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Autocrítica, reestructura del FA y el Proceso de discusión

La necesaria autocrítica, reestructura del FA y el Proceso de discusión

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Autocrítica, reestructura del FA y el Proceso de discusión

Ruben López

Uruguay          26/05/2010

La discusión sobre la reestructura del FA viene de larga data. En realidad desde los mismos inicios fue una polémica que se instaló y que se fue resolviendo de acuerdo a la realidad en cada momento.

Hoy se renueva, en medio de resultados adversos en las elecciones municipales. Ya estaba planteado retomarla, tras la designación del candidato a la presidencia en el 2009, el congreso del FA, los resultados de las internas y de octubre, donde no se ganó en primera vuelta ni se pudo anular la ley de caducidad.

 Hay dos grandes elementos en esta discusión:

  • El análisis de los posibles errores formales, organizativos, de procedimiento dentro de los últimos 20 años. Coalición y movimiento, las nuevas formas posibles de participación, etc.
  • El análisis  profundo de la realidad internacional y nacional, los grandes procesos, las permanencias y los cambios, para delinear nuevos objetivos. Finalmente: un nuevo proyecto de país.

Desde todas partes, sectores políticos, militantes, adherentes, simpatizantes,  han manifestado la necesidad de discutir una nueva orgánica y las formas en que se toman las decisiones.

Con cierta ligereza, se plantea “adaptarlo a las nuevas circunstancias …Hoy es la fuerza mayoritaria del país…fueron pensadas inclusive para enfrentar duramente al autoritarismo …la estructura de los comités de base no es la de hace 20 años …entre otras cosas porque es diferente ser oposición que gobierno. …las estructuras no responden a estos cambios. Es por lo menos algo no adaptado a la realidad.”

 “La no candidatura de Martinez no incidió, pues la nominación se realizó de acuerdo a los estatutos del FA.”

“El proceso electoral uruguayo, de casi  dos años es muy largo, y eso ha cansado a la ciudadanía y a nuestra militancia.”

“Los paros de ADEOM, dejando montañas de basura en todos los barrios de Montevideo, tuvieron un objetivo político electoral.”

“El error en Montevideo fue el candidato único”

Y un largo etcétera, y por supuesto todas esta opiniones tiene un parte de la verdad,  pero pocos se plantean que los problemas vayan más allá de la estructura o de lo coyuntural, o que quizás no todo lo que se hizo dentro de esa estructura estuvo correcto.

Pero el proceso de descaecimiento de la fuerza política tiene una larga historia, que pudiera comenzar cuando la renuncia de Seregni a la presidencia del FA.

Posteriormente, la sustitución, en la práctica, de la orgánica del FA por Tabaré Vázquez y los cabezas de lista.

La obtención del gobierno, objetivo histórico finalmente conseguido, y el abandono de la fuerza política, por parte de los principales líderes. El presidente del FA, a la vez ministro.

El Presidente de la República y un gobierno, que prescinde de la fuerza política, de su militancia, de sus posibilidades (y deseos) de participar activamente en un proceso, fruto entre otras cosas de la lucha de  grandes masas.

El relegamiento de la Mesa Política y fundamentalmente del Plenario Nacional, como el gran motor  que debió ser, de dirección colectiva, para el análisis de la realidad, fijar los lineamientos políticos como fuerza transformadora que es.

La Actualidad

Nuestro país pasa por un momento, por el cual grandes masas han apostado por el cambio.

Otros países de América Latina viven momentos de auge por la participación de sus pueblos en procesos de cambio y enfrentamiento a las viejas estructuras caducas dominantes, durante siglos.

Por segunda vez los uruguayos han renovado su confianza en la izquierda, llevándola  al gobierno.

Es necesario profundizar los cambios, elevar los niveles de participación, democratización de la economía y la política, distintas formas de propiedad social, única forma para establecer una mejor distribución de la riqueza.

El Programa

Por ello el estudio y puesta a punto de un nuevo proyecto de país, un PROGRAMA que involucre a todos, para los próximos 20 ó 30 años.

Programa a desarrollarse con el aporte científico de los que conocen a fondo los distintos temas y con los más amplios mecanismos democráticos para la participación en la toma de decisiones. Involucrar en este proceso a toda la sociedad, desde los distintos ámbitos de su actuación.

Que comprenda también mecanismos democráticos para la gestión en la economía, la sociedad y la toma de decisiones políticas.

