Uruguay - Movimiento Obrero

ARTICULACION

Aportes para un debate necesario

Toda discusión que nos planteamos debe tener objetivos claros. No debe ser un mero ejercicio.

Los trabajadores discutimos, pensamos, polemizamos y acordamos posiciones para luchar, para actuar, para que nuestra voz y nuestros derechos e ideas, sean un fuerte impulso para construir una sociedad más justa, no en las palabras sino en los hechos.

Una sociedad que conquista paso a paso nuevos derechos y donde los trabajadores mejoramos constantemente nuestro nivel de vida, nuestra cultura y educación y nuestras oportunidades y donde avanzamos hacia una mayor justicia social con más libertad y democracia.

Cuando luchamos por los salarios, por el trabajo y la seguridad en nuestras fuentes laborales y por leyes sociales más justas, los trabajadores uruguayos también luchamos por una plataforma más amplia que incluye a la gran mayoría de los uruguayos, los que trabajan, los que estudian, los que enseñan e investigan, los que arriesgan y se juegan por el país y los que se han jubilado. Tenemos una vocación nacional junto con la natural obligación de defender y promover los derechos de los trabajadores.

Estamos ante un nuevo momento político e histórico del que no somos ajenos los trabajadores.

Los fracasos del pasado El modelo desregulado y el paradigma del libre mercado a ultranza, trajeron el mayor quiebre social del Uruguay moderno. Este quiebre expulsó del país a cientos de miles de compatriotas y sumió en la exclusión social a generaciones enteras.

Este modelo impuesto por años por los partidos tradicionales se agudizó en la década del 90, llegando a límites muy graves y estallando en el año 2002 en la peor crisis económica que el país recuerda. Crisis que afectó el empleo de miles y empujó a la pobreza a más de un millón de uruguayos.

Fue esa misma visión económica y social con un fuerte respaldo político en Estados Unidos y la mayoría de los países del norte que llevo al desastre de la crisis global del 2008. De esa crisis la economía mundial no ha salido y está costando a los trabajadores de esos países, grandes sacrificios. Al mismo tiempo ha comprometido o postergado todos los objetivos del milenio fijados por las Naciones Unidas, incrementando el enorme número hambrientos y pobres en el mundo.

Al fanatismo neoliberal y la afán de lucro sin límite se agregaron los colosales costos de las guerras que siguen enlutando al mundo.

Los desastres ocasionados, el agotamiento de un modelo económico sumamente rapaz, el papel y las luchas acumuladas de los sindicatos y los sectores populares, y los cambios en la cultura política ciudadana produjeron en nuestro país en el 2005 un viraje en la orientación política, instalando en el gobierno por primera vez una fuerza de izquierda

Después de mucho tiempo (la última convocatoria fue en 1989) nuevamente se convocó a los Consejos de Salarios, ampliándolos hasta incluir a los trabajadores públicos, así como a los trabajadores rurales y del servicio domestico, que nunca antes habían tenido un ámbito de negociación.

Se aprobó una ley de fomento y protección a la actividad sindical, facilitando que miles de trabajadores se pudieran organizar y así poder defender mejor sus derechos.

Se reglamentó por ley a las empresas tercerizadas, para evitar los abusos y discriminaciones que existían. Se aprobó la ley de 8 horas para los trabajadores rurales. ¡SI! Lo que los demás trabajadores ya teníamos desde hace casi un siglo.

Se creó el Instituto Nacional de Empleo y la Junta Nacional de Salud y Seguridad Laboral, ambas desintegración tripartita.

Se amplió a cinco años el plazo para los reclamos sobre créditos laborales y se aprobó también la ley de abreviación de esos juicios.

Se legisló contemplando licencias especiales por estudio, por casamiento, por paternidad, por fallecimiento de familiares directos.

Existen más de 220 convenios colectivos por sector en todas las actividades laborales del país, que regulan salarios, categorías y condiciones de trabajo.

Se crearon decenas de normas sectoriales, se bajó el desempleo a tasas antes nunca conocidas y el salario real creció promedialmente un 20%. Por ejemplo, un trabajador de una empresa de seguridad en el 2005 ganaba $8 la hora, hoy gana más de $ 40 la hora.

