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Hay que contar historias

El detractor

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 El embajador inglés se ha tomado en serio el asunto de los derechos humanos y realiza insistentes gestiones para saber del  estado de los detenidos en las cárceles uruguayas. No hay la menor disposición a facilitarle las cosas, pero vaya a saber  a cambio de o por miedo a que, terminan aceptando que visite los penales de Libertad y Punta de Rieles.
 
 Nosotros jugábamos al fútbol cuando pasó rumbo a las barracas, era alto o sería que de comer bien parecía más alto, llevaba un sobretodo negro, largo. Seguro que se le entreveraron los horarios a algún cabo, porque lo llevaron a la barraca justo cuando no estábamos...¿no estábamos?
 
 La barraca es larga, oscura y fría, el gringo tapa la puerta al entrar, el cabo le abre con ruido la segunda puerta de tejido, pero el hombre no entra enseguida,  se da un momento para acostumbrar ojos y la nariz, después se dirige  por el pasillo que forman las cuchetas  hasta el medio del galpón donde hay  un hombre golpeando algo.
 
 El ruido de los golpes retumba en la soledad de la barraca, encorvado, un hombre de gris golpea  una cuña de metal usando como martillo un trozo de palo,  al acercarse el embajador comprende que está rajando leña para prender fuego en un quematuto.
 
 El neocavernícola se llama Danilo Boggio, es Agrimensor y tiene 56 años, una descripción rápida de su aspecto sería: "flaco como Gandhi" .... el inglés se detiene, Danilo para de golpear, se saludan y el embajador pregunta, en un español chapurreado
 
 _¿Cómo está?
 
  _Bien
 
   _¿Tiene medicamentos?.
 
 
  El "viejo Boggio" como le decíamos,  está sorprendido y piensa a mil por hora ¿quién es?...¿que es esto?,   entiende que le preguntan si él toma medicamentos y contesta :
 
  _No.
 
  El embajador vuelve a mirar a aquel hombre metido en un mameluco gris que no pesa más de cincuenta quilos, mira las herramientas que tiene para rajar leña y siente que el sobretodo no lo salva del frío,  recién se le hace verano cuando le llega a los ojos limpios y firmes, le extiende la mano para recibir un poco de calor y se despide.
 Al otro día el Mayor encargado de las barracas llamó al viejo Boggio para preguntarle porqué denigraba a la institución diciendo que no había medicamentos.
 Nunca supimos cuanto tiempo estuvo arrestado el iluminado que tuvo la idea de llevar al embajador a nuestra barraca a la hora que "no había nadie".
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