Orienta el PCC *  debate profundo y libre del discurso de Raúl el 26 de julio.
Por Pedro Campos Santos.

Los problemas económicos, sociales y políticos que afronta el proceso revolucionario cubano, la ausencia de Fidel y un eventual cambio de política norteamericana, del bloqueo y la agresión hacia el acercamiento y la penetración, demandan una revitalización del socialismo en Cuba.

Circula en las estructuras del Partido Comunista de Cuba y de la Central de Trabajadores de Cuba  un documento con el emblema de la editora política,  orientando el debate del discurso de Raúl  el 26 de julio pasado, donde hacía una crítica de las deficiencias internas y llamaba a realizar “cambios estructurales” para enfrentar la situación existente.

En un ejemplo concreto hacia la democracia participativa, respondiendo a un clamor en las bases revolucionarias que se ha ido generalizando en los últimos meses y en evento que recuerda las fructíferas Asamblea Abiertas de 1980, el documento plantea que se deberá propiciar un debate profundo en ambiente de absoluta libertad y sinceridad acerca de los temas centrales del discurso. Se piden opiniones y propuestas sobre los temas planteados por Raúl como la producción de alimentos, sustitución de importaciones, elevación de la producción, eficiencia, ahorro y productividad, el gasto más allá del ingreso y la decisión de construir el socialismo, único elemento que jamás cuestionará un revolucionario cubano. Igual se deberán debatir otras opiniones y sugerencias con aspectos relacionados con la situación económica y social del país.

El documento, incluye la reflexión del Comandante en Jefe “La llama eterna” que él denominó su “otra proclama”, en la que señaló textualmente: “La lucha debe ser implacable contra nuestras propias deficiencias y contra el enemigo insolente que intenta apoderarse de Cuba…es deber sagrado reforzar sin tegua nuestra capacidad y preparación defensiva. Nadie se haga la menor ilusión de que el imperialismo…negociará con Cuba”.

Esta orientación del Partido es una muestra de la capacidad de rectificación en la dirección revolucionaria y una oportunidad  que los comunistas y revolucionarios, los trabajadores manuales e intelectuales honestos, no pueden dejar pasar sin manifestar todas sus opiniones y propuestas para convertir este proceso de discusiones en una fuente revitalizadora del socialismo cubano, aunque para algunos escépticos no pase de ser “otro llamado democrático al IV Congreso o una valvulita de escape ante la presión de la militancia”.

El discurso de Raúl el 26 de julio y las reflexiones de Fidel, indican claramente la compleja situación por la que atraviesa la Revolución Cubana, la cual  parece  invisible para otros quienes no acaban de entender el decisivo momento histórico que estamos viviendo.  No realizar los cambios que pidió Raúl en breve, elevará el actual nivel de agudización de las contradicciones sociales a una situación imprevisible, dado el aumento de la insatisfacción popular y el auge y extensión del cuestionamiento a la conducción actual de la  economía, la política y la sociedad.

La dura realidad que nos cuesta trabajo aceptar de que el Jefe histórico ya no estará probablemente en condiciones de seguir al frente del proceso y la preparación que evidentemente viene realizando  el imperio para cambiar paulatinamente su táctica política (**) de bloqueo y agresión por  la de acercamiento y penetración y aplicarla  en cuanto lo considere oportuno, nos obliga a acelerar los cambios imprescindibles en el sistema para garantizar -a la mayor brevedad posible- una revitalización del proyecto socialista cubano, que lo saque del actual estancamiento.

La defensa de la Revolución es un problema militar, pero también económico, político y social y sobre todo de apoyo masivo  popular.

Ningún gobierno del viejo socialismo de Estado neocapitalista, ni siquiera la Unión Soviética que derrotó al fascismo en la II Guerra Mundial, con todo su desarrollo nuclear y espacial estuvo en condiciones de aguantar la embestida imperialista “pacífica” de la “Convergencia” y el “Tendido de Puentes”. A 90 millas del enemigo histórico, con una economía en crisis, con tantas insatisfacciones económicas y sociales y con todas las deformaciones proto-capitalistas introducidas en el Periodo Especial, la única manera de confrontar lo que nos viene encima cuando ya el Imperialismo esté convencido de que no contamos con Fidel, es radicalizar el socialismo y hacerlo más participativo, democrático, autogestionario, inclusivo e integracionista: avanzar hacia la autogestión social socialista, que en su desarrollo irá transformando la mentalidad, las diferencias entre el trabajo manual y el intelectual y las relaciones mercantiles en intercambios equivalentes, el Socialismo del Siglo XXI.

La responsabilidad histórica por las consecuencias que se deriven para el socialismo en Cuba, América Latina y el mundo,  de no avanzar en esa dirección, recaerá sobre los que se oponen desde el propio aparato burocrático a rectificar el rumbo actual y torpedeen este llamado del Partido al debate.

Raúl expresó que hay que producir más para pagar más. Es verdad: si no hay más producción no puede haber más pago, pero si no hay esperanza de más pago difícilmente puede haber más producción. ¿El huevo o la gallina? Son factores interrelacionados, interdependientes y ninguno puede anteponerse. El problema está en la concepción de cómo organizar el trabajo y los recursos disponibles, las fuerzas productivas, para aumentar la producción y ponerla en función de los intereses de todos los cubanos y no de un grupo de ellos.

