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Hay que contar historias

Uruguay –los cambios y sus ritmos -4. La hegemonía.

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02/05/2012
Ruben López

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy.."

Como en los años 30 el desmoronamiento del neoliberalismo aumenta el peligro de la tentación fascista. Pero hace ya varios años que el totalitarismo neoliberal, en este caso el gran capital financiero, está en el poder. Hedges lo resume de la manera siguiente: Los extremistas, por supuesto, están ya en el poder. Desde hace varios años están en el poder. Son ellos quienes están redactando las legislaciones, designando los candidatos y financiando sus campañas, dominando las cortes y efectivamente destripando las regulaciones y los controles ambientales. Son ellos quienes succionan miles de millones en subsidios gubernamentales y no pagan impuestos. Ellos están determinando nuestras políticas energéticas, saqueando el Tesoro de Estados Unidos y controlando de manera rígida el debate y la información pública. Son ellos quienes para sacar ganancias libran inútiles y costosas guerras imperiales, y quienes están detrás del desmantelamiento de nuestras más veneradas libertades civiles. Ellos están creando programas gubernamentales para extraer todos los dineros que quedan en las arcas de Estados Unidos. Y ellos saben que Rommey o Barack Obama, junto a los partidos Demócrata y Republicano, no los detendrán. “ (Las diversas facetas de la crisis europea. Alberto Rabilotta)

Es la clase hegemónica, que ejerce su “dictadura” sobre los trabajadores y el pueblo. El Gran Capital que domina el planeta y amenaza terminar con la democracia como la conocimos.

Es importante señalar que el enemigo no está adentro, en la izquierda ni en los sectores populares sino en la derecha, en la clase dominante.

En ese marco es necesario analizar las distintas fuerzas en pugna. Los dos proyectos de país, como ganar a más del 90% de los orientales, cuyos intereses están objetivamente alineados con los cambios, aislando a ese 1% que detenta la riqueza y defiende sus privilegios a cualquier precio.

Veamos otros planteos:

Tenemos adversarios no enemigos
... los
frenteamplistas somos parte del sistema político nacional del Uruguay y de la alternancia democrática que existe. No venimos de afuera del sistema. El Uruguay no comenzó el 1 de marzo de 2005, no estamos de acuerdo con la actitud fundacional y menos todavía hegemónica. Somos parte del sistema que integramos. No tenemos en el marco de la libertad y el pluralismo enemigos, tenemos adversarios.
Y en este sistema trabajamos, luchamos y
conseguimos llegar al gobierno” (Astori, 12/2011)

Desde la propia historia nos convoca Artigas a luchar contra “los malos europeos y peores americanos”, en defensa de los “más infelices”, y nos dice: “no tengo más enemigos que los que se oponen a la pública felicidad”.

La cuestión no es lo uno quiere o desea, sino como es la realidad.

Existe una “clase hegemónica” que ejerce su dominio sobre las “clases subalternas”, independiente de nuestra voluntad:

Pensamos que la linea divisoria sigue siendo:

“…La línea divisoria no corre más entre lemas o tradiciones partidarias, sino entre quienes quieren mantener un sistema de violencia, oligárquico y antipopular, y quienes desean los cambios de estructuras ya caducas, para poder alcanzar la liberación nacional, la verdadera democracia, la justicia social. La línea divisoria está trazada hoy entre la oligarquía y el pueblo”.(Seregni 26 de marzo de 1971.).

Hay compañeros que parecen olvidar la realidad de una sociedad dividida en clases, que la pobreza y la miseria de muchos es consecuencia de la riqueza concentrada de unos pocos.

