Ruben López
6/05/2018

El Plenario del Frente Amplio votó por postergar la decisión sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile.

Según informa El Pais:
Entre los sectores (85 miembros), apoyan: el Movimiento de Participación Popular (18 delegados), el Frente Líber Seregni (13 representantes), el Partido Socialista que cuenta con 10 y la Vertiente Artiguista con tres integrantes y Baluarte Progresista con uno.
En contra del TLC están el Partido Comunista y el Fidel (12 integrantes), la Lista 711 (5), Casa Grande (4), el Partido por la Victoria del Pueblo (2) y la Liga Federal (4).

Entre las bases (85) la mayoría se inclina por rechazar la firma del acuerdo. Así se definieron buena parte de las coordinadoras en Montevideo que totalizan 41 delegados y Canelones (10). (Tomado de El Pais 5/05/2018)


¿Por que no se debe firmar este TLC con Chile?

Listas negativas.  Al negociar con listas negativas, los servicios que no se excluyen expresamente en el acuerdo quedan liberalizados y en el futuro pueden aparecer, gracias a los avances tecnológicos, lo que limita cada vez más la posibilidad de un desarrollo soberano, el cual queda sometido al arbitrio de las multinacionales que pueden ir contra los Estados ante los tribunales internacionales.
Cláusula Statu quo. Los países se comprometen a no innovar en los estándares de protección establecidos luego de la firma del acuerdo y respecto de las medidas establecidas en los anexos, listas, reservas o exclusiones. Implica que no se puede dar marcha atrás en la liberalización comprometida.
Cláusula Trinquete. Los países se comprometen a que el nivel de protección que tienen en las políticas no se modificará, a no ser en un sentido de mayor conformidad con las reglas del acuerdo –es decir, en un sentido de mayor liberalización–. Limita la acción del Estado, dispone que los estados, una vez que liberalizaron o privatizaron un servicio, no pueden volver a regularlo.


“La resistencia a los TLC nace porque los contenidos negocian los derechos de los pueblos y la soberanía de los países para implementar sus propias políticas y estrategias de desarrollo. Esto constituye la razón principal por la que los textos deberían hacerse públicos, invitando a un debate nacional que vaya al hueso de los mecanismos y que proponga ideas para que efectivamente sean “trenes” a los que nos podamos subir todos y todas y que nos conduzcan inexorablemente a confirmar nuestro desarrollo sustentable. No sólo el secretismo en las negociaciones comerciales cuestionan la democracia. También los falsos argumentos.” (Natalia Carrau, FA-Casa Grande)

Democracia participativa
Esta discusión sobre el TLC con Chile, trae de la mano otro debate más profundo,  que es como resolver en el FA las cuestiones estratégicas o cuando surgen diferencias. Para estos casos, no ha sido la mejor experiencia, el Gobierno o la dirección del FA, han resueldo y después se buscan la aprobación, ya sea de los parlamentarios o de la fuerza política, tratando de forzar sobre los hechos consumados, lo cual lleva a enfrentamientos innecesarios.

La democracia cuestionada en el FA.
En diciembre de 2017 se informaba: “El presidente del Frente Amplio Javier Miranda y el FLS se oponen a convocar a un Plenario para definir si se debe ratificar o no el Tratado de Libre Comercio con Chile (TLC)”.  (Uypress -16/12/2017)

Los estatutos del FA son claros, la Dirección y quien debe decidir es el Plenario, que además debe reunirse cada dos meses.

    En tanto, el 5 de mayo el Plenario, reunido para tratar el tema, decidió postergar y que sea el Plenario quien tome decisión sobre el tratado, en una votación de 82 a 77.

    Aparte de esta mayoría contraria al TLC, están las internas del Partido Socialista,  que con estrecho margen de 12 a 10 en su Comité Ejecutivo, resolvió mandatar  a sus dirigentes a votar por la firma del tratado y el MPP, su ejecutivo no había resuelto tratando de encontrar una salida de consenso y Lucia Topolansky decía “he votado cosas con las que no estoy totalmente de acuerdo pero creo en la disciplina y en la democracia partidaria”.

    Así quedaron las cosas en el último Plenario. Siguiendo con nuestro razonamiento,

¿de qué democracia hablamos?
    Valenti plantea una propiedad transitiva, que fuerza la lógica, pero como es parte de una herencia cultural bien trabajada por la clase dominante, se ha hecho parte del “sentido común”: la gente votó en octubre y noviembre de 2014 y eligió Presidente y un Parlamento, ahora éstos son los legítimos y únicos representantes de la voluntad popular. Como dijera Marx, parece que los trabajadores tienen derecho, en las Repúblicas modernas, a nombrar “un  Rey cada 5 años”. Y no es el único, claro.
    Primero. Esa idea va contra toda la tradición del FA y los dichos y hechos del Gral. Seregni, durante su vida, que planteaba como principio irrenunciable, pertenecer a una fuerza política de carácter permanente, no limitada a los actos electorales, como acostumbra la derecha. El FA nacía para cambiar, también, la forma de hacer política.
    Segundo. Es dudoso que el Presidente y una pequeña cúpula  -ya fueran los cabezas de lista en la década del 90, hoy los notorios referentes del FA que no pasan de media docena-, interpretando a un millón, sea más democrático que la consulta -para los temas estratégicos, claro-, de decenas de miles de militantes y adherentes, debatiendo, estudiando, incluso informando y en consulta con el conjunto del pueblo.
    Tercero. Promoviendo la información, la participación, el estudio, la formación, que es parte sustancial de la actividad política de una izquierda que busca los cambios, no es difícil que al saberse escuchados, útiles, sujetos, sean cientos de miles que se incorporen a ese rico juego democrático, que es construir su propio destino.
    Cuarto.  Izquierda y cambio es decisión y dirección colectiva, es participar, es formar gente, es delegar y controlar. No es el lider que debe resolver por la masa, sino que su tarea es al contrario, enseñar y aprender con el conjunto del pueblo. Impulsar la verdadera formación,  la que se da en la práctica diaria en la tarea de dar solución a los problemas concretos  en la comunidad, con la propia gente.
    Quinto. Por ello juega un importante rol el Partido. La organización para la izquierda es el elemento capaz de derrotar esa idea matrizada -”los políticos son todos iguales”- en la cabeza de los pueblos y que hace tanto daño, pues deja en las manos de la clase dominante ese instrumento de dominación que es el Estado. La actualidad nos muestra, y la experiencia de Brasil es un ejemplo, como  el poder logra sostenerse en base a ríos de dinero, convenciendo a través del monopolio de la comunicación y la información, comprando cuando no puede convencer, y por la violencia y el terror si no puede comprar.
    Además desgraciadamente la sociedad en la  que a muchos les importa poco  la vida política, deja que otros resuelvan,  no cree en  el compromiso, cree que siempre va a medrar el interés espurio, personal, egoísta, que cada uno cuide sólo de si mismo. Para estos ciudadanos, los políticos son todos iguales, corruptos, con excepciones que confirman la regla.

Recurrimos, entonces a este fragmento de Germán Wettstein, que en una recopilación de discursos de Seregni, creo que interpreta de forma cabal su pensamiento:

“ninguno de esos militantes estaba dispuesto a abandonar sus banderas, a entregarlas a representantes para que estos actuaran separados del pueblo.”

 “el Frente encarna una nueva concepción de la vida política: porque los militantes populares, los miles de combatientes contra la dictadura, no participaban en modo alguno de esa concepción que proclama la derecha, según la cual el único acto político del ciudadano debe ser el voto,según la cual, después de votar cada uno debe irse a atender sus asuntos personales, dejando a los representantes políticos el manejo de los asuntos nacionales. No; ninguno de los millares de militantes que antes del 5 de febrero de 1971 ya habían integrado el Frente, ninguno de esos militantes estaba dispuesto a abandonar sus banderas, a entregarlas a representantes para que estos actuaran separados del pueblo.
Cada militante frentista es un político, y así debe ser. Para eliminar la politiquería, dijimos una vez, promovemos la politización. Eso ya lo saben, ya lo cumplen los militantes frentistas, de ahí que sea muy natural, muy necesario que la organización institucional se pliegue a este deseo de los militantes, y que los comités de base se integren como otro elemento rector de la actividad frentista.” (Germán Wettstein López. Liber Seregni. La autoridad del Pueblo. Mayo 1982)