Estos avances en las relaciones laborales se complementaron con el inicio de reformas estructurales de enorme magnitud, como son las reformas en la salud, la tributaria, las asignaciones familiares, etc. Y no podemos dejar de soslayar también los avances en los derechos humanos con la búsqueda dentro de las unidades militares de los restos de los desaparecidos, además de tener presos a connotados dictadores.

Se abre una nueva etapa en este proceso iniciado en el 2005

Muchas cosas se han hecho. Hoy el país está lejos del drama del 2002.

Las mejoras son ostensibles, pero todavía falta mucho. Afloran otros problemas, carecemos de mirada a mediano y largo plazo, existen problemas estructurales profundos como son las inequidades y la distribución de la riqueza. No solo hay que administrar bien, sino debemos interpelarnos sobre que país queremos para los próximos 20 o 30 años.

Las fuerzas del poder tradicional siempre nos convocan a preguntarnos sobre los problemas de seguridad o de la energía pero nunca sobre qué sociedad queremos, cómo podemos lograr una distribución más justa de la riqueza que a su vez permita un desarrollo más sustentable; qué niveles de educación y cultura, y qué derechos ciudadanos debemos alcanzar para todos.


Los trabajadores sindicalizados durante toda nuestra historia hemos bregado por la construcción de un nuevo modelo de sociedad, que supere el actual que es tremendamente injusto, porque mantiene una enorme brecha entre los diversos sectores sociales. Hoy el 20 % más rico se apropia del 30 % de la riqueza nacional, mientras que el 20 % más pobre se debe conformar con apenas con el 5%.


Debemos preguntarnos si todas las mejoras que señalamos, que son incontrastables, son parte de la construcción de un nuevo modelo o seguimos reproduciendo sobre la base de la misma matriz, con la diferencia que ahora tratamos que la distribución sea más equitativa acompañando el crecimiento de un ciclo económico excepcional en la vida del país. Buscamos mejorar con un sentido de justicia social, lo cual está bien, pero la base material sigue siendo la misma.

La gran pregunta que nos formulamos es ¿cuál es nuestro horizonte futuro, cual es el proyecto nacional del que tanto se habla?

Sin duda a partir del 2005 mejoramos los ingresos de los uruguayos, pero la redistribución sigue mas o menos igual, parece un juego de palabras pero son dos conceptos diferentes.

No se avanza en justicia social si no encaramos este tema. Se dice que esto lleva mucho tiempo, puede ser cierto, pero más que el tiempo lo que importa es si lo que hacemos efectivamente va en esa dirección y si es un proceso constante y sustentable.

Para los trabajadores hay un conjunto de grandes temas prioritarios:

Reducir al mínimo la pobreza y no conformarnos nunca con esta situación. Eso se logra con nuevas políticas sociales, educativas, laborales y no sólo repitiendo lo que se hizo hasta ahora y que nos ha dado mucho resultado. No alcanza.


Atacar la pobreza entre los jóvenes, niños y familias monoparentales, en particular de mujeres. Allí es donde se concentra la pobreza.


Hacer desaparecer la miseria. Es una afrenta insoportable para un país que produce alimentos para una población 20 veces mayor a la nuestra.

La principal herramienta para lograr estos objetivos es el trabajo digno y calificado, nuevas y mejores oportunidades de trabajo en todo el país, incluyendo una política más intensa y clara para el regreso de uruguayos que se fueron corridos por las sucesivas crisis. Debemos atacar la desocupación por debajo de los niveles estructurales actuales, aunque sea la más reducida de la historia y eso se logra con capacitación laboral y mas educación.

Avanzar en el apoyo a emprendimientos productivos que con la participación de los trabajadores rescaten fuentes de trabajo y producción, por su valor concreto, pero también en la perspectiva de nuevas formas de propiedad social no estatal. El Estado debe tener una activa participación en este proceso a través de créditos, de inversión y de asociación con inversores privados.

Mejorar sustancialmente todos los niveles de la educación como elemento clave de brindar igualdad de oportunidades. Hoy la educación no cumple ese rol y los trabajadores estamos comprometidos con esos valores desde el fondo de nuestra historia como movimiento sindical.

Profundizar las reformas estructurales en la salud, para abarcar a nuevos sectores (jubilados y pensionistas) y para alcanzar la universalidad del SNIS y mejorar la calidad a todos los niveles de la atención médica y la prevención.

