelear por el pasado. Porque en ese mismo pasado otras fracciones políticas de la izquierda y de otros partidos democráticos han construido un relato protagónico y del cual han extraído, legítimamente, mucho peso político. Hoy ese relato y ese protagonismo deben enriquecerse con la comparecencia durante bastante tiempo olvidada u opacada del compromiso de la resistencia comunista a la dictadura. Es el momento de continuar con la recuperación de testimonios, con la profundización de la investigación histórica, con la promoción de múltiples formas de construcción de memoria.

La recuperación de la memoria necesita escuchas. Después del Holocausto judío, los testimonios de los sobrevivientes de los campos prácticamente resultaban invisibles, parecían no existir, porque lo que tenían para testimoniar era indecible. No había nadie que quisiera escuchar la magnitud de las atrocidades del nazismo y del fascismo. Los testimonios recién comenzaron a llegar cuando se generaron audiencias, comunidades dispuestas a escuchar lo inenarrable. Es muy difícil narrar el testimonio del horror. Para eso, entre otras cosas, es imprescindible la escucha. Y hoy, por suerte y como producto de una larga lucha por la memoria que nunca terminará, hoy hay escucha. En primer lugar la escucha es para impedir la política de la desmemoria, que siempre es conservadora, resulta afín al poder y al mantenimiento de las injusticias del statu-quo. La escucha es para los jóvenes que tienen que hacer su propia aventura pero desde la incorporación de las tradiciones de sus padres y de sus abuelos, sabiendo que, en este país, en los momentos más duros, entre otros pero con un protagonismo especial, los comunistas resistieron a la dictadura.

Yo pertenezco a una generación donde el gran hecho que marcó nuestras vidas, para bien y para mal, fue la resistencia a la dictadura. No es solo el triunfo de la democracia. Son también y tal vez fundamentalmente, las marcas de la resistencia contra la dictadura en sus momentos más difíciles. Porque sin resistencia no hubiera habido esto que es la forja constante, renovada e inacabable, de la vida democrática.

Por eso, este libro tiene que ser bienvenido. Es un libro realmente conmovedor. Reconozco a muchos de esos "fantasmas" que nos recrea la pluma sabia de Miguel Millán, los tengo como dilectos "compañeros-almas", pues ellos forman parte de la patria comunista, pero van más allá, forman una suerte de una confederación de patrias a la que yo también me siento hermanado. En las buenas y en las malas. Por siempre.

Leyendo este libro volví a ratificar una vez más algo que los que están hoy aquí con seguridad compartirán: ¡claro que valió a pena!

*El fantasma de la resistencia. Autor: Miguel Millán. Editorial Fin de Siglo.