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¿Necesitamos la Banca Extranjera? Ruben López

¿Necesitamos la Banca Extranjera? Ruben López

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Montevideo - Uruguay - 17/12/2011

Según crónica de Brecha, 16/12/2011, pag. 2, los bancos extranjeros han amenazado con dejar la plaza si no se contemplan sus aspiraciones en torno a la regulación de las tarjetas de crédito. Allí se anota que los bancos pasaron a controlar las principales empresas emisoras de tarjetas.

Con el proyecto de rebaja de dos puntos de IVA, sólo para las compras con tarjetas de débito o crédito, se multiplicará su uso. El gobierno espera que ayude a reducir la evasión fiscal, pero para los bancos significa un crecimiento exponencial y muchas posibilidades de negocios.

Mientras el Banco República obtiene una ganancia récord este año, 200 millones de dólares, los bancos privados -todos extranjeros- acumulan pérdidas por 15 millones de dólares.

De ahí esperan obtener, de los bolsillos de los trabajadores uruguayos, que es el segmento del mercado que aspiran ganar y aumentar, donde se cobran comisiones, intereses, servicios que se vuelven incontrolables. En el mismo artículo, Brecha plantea que la mayoría de las tarjetas de los bancos privados cobran, en promedio, un 20% más de interés anual que el BROU.

Ahora, hay que preguntarse cual es el beneficio que traen al país y a la mayoría de sus habitantes, los bancos extranjeros. Si su principal negocio va a ser extraer parte de la plusvalía generada por los trabajadores uruguayos, y directamente sus ganancias van a salir de sus bolsillos, para que se necesitan?.

No será mejor que la banca sea nacional, que demuestra ser más eficiente, se especialice en la promoción de la producción en sus diferentes áreas, agro, industria, servicios, innovación, construcción, vivienda , etc

En anterior artículo advertíamos sobre la responsabilidad del partido, de sus dirigentes, vista la crisis europea.

Administrar es prever. El entusiasmo y el optimismo son importantes y fundamentales para el triunfo de las ideas, pero nuestros gobernantes y dirigentes debieran ver un poco más allá, las circunstancia en que se dan los éxitos económicos de hoy.

Donde y quienes están acumulando fuerzas para, en el día de mañana o pasado mañana, con su poder económico -pues de eso se trata la acumulación actual- unos pocos van a decidir el destino de todos.

Para ilustrar mejor estas ideas recurrimos a Samir Amin:

El capitalismo contemporáneo es un capitalismo de monopolios generalizados. Con esto quiero decir que los monopolios no son ya más islas grandes en un mar de empresas relativamente autónomas, sino que son un sistema integrado, que controla absolutamente todos los sistemas de producción. Pequeñas y medianas empresas, incluso las grandes corporaciones que no son estrictamente oligopolios, están bajo el control de una red que remplaza a los monopolios. Su grado de autonomía se ha visto reducido al punto de convertirse en subcontratistas de los monopolios.”

Es este sistema –llamado popularmente neoliberal, el sistema del monopolio generalizado capitalista, “globalizado” (imperialista) y financializado (como una necesidad para su propia reproducción) – que implosiona ante nuestros ojos. Pero este sistema, aparentemente incapaz de derrotar sus crecientes contradicciones internas, está condenado a continuar su salvaje expansión. “

No estamos viviendo un momento histórico en donde la búsqueda de un “compromiso social” sea una opción posible. .... El conflicto actual se produce entre el capital monopólico, y los trabajadores y la gente que es llamada a rendirse incondicionalmente. Las estrategias defensivas de resistencia bajo estas condiciones no son efectivas y eventualmente llevan incluso a ser derrotadas. En la guerra declarada por el capital monopólico, los trabajadores y los pueblos deben desarrollar estrategias que les permitan colocarse a la ofensiva.”(*)

Y esto tiene que ver con la otra gran discusión que se da, en nuestro país, dentro del gobierno y del Frente Amplio, que la misma cosa: la estrategia para el desarrollo económico y social de la república y la mejora de la vida de sus habitantes.

La soberbia del equipo económico: nos fue bien, nos va bien, nos irá mejor, basado en una coyuntura muy especial del mundo.

Apegados a un pensamiento desgastado por cientos de años de experiencias de capitalismo: tras el desarrollo impresionante de las fuerzas productivas, sólo logra dejar hambre, miseria, exclusión para más de las dos terceras partes de la humanidad.

Y hoy, en la profunda crisis de los países más desarrollados del planeta, haciendo pagar a los trabajadores y a los sectores más débiles de la población, en favor de los sectores oligárquicos transnacionales, como los denomina Amin, los grandes monopolios “son un sistema integrado, que controla absolutamente todos los sistemas de producción”.

Las amenazas de Valenti, por un lado, con “las renuncias” del equipo económico y el desmentido de Astori poco después, reivindicando para sí y el MEF la dirección exclusiva de la política económica**. Imponiendo una concepción, una lectura unilateral de la situación nacional y mundial, con la arrogancia de plantear que es la única posible y reiterar “que nadie ha hecho una propuesta diferente” que si apareciera la discutirán, pero no hay, repiten.

¿Qué hacer entonces?

Este momento nos ofrece la oportunidad histórica de ir mucho más lejos; nos demanda como única y efectiva respuesta una audaz y atrevida radicalización en la formulación de alternativas capaces de movilizar trabajadores y pueblos para colocarse a la ofensiva y defenderse de la estrategia de guerra de sus enemigos. Estas formulaciones, basadas en el análisis del capitalismo actualmente existente, deben confrontar directamente el futuro a ser construido, y sacarnos de la nostalgia del pasado y de las ilusiones de la identidad o el consenso.”(*)(Samir Amin)

Por ello lo del título: ¿Es necesaria una banca extranjera en nuestro país?
Y, como consecuencia, ¿es posible otra política económica o una profundización de los cambios?

No solo es posible, es necesario.

Todas las estrategias de la izquierda no radical no son de hecho estrategias, sino tan solo ajustes coyunturales a los altibajos de un sistema que implosiona. Y si el poder que se quiere, como Le Guépard, es el de "cambiar todo para que nada cambie", y si los candidatos de la izquierda creen que es posible "cambiar la vida sin tocar el poder de los monopolios", la izquierda no radical no detendrá el triunfo de la barbarie del capitalismo. Ya han perdido la batalla por no querer enfrentarlo.(Samir Amin)

  * Audacia, más audacia Samir Amin - 15/12/2011
    **
Brecha, 16/11/2011,pag.4


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