La Tributación


Los impuestos en una sociedad no son asépticos, reflejan una concepción y un modelo de desarrollo e incluso reflejan como se distribuye las riquezas generadas.

Para el modelo neoliberal cuando menos impuestos existan mejor, solo quiere que sea el mercado el que asigne los recursos y los distribuya, es decir reproducción de un modelo concentrador y excluyente.

También quiere que de existir impuestos los mismos sean indirectos, para que la carga caiga en toda la sociedad por igual, sean pobres o ricos.

Un modelo de desarrollo con justicia social que distribuya, pero que también redistribuya solo se construye con una política impositiva que priorice la tributación directa. Aquello que el que más tiene, más pague.

¿Debemos preguntarnos cuanto hemos avanzado en esto, que planes tenemos para el futuro, es posible mejorar la distribución sin encarar este tema? sabemos que no es un tema fácil.

Es correcto que el sector productivo con más renta, al que más le aumentó el valor de la propiedad, ni siquiera pague el impuesto de primaria, está bien, que pensamos? Nos referimos al sector rural.

La reforma fiscal debe seguir. Se dio un primer paso pero la estructura de la recaudación del Estado debe ser parte del proceso de redistribución de la riqueza. Los deducibles al IRPF familia, alquiler, están anunciados, pero…

El anuncio de la rebaja del IVA porque en vez de ser genérico, no se concentra en los artículos de primera necesidad, privilegiando a los sectores más populares.

Hay que profundizar el concepto de que pague más el que tiene más. Y ese es un proceso constante y permanente.

Porque redistribuir significa eso, que algunos ganen menos, para que otros ganen un poco mejor, significa de algún modo gravar el capital.

Sin duda es un tema difícil, trae conflictos muy duros con grandes intereses, pero si efectivamente queremos una distribución más equitativa de las riqueza este es un tema insoslayable, es aquello de que es imposible tratar de pescar sin mojarse.

Que país tenemos

El conocimiento, el estudio de la realidad, las luchas y acciones para construir y ampliar el bloque social de los cambios progresistas.

Tenemos innumerables estudios sobre la base social del país: estudios sobre la pobreza, la exclusión, la estructura etaria, de género, niveles de estudio, etc., etc. Tenemos que seguir investigando.

Pero de la base productiva del Uruguay y de los enormes cambios producidos en ella, ¿qué sabemos? Qué sabemos de cómo se compone el producto bruto que generamos, cuánto queda y cuánto se va para el exterior; el papel de las trasnacionales, las zonas francas, la tenencia de la tierra, los principales grupos exportadores, la industria frigorífica, los productos del agro, el sistema financiero, el boom de las importaciones, las principales inversiones, cómo se componen y quiénes son, etc. etc.

Es decir qué sabemos de la base material del país y cómo se componen las clases sociales en el Uruguay de hoy. Avanzar en esto es fundamental y sin duda nos vamos a encontrar con muchas sorpresas.

Debemos también preguntarnos por qué si mejoramos la distribución, no mejoramos la redistribución, por qué si mejoramos salarios, las pasividades, las políticas sociales, etc. nos cuesta tanto avanzar en la mejor distribución de la riqueza y qué otras políticas deben integrarse al proyecto nacional.

También debemos ser más precisos en el concepto y exigírselo al gobierno sobre qué quiere decir la redistribución de la riqueza y cuáles son las metas a alcanzar, los proyectos a realizar, es decir cuál es el plan para estos cinco años en este tema.

Para nosotros está claro que debe reducirse la brecha entre los más ricos y los más pobres, de manera clara y constante. ¿Qué más y cómo?

Hay otros temas que están en nuestras preocupaciones:

· El desarrollo productivo y su relación con el territorio, con el medio ambiente y con los procesos sociales.

· El papel del Estado para este proceso de cambios y no como un lema donde cada uno le pone sus antojos y broncas.

El gobierno con acierto viene desarrollando políticas productivas, formando cadenas de valor por sectores; tiene claro también de que es imprescindible la complementariedad productiva, especialmente la regional; hace esfuerzos para no quedar solo en la integración comercial, pero todavía estamos lejos.

