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EL URUGUAY: ¿UNA CULTURA POSTMODERNA?

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EL URUGUAY: ¿UNA CULTURA POSTMODERNA?

 Existe un cambio cultural que algunos han llamado cultura postmoderna, ¿Cómo situarnos ante este cambio? ¿Debemos aceptarlo? ¿Debemos negarlo?

 ¿A que nos referimos con cultura postmoderna?

 Nos remitimos a la definición que de la misma da Lyotard (uno de los filósofos llamados postmodernos): el descreimiento con respecto a lo que el llama despectivamente “Grandes relatos”. Uno de esos grandes relatos es el socialismo. Hoy la opinión ya no “cree” en esos grandes relatos. ¿Y en que creen los que no creen en los “grandes relatos”. La respuesta de Lyotard es en los pequeños relatos. Lipovetzky, otro postmoderno, describe más claramente las características de esta sociedad postmoderna. Es una sociedad donde predomina el individuo generalizado.

 La sociedad postmoderna es aquella en que reina la indiferencia de masa, donde predomina el sentimiento de reiteración y estancamiento, en que la autonomía privada no se discute, donde lo nuevo se acoge como lo antiguo, donde se banaliza la innovación, en la que el futuro no se asimila ya a un progreso ineluctable. La sociedad moderna era conquistadora, creía en el futuro, en la ciencia y en la técnica, se instituyó como ruptura con las jerarquías de sangre y la soberanía sagrada, con las tradiciones y los particularismo en nombre de lo universal, de la razón, de la revolución. Esta época se está disipando a ojos vistas; en parte es contra esos principios futuristas que se establecen nuestras sociedades, por este hecho postmodernas, ávidas de identidad, de diferencia, de conservación, de tranquilidad, de realización personal inmediata; se disuelven la confianza y la fe en el futuro, ya nadie cree en el porvenir radiante de la revolución y el progreso, la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven y no ya forjar el hombre nuevo.

 Y en otro lugar señala:

 La despolitización y la desindicalización adquieren proporciones jamás alcanzadas, la esperanza revolucionaria y la protesta estudiantil han desaparecido, se agota la contra-cultura, raras son las causas capaces de galvanizar a largo tiempo las energías. La res publica está desvitalizada, las grandes cuestiones “filosóficas”, económicas, políticas o militares despiertan poco a poco la  misma curiosidad desenfadada que cualquier suceso, todas las “alturas” se van hundiendo, arrastradas por la vasta operación de neutralización y canalización sociales. Únicamente la esfera privada parece salir victoriosa de ese maremoto apático; cuidar la salud, preservar la situación material; desprenderse de los “complejos”, esperar las vacaciones: vivir sin ideal, sin objetivo trascendente resulta posible.

El problema, desde nuestra perspectiva, no es la descripción que estos autores hacen de las sociedades contemporáneas, que podemos en gran medida compartir, sino que se desplazan de la descripción a la legitimación, realizan una lectura donde estos fenómenos, surgidos históricamente, se transforman en fenómenos eternos e  insuperables, en el mejor de los mundos posibles que debería perpetuarse por los siglos de los siglos. Estos autores escriben durante la década del ochenta, sin embargo, estas descripciones parecen más vigentes en el Uruguay de hoy que en el de los ochenta. El desarrollo del movimiento popular en nuestro país y el carácter de economía periférica parecen haber retrasado estos procesos que se venían dando en los países capitalistas desarrollados desde mucho antes.

 La crisis a nivel de la militancia y en particular la disminución de la participación juvenil no son fenómenos ajenos a ese cambio cultural. Un cambio que parece ser de carácter global. Tampoco lo son los resultados de la investigación del Observatorio Montevideo que señala el desarrollo de valores antiigualitaristas y no tan solidarios en nuestra sociedad.

 ¿Pero cuales son las causas de estas transformaciones?

