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Rodney Arismendi

Rodney Arismendi. El concepto "Democracia Avanzada"

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ESPACIO FRENTEAMPLISTA - URUGUAY

LIBERTAD, DEMOCRACIA, SOCIALISMO

En el correr de año 2004 se desarrollaron charlas y conferencias por parte de un grupo  de compañeros preocupados por la crisis ideiológica por la que pasa la izquierda en el país y en el mundo. Este texto pertenece a una de ellas.

PONENCIA

Marisa Battegazzore

EL CONCEPTO DE “DEMOCRACIA AVANZADA” EN RODNEY ARISMENDI: UN REFERENTE EN EL PROCESO POLÍTICO LATINOAMERICANO

                                    “Las citas no clausuran debates” (Rodney Arismendi)

                                    - pero dan en qué pensar y enseñan cómo. (M.B.)

      El concepto “democracia avanzada” que ha cobrado actualidad en la búsqueda de caminos de algunos sectores de la izquierda uruguaya no es sólo un feliz hallazgo terminológico de Arismendi ni atiende a una situación coyuntural: es una categoría teórica que aparece ya en su libro Lenin, la revolución y América Latina, escrito entre 1968 y 1970, para ser retomado, con mayor proyección política, a la salida de la dictadura uruguaya. Ha tenido la buena y mala fortuna de convertirse en consigna y designación de un agrupamiento político estructurado en torno al PCU, cuyos dirigentes continuaban proscriptos, en las elecciones de 1984. Este hecho denota su capacidad para encarnar en la conciencia social, pero entraña el peligro de que el nombre absorba el contenido. Es obligatorio continuar el análisis de este concepto, profundizar en el significado del mismo en el contexto del pensamiento de Arismendi, para pautar adecuadamente nuestra propia perspectiva actual. La categoría “democracia avanzada” forma parte de una concepción estratégica y táctica. Se integra en la definición del carácter del “primer movimiento de la revolución latinoamericana”. Reubicada en un contexto político-intelectual diferente, corremos el peligro de que, por mirar el collar, no nos demos cuenta que nos han cambiado el perro.

Uruguay y América Latina viven momentos de definición. En un cuadro mundial signado por profundas contradicciones, el “trueno subterráneo” de que hablaba Arismendi, vuelve a oírse y los pueblos buscan alternativas a las impuestas políticas  neoliberales[1] que se habían presentado como panacea para los problemas del desarrollo. La persistencia de las contradicciones irresueltas  hace que nuestros países vivan una historia de crisis recurrentes, cada vez más profundas y duraderas, y que, pese a todas las derrotas, se sucedan los movimientos de resistencia y las luchas por transformar nuestra realidad. Se ha ensanchado el abanico de fuerzas sociales potencialmente interesadas en un proyecto alternativo. Es responsabilidad de las fuerzas políticas construirlo y convertirlo en conciencia de amplias masas.

En la senda de Lenin

En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista[2]- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...”[3] Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo[4], dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica.

Arismendi rechaza frontalmente la noción de integración del capitalismo en el socialismo y la fetichización de la continuidad. Más allá de discriminar claramente entre las categorías “formas del Estado”, “tipo de estado” y “máquina del estado”[5], y de partir de la idea de que no hay modelos preestablecidos en cuanto a la forma concreta de la organización socialista en cada lugar, cuando admite que formas institucionales originadas en el estado burgués podrían ser utilizadas en el tránsito al socialismo, aclara que “utilización equivale aquí a conservación formal relativa aunque se transforme el contenido, y ello tenga por lo tanto que afectar ulteriormente también a la forma”.[6] Merece especial análisis el problema de la utilización –ya vimos en qué sentido- de las formas parlamentarias existentes. Aborda la cuestión de la vía pacífica al socialismo en la hipótesis de que se combinaran la conquista de una mayoría parlamentaria estable por un frente de fuerzas populares con la acción de masas capaz de quebrar la resistencia conservadora. Para Arismendi, lejos de ser ésa la vía más frecuente ni más probable al socialismo, sólo podría darse en condiciones excepcionales, en relación con el concreto desarrollo histórico-cultural de cada país. Y asimismo, dependerá de la medida en que las fuerzas populares sean capaces de ir transformando el contenido de esas formas institucionales. Pues considera errónea la tesis de que la posibilidad de esa vía “signifique una superación o una limitación de la teoría marxista-leninista del estado”[7] y reafirma las tesis generales acerca de la necesidad de destruir el aparato burocrático-militar del estado burgués. Esta destrucción –y consiguiente construcción de nuevas formas organizativas- puede darse a consecuencia de la revolución socialista o bien irse procesando en un período de transición, democrático avanzado, lo que podría hacer posible el tránsito relativamente pacífico, es decir, sin una insurrección o una guerra civil. Decimos “relativamente”, porque Arismendi sostiene la vigencia de la tesis de que las clases dominantes no entregarán buenamente el poder y porque señala que la unidad de un bloque pluriclasista por los cambios no elimina la lucha de clases, sobre todo una vez que se van logrado ciertos objetivos[8]. Para confirmar esta tesis, basta recordar la posterior experiencia chilena. Asimismo plantea el caso –nada hipotético, pensemos en Cuba- en que la lucha armada abra el camino a una revolución democrático avanzada, lo que comprende tareas nacional liberadoras, y en plazos más o menos largos, transite al socialismo sin una nueva confrontación.

