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Guerra de Divisas

La lección de Islandia -Rebelarse ante los mercados para salir de la crisis

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La lección de Islandia -Rebelarse ante los mercados para salir de la crisis

Idoia Intxaurbe y Mikel Noval
Rebelión
28-07-2011

Los gobiernos de la Unión Europea están aplicando políticas de recortes presupuestarios, reducción de las coberturas sociales y eliminación de derechos laborales. Todo ello, según dicen, con la intención de “tranquilizar a los mercados”. Es la razón ofrecida por Zapatero, entre otros, para justificar el recorte de los salarios del personal al servicio de la administración, la congelación de las pensiones de este año, la reforma laboral, la reforma de las pensiones, la reforma de la negociación colectiva, la imposición de una cifra de techo de gasto público para el año que viene inferior al de este año. Esa misma razón es la que ha presidido los recortes en Grecia, Portugal, Irlanda, Reino Unido, Italia, etc.

La consecuencia directa de estas políticas es el aumento del paro, el empobrecimiento de la población, y una recomposición de los beneficios empresariales. Sin embargo, los “mercados” no están satisfechos, nunca lo están, y quieren más.

 Para ELA es evidente que la única forma de salir de la crisis es salirse de la disciplina de los mercados. Es decir, imponer los intereses de la población sobre los del capital. Mientras esto no se haga, las cosas van a ir a peor, al menos para la inmensa mayoría que supone la clase trabajadora.

Hay quienes consideran que esto es una utopía. Sin embargo, lo ocurrido en Islandia muestra que es posible una salida diferente a la crisis.

Poco antes de que la crisis azotase Islandia, había sido un ejemplo a copiar. Una isla con 320.000 habitantes, con un alto nivel de vida, buenas infraestructuras, energía limpia, con un estado del bienestar excepcional, poco desempleo y escasa deuda. Era una de las economías pujantes de Europa, la sexta nación más rica de la OCDE.

En poco menos de diez años las políticas neoliberales hundieron a este país modelo. En el año 2000 el gobierno islandés inició una política de desregulación que más tarde tendría consecuencias desastrosas tanto a nivel medioambiental como a nivel social. El gobierno abrió las puertas a empresas multinacionales que solo tienen en mente la maximización de sus beneficios a costa de la degradación medioambiental y social. A su vez en 2003 tomó la decisión de privatizar los tres bancos más representativos de la isla: Islandsbanki, Kaupbing y Glitnir. El resultado del experimento fue la más pura desregulación bancaria, que en 2008 derivaría en una crisis económica y social inimaginable. Las finanzas controlaron el día a día de Islandia arruinando el país.

La desregulación bancaria

En un período de cinco años estos tres bancos, que jamás habían operado fuera de la isla, atravesaron las fronteras, y para ello pidieron 120 mil millones de dólares prestados. Se endeudaron diez veces lo que valía por entonces la economía de Islandia. Las consecuencias no tardaron en llegar. Nace la casta de los grandes millonarios. Los precios de las casas se duplicaron y el valor de la bolsa aumentó nueve veces su valor. Se crearon fondos para hacer frente a los préstamos millonarios a empresarios, y los bancos aconsejaron retirar los depósitos y ponerlos en estos fondos. Este sistema que se constituyó requería enormes sumas de dinero. Las agencias calificadoras de EEUU elogiaban a Islandia otorgándole la máxima calificación. Firmas estadounidenses como KPMG, que auditaron las bancas islandesas, emitían informes favorables.

Los efectos de la desregulación

Pero, como en tantos otros casos, las agencias calificadoras y las firmas financieras contribuyeron al desastre. En 2008 estalló la burbuja, que había ido agrandándose con el paso del tiempo. Los bancos quebraron con unas pérdidas bancarias de 100 mil millones de dólares. El desempleo se triplicó en seis meses, pasó del 3% a finales del 2008 al 9,1% en junio de 2009. Debido a que el gobierno no protegió a la ciudadanía, la gente perdió sus ahorros.