En el fondo de toda la problemática subyacen la contradicción principal  del socialismo de Estado, entre sus fines distributivos igualitaristas y sus medios productivos capitalistas (trabajo asalariado y organización mercantil orientada a la obtención de ganancias para el Estado) y la heredada del sistema capitalista -traspasada con el capitalismo de estado- consistente en que la producción siendo cada vez más extendida socialmente, la apropiación de la propiedad y del excedente social se ha seguido concentrando, antes en  los capitalistas, ahora en el aparato estatal. En lugar de avanzar hacia más socialización, el estatismo excesivo ha significado todo lo contrario.

La solución de estas contradicciones radica en la socialización de la apropiación de la propiedad y el excedente, y con ello en la democratización del poder y de la sociedad. Consecuentemente con esto corresponde a la etapa actual del proceso cubano, completar la revolución social iniciada con las nacionalizaciones y socializar esas propiedades, entregándolas en propiedad directa o en usufructo  (cogestión obrero estatal) a los colectivos laborales y sociales para garantizar la repartición del excedente.

Para ello, es necesario rectificar las equivocadas concepciones de que el socialismo es un problema de distribución,  que estatización es sinónimo de socialización y  que el estatismo fortalece al Estado proletario. Socialismo es un problema de las relaciones de producción que determina la distribución y el consumo. Socialización es repartición compartida de la propiedad, no centralización.El estatismos, contrariamente a lo esperado, va contra y debilita al Estado democrático de los trabajadores.

Para profundizar la revolución socialista, el aparato gubernamental actual, una parte del cual es elegida y otra designada,  sustentado en la propiedad del Estado y en la democracia indirecta representativa, debe transformarse paulatinamente en el  Estado democrático de los trabajadores basado en la socialización de la propiedad y del excedente y en la democracia participativa directa de los trabajadores y el pueblo en las decisiones principales que le conciernen en las empresas y en las comunidades, incluido el referéndum. Tal, sí reanimaría el respaldo popular al Estado  democrático  socialista de los trabajadores que así,  tendrían razón para identificarlo como suyo.  Esto fortalecería las bases reales del entusiasmo revolucionario de los trabajadores manuales e intelectuales,  aumentaría la capacidad de la clase trabajadora para controlar realmente toda la sociedad, incrementaría sustancialmente la producción y el ahorro, repartiría el peso de la responsabilidad social por el desarrollo multifacético del país entre todos, estimularía la iniciativa de los colectivos laborales y sociales  y generaría muchos más excedentes que los actuales para desarrollar los planes generales de interés social con la aprobación de todos, incluido el prioritario de la Defensa.

Los recientes decretos Leyes 251 y 252 sobre el comportamiento de los cuadros y el Perfeccionamiento Empresarial  tienen el propósito de mejorar la organización productiva, apelando sobre todo a cuestiones netamente subjetivas como la ética de los cuadros, la exigencia y  una “mayor participación de los trabajadores” en el proceso productivo pero sin darles las palancas de mando efectivas para lograrlo. Pero esos decretos no implican cambios estructurales, como los demandó Raúl.

En el seminario que acaba de impartirse a los dirigentes empresariales para instrumentar estos dos decretos, el compañero  Lage manifestó: “lo que no es eficiente no es socialista”. Debemos acabar de reconocer auto críticamente que salvo momentos y proyectos ocasionales, el sector de la economía basado en la propiedad del Estado y el trabajado asalariado, como norma no ha sido eficiente y cuando lo ha sido en apariencia, como en los últimos años, se ha debido a los bajos salarios pagados a los trabajadores, única explicación real a los altos índices de crecimiento con poco impacto en el nivel de vida de los cubanos. Si se pagaran los salarios como es debido a los trabajadores, los costos de la mano de obra harían inviable el proyecto de socialismo de Estado neocapitalista. Se ha demostrado teórica y prácticamente que la única forma de subsistir que tiene tal concepción de socialismo es no pagando los salarios correspondientes a los trabajadores productivos.

Tres problemas básicos afectan seriamente a la pobresía cubana: la alimentación, la vivienda y el transporte, por suerte la salud y la educación se mantienen en niveles aceptables, a pesar de sus deficiencias. Intentar resolverlos insuflando más recursos a la organización burocrática actual, es más de lo mismo sin lograr los resultados necesarios. La solución está en cambios estructurales organizativos del sistema productivo: descentralizar las decisiones y el control de los recursos, en combinación con la más amplia participación e  iniciativa de los trabajadores y productores en la gestión y toma de decisiones colectivas sobre la producción y el control de sus resultados económicos. Esto es tender a sustituir  la forma clásica capitalista de trabajo asalariado por la genérica socialista del trabajo asociativo o cooperativo.(***)
Si  la  mayoría de la organización estatal actual (incluidas tierras, medianas y pequeñas empresas industriales y de servicios) se estructurara en forma asociada, cooperativa, autogestionaria y cogestionada, entregando en usufructo la propiedad a los trabajadores, y manteniendo el control estatal sobre la empresas estratégicas, nada habría que temer al desarrollo de la producción mercantil simple en la agricultura, la industria y los servicios, por la sencilla razón de que se ha demostrado que la  producción cooperativa y autogestionaria  es muy superior en eficiencia y  contenido socio-político, y la tendencia de los pequeños privados, a mediano y largo plazo, sería naturalmente al cooperativismo.
La discusión que muchos compañeros hemos venido solicitando, está planteada.


Un próximo artículo expondrá 15 propuestas concretas para la revitalización del socialismo en Cuba.

31 de agosto de 2007
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*PCC. Partido Comunista de Cuba.