Una preocupación en este libro fue sin duda aventar la confusión entre vía democrática y vía pacífica. La correspondencia entre ambas, señala Arismendi, siguiendo a Lenin, no es biunívoca. No hay otra senda hacia el socialismo, dice Lenin[9], que la de la democratización. Pero todo cambio, aún modesto, que afecte la dominación de clase, va a ser resistido. Y no se va a avanzar en democracia sin afectar los intereses de las clases dominantes que, por otra parte son mucho más extensos y celosos ahora que las políticas neoliberales han ampliado los derechos del capital, en la misma medida en que recortaban los de los trabajadores. En el contexto del imperialismo, hay que incluir el poder económico, político y militar de la potencia hegemónica. Esas resistencias pueden contribuir, dependiendo de múltiples condiciones objetivas y subjetivas, a la radicalización del movimiento o a su retroceso.

La extensión y profundización de la democracia no consiste en ensanchar sólo en el terreno formal la igualdad, la libertad o la participación. Lukács señala que no es casual “... que el más perfecto, el más explícito ‘idealismo’ abstracto de las formas de gobierno del Estado, sea el instrumento más apropiado para que se afirmen los intereses egoístas-capitalistas sin dificultad bajo el pretexto de intereses generales, ideales.”[10]

A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:

·         el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso

·         el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.

·         la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos

·         una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo. Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores,  crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”.[11]

El pensamiento de Arismendi sobre este tema tiene, en lo esencial, total coherencia interna. En Problemas de una revolución continental, en función de su tesis del carácter dual de la contradicción fundamental en América Latina, plantea que la revolución democrática de liberación nacional deberá asumir tareas anticapitalistas; no identifica, como otros representantes del pensamiento marxista latinoamericano, la categoría “democracia” con “democracia burguesa”[12]. Por lo tanto se separa de un pensamiento teórico que cristaliza etapas predeterminadas de desarrollo y que preveía como necesaria una supuesta “culminación democrática” de la frustrada revolución burguesa en los países latinoamericanos, una especie de “capitalismo normal” previo a la revolución socialista. En Lenin, la revolución y América Latina  examina incluso la posibilidad de una vía no capitalista al socialismo en relación a los pueblos recientemente liberados de la opresión colonial. 

En este sentido no hay en Arismendi una reificación de la democracia. No sólo combate la tendencia por la cual “La expresión democracia pasa a manejarse como un concepto abstracto absoluto y no como una forma institucional histórica”[13], sino que, como vimos, no es planteada como estado sino como proceso, en sí misma y en tanto vía de aproximación al socialismo. “Estudiamos, por tanto, los objetivos democráticos de la revolución en la perspectiva del socialismo, que los continuará y negará en una fase superior”[14]

La teoría deviene política

En el Informe al XX Congreso del PCU, en diciembre de 1970, la categoría “democracia avanzada” define el carácter del frente político entonces en formación y, asimismo de su gobierno, en caso de alcanzarlo. En esa caracterización del futuro Frente Amplio aparece como sinónimo de “frente democrático, antiimperialista y antioligárquico”.[15]

Esta categorización merece algunas precisiones, ya que Arismendi no la hace a la ligera. En primer lugar, atiende a la composición de clase, al sentido de las alianzas, y distingue el concepto de frente de la izquierda de frente del pueblo. El XX Congreso tiene lugar durante la presidencia de Pacheco, en el que la oligarquía financiera, vinculada al latifundio y al imperialismo, asume directamente las riendas del gobierno, para reacomodar, violentamente y al filo de la inconstitucionalidad, la distribución del producto nacional en su beneficio. El movimiento popular –partidos de izquierda, sindicatos, movimiento estudiantil- se amplía y se radicaliza. Se introduce la lucha armada contribuyendo a la polarización de la escena política. En este cuadro, el Partido había definido la contradicción principal en los términos oligarquía-pueblo.