Encarar los grandes temas nacionales a través de lo local. Los gobiernos locales, con la participación de los ciudadanos y vecinos organizados, por la solución de sus problemas.

Que comprenda mecanismos de control, con la más amplia participación ciudadana. Donde la sociedad pueda jugar un importante papel, junto a los órganos ya existentes y que se puedan crear, para mejorar la gestión y el control en el manejo de lo público y lo privado.

Fortalecer la conciencia de que los cambios son necesarios y posibles. La convicción que los trabajadores y el pueblo todo, pueden ser conductores de los procesos económicos, sociales y políticos, proyectando a los más capaces al frente. Hoy lo hacen los grandes capitales, con sus administradores y expertos al frente de grandes conglomerados privados, de donde extraen sus suculentas ganancias. ¿Por que no los ciudadanos, los trabajadores?

La Fuerza Política

Construir la fuerza social y política para hacer realidad esos cambios.

Una fuerza política, capaz de seguir creciendo en cantidad y en calidad de sus militantes y adherentes, cumpliendo su tarea fundamental: ganar a las grandes mayorías nacionales para las ideas de solidaridad y justicia social, hacia una nueva sociedad superadora del capitalismo.

Comenzar por los mecanismos más democráticos

La discusión, necesaria e imprescindible, que comienza, debería recuperar los mecanismos más democráticos con que cuenta nuestra actual orgánica.

Se plantea desarrollar la discusión hasta setiembre y en ese momento citar al Plenario Nacional.

Quien debe dirigir la discusión, orientarla, guiarla, quedará nuevamente; ¿para refrendar los acuerdos y consensos por fuera de la orgánica?

De los estatutos del FA:

Art. 69: El Plenario Nacional es la máxima autoridad permanente del Frente Amplio.

Art. 70: lo conforman:  c) 85 representantes de los grupos políticos, d) 41 de las coordinadoras de Montevideo, e) 41 de las departamentales del interior, f) 3 de las Coordinadoras y Comités del exterior, g) Hasta 6 ciudadanos adherentes, entre personas de relevancia en la vida nacional,

Art. 71: Al Plenario Nacional competerá: a) Ejercer la dirección política permanente del F.A.

d) Fijar los objetivos y trazar la estrategia del F.A.

e) Supervisar la Mesa Política y demás organismos frenteamplistas.

Art. 80: a) Sesionará en forma ordinaria cada 2 meses.

El Plenario Nacional debe retomar sus funciones integralmente y:

             “Ejercer la dirección política permanente del F.A.”

Lo conforman 176 miembros elegidos por los partidos y los comités. En este momento no tenemos un organismo más representativo. Pero además, ha sido bloqueado su funcionamiento y pasará un año o más sin reunirse, teniendo como responsabilidad: “ejercer la dirección política permanente”, “fijar los objetivos y trazar la estrategia” y, no menor, “supervisar la Mesa Política”.

            Además, debería reunirse cada dos meses.

Parece razonable, ante la crisis que vive el FA, que su principal organismo de dirección retome su tarea, abandonada hace años. Entre otras cosas, no es responsable por los errores proclamados desde distintos lados y daría bastante oxígeno a una discusión que debe ser profunda. Y daría sinceridad y honradez, citadas con frecuencia, y cierta garantía, cuando se rasgan las vestiduras culpando a una estructura que en realidad no funcionó.

Sería bueno, entonces, para poder creer que lo que ahora se resuelva se va a cumplir, comenzar por acatar el actual estatuto. Más cuando, justamente lo que permite es ampliar la base de discusión desde el inicio, no retacearla.

Está bien conversar con los intendentes salientes y entrantes, pero lo que se necesita es una amplia discusión ideológica y política, como, por suerte ya ha sido planteada por otros compañeros, no quedando sólo en lo coyuntural u organizativo.

Creemos firmemente que el Plenario Nacional debe conducir esta discusión, así plantearlo desde los comités o desde donde se encuentre cada uno.

Para hacerlo el PN, podría nombrar una comisión de su seno o con quienes considere para encauzarla en todo el país y en todos los organismos y por todas las formas.

Se pueden crear subcomisiones u otras formas colegiadas para amplificar al máximos el debate, entre comités, redes, grupos, foros, en barrios, empresas, el extranjero, con todas las herramientas de comunicación e información, y recoger, ordenar, sistematizar, volver a difundir sus resultados con la simple consigna: “ todo el que quiere oír que oiga”. Y participe sin menguas.

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