 A manera de hipótesis podemos plantear la siguiente serie de factores (que si bien los presentamos separados están muchos de ellos intrínsecamente relacionados) que podrían haber incidido en estas transformaciones culturales:

 Ø      La burocratización, estancamiento y caída de los regimenes socialistas de Europa del este, particularmente de la Unión Soviética. La cual constituía, para toda la izquierda, más allá de las críticas o reparos, una alternativa real, palpable al capitalismo. Alternativa que significaba un importante respaldo tanto a nivel ideológico y político como material para los movimientos que se proponían transformar la sociedad, y cuya caída tuvo fuertes repercusiones a nivel político e ideológico, provocando una crisis en la izquierda de la cual todavía ahora no se ha recuperado, si pensamos en tiempos históricos 16 años es realmente muy poco.

Ø      El impresionante desarrollo de los medios de comunicación hegemonizados por la clase dominante, que no solo trasmiten programas con una visión parcializada de los fenómenos políticos y sociales, sino también valores – los valores que permiten la reproducción de la sociedad capitalista- , modelos de vida, que moldean necesidades, producen deseos y determinan en gran medida la conducta y la personalidad.

Ø      La generalización de un modelo consumista, algunos autores hablan de que estos cambios llegan a conformar un verdadero Homo Consumens, que sepulta algunos viejos ideales de la burguesía como el ciudadano, basado a su vez en los viejos ideales de la cultura grecorromana. Modelo consumista que parece no tener solo una función económica, sino también ideológica, como llegaron a plantear algunos autores de la escuela de Francfort: el capitalismo modela las necesidades, produce deseos y a la vez da los medios para satisfacerlos, transformando así a gran parte de la población en animales domésticos satisfechos con su situación, que dejan de lado toda actitud crítica ante la realidad, desde esta perspectiva el consumismo no tiene solo una función económica sino que es una herramienta de dominación.

 Ø      Estos medios de comunicación y este modelo consumista han apuntado en particular hacia los niños y los jóvenes. En particular, es clara la política de publicidad de algunas transnacionales de la alimentación que apuntan directamente a los niños, los cuales son más fácilmente manipulables y más fácilmente transformables en consumistas compulsivos. Además, las marcas y las empresas que apuntan a estas franjas de la población han desarrollado una publicidad que no sólo intenta vender sus productos para obtener más rentas, sino que trasmite modelos de lo que “debe ser un joven”, creando una verdadera identidad juvenil, que no parece ser precisamente la de alguien comprometido con la realidad y su tiempo. El viejo aserto de Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica”, nos puede trasmitir la situación de este sector etario en una determinada época, pero que hoy para nada es vigente, hoy ser joven y ser revolucionario parece ser una rareza, posiblemente muchos jóvenes perciban a los jóvenes revolucionarios como una remanente de otros tiempos, como una incursión del viejo mundo en el mundo joven.

 Ø      Un modelo neoliberal que no solo ha transformado la economía con el fin de lograr una mayor rentabilidad para las grandes empresas sino que ha apuntado a crear “un verdadero hombre nuevo capitalista”, ese hombre consumista y despolitizado de las sociedades actuales, preocupado solo por sus cuitas y despreocupado por las grandes problemáticas que también lo afectan, pero que parece ignorarlo o se siente impotente para transformarlo. El modelo neoliberal en tanto ideología irracionalista, supone que el hombre nada tiene que hacer a nivel político porque el mercado, ese verdadero dios moderno, lo puede hacer mejor, impulsando la despolitización y la privatización de la existencia, y el sepultamiento del ideal de ciudadano. Pero además el nuevo modelo económico ha reestructurado la sociedad creando nuevas ramas de actividad, el desarrollo de los servicios y el comercio es particularmente visible, y ha reducido el número de trabajadores necesario en otras debido al desarrollo tecnológico. De esta manera se ha debilitado a las organizaciones sindicales, al movimiento obrero y a sus organizaciones políticas en general ya que los sectores donde estaban mejor organizados han disminuido cuantitativamente en una forma importante. A su vez los nuevos sectores de actividad, conformado por trabajadores que también producen plusvalía, son sectores sin organizaciones, sin historia y sin tradiciones de lucha, nada impide que lo hagan pero estos cambios se han dados en una época que tanto a nivel político como ideológico no presentaba las condiciones más adecuada para hacerlo, aunque esa tendencia, por lo  menos en nuestro país, producto de las leyes que protegen la actividad sindical parece estar revirtiéndose. Las tesis de Marx en cuanto a concentración del capital tendencia decreciente de la tasa de ganancia y creciente de la plusvalía, transformación de la ciencia en principal fuerza productiva, etc., así como las tesis de Lenin sobre el imperialismo se han confirmado, pero estas condiciones económicas no producen mecánicamente las condiciones para la transformación de la sociedad, son los hombres quines hacen la historia.    

