Tomado del New york Times
Por Shasta Darlington y Manuela Andreoni 30 de mayo de 2018
 
SÃO PAULO – Los efectos de diez días de negociaciones entre los camioneros en huelga y el gobierno de Brasil ilustran la inestable recuperación de esa economía, la más grande de América Latina, y el desprecio de los brasileños hacia la clase gobernante.

Cientos de barricadas de camioneros bloquearon las carreteras a lo largo del país como parte de una protesta en contra de los aumentos del combustible, lo que provocó un paro de la economía de Brasil en días recientes. Las estaciones de gasolina desde São Paulo, la capital financiera, hasta Manaus, en el corazón del Amazonas, se quedaron sin combustible.

Se cancelaron decenas de vuelos, el abastecimiento de alimentos frescos en los supermercados ha mermado y millones de pollos y cerdos fueron sacrificados por falta de suministros. El lunes, muchas escuelas y universidades suspendieron sus clases.

El 24 de mayo, Temer anunció prematuramente que había logrado un acuerdo con los líderes de la huelga. Sin embargo, las barricadas permanecieron durante el fin de semana y los trabajadores petroleros anunciaron que comenzarán una huelga este miércoles, lo que aumenta las posibilidades de que se desate una crisis más profunda que exponga la ineficiencia del actual gobierno antes de las elecciones presidenciales en octubre.

Durante el fin de semana, Temer autorizó el despliegue de las fuerzas militares para despejar las carreteras, una decisión que fue condenada por los grupos defensores de los derechos humanos.

Sin embargo, después de que esa medida no logró terminar con la huelga, Temer lucía agotado cuando declaró en televisión que el gobierno subsidiará el costo del diésel para bajar el precio de venta al público en un 12 por ciento. También dijo que los camioneros pagarán menos en los peajes y obtendrán más contratos con el gobierno. Las medidas fueron concesiones sorprendentes de parte de un gobierno que busca refrenar el gasto público mientras Brasil se recupera de una recesión larga y perjudicial.

“Nuestra preocupación más fundamental y correcta son los camioneros y entiendo sus dificultades”, dijo Temer, el presidente más impopular de la historia moderna de Brasil, según las encuestas. “Todos entendemos los problemas naturales que los camioneros enfrentan durante sus labores”.

En Brasil, los costos del combustible han subido mucho por el aumento de los precios del petróleo a nivel mundial, y el real, la moneda brasileña, se ha depreciado. Actualmente, el precio del diésel fluctúa casi a diario. Como parte del último acuerdo, los ajustes al precio del diésel ocurrirán mensualmente. Aunque ese mecanismo de fijación de precios podría ser descartado por Temer.

Los líderes del sindicato les han pedido a los choferes que acepten el último acuerdo. No obstante, el 28 de mayo, mientras los tanques de combustible escoltados por policías y soldados comenzaron a reabastecer algunas estaciones de gasolina, muchos manifestantes se mantuvieron firmes por lo que la huelga ha llegado a su décimo día.

“El gobierno cumplió con todas las demandas relacionadas con los precios del diésel, pero a un costo demasiado alto para las arcas públicas”, dijo Laura Barbosa de Carvalho, profesora de Economía en la Universidad de São Paulo, quien señaló que los contribuyentes pagarán el precio. “Sin embargo, la gran pregunta es si este movimiento aún se enfoca en el precio del diésel o tiene un componente más grande que busca desestabilizar al país”.

Con su discurso del domingo por la noche, Temer provocó que los brasileños, frustrados por lo que consideran un gobierno fallido, tocaran sus bocinas y cacerolearan desde sus ventanas como protesta en muchas ciudades de todo el país. Fue una señal de la falta de confianza y la franca hostilidad que muchos brasileños sienten hacia el presidente.

Una encuesta publicada el lunes por O Globo mostró que 55 por ciento de los brasileños no aprueban la huelga, pero 95 por ciento desaprueba la manera en que Temer la ha manejado.

La huelga ha sido el periodo más conflictivo desde que Temer colaboró en la destitución de su predecesora, Dilma Rousseff, en 2016. Desde entonces, Temer ha usado su capital político para defenderse de las acusaciones de corrupción y de obstrucción de la justicia, originadas por el amplio escándalo de sobornos conocido como Lava Jato.

En la mañana del lunes, casi cien manifestantes se reunieron en una refinería de petróleo en las afueras de Río de Janeiro, que ha sido un punto central de la huelga. Los camioneros eran una minoría en la protesta. Grandes grupos de trabajadores petroleros desempleados, mensajeros en motocicleta y empleados del transporte público dijeron que también querían que se atendieran sus demandas.

“Esto comenzó con los camioneros, pero ha tocado a millones”, dijo Alexsandro Faria, de 39 años, un constructor de andamios desempleado que trabajó en la refinería durante siete años antes de ser despedido en 2016. “Este es el mejor momento para llamar la atención hacia nuestras demandas. Si solo nos quedamos sentados en el sofá, quejándonos por la corrupción, no vamos a obtener nada”.

El momento no podría ser peor para Temer puesto que se prepara para promocionar la recuperación económica de Brasil ante posibles inversionistas extranjeros, al mismo tiempo que defiende el legado de sus dos años como presidente.

Temer fue ridiculizado recientemente por usar un lema que sugiere que Brasil ha avanzado dos décadas en solo dos años. Los críticos se apresuraron a señalar que un pequeño cambio de puntuación hace que el lema exprese que, en realidad, Brasil ha retrocedido dos décadas en dos años.

No obstante, Temer buscaba mostrar un tono agresivo el lunes cuando los inversionistas llegaron a São Paulo, donde los camiones de combustible necesitaron escoltas policiacas para reabastecer los aeropuertos.

“Brasil se está abriendo al mundo y el mundo se está reconectando con Brasil”, dijo en una declaración preparada para el evento. Hizo notar que, bajo su mandato, la inflación ha disminuido y las tasas de interés han caído del 14,25 al 6,5 por ciento, además de que la confianza de los inversionistas ha comenzado a crecer gracias a sus políticas amigables con el mercado.

Mientras los camioneros sopesan sus alternativas, los sindicatos de trabajadores petroleros anunciaron una huelga de tres días a partir de este miércoles para demandar, entre otras cosas, una baja del precio del combustible y el despido de Pedro Parente, presidente de la compañía petrolera estatal, Petrobras. Sin embargo, la huelga fue declarada ilegal el 29 de mayo por la máxima corte laboral del país.

“El gobierno ha intentado vender la idea de que ha solucionado los problemas económicos del país”, dijo Carvalho, la profesora de Economía. “Esta crisis es la prueba de que eso nunca fue cierto”.