Aquí hay todo un camino para desarrollar: no hay justicia social sin crecimiento productivo, pero solo el crecimiento no asegura una redistribución equitativa.

Tenemos claro que un país estancado, sin equilibrios económicos, sin crecimiento no es la base de nuevos cambios y avances sociales. También sabemos que sólo los datos favorables de la macroeconomía no distribuyen bienestar, riqueza y justicia social.

Crecimiento con justicia social implica analizar cómo se compone la propiedad de los medios de producción y el carácter de las inversiones. No estamos hablando de estatizaciones y que el estado sea dueño de todo.

Hablamos de imprescindibles equilibrios, de que no quede todo en manos del mercado, sino que haya participación activa del capital nacional, de los trabajadores, de recursos del estado y también del desarrollo tecnológico que puede traer la inversión extranjera.

Ejemplos como el de ALUR, Cristalerías, FUNSA o el clúster Naval van en esa dirección y reafirman el papel rector del estado. También hay que avanzar decididamente a nuevas formas de producción que privilegien lo colectivo y autogestionario.

Hay recursosproductivos con enorme potencial que prácticamente los dejamos de lado y otros se lo llevan. La industria pesquera es un claro ejemplo, no podemos hacer cosas parecida como las que se hacen en el sector naval, ingeniar desarrollo con los actores sociales y el respaldo estatal.

Políticas de innovación en la organización del trabajo. No es posible el desarrollo de un país productivo concentrado en la alta calidad si no se va además a una organización del trabajo con una alta participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, en las metas a conseguir y en la distribución de la renta.


La educación, la formación profesional continua, el desarrollo de evaluación de tareas de acuerdo a los cambios tecnológicos y en los sistemas de producción, los problemas de seguridad e higiene laboral y los de medio ambiente son todos temas prioritarios a incluir en un nuevo modelo económico – social.

La Macroeconomía

Hace bien el gobierno en ser riguroso con los equilibrios macroeconómicos. No hay desarrollo posible sostenido y menos justicia social sino hay racionalidad en las cuentas públicas, en la política monetaria, en los precios al consumo, en el crédito y en el endeudamiento público.

También hace bien cuando interviene decididamente -aún a riesgo de algún desajuste- con políticas activas en beneficio de un interés general, como fue por ejemplo el año pasado haciendo inversiones en áreas públicas que evitaran una caída abrupta de la actividad económica provocada por la crisis internacional o en estos meses interviniendo en la plaza financiera con millones de pesos, para sostener el precio del dólar y con él la competitividad de nuestras exportaciones.

Esta combinación destacable de la política económica nos hace pensar que con responsabilidad se puede avanzar en un plan estratégico que haga que las políticas activas no solo sean cuando la urgencia lo reclama.

Se debe dinamizar más el mercado interno con crecimiento de la masa salarial y de jubilaciones con todo lo que significa para los sectores sociales más postergados.

¿Los trabajadores somos consumistas? La inmensa mayoría de los trabajadores tenemos apenas una vida decorosa. Es cierto que hemos mejorado nuestro consumo, tenemos derecho, pero eso no es consumismo.

Ni nuestra meta es simplemente el consumo material. Queremos además mejor acceso a la cultura que es y debe ser un gran elemento para mejorar nuestras oportunidades laborales y sociales.

En la administración pasada, en determinado momento se hizo un seguimiento de precios y determinados acuerdos con los formadores de los mismos con buenos resultados. Debemos continuar ese camino.

Los precios de la canasta básica tienen un gran impacto en los hogares populares, lo que está pasando con la carne es de locos y no alcanza con pedirle que no se pasen de la raya, debemos definir políticas claras sobre los precios, que evite la gran especulación, los oligopolios, es decir el estado debe participar activamente en la cadena de formación de los precios básicos de la canasta alimentaria.

El Estado tiene recursos y formas diversas para realizar una fuerte inversión en infraestructuras, que son básicas y fundamentales para el Uruguay productivo, en la generación de energía, en las carreteras, el ferrocarril, los puertos y aeropuertos, en las telecomunicaciones.

Otro frente de fundamental importancia es el crédito productivo. Tenemos hoy herramientas poderosas, como el BROU y la Corporación Nacional para el Desarrollo.