Sigue: “: pensamos ante todo en los humildes pero nuestro proyecto es para toda la sociedad, para los humildes prioritariamente, pero también para las capas medias, ... Y es para los que arriesgan, para los que crean, innovan, le dan empleo a sus compatriotas y les dan con eso la primer cadena de protección social; el trabajo, que es la más importante de todas.” (Astori, Encuentro Nacional del FLS, diciembre de 2011)

Gramsci nos enseña la base objetiva que tienen la fuerzas productivas y las relaciones de producción, independientes de la voluntad de los hombres:

Sobre la base del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción se tienen las agrupaciones sociales, cada una de las cuales representa una función y ocupa una posición dada en la producción misma. Esta correlación existe, simplemente: es una realidad rebelde; nadie puede modificar el número de las empresas o de sus empleados, el número de las ciudades con la correspondiente población urbana, etc. Esta división estratégica fundamental permite estudiar si en la sociedad existen las condiciones necesarias y suficientes para una transformación, o sea, permite controlar el grado de realismo y de actuabilidad de las diversas ideologías nacidas en su mismo terreno, en el terreno de las contradicciones que la división ha engendrado durante su desarrollo.” (A. Gramsci Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas.)

La profunda crisis del capitalismo contemporáneo, las consecuencias sobre el pueblo griego, para nombrar uno de los más graves dramas de Europa, no parecen ajustarse a la romántica idea: “de los que arriesgan”-los dueños del capital- son lo mismo que “los compatriotas” que tienen empleo por la generosidad de aquellos.

Ignorar la hegemonía que ejerce la clase dominante, no verla, no significa quitarle un ápice de la cruda realidad del día a día, en cada lugar del planeta y del Uruguay. Cualquier declaración de las cámaras empresariales muestra claramente cuales son los ideales que los mueven, pero también las de sus representantes políticos en los partidos tradicionales, de sus intelectuales orgánicos reivindicando, siempre, el carácter benéfico de la avaricia, el enriquecimiento, la ambición personal para el éxito de cualquier emprendimiento. Por la misma razón critican la propiedad social, pues no tiene el incentivo del lucro. También el Presidente de la República ha insistido en lo útil del afán de lucro, como elemento esencial para el éxito de las inversiones, de los inversores -¡quien va a invertir si no es para ganar!-. Lo que lleva a la ya bicentenaria conclusión de que cada uno cuida de si, y ha querido la historia, y la vida lo demuestra a cada instante, que aquellos que tienen los mismos intereses se van uniendo para defenderlos -aunque a veces peleen entre si-, prima según Gramsci:

el momento “aquel en el cual se llega a la conciencia de que los mismos intereses corporativos propios, en su desarrollo actual y futuro, superan el ambiente corporativo, de grupo meramente económico, y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados. Esta es la fase más estrictamente política, la cual indica el paso claro de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas; es la fase en la cual las ideologías antes germinadas se hacen "partido", chocan y entran en lucha, hasta que una sola de ellas, o, por lo menos, una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por toda el área social, determinando, además de la unidad de los fines económicos y políticos, también la unidad intelectual y moral, planteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha no ya en un plano corporativo, sino en un plano "universal", y creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados.” (A. Gramsci Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas.)

Es peligroso trasmitir una visión edulcorada de la realidad, los éxitos del gobierno nos trasladan a un mundo feliz, donde todo funciona y, con un poco de cuidado, transitaremos hacia la prosperidad eterna y -algunos dicen- hacia el propio socialismo.

¿Acaso no estamos bien, no estamos mejor que antes?
Si, por supuesto.
¿Pero como apartarnos de la crisis del sistema? Y de como se está resolviendo esa crisis: salvando los grandes capitales a través de la deuda pública, que pagará toda la población.
¿Pensamos que esto no tiene nada que ver con nosotros?

Por ello, analizando la realidad, hay una porción importante de frenteamplistas que buscan profundizar en las discusión: que estrategia, que proyecto de país, que organización. Ven con asombro y preocupación, ineficiencias, omisiones, fallas en la gestión, en la ejecución de las políticas; el inmovilismo del Frente Amplio, no hay dirección, discusión, debate, movilización, falta la participación.

Golpea aquella estrofa de Guitarra Negra, explicable entre los perseguidos por el fascismo, pero ¿lo hubiera imaginado alguien en el ejercicio del gobierno?:

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera...” Alfredo Zitarrosa

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