Los bancos de Islandia se endeudaron masivamente a corto plazo para invertir a largo plazo. Hubo momentos en 2008 en que debían a tres meses 500 mil coronas islandesas (cantidad que equivalía a más del 33% del PIB del país), y que era más que el dinero que tenían disponible en ese mismo plazo. La mayor parte del dinero prestado procedía de fuera de Islandia. Los especuladores capitalistas pedían fuera de Islandia dinero prestado (euros, dólares, libras y coronas noruegas) a tipos de interés bajos, a cambio de coronas islandesas y después prestar a tipos de interés más altos a los bancos, empresas e individuos islandeses. Aproximadamente el 70% de la deuda de los bancos islandeses era en moneda extranjera.

Es decir, que se logran cuantiosos beneficios tomando prestado al tipo bajo e invirtiendo al alto. Pero las obligaciones de los bancos vencían mucho antes que sus derechos, llevando a un problema de liquidez que finalizó en una suspensión de pagos. Además, si a esto se le suma el efecto del tipo de cambio, el problema se magnifica aún más. Esta estrategia se soporta gracias a la manipulación que ejercen los bancos centrales sobre el dinero en curso y cuando termina distorsionando la estructura de la economía, la solución siempre es la misma: un reajuste en forma de crisis.

El banco central islandés no tenía reservas de divisa extranjera para hacer frente a sus obligaciones (la deuda islandesa superaba 32 veces las mencionadas reservas). Para la obtención de liquidez, la dependencia de los bancos islandeses con los mercados extranjeros era total. A partir del 2006 Islandia comienza a tener serios problemas para afrontar su deuda y el banco central decide incrementar los tipos de interés hasta el 12,75%. El verano del 2007 la falta de liquidez es alarmante y los bancos islandeses comienzan a pedir prestadas coronas islandesas para intercambiarlas por otras divisas, lo que provoca que ya en marzo de 2008 la moneda nacional pierde un 30% del valor sobre el euro.

Cuando Lehman Brothers quiebra y el crédito se restringe, los tres bancos islandeses se declaran en suspensión de pagos. Estas quiebras derivaron en una mayor depreciación de la corona islandesa, ya que perdió hasta un 60% de su valor, lo que duplica el coste de la deuda en divisas externas. El mercado bursátil también se derrumba. Como dato significativo subrayamos que el 15 de octubre de 2008 el índice bursátil pasa de los 3.004 puntos a los 678.

Los bancos de Islandia no estaban expuestos a las hipotecas basura cuando se desencadenó la crisis, pero sí estaban inmersos en la burbuja especulativa que experimentó el capitalismo mundial. La historia de Islandia se puede extrapolar a la historia financiera del mundo, que ha arruinado a millones de personas y países enteros.

Efectos de la crisis islandesa

Ante esta situación Islandsbanki fue nacionalizado y tras él los otros dos grandes bancos, Kaupbing y Glifnir pasan a manos del Estado. Los principales clientes de estas entidades bancarias pertenecían a Holanda, Gran Bretaña y a la propia Islandia. Era imposible hacer frente a la deuda y el Gobierno pidió la intervención del FMI, quien accedió con un préstamo de 2.100 millones de dólares (el 3% de la deuda externa islandesa).

Como ya es conocido, estos créditos se conceden a cambio de duras políticas de austeridad, con recortes sociales y altas tasas de desempleo. Es lo que se esconde tras el calificativo de “rescate”. Además ese dinero recibido por el FMI se iba a destinar a pagar la deuda holandesa y británica.

Pero fue entonces cuando estalló la revolución del pueblo islandés. La población no estaba dispuesta a ver cómo mermaban sus derechos por la aplicación de políticas de austeridad y recortes sociales. Decenas de miles de personas se echaron a la calle.

