Con Ramón Gutiérrez, presidente de la Unidad Cooperaria Nº1 de Cololó (Mercedes)
1 Feb 2018
Hemisferio Izquierdo/Separata: Neo-ruralismo

 Hemisferio Izquierdo: La masiva movilización de diversos tipos de productores agropecuarios indudablemente sacudió el panorama social y político del Uruguay. ¿Qué causas, motivos e intereses identificas detrás de este movimiento?

Ramón Gutiérrez: Las causas (en su esencia) no deben buscarse en el tiro corto, sino tomar un poco de aire y paciencia para ir hacia atrás en la historia nacional, en los ciclos de alza y baja de nuestra economía. El elemento central que determina la movilización es el cambio en el escenario internacional de precios, que provocó distintos traspiés desde el 2014 a esta parte. Como atrás del pico de ansiedad viene el bajón, atrás de la inyección rabiosa de recursos que significó el boom agrícola (y atrás de este, del resto de productos agropecuarios), viene un reacomodo donde hay perjudicados. Y todo reacomodo del capital cuando este ordena la sociedad, es un sacudón para el pueblo. Pensar que solo sufre el empresario cuando este fracasa, es no entender que en la sociedad en que vivimos es él quien manda y lógicamente que va a haber un pedazo de pueblo perjudicado por su baja de ganancias, a no ser que pasemos a la ofensiva de agarrar nosotros el toro por las guampas. Esta fue la razón por la cual un problema presuntamente gremial, encontró adhesiones rápidamente en el interior y porqué la plataforma es esencialmente patronal, pero con guiños populares. Sería una reacción simplista pensar que es posible que este problema afecte solo al empresariado rural y no traiga consigo problemas para todos.
 
Si circula menos guita porque el grueso de las exportaciones que hacemos son agropecuarias, el ajuste está instalado y el asunto es quien paga más. El cerno de esta crisis (que aguardábamos teóricamente, pero que ahora muestra una manifestación social colectiva), es el asunto de la historia nacional que es la renta del suelo y la puja por como se distribuye. Esa puja ocurre en forma de lucha social, electoral (o dictaduras) cuando se achican los márgenes. Cuando la cosa viene bien hay para todos, los rentistas la juntan en pala, los capitalistas acumulan y la pasan bien y el pueblo se conforma con agarrar un poco. Fue la historia reciente de la primavera progresista.
 
Después hay causas sectoriales que fueron juntando angustias. La lechería sufrió en 2015 un golpe que volteó algunas industrias golondrinas y endeudó a todo el sector. Hubo un desfasaje brutal y repentino entre el precio del producto vendido y todo el capital que el sector adelanta mediante inversiones en diversos insumos (que habían sido comprados para otra realidad económica). Esto generó que el 2016 financieramente detonaran varios establecimientos con poca espalda. El reacomodo de los margenes del negocio lechero fue relativamente rápido, pero para los productores especializados el golpe financiero fue duro y aún persiste. En algunas cuencas por fuera de CONAPROLE, la lechería no levantó cabeza y el problema económico persistió con precios de leche insostenibles. Allí está la cuenca litoral norte, de INDULACSA como paradigmática, ahora con PILI en Paysandú complicada, CALCAR de colonia que tuvo sus problemas y en el noreste con la cuenca de COLEME, que entro en una crisis estructural. En la lechería, hay ademas por supuesto un grupo de remitentes a pequeñas y medianas plantas cuyo precio es inferior al pago de CONAPROLE y hay un conjunto de queseros artesanales cuyo ingreso depende exclusivamente del mercado interno y que en su mayoría valorizan el litro de leche con más trabajo familiar y compitiendo en negro. Hay un abanico de productores familiares al filo en este rubro de manera permanente, más aun cuando la lechería se comporta como un rubro agrícola con flujos de elevados montos de dinero permanente por la intensidad de la producción. La ola de descontento rápidamente convoca a todos estos perjudicados de siempre y encuentran allí algo que jamas sienten que es poder, poder verdadero, fuerza, porque se arrecostaron contra algunos nenes que efectivamente mueven guita empila: sienten poder porque están junto al poder de los terratenientes y del capital agrario y se sienten pueblo luchando contra el poder, porque todos los partidos sin distinción abonaron la infantil idea de asimilar gobierno con poder.
 
A nivel agrícola hay que pensar que un componente central del dinamismo lo aportaban capitales nacionales y extranjeros que arrendaban campos. El cambio de precios de los productos alteró la ecuación del negocio, en particular los cultivos de invierno cuyos márgenes son mínimos (o de pérdida) de tres años a esta parte. Esta última zafra de invierno arrojó pérdidas notorias por bajos rendimientos (año lluvioso). Si el ejercicio 2016-2017 no hubiera sido tan bueno en rendimientos, este problema hubiera saltado antes. El arroz que fue extendiendo su cuenca en base a arrendamiento tal como los agricultores de secano, deben reacomodar su negocio en este escenario de precios.
 
Pero los capitales nacionales a diferencia de los foráneos, que clavaron la uña al toque como buen especulador, tienden a resistirse a este reacomodo económico que significa un reacomodo territorial. Es el mal de la dependencia y de dejar que fluya la organización territorial de acuerdo a coyunturas internacionales sin mayor definición estratégica del uso prioritario de los territorios y sin meterte con la función social de la tierra. Es propio de la ley de la selva, donde los que acá parecen leones, en el mundo son cervatillos y la "mano invisible" que fija los precios los mandó al muere, les disminuyó la escala o los dejó sin base territorial viable.
 
El capitalismo tiende a fijar los precios de acuerdo al costo medio de producción en el mundo. Más allá del componente de especulación, de refugio financiero en la tierra, etc. que pudiera explicar el boom agrícola, tarde o temprano la ley del capital se cumple, son los ciclos. En ese reacomodo, los capitales más ineficientes quedan afuera: ahí están las cuencas agrícolas nuevas que se formaron por el boom de los precios y esta como un asunto permanente los productores familiares cuya escala siempre atenta contra sus márgenes en un escenario de competencia que le viene impuesto.
 
La ganadería no sufre, a diferencia de estos rubros, un sobre costo por renta (en su mayor parte). Pero están en este rubro la mayor parte de los productores familiares y la tendencia como manda el mercado es a la concentración del capital y los ganaderos precisan tendencialmente cada vez más escala para permanecer competitivos o para vivir de eso dignamente. Es el sector a su vez más endeudado con la banca en términos absolutos.
 
Es interesante ver como la ola subjetiva generada fue tan brutal que muchos productores granjeros se plegaron a reivindicaciones ajenas. En definitiva sentir la fuerza "del campo" resulta gratificante y un sector siempre al filo como el granjero aprovechó la volada, aunque saben que el aumento del dolar no es para ellos.
 
Debe pensarse que atado a estos reacomodos del capital, se reacomoda el (des)empleo, el sub empleo, se reacomodan los servicios directos e indirectos, se reacomoda el transporte con un mercado sobredimensionado para una realidad que ya no es y circula menos plata en el interior lo que explica el aumento del desempleo de unos años a esta parte (más de 30.000 puestos). Este escenario económico, unido a un fin de primavera 2017 secon y un comienzo de verano que obligo algunas resiembras, unieron la dificultad económica de muchos, el endeudamiento de otros tantos, con pesimismo en las perspectivas y un contexto político regional propicio a un fin de ciclo para los gobiernos progresistas (o genéricamente de izquierda) y otro escenario político nacional pautado por el desgaste del caso Sendic y la administración de Ancap, ademas del propio de tres periodos de gobierno.
 
Debe sumarse a este aspecto otras variables propias de las gremiales empresariales: en 2016 se forma la Confederacion de cámaras empresariales del Uruguay integrada entre otras por ARU y FR, el consejo de salarios rurales en el grupo 22 se laudo por decreto del gobierno con aumentos significativos para los trabajadores y este año hay ronda de consejo de salario. La variable salarial lógicamente esta arriba de la mesa como otro elemento central. El empresariado agropecuario dió el primer golpe y marcó la cancha para este año llamando al ajuste general del Estado y los salarios. Lo hace porque son las dos variables que puede intentar alterar para mantener sus tasas de ganancia, sin generar divisiones dentro de su clase, entre terratenientes y productores arrendatarios.
 
Las redes sociales, particularmente el watstup facilitó la siempre dificultosa comunicación entre el medio rural, los relatos en audio, los intercambios lograron una agitación inusitada y el desmarque de las organizaciones tradicionales permitió un conjunto coral de voceros que transformo un problema gremial (claramente identificable con una clase social) en un asunto del conjunto del pueblo (contradictorio, con matices de intereses). Es el primer coletazo de una economía en ajuste por la baja de precios de lo que exporta. A medida que la movilización aumento, la virulencia de los discursos también y del no podemos más, se pasó a una crítica frontal al gobierno y su eficiencia y posteriormente en las redes comenzaron a circular proyectos alternativos en la imagen del gobierno de Macri en Argentina, videos antichavistas y un largo etc. De la desesperación al reclamo gremial y de este a un proyecto para el país con cimiento neoliberal. De la convocatoria a una asamblea en Durazno, se pasó a una tribuna con discursos relatados en la voz del conservadurismo rural y el interlocutor de los agronegocios, representando claramente los intereses del empresariado y los propietarios rurales.
 
Las causas del malestar y escasez de perspectivas entonces lógicamente son genuinas, el capital no pierde tiempo si la está pasando bien, ni tampoco los laburantes. Lo tremendo es como el interés de los grandes capitales logra hegemonizar la movilización y logra que un conjunto amplio de productores familiares y trabajadores del pueblo hagan suyas las reivindicaciones de otra clase. La plataforma programática busca construir la fantasía que mejorando la administración, achicando al Estado, mejorando algunas tarifas y ajustando el tipo de cambio todos ganamos, porque con el agro ganamos todos. Esa es la mentira de fondo. No existe win-win cuando la economía exige ajuste, unos ganan y otros pierden.
 
Diría por último para redondear la pregunta, que las causas del conjunto convocado son múltiples, en algunos casos son de disputa de poder en la cancha grande para los agroexportadores, en algunos casos más inmediatista para los chicos (preciso reestructurar mi deuda, que no me echen de la colonia, ganar algún peso más por lo que produzco, etc.), en otros político - ideológico y esperan dar a matar hasta terminar de desgastar el gobierno y apuntar a un orden claramente identificado con el neoliberalismo, en algunos trabajadores y cuentapropistas del pueblo la fantasía de que vuelva a circular la misma guita que en el boom agrícola para mantener el laburo o el ingreso.
 
HI: Uno de los rasgos del movimiento es que viene agrupando intereses de diversas clases, estratos y sectores del agro. En ese escenario ¿cuáles deberían ser los énfasis de un programa de izquierda que permita "separar la paja del trigo"? ¿Qué medidas específicas se podrían levantar?
 
RG: Lo primero es lograr entablar un dialogo que permita ahondar en el fenómeno que explica la crisis. Sin ese piso gana la simplificación y la queja al gobierno (que es parte, pero no soluciona un drama que tiene que ver con el sistema en que vivimos). El segundo es saber que las soluciones no serán compatibles para los agro-exportadores y los que producen para el mercado interno (tipo de cambio), más aún cuando exista endeudamiento en dólares. El tercero es separar entre productores familiares y empresarios, los primeros precisan seguir generando capacidades individuales y colectivas que le permitan palear los problemas de escala, mientras algunos empresarios tienen escala para un rubro que en este momento no le cierran los números o están en territorios que quedaron fuera de margen o tienen problemas de tenencia de tierra; el cuarto debe separar entre empresarios y terratenientes, los primeros cumplen un rol dirigente de la producción relevante y los segundos un rol parásito y por último debemos con sutileza separar lo que es una reivindicación ideológica "bajen el costo del estado" de la legítima pelea porque la función pública se cumpla para el interés de las mayorías de manera efectiva y eficiente.
 
Los programas son para el conjunto de la sociedad. No hay programa que salde definitivamente una disputa de cuerpo. No habrá alternativa mejor para alguien que gana en dólares que subir 10% el precio del dolar. Con eso es difícil competir asique un ganadero por más chico que sea sabe que eso es más plata para su bolso. El nudo crítico entonces aquí es pensar un proyecto superador que tenga intereses propios de los que vivimos de la producción agropecuaria, pero con el aplomo patriótico de saber que somos parte de un conjunto mayor y que no habrá medida que nos favorezca que no afecte a otros.
 
Hay medidas que no son programáticas clásicas, son de política estratégica del sujeto social que promueve transformaciones socializantes. Lo primero es reafirmar un cuerpo de alianzas que enfrente la restauración terrateniente. ¿Por qué hay un punto crítico ahora? Y los terratenientes están en el dilema histórico, si los agricultores son rentables con una renta muy baja, los propietarios vuelven a la ganadería extensiva. Así que decidieron ir juntos contra el Estado. Si los capitales extranjeros que vinieron a dinamizar el boom agrícola salieron disparando y quedan los burgueses locales nostalgiando buenos tiempos, lo que debemos decir es que el reacomodo es una oportunidad para avanzar en la socialización de la tierra, porque lo que está en crisis es el modelo del capital y su proyecto de desarrollo. La alianza debe ser entre productores familiares, asalariados rurales y trabajadores urbanos organizados. Los burgueses podrán sumarse si se animaran a enfrentar a los terratenientes, pero no hay indicios de que así sea. Seguro que un burgués productor, cuando no lo tiene, debe acceder a un pedazo de tierra donde trabajar.
 
Frente a la discusión sobre políticas sociales y cuánto se invierte y si la gente que recibe un poco de dinero lo merece o no, levantar la bandera del trabajo en contra de toda forma de parasitismo, al tiempo que decir claro está, que la discusión de fondo es ¿Qué pasa con la población sobrante en Uruguay y el derecho al trabajo? Y decir al paso siguiente, que en nuestra economía la salida está en la tierra, no en otro lado. Hace rato que se ensaya en la dirección equivocada, haciendo crecer las ciudades en la periferia sin perspectiva de creación de fuentes genuinas de trabajo. Esa es la crisis del modelo, ni el neoliberalismo, ni el neodesarrollismo saldan ese problema porque ambos optan porque mande el capital y el capital precisa población sobrante para abaratar la fuerza de trabajo y para dividir a la clase entre trabajadores y excluidos que garantizan contradicciones internas permanentes.
 
Las medidas de corto plazo para salir a contestar esta embestida patronal que arrastra consigo la fuerza de un cacho de pueblo trabajador, deben pasar prioritariamente por reafirmar la función social de la tierra poniendo en debate mecanismos que garanticen que el rentismo de los estancieros no afecte de modo alguno la necesidad de la producción. La propiedad privada se constituye para beneficio de la nación, no es un asunto de la naturaleza, deberemos entonces, habiendo aprendido sobradamente de la historia, avanzar en medidas que limiten la arbitrariedad de los propietarios regulando los precios de los arrendamientos. En paralelo avanzar en la propiedad pública de la tierra que permita seguir democratizando esta riqueza y este poder dentro de la clase trabajadora. Mientras 8000 firmas tengan el 60% del territorio nos tienen agarrados de las bolas. Para nosotros, que baje el precio de la tierra no es un problema, podremos coincidir que es un indicador de que el negocio está peor. Pero para los que queremos democratizar la tierra, recuperarla como bien social, es una oportunidad para dar el zarpazo, para corroer al poder terrateniente y reinstalar en el imaginario de que es posible una nación mucho más descentralizada y equilibrada entre campo y ciudad, entre interior y Montevideo, siempre que el paisaje humano se modifique y la tierra empiece a estar en muchas más manos. Limitar la extensión bajo propiedad de una firma y aumentar la carga impositiva a la gran estancia en paralelo a dar respuesta de apoyo irrestricto a la producción familiar para que sigan viviendo de la producción así como poner una muleta potente y racional a los sectores dinámicos agrícola y lechero.
 
Debemos asimismo reivindicar la participación de los trabajadores organizados y de la sociedad civil incluyendo los productores organizados de rubros estratégicos para el país, en el contralor de los entes públicos. Ensanchar la democracia por esta vía y sacarle el patrimonio del contralor a los partidos. Esto permite reafirmar la importancia de que los entes autónomos sean públicos y que podamos ensayar criticas a su eficiencia con informacion de primera mano y no en base a una idea general de bajar el costo del estado que no deja de abonar el terreno a la privatización y por tanto al achique de la democracia. Si se habla del precio de la energía es porque es público, nadie llama a bajar el precio de los insumos porque ahí manda el despotismo del mercado.
 
Hay que reivindicar también la descentralización de los dineros públicos. Si somos capaces de historizar para ver a qué clase benefician estos reclamos, también debemos hacerlo para ver que la acumulación de riqueza en la ciudad y particularmente en la capital se ha hecho en base a una transferencia de recursos desde el medio rural, no así a la riqueza generada allí. El modelo de Montevideo ciudad-puerto como polo absorbente fue muy funcional de dos estratos sociales: los estancieros y la alta burocracia. Esta disociación entre riqueza (rural) y poblamiento (ciudadano-capitalino) hay que quebrarla porque no se sostiene y por tanto está bien que "el campo" dispute esos recursos, solo que debemos hacerlo comprándonos el problema de la gente que debe venir atrás de dichos recursos. Ante la propuesta de achique de lo público o disminución de impuestos al agro, discriminar grupos y sectores y sentenciar que aquello que aporta el medio rural vuelva en servicios, inversión publica, más colonias, que permitan una contratendencia al despoblamiento. Si nosotros pagamos al INC un arrendamiento al estado de x ¿Es todo renta del suelo? ¿O podemos pensar que existe también una extracción de excedentes del trabajo de nosotros? Si es así, ¿No es razonable pensar que parte de ese dinero vuelva al territorio como fondos que permitan dar funcionalidad política a los espacios de participación social descentralizada como las Mesas de desarrollo rural? Según datos del BM nuestra población rural (5,6%) es inferior a la que tienen países mucho más industrializados (Unión Europea más de 20%, EEUU 18%, NZ 14%, Chile y Australia 10%). Es entonces claro que el despoblamiento no obedece solo a una tendencia "natural" del desarrollo civilizatorio, mucho menos por industrialización. Hay que reivindicar que para un colono, no hay mejor política que otro colono cerquita, así las capacidades se multiplican, así las posibilidades de servicios también y con ella las capacidades creativas al servicio de la alegría de los pobladores, para no ser solo burros de carga al servicio de los commodities que precisa vender la nación para importar cosas, sino construir efectivamente cultura.
 
Del mismo modo, sopesar el costo de estructura de las instituciones públicas vinculadas al medio rural y los recursos volcados al territorio. Entiendo legitima la bandera anti-burocrática porque a este país y a la izquierda le sobra pasta intelectual, le sobra cultura administrativa y le falta pasta obrera y del quehacer práctico, pero tal como ha sido enunciada por los autoconvocados tiene el poder del prejuicio que cultiva una ideología a favor del mercado y en contra de lo público que es lo que permite avanzar en la democracia de base. Sin embargo, debe reconocerse en la contradicción campo-ciudad otra contradicción genuina y determinante en el devenir histórico de nuestra nación que es la contradicción entre trabajo manual e intelectual. Hay una reivindicación obrera del trabajo productivo directo cuando se movilizan los productores familiares y una clara manifestación de desprecio del que sin ensuciarse y sin gastarse vive en mejores condiciones económicas. Poner sobre la mesa el peso de la estructura así como el perfil gestionista del trabajo público permitiría, más que achicar recursos, reorientar recursos públicos para que lleguen directamente a los beneficiarios o se orienten a la creación y la producción (no solo a la administración y el contralor).
 
El Estado es el segundo gran empleador de los profesionales agrarios. Debe orientar su contratación a un compromiso mucho más arraigado con los territorios rurales directamente, solucionando los problemas concretos de la gente. Del mismo modo, la defensa de lo público y del Estado no debe en ningún caso ser cómplice de la desigualdad. Cuando grita un paisano lo hace contra un ñoqui, contra un gerente del BROU, de UTE o ANCAP o a lo que gana un legislador. Una defensa ciega de lo público no debe obviar lo oprobioso de que un servidor público esté tan despegado del conjunto de los trabajadores de este país con un 50% que gana 18.000 pesos. Se separa la paja del trigo diciendo también que frente al ajuste, más igualdad y que eso corra para todos. Y si la holgazanería es parte de la cultura de lo público dentro del Estado Burgués, las fuerzas socialistas no deben barrer abajo de la alfombra, sino combatirlo frontalmente porque no hay mejor favor para el enemigo que ese y está bien pedirle cuentas a los que dirigen la batuta si son parte del problema o no están pudiendo hacerse cargo de organizar a los trabajadores del pueblo. Ningún fiolo y ningún parásito en las filas nuestras, nos darán las fuerzas para enfrentar todas las formas de parasitismo, incluida el rentismo y la explotación del trabajo. Cualquiera que haya pasado por la función pública sabe que es tan cierto que hay fiolos, como compañeros con la camiseta puesta, mal le hace al proyecto de nuestra clase que las reivindicaciones de cuerpo omitan enfrentar esta contradicción que tiene carácter estratégico: combatir toda forma de parasitismo.
 
Respecto al endeudamiento, entiendo que hay que defender a morir a los que viven de su trabajo y que no se vaya un productor por haberse endeudado trabajando. Habrá trabajo empila en el caso a caso, pero hay que defender a cada compañero que decide vivir en el campo produciendo en base a su trabajo y separarlo claramente del que esta hasta las manos por especular.
 
Como síntesis conceptual, frente a los dos grandes modelos en disputa: El neoliberalismo sacado de la tumba por los representantes de los sectores agro-exportadores (como si la mayoría de los productores familiares pudieran sobrevivir a la ley de la selva sin un Estado fuerte), el Neodesarrollismo que apuesta a la inversión extranjera directa y a un Estado con políticas compensatoria que mitiguen los males propios del sistema; es preciso levantar un tercer modelo que se base en un imaginario radical de cambio social en Uruguay, que haga cimiento en la rica experiencia asociativa de la producción familiar, que aprenda de la experiencia de los trabajadores rurales y urbanos gestionando tierra, fábricas, molinos y que posicione un cambio histórico, profundamente Artiguista que recupere la idea de que el territorio lo hacemos y que al dar el poder sobre la tierra a los trabajadores y productores familiares, no sólo estaremos abordando el problema de los asalariados rurales y los productores familiares, estaremos hablando sobre el reparto de la riqueza y del poder y estaremos hablando del destino de la población sobrante y de la posibilidad de una planificación territorial (claramente flexible en un país dependiente como el nuestro) que permita otra estabilidad ante las embestidas del capital especulador.
 
La dependencia es el telón de fondo del problema de la bajada de precios e incluso de parte de las demandas de baja del precio de los combustibles. Más allá de que no hay salida fácil al asunto, debemos insistir en al menos tres líneas: 1- el agregado de valor de los productos agropecuarios que mayormente exportamos como commodities, 2- el estudio y avance nacional sobre el comercio exterior para captar parte de esa ganancia y 3- en reorientar el conjunto de la institucionalidad generadora de conocimiento para un modelo que tenga como eje la soberanía: Mas conocimiento sobre agroecología, más producción de bioinsumos, más independencia de energía y derivados del petroleo, más conocimiento en alternativas que tengan más trabajo (de calidad) si este sustituye insumos importados. No se trata en este ultimo punto de asumir que es fácil la transición, no creo que lo sea, es asumir que hay que invertir estratégicamente en conocimiento y no al servicio del paquete que viene ganando y que responde a intereses del oligopolio de los agroinsumos.
 
 HI: Dado que integras una cooperativa de producción agropecuaria en tierras del Estado como es la Unidad Cooperaria Nº1 de Cololó ¿qué elementos aporta esta experiencia para pensar un programa alternativo para el campo uruguayo?

RG: En nuestro caso, el colono es la Cooperativa. No solo la tierra es propiedad social, sino que al estar cooperativizados el capital que acumulamos permanece y se vuelve social también en la medida que si quisiéramos rematarlo, el 50% va a INACOOP. Nosotros hoy producimos gracias al capital forjado por otros compañeros de la Cooperativa que ni siquiera conocemos, vivimos en unas viviendas realizadas por trabajadores de este emprendimiento de hace más de 6 décadas. Acá una casa vacía no se vuelve tapera, la usa otro o bien se reapropia colectivamente como espacio para la formación en oficios rurales y asociativismo.
 
Cabe resaltar que cuando la tierra está en manos de los trabajadores, la población rural aumenta y las actividades productivas, sociales y culturales también. Posiblemente viva en nuestra colonia entre 5 y 10 veces más personas que en un establecimiento similar de la cuenca agrícola donde estamos. Lo que se concentra en una o dos familias, aquí se reparte en 15. Lo que captan terratenientes, burgueses y mandos medios, aquí se reparte entre todos los trabajadores. Donde los trabajadores no pueden residir o lo hacen solo algunos, aquí vivimos todos con familia ampliada. Donde el territorio es solo aparato productivo aquí es lugar de vida, comunidad y centro de creación cultural. Donde el desierto verde no soporta una escuela en miles de hectáreas a la redonda, aquí tenemos una dentro de la Cooperativa con un lote de gurises.
 
Si bien claramente arrastramos la herencia patriarcal del sistema en que vivimos, cada trabajador es un socio y no hay aquí derechos distintos según género. La cooperativización permite potencialmente quebrar relaciones de desigualdad que a veces son más difícil en una unidad económica familiar. Del mismo modo permite dar cabida a proyectos de vida compatibles pero diferentes a la vez. La mayoría de las parejas de la cooperativa no comparten lugar de trabajo (una tambera y otro agricultor, una auxiliar de la escuela y otro recriador, una costurera y otro ganadero, una industrial y otro agricultor, una maestra y otro tambero, uno chanchero otra administrativa, etc.), cuando la norma en la producción familiar es que ambos produzcan en el mismo rubro. Estas diferencias entre una cooperativa y un establecimiento familiar no la posicionan en un lugar superior moralmente, sino que abren posibilidades distintas que un emprendimiento especializado no permite.
 
El segundo es la diversificación de la producción (tambo para remisión, industria láctea artesanal, ganadería ciclo completo, campo de recría lechero, agricultura de secano, cría de cerdos), que nos permitió a nosotros, siendo unos peludos, transferir recursos de secciones superhabitarias durante los precios malos, a secciones a pérdida (específicamente desde la agricultura a la lechería). Este aspecto hace que el costo financiero de nuestra cooperativa al día de hoy sea despreciable respecto de muchos productores especializados, o hizo que pudiéramos invertir U$S 200.000 cuando algunos empresarios especializados con un nivel de vida muy superior al nuestro estén endeudados hasta el tuétano. La diversificación es parte de la cultura del litoral agrícola ganadero, pero el boom le robó unos años de historia y hay que retomar la senda. Para nosotros es una apuesta estratégica económica, pero también humana. Absorbemos de esta manera algunas contradicciones del sistema, procurando crear alternativas de laburo para más familias.
 
Del mismo modo, la cooperativización, hace que cada uno de nosotros pueda disfrutar de los beneficios del descanso de cualquier trabajador (cosa que la producción familiar no tiene), tenemos días libres en el mes y tenemos licencia. El compromiso de cada socio de la cooperativa es trabajar 24 jornadas