El ejemplo de Metzen y Sena es paradigmático un emprendimiento viable del cuál vive un pueblo entero no se puede reactivar porque hay que poner unos millones de pesos y hay temor que eso se transforme en un barril sin fondo y sea un mal precedente. Similar es la situación de Fibratex, un símbolo de una industria que no debe desaparecer.

Nos preguntamos cuantos barriles sin fondo aguantamos,- por ejemplo el dólar-.

La macroeconomía debe estar al servicio de objetivos estratégicos, en nuestro caso al desarrollo productivo, por eso Metzen y Fibratex hay que recuperarla.

Hemos combinado con éxito, equilibrio y audacia en momentos puntuales, ¿Por qué no proyectar estos elementos con seriedad pero con objetivos estratégicos a largo plazo y en forma permanente?

El papel del Estado

Hoy y desde hace mucho acapara la atención la necesaria reforma del Estado. El debate está centrado fundamentalmente en la gestión, más allá de la importancia de este aspecto, nos queremos referir a su papel en la sociedad.

Es impensable cualquier cambio de modelo sin el papel rector del Estado, de su protagonismo en las cosas públicas, en el dinamismo de la economía, en las políticas sociales, en la salud, la vivienda, la educación, la seguridad, etc.

Hay reformas estructurales iniciadas muy importantes que se deberá completar como la de la salud, se debe fortalecer la educación para tener futuro dándole mayor presupuesto interrelacionado con otras políticas sociales complementarias; dando un comienzo impostergable a la Educación de calidad a lo largo de toda la vida, mirando la Educación como un proceso cuyos resultados se logran en el mediano plazo.

Es muy compartible además la preocupación sobre la vivienda, fue propuesta central en la campaña de Mujica, ahora bien estamos muy lejos, hay que trabajar mucho en un diseño de plan, el presupuesto tiene inconsistencia y no debería recaer todo el esfuerzo en el ministerio respectivo, ni en el voluntariado. Un tema de esta magnitud debe ser abordado por toda la sociedad, convocar a todos los actores sociales puede ser un primer y buen paso.

No queremos olvidarnos de las políticas sociales, especialmente aquellas relacionadas con la droga y la seguridad ciudadana. El gobierno está haciendo mucho en esta realidad tan compleja y multicausal, todos somos consientes que hay que desarrollar políticas a corto, mediano y largo alcance y por sobretodo debe existir un compromiso decidido de todos.

Muchas de estas cosas están incluidas en el proyecto de presupuesto que compartimos y nos parecen positivas.

Como también coincidimos con lo que manifiestan los entendidos en la materia, la economía va a seguir creciendo en los próximos años, compartimos las afirmaciones del Presidente de la Republica de que las rendiciones de cuenta no serán gasto cero, sino una oportunidad para seguir mejorando en estos aspectos que hacen a la calidad de vida y en última instancia hacen a una mejor distribución de la riqueza.

En fin, como señalábamos al principio importantes cambios se vienen produciendo desde el 2005.

Se está mejor que en aquella época, lo que genera una situación más propicia para continuar en un proceso que apunte a la construcción de un modelo socio-económico diferente al que imperó en el país durante décadas.

Ahora bien, esto significa decisiones políticas, avanzar en temas estructurales como los señalados más arriba hacen a la esencia del sistema.

Profundizar los cambios en la construcción de un nuevo paradigma implica riesgos, desafíos y rupturas.

En esta sociedad que vivimos no todos los uruguayos y sectores sociales tenemos los mismos intereses. Muchos pueden sentirse comprendidos en un nuevo modelo, pero otros no, incluso pueden ser acérrimos opositores cuando sus intereses se vean afectados.

No podemos olvidar en este análisis o no tener en cuenta el contexto internacional y regional, con todos los cambios producidos en ellos, algunos para bien y otros no tanto.

Pero avanzar en la distribución y redistribución de la riqueza, es avanzar en estos temas, sin eufemismo de lo que se trata es nada más ni nada menos de quién y cómo se apropian y se distribuyen las riquezas que todos generamos.


Los trabajadores uruguayos históricamente nos hemos batido por las grandes causas nacionales y hemos tenido activa participación en los avances de toda la sociedad. Por ello debemos seguir luchando contra todas las formas de discriminación, para que la cultura y la educación vuelvan a ser elementos claves para la igualdad de oportunidades, contra la violencia en la sociedad y en particular la violencia familiar.