Revolución en Islandia

Aquí comenzó una verdadera revolución, ya que la presión social consiguió que el Gobierno del momento dimitiese y se convocasen elecciones anticipadas, dando como resultado un cambio de rumbo hacia la izquierda. Pero el nuevo Gobierno volvió a proponer la devolución de la deuda holandesa y británica. El pueblo se opuso a los planes acordados por el gobierno y el FMI, mediante un referéndum celebrado en marzo de 2010, en el que el 93,2% de los votos fueron contrarios a dicha propuesta.

En abril de 2011 se celebró un segundo referéndum para aceptar o no el pago de las deudas que los bancos tenían con el Reino Unido y con Holanda. El resultado en este segundo referéndum fue más ajustado que el anterior, pero el 58,9% de los votos volvían a negarse a aceptar el pago de dicha deuda.

Merece la pena resaltar otros dos aspectos de lo que pasa en Islandia:

  • En la actualidad el pueblo islandés está trabajando en la reforma de la Constitución, ya que su contenido global nunca había sido revisado con anterioridad. Se han creado asambleas populares para recoger las peticiones de los habitantes y el texto inicial se consensuará en las distintas asambleas celebradas por todo el país. El escrito final se presentará en el Parlamento y una vez aprobada se constituirá la nueva Carta Magna de Islandia.

  • A diferencia de lo que pasa en el resto de Europa, cuatro altos cargos de los principales bancos de Islandia han sido encarcelados y el anterior Primer Ministro, Geir H. Haarde, está siendo juzgado acusado de negligencia grave por su gestión en la crisis.

     

Conclusiones de lo ocurrido en Islandia

Lo ocurrido en Islandia permite extraer conclusiones:

1. La aplicación de las políticas neoliberales lleva al desastre

La aplicación de las políticas neoliberales, basadas en la desregulación y la especulación financiera, llevaron al desastre a la economía de Islandia. Es una situación muy similar a lo que estamos viviendo en los distintos estados de la Unión Europea, donde los gobiernos se están empecinando en intensificar las políticas más conservadoras a través de sucesivos y múltiples recortes. Este camino lleva a un callejón sin salida.

2. La salida de la crisis pasa por un cambio total de las políticas, confrontando con las exigencias del poder financiero

En Islandia se ha rechazado el chantaje de los “mercados”, del poder financiero, y se ha optado por otras políticas. Frente a los pronósticos que vaticinaban el caos, la realidad es que la situación va mejorando: después de dos años de contracción, se estima que el PIB experimente un incremento del 2,5% a finales del 2011. La inflación, que en 2008 y 2009 casi alcanzaba un 13%, está en un 4% en junio de 2011 (y se estima que termine el año en el 2,2%). La tasa de desempleo se está reduciendo (es del 8,6% en la actualidad, y se prevé que al fin del año será del 7,4% y del 5,2% en el 2013). Por otra parte el poder adquisitivo también experimentará un incremento del 2,0% en 2011.

Lo ocurrido en Islandia no es un ejemplo aislado. Otros gobiernos, sometidos al chantaje de los mercados (Argentina o Ecuador, por ejemplo), han decidido, en la historia reciente, hacer pagar la crisis de la deuda a quienes han colaborado de manera muy activa en su generación, beneficiándose a la vez de la misma. Y los resultados de estas decisiones les dan la razón.

3. La movilización social es la vía para cambiar las políticas

El pueblo islandés ha sabido dar una lección a toda Europa, ha aguantado la presión internacional que exigía el pago íntegro a ambos gobiernos de los 5.400 millones de dólares que habían depositado los holandeses y británicos en sus instituciones financieras. Le han plantado cara al sistema movilizándose, siendo capaces de hacer que las políticas decididas por los gobiernos quedasen sin efecto. Han mostrado que la profundización de la democracia es un instrumento al servicio de los intereses de la sociedad, y que es algo que va mucho más allá que votar cada cuatro años.
Idoia Intxaurbe y Mikel Noval son miembros del Gabinete de Estudios de ELA


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