 Ø       El desplazamiento de la intelectualidad hacia visiones irracionalistas, que niegan la posibilidad de conocer la verdad y, por tanto de transformarla, que sostienen que todas las visiones son válidas y que todo vale, igualando así a las teorías que niegan la existencia de la explotación con aquellas que la sostienen, que niegan la posibilidad de los hombres de transformar la sociedad o que la visualizan como un peligro que conduce en forma inevitable al totalitarismo, han contribuido al debilitamiento de la función crítica y analítica de la intelectualidad. Es en este contexto en que categorías de análisis como explotación, imperialismo, clases sociales, verdad objetiva, etc. se han transformado en prácticamente inexistentes, estigmatizándose a quienes las utilizan como partidarios de viejas teorías superadas, lo cual resulta paradójico para quienes en general niegan la noción de progreso como parte de los metarrelatos de la modernidad. Este proceso, para el historiador marxista inglés Perry Anderson tuvo su origen en Francia en la década de los 60 y 70, la cual con teorías como el estructuralismo y el postestructuralismo, antecedentes del postmodernismo, y su negación del sujeto, es decir de las posibilidades transformadoras del hombre, contribuiyó a la conformación de un clima de inmovilismo. Pero esas teorías que tuvieron su origen en Francia, en aquellas décadas, hoy se han vuelto en dominantes, o , por lo menos, en teorías predominantes que han conquistado importantísimos espacios en el mundo académico, compartiendo su poder con otras teorías que no son antagónicas, sino, en general, complementarias.  

 Ø      En particular en nuestro país, y en América Latina en general, tuvimos las dictaduras que a través del terrorismo de estado y la destrucción cultural, social y económica han contribuido también con la conformación de este individuo despolitizado y consumista, temeroso de comprometerse y de transformar la realidad, esto constituye las continuidades, la herencia de la dictadura en democracia, tras su final .  

  Esta lista no excluye otros factores que seguramente hemos ignorado. Tampoco, repetimos, estos están separados como los hemos presentado, sino que están interrelacionados y se implican mutuamente. Lo que hemos intentado trasmitir es que se ha producido un cambio cultural que plantea series dificultades a quienes nos planteamos transformar la realidad, la creación de lo que hemos llamado un “hombre nuevo capitalista”, pero más dificultades tendremos si negamos estos cambios, y nos quedamos atados a esquemas anacrónicos, como la idea de una  juventud eternamente rebelde y revolucionaria, si nos quedamos en una actitud meramente crítica hacia los medios de comunicación y no desarrollamos una política que nos permita aprovechar los potenciales ideológicos y organizativos que nos abren, si no desarrollamos, en síntesis, una nueva política en función de una nueva realidad (que necesariamente ha de ser una construcción colectiva), que es la única manera de realizar nuestros ideales que permanecen a través de los cambios. No sostenemos que estos fenómenos sociales sean eternos, que esta sociedad postmoderna sea intransformable, no negamos tampoco que haya importantes reservas en nuestro pueblo y que hay un importante sector de este politizado, a pesar de estas condiciones adversas, solo estamos intentando comprender algunos fenómenos, visualizar algunas tendencias generales, tratar de ir a sus causas para poder transformarlos, solo intentamos contribuir al “análisis concreto de la situación concreta”, lo cual constituye un requisito imprescindible para la transformación de la sociedad existente, porque seguimos convencidos como le gustaba decir a Marx que “todo lo sólido se disuelve en el aire”

                                                            ALEXIS CAPOBIANCO

 Montevideo, diciembre de 2007

 

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