Para avanzar en estas definiciones es fundamental distinguir qué sectores sociales pueden ser parte de este proyecto y sobre esa base seguir construyendo con audacia y amplitud el bloque político y social que se ponga al hombro los cambios. También esto es parte fundamental del debate.

Unidad, lucha y organización.

EL PROGRAMA Y LA UNIDAD.

La historia de nuestros sindicatos se construyó sobre la base de dos pilares estratégicos: Un Programa y un solo Movimiento Sindical.

A partir de la década del 60 del siglo pasado fuimos construyendo un programa que fuera capaz de albergarnos a todos, que analizara la coyuntura en ese momento y proyectara una estrategia y objetivos para todo un periodo histórico.

El Congreso del Pueblo del año 64 y el Congreso fundacional de la CNT en el año 66 fueron síntesis de un largo periodo de debate.

Ese cuerpo de ideas permitió que transitáramos un largo periodo de tiempo, que pasáramos diferentes etapas, muchas de ellas muy duras, como por ejemplo fue la dictadura. Esas ideas sintetizaban la voluntad de cambios y de justicia social que aspirábamos.

Este proceso demás de 40 años de acumulación, comenzó a dar sus frutos en el 2005 y hoy el Uruguay está en condiciones muy distintas a aquella época. Eso demuestra los aciertos de aquel momento, pero también nos ubica en el enorme desafío de proyectarnos para otro periodo histórico.

Los trabajadores debemos construir un nuevo compromiso, un nuevo programa, cimentado en un análisis riguroso de la actual coyuntura, que no sea una suma de buenas intenciones y de consignas voluntaristas, pero tampoco de análisis complacientes, de que nada más se puede.

Qué PIT CNT necesitamos:

Toda organización que se precie como tal y quiera cumplir con sus cometidos, más si es una organización que busca el bienestar de sus afiliados y es de trabajadores, necesita volumen y músculo, lo que en la ciencia se conoce como masa crítica.

En una sociedad con intereses de clases diferentes y muchos de ellos muy diferentes, no alcanza con tener la razón, de buenas intenciones el mundo está lleno, se necesita también de lo otro. Para pelear y ganar no solo alcanzan las ganas.

Hemos crecido mucho. Nuestra central triplicó sus afiliados, somos más de 320.000, se desarrollo organización en los nuevos sectores de la economía, especialmente en los servicios y en el comercio. Casi el 30% de la población activa está afiliada a un sindicato, es mucho comparado con cualquier otro país del mundo, pero aún queda mucho por hacer.

Son miles los que todavía no están organizados y no solo en nuevas empresas, sino en nuestros propios lugares de trabajo hay compañeros que no están afiliados al sindicato pese a usufructuar nuestras propias conquistas.

Si el crecimiento sigue siendo fundamental, también hoy es muy importante la organización, por eso nos referíamos antes a la necesidad de desarrollar musculatura.

La organización debe profundizarse, respetando tiempos y procesos, pero debe consolidarse. Los sindicatos somos organizaciones amplias, a diferencia de otras que pueden estar unidas por una concepción, una filosofía o una religión, a nosotros nos unen intereses sociales comunes, los que nos lleva a ser más pacientes y comprender mejor las diferencias.

Si para todo esto necesitamos lucha, movilización, participación y organización de los trabajadores, una parte central de este debate y de todo el proceso es definir correctamente no sólo la etapa, los intereses en juego, las alianzas posibles y necesarias, las relaciones de mutua independencia con el gobierno, es obvio que los métodos y la oportunidad de ciertas formas de lucha están presentes y son centrales en este debate y en las resoluciones de nuestros sindicatos y de la propia central.

El movimiento sindical uruguayo es proporcionalmente uno de los que más ha crecido en el número de sus afiliados en todo el mundo en los últimos años. Esto se debe a su historia, a su tradición y esfuerzo pero también a las nuevas condiciones generadas por las nuevas leyes sociales. No desconozcamos la realidad.

