(Prefacio All Power to the Soviets.Lenin 1914-1917.Tony Cliff. (Extractos))

El libro de Trotsky tiene unas grandes fortalezas pero, en mi opinión, un serio defecto. Empecemos con las fortalezas: la revolución es analizada y descrita de manera excelente, como un evento en que los millones de oprimidos que por siglos estuvieron sometidos, se levantan y dicen su palabra. Los cambios en la consciencia de los obreros, campesinos y soldados en las fervientes condiciones de la lucha son bellamente descritos.

Lo único notablemente olvidado es el Partido Bolchevique: sus militantes de base, sus cuadros, sus comités locales, su Comité Central. Este vacío en el trabajo de Trotsky debe ser entendido -hasta cierto punto- como una imagen invertida de la distorsión stalinista del papel del Partido Bolchevique en 1917.

En la leyenda stalinista el Partido Bolchevique, con unas cuantas insignificantes excepciones, siempre siguió la voluntad de Lenin. El partido era prácticamente monolítico. Nada más lejos de la verdad. Una y otra vez Lenin tuvo que luchar para ganar a los miembros de su partido. Mientras en abril su principal problema fue vencer el conservadurismo de los máximos líderes del partido, en junio e inicios de julio tuvo que lidiar con la impaciencia revolucionaria de los líderes y militantes de base. En setiembre y octubre tuvo que luchar para que el liderazgo del partido diera el gran salto hacia la insurrección: muchos de los impulsivos de abril, junio y julio –incluyendo la Organización Militar Bolchevique y el Comité Petersburgo del Partido– ahora eran demasiado cautos.

Escrito en 1930
Hoy, cuando me dispongo a entregar este libro a la imprenta en varias versiones extranjeras, todo el sector consciente de la clase obrera internacional, y en cierto sentido toda la humanidad "civilizada", presta una especial atención, aguzando el oído, al eco de esa gran transformación económica que se está operando en la mayor parte del territorio de lo que fue imperio de !os zares. Y lo que suscita mayor interés es el problema de la colectivización del campo.
No tiene nada de extraño; es aquí precisamente donde la ruptura con el pasado presenta un carácter más elocuente. Ahora bien; no es posible juzgar acertadamente la obra de la colectiviza-ción sin arrancar de una concepción de la revolución socialista en general. De aquí deduciremos nuevas y más elevadas pruebas de que en el campo teórico del marxismo no hay nada indiferente para la acción. Las divergencias más lejanas y, al parecer, "abstractas", si se reflexiona a fondo sobre ellas, tarde o temprano se manifiestan siempre en la práctica, y ésta no perdona el menor error teórico.
La colectivización de las haciendas campesinas es, evidentemente, una parte necesaria y primordial de la transformación socialista de la sociedad. Sin embargo, las proporciones y el empuje de la colectivización no sólo se hallan determinados por la voluntad de un gobierno, sino que dependen en última instancia de los factores económicos: de la altura a que se halle el nivel económico del país, de las relaciones entre la industria y la agricultura, y, por consiguiente, de los recursos técnicos de esta última.

10 JUNIO, 2014 TRIBUNA POPULAR

Por Mikel Koba 

El comunista belga Ludo Martens nos previno sobre el truco de la burguesía que consiste en hablar bien de Marx para después atacar con saña a continuadores de su obra como Lenin y Stalin. Hoy cuesta encontrar a un burgués culto que desprecie a Marx, pero la cruzada de la burguesía, la academia, pequeña burguesía y trotskismo es permanente contra la supuesta teoría maligna, totalitaria y dogmática que es, según ellos, el marxismo-leninismo. 

En realidad, como dijo Stalin, el marxismo-leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones socialistas. Dado que estamos más que nunca en la época del imperialismo, la vigencia del marxismo-leninismo es más intensa que jamás antes. Es la síntesis planteada por Stalin en su obra Cuestiones del Leninismo, entre los descubrimientos geniales teóricos de Marx y Engels y las contribuciones de Lenin, no menos geniales, que son, a saber, una Teoría del Estado, del Partido de vanguardia, de la Revolución, de la transición y del imperialismo y, además, una práctica de carácter universal de la toma del Poder, la construcción del nuevo poder revolucionario, de una Internacional revolucionaria de la construcción económica del socialismo y la revolución cultural. El intelectual orgánico comunista Althusser distingue en la ciencia del marxismo-leninismo una ciencia de la Historia y del modo de producción que es el materialismo histórico y una filosofía que es el materialismo dialéctico. 

ATILIO BORON-El 70ª aniversario de la caída de Berlín a manos del Ejército Rojo es una ocasión propicia para someter a revisión algunos lugares comunes acerca de la Segunda Guerra Mundial y su desenlace. Especialmente uno, ampliamente difundido por el mundo académico y las usinas mediáticas del pensamiento dominante según el cual la derrota del Tercer Reich comenzó a consumarse cuando Londres y Washington abrieron el frente occidental con el desembarco de Normandía, arrojando un pesado manto de olvido sobre la decisiva e irreemplazable contribución hecha por la Unión Soviética para destruir al régimen nazi y poner punto final a la guerra en Europa. Geoffrey Roberts, un profesor británico especialista en el tema de la Segunda Guerra Mundial, ha ido más lejos al sostener que la Unión Soviética podría haber derrotado por sí sola al fascismo alemán -claro que a un costo aún mayor y en un enfrentamiento más prolongado- y que para tal empresa la colaboración anglo-americana no era imprescindible, como sí lo fue para los aliados la heroica lucha de la Unión Soviética.

Por Manuel González Ayestarán

Ellas vencieron al fascismo Fueron entre 800 mil y un millón las mujeres enlistadas en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Casi el 10 por ciento de las tropas movilizadas por la Unión Soviética. Este fue el único frente de aquella guerra en el que las mujeres combatieron junto a los hombres. Vale la pena recordarlas en el 70 aniversario del Día de la Victoria.
Partisanas femeninas