En segundo lugar, el Informe reitera algunas de las condiciones que delimitan claramente el contenido del  frente democrático avanzado: “... un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo ...”[16]

Inmediatamente, el programa de unidad, cuyas “líneas principales ... coinciden con los postulados matrizados por más de una década de acciones de las multitudes obreras y populares, que opusieron una plataforma nacional, democrática y progresiva (...) existe evidentemente un programa básico en la conciencia de las masas ...”[17], y prosigue con una enumeración de las líneas esenciales de ese programa básico que incluía, entre otras, moratoria de la deuda externa, nacionalización de la banca, medidas de reforma agraria, rescate de los entes estatales del dominio imperialista. “Este programa (... ) apunta en las direcciones principales de lo que denominamos un cambio democrático avanzado...”[18].

La integración al frente no responde a meras razones tácticas: “Lo consideramos una respuesta consciente a las peculiaridades del momento uruguayo, pero inserta en las perspectivas de los cambios revolucionarios...”[19]. El frente político tiene por tanto una dimensión estratégica que, debe entenderse en el marco del progresivo vaciamiento de contenidos, aún en el terreno jurídico, de la democracia uruguaya. Este proceso no puede ser limitado a la coyuntura del pachecato: se trata de la profundización de la crisis económica, política e ideológica cuyos primeros síntomas se perciben hacia la mitad de la década de 1950. En el plano político, se expresa como crisis del bipartidismo y del nacional reformismo y, ante todo, crisis del batllismo, principal representante de la burguesía nacional, cabeza pensante y gobernante del modelo de desarrollo industrial, estatalista y proteccionista, del Uruguay en la primera mitad del siglo XX.

Avanzar en democracia

Luego de doce años de dictadura, Arismendi retoma el concepto de “democracia avanzada” y reafirma su carácter dinámico:  

“La democracia avanzada no es un acto ni el carácter automático del gobierno que empieza en marzo. La democracia avanzada es un proceso de combate programático, reivindicativo, que empieza ya, pero que debe seguir mañana, de desarrollo de la lucha de clases en determinadas condiciones (...) de imposiciones mediante el empuje popular. Desde luego, también será un gobierno, si es el gobierno que surge por el triunfo del Frente Amplio. Pero incluso en tal caso, sería un proceso”.[20]

En 1985, el informe a la Conferencia Nacional del PCU enfatiza ese carácter al marcar el uso indistinto de dos expresiones: “La expresión ‘democracia avanzada’ o ‘avanzar en democracia’, supone hoy la movilización y la unidad del pueblo por afirmar esta democracia, pero para lograr soluciones de justicia social e independencia económica. Supone al mismo tiempo la lucha por un programa de gobierno del FA, o del FA y sus posibles aliados”.[21] Es bien interesante la coincidencia con Lukács que propone el uso del término “democratización” mejor que democracia, “... ya que se trata sobre todo de un proceso y no de un estado ...”[22]

Hay una concordancia conceptual básica entre esta formulación y la que hiciera 15 años antes, por lo cual no reiteraremos consideraciones. Sólo señalaremos dos aspectos que tienen que ver con el momento histórico que vivía el Uruguay y un tercero de orden teórico..

·         la reciente recuperación de la institucionalidad democrática, es altamente valorada, pero no pensada como fin último –en el doble sentido de terminación y de finalidad. Avanzar hacia una democracia real no sólo es una meta: también es el medio para defender la democracia formal[23].

·         la “defensa de la democracia” no se identifica con la “gobernabilidad”[24],que desde 1985 se transformó en verdadera consigna de las clases dominantes y que sirvió para cohonestar, antes que nada, la impunidad por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Tampoco con la estabilidad en el sentido de conservación. Arismendi habla de “consolidar” la democracia, pero también de “crear una nueva democracia”[25]. A su criterio esto significa entre otras cosas “... un programa de auténticas y urgentes soluciones nacionales y populares (...) un programa positivo y posible que rompa con las recetas impuestas por el FMI y utilizando los recursos destinados a pagar la deuda externa para reactivar nuestra economía y resolver algunos de los más graves y dramáticos problemas  sociales.” y asimismo “... liquidar todos los vestigios dejados por el régimen, reconstruir la legislación social y desmantelar el aparato represivo, redimensionar y reorientar las fuerzas armadas en un sentido democrático y de defensa de la soberanía nacional y aclarar la situación de los desaparecidos”.[26] La defensa y la profundización de la democracia no excluye sino que implica el despliegue de la lucha de clases. En este sentido, recordemos que Arismendi se pronunció tajantemente en contra de las propuestas de “pacto social”, al estilo del realizado en España a la salida del franquismo.[27]