Debemos mejorar las condiciones de lucha y organización para mejorar las conquistas y de esa forma impactar tanto en las condiciones de vida de las familias trabajadoras y crear las mejores condiciones para un desarrollo equitativo y más justo de toda la sociedad uruguaya.

No se trata sólo ni principalmente de discutir sobre paros generales y horarios. Eso es disminuir todo nuestro horizonte. Se trata de elaborar una estrategia, de tener un rumbo y de conseguir avances concretos y tangibles para los trabajadores y para la sociedad.

Para eso queremos y necesitamos fortalecer la organización sindical, su unidad, sus formas más democráticas de discutir y de resolver. Para ello necesitamos formar a las nuevas generaciones de militantes y dirigentes sindicales que se incorporan masivamente a sus organizaciones. Hombres y mujeres.

Resulta lógico discutir entonces con amplitud y rigurosidad, dirigirnos hacia confederaciones por rama de actividad, tal cual lo aprobó el VII Congreso del PIT-CNT en el 2003. Parece importante tomar como referencia para la construcción de dichas confederaciones por ramas los grupos de negociación colectiva que funcionan en la actualidad, tanto en el sector privado como público. Consideramos que la dirección sindical debe impulsar procesos de este tipo, que claramente no pueden ser impuestos

sino trabajados en profundidad en las bases de los Sindicatos con la finalidad de contar con herramientas más potentes.

A pesar de que hemos ratificado la resolución de ir hacia confederaciones por rama, lo que ha sucedido es que hoy tenemos más sindicatos que en el 2003, pasando de 50 sindicatos a 70, lo que claramente fue en sentido contrario a lo resuelto y ha aumentado la atomización del movimiento sindical. Intentar modificar esta situación es imperioso para nuestro fortalecimiento organizativo.

Al mismo tiempo queremos reiterar lo que ya hemos hecho en varias oportunidades, que es necesario que en el PIT CNT exista un mecanismo de proporcionalidad para los sindicatos que integren la Mesa Representativa. Resulta inexplicable que un sindicato de 24000 trabajadores cotizantes tenga los mismos delegados que uno que cuenta con mil. Esta decisión que requiere de los más amplios consensos, es una decisión razonable y democrática en relación a las responsabilidades diferentes que tienen organizaciones de diverso porte.

Además se debe tener en cuenta si la organización es nacional o departamental. La mayor parte de las Federaciones y Sindicatos que componen el PIT CNT tienen lógicas de proporcionalidad para la toma de decisiones, en el propio Congreso del PIT-CNT la participación es proporcional, consideramos que ampliar esa lógica en las demás instancias del PIT CNT a esta altura es una necesidad.

El fortalecimiento de los Plenarios del interior es un tema a atender con rapidez, en función de que tenemos que quebrar con la lógica centralizadora del movimiento sindical en Montevideo. Una de las más importantes posibilidades de expansión sindical se encuentra en el interior del país y los Plenarios Departamentales tienen que jugar un papel Central.

Para ello se requiere la participación activa de los sindicatos nacionales, de los sindicatos departamentales y la construcción de regionales con funcionamiento regular que nos permita la consolidación nacional.

Hemos avanzado mucho en los últimos años en el Interior pero necesitamos profundizar estos trabajos e ir a más, contribuyendo a la organización de sectores importantes para el movimiento sindical.

Para resolver muchos de estos temas necesitamos un Congreso del PIT-CNT preparado, organizado y discutido de acuerdo a esta nueva etapa histórica. Sin reusar ninguna discusión y poniéndole todo el fervor que es característico al debate entre trabajadores, pero manteniendo el imprescindible clima de fraternidad y respeto.

En síntesis: estamos en un momento clave en la región y en el país, en la construcción de nuevos momentos históricos de cambios y de un protagonismo fundamental del pueblo trabajador.

Por ello debemos ser más firmes que nunca en nuestras convicciones, en nuestros principios y valores y más abiertos al debate y a las ideas que nos den fuerza e impulso.

La unidad de los trabajadores en su central es de fundamental importancia para estos grandes objetivos.

Por ello nos aprestamos a las futuras batallas y a la necesaria convocatoria de un Congreso del PIT CNT en el que el debate fraterno y riguroso y el pleno funcionamiento de la democracia sindical sean la garantía de nuevos avances.

Montevideo, Octubre2010.

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