·         la comprensión de la dialéctica fines-medios. La escisión no dialéctica de estas categorías conduce a la diferenciación excluyente de los conceptos avanzar en democracia y democracia avanzada –una sería la vía, el medio, la segunda la etapa, el objetivo a alcanzar. Subrayamos los artículos determinados, porque a menudo se olvida el consejo de Arismendi de “no atarse las manos”, lo cual no era muestra de empirismo o pragmatismo, sino reconocimiento teórico de los límites de la previsibilidad de los procesos históricos que están dados por el carácter tendencial,  no absoluto ni mecánico, de las leyes que los rigen.[28]. Arismendi rechaza los “modelos” predefinidos –incluso la noción misma de “modelo”[29] que, ignorando la dialéctica de lo general y lo particular, edifica abstracciones estáticas.

El río ha cambiado pero también los bañistas

En la actualidad el proyecto del frente de unidad política no corresponde, a nuestro entender, a una orientación democrático avanzada, si nos atenemos a la caracterización que hemos desarrollado. Por razones de espacio, nos limitamos al enunciado. Siguiendo la exigencia de Arismendi de precisar estrictamente los términos y categorías, pensamos más adecuada la expresión “proyecto democrático de desarrollo nacional”, que emplea Rabelo en relación a Brasil[30]. Lo cual no excluye sino que supone crear las condiciones para ‘avanzar en democracia’.  Reconocer la realidad no significa adaptarse a ella. La praxis social modifica las condiciones objetivas: se puede y se debe “educar al educador”. Explícitas o implícitas, las previsiones de un “largo período” para el que no es pensable superar los marcos de la democracia capitalista,  carecen de la comprensión dialéctica del tiempo histórico, que no transcurre como una línea ascendente de cambios graduales y progresivos, como querían los evolucionistas, ni recorre ordenadamente estadios o etapas cerrados, al estilo comptiano[31]. La dialéctica preside el pensamiento de Arismendi y es lo que le otorga su vitalidad y validez actuales. Los principios filosóficos y metodológicos tienen una directa proyección política. Hacia 1970, Arismendi, precisando el concepto de “período de acumulación de fuerzas”, recuerda que las épocas de lento desarrollo social deben ser aprovechadas para  elevar la conciencia y la capacidad combativa de las masas populares, encauzando esa labor “hacia el objetivo final del movimiento”, “capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas de los grandes días en que están corporizados 20 años”. Y continúa: “Esta comprensión dialéctica del desarrollo es fundamental para no perder el paso de la historia, si no se quiere extraviar la perspectiva revolucionaria (...) más grave (que el infantilismo) es el riesgo de adecuación a las fases lentas o relativamente lentas de desarrollo social. Y esto no es especulación teoricista. (...) tiene que ver con la concepción total de la dirección política.”[32]

No ambicionemos, como Fausto, poder decir “detente, instante, eres tan bello”. Todos sabemos qué hizo para lograrlo.



[1] Usamos este término porque su uso generalizado exime de largas descripciones. Sin embargo creemos que esa denominación sería merecedora de mayor análisis crítico.

[2] Lenin habla de “tareas democrático avanzadas de la clase de vanguardia” – Dos Tácticas.- Obras Escogidas.- Progreso.- Moscú.-. T. 1.- Pág. 574.

[3] Lenin, la revolución y América Latina. EPU- Montevideo.- 1970 - Pág. 220 (Énfasis del autor)

[4] “... se trata del tránsito al socialismo desde un régimen democrático avanzado ...” Ibídem. Pág. 218.

“... se está transitando por una senda democrático avanzada, es decir, por una ruta de aproximación al socialismo...” Ibídem.-Pág. 234- (Énfasis nuestro)

[5] Ibídem.-Pág. 239.

[6] Ibídem.-Pág. 228 (Énfasis del autor)

[7] Ibídem.- Pág. 235

[8] Ibídem.- Págs. 222-223

[9] “Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el de la democracia política, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político” Dos Tácticas.- Ob. cit.-Pág. 490. La cuestión de la democracia es central en el pensamiento de Lenin, pero es un aspecto bastante poco frecuentado y a menudo tergiversado.

[10] Georg Lukács- El hombre y la democracia.- Contrapunto - Buenos Aires – 1989 - Págs. 53-54

[11] Estudios 104.- Montevideo – 1989 – Pág. 12.

[12]  “Democracia burguesa” en el sentido de “democracia capitalista”, concepto leninista que ha revalorizado Atilio Borón. Vale la aclaración por cuanto sobrevive la confusión en torno el término democrático-burgués, con el cual buena parte de los marxistas latinoamericanos designaban a la revolución democrática. Arismendi utiliza esa denominación en trabajos tempranos, pero luego lo abandona por nombres más precisos conceptualmente como “democrático de liberación nacional”, o “agraria antiimperialista”.

[13] R. Arismendi.- Vigencia del marxismo-leninismo.- Grijalbo.- México- 1984 - Pág. 76.

[14] R. Arismendi- Problemas de una revolución continental- Fundación Arismendi-Grafinel- Montevideo- 1997- Tomo II - Pág. 114.- (Énfasis nuestro).

[15] Informe al XX Congreso del PCU.- En Congresos y Documentos.- Comisión Nacional de Propaganda. PCU. – Montevideo – 1988 - Pág. 197 En el mismo Informe habla del objetivo central del período: “... una alternativa de poder democrático avanzado y patriótico. La conquista de un gobierno ... realizador de un programa de transformaciones democráticas y de rescate de la soberanía nacional, en el que participen la clase obrera y las grandes masas trabajadoras...” Pág. 184.

[16] Informe al XX Congreso del PCU.- Ob. cit.- Pág. 197. (Énfasis nuestro)

[17] Ibídem. –Pág. 197-198. La mayor parte del programa frenteamplista de esa época ya era bandera de la CNT, y se había forjado en el curso de un proceso de confluencias y debates para culminar en el pronunciamiento del Congreso del Pueblo de 1965.

[18] Ibídem. – Pág. 198

[19] Ibídem.- Págs. 198-199

[20] R. Arismendi.- Informe al Comité Central – 1984- Congresos y Documentos- Ob. cit.-- Pág. 237- (Énfasis nuestro)

[21] R. Arismendi.- Informe a la Conferencia Nacional del PCU –1985–Congresos y Documentos–Ob. Cit. Pág. 299.(Énfasis nuestro)

[22] G. Lukács.- Ob. Cit.- Pág. 38. El título de la primera edición es Demoratización hoy y mañana.

[23] “La democracia no se estabilizará sobre la base del hambre” Estudios Nº 91- Pág. IV

[24] “Las dictaduras latinoamericanas construyeron la gobernabilidad que requería el neoliberalismo para imponerse. Cuando éstas dejaron de garantizar la estabilidad política, el problema de la gobernabilidad adoptó la forma de la democracia gobernable”- Beatriz Stolowicz.- Democracia gobernable: instrumentalismo conservador- I Encuentro Internacional.- Ob. cit.- Pág. 199

[25] Estudios.- Nº 91.- Julio 1984.- Pág. IV.

[26] Estudios- Nº 95.- Diciembre 1985.- Págs. 5 y 6.

[27] “Esta concertación no debe entenderse ... como una especie de pacto de Moncloa” Estudios Nº 91. Cit. Pág. IV

[28] “... el concepto de ley histórica no equivale en el marxismo a un determinismo ciego y mecanicista. a una variedad de fatalismo. Son leyes tendenciales , señalan la dirección principal del desarrollo en una sociedad y en una època determinada (...) la historia la hacen los hombres (...) en un cuadro objetivo determinado (...) pero (...) introducen, en la faena, la gama compleja de sus aciertos y errores (...) a los que -¡todavía!- se suma el margen de azar ...” R. Arismendi.- Lenin, la revolución y América Latina.-Pág. 156

[29] R. Arismendi.- Vigencia del marxismo-leninismo. Ob. cit. Pág. 89.

[30] Renato Rabelo.- En A nova realidade internacional sob o primado dos Estados Unidos. Anita Garibaldi.- San Pablo.-2003.- Pág. 13

[31] Arismendi hace suya la opinión de Lenin, en el sentido de que el reformismo es una degeneración positivista del marxismo llevada al campo político. Lenin, la revolución y América Latina.- Ob. cit.- Pág. 383

[32] R. Arismedi.- Lenin, la revolución y América Latina.- Ob. cit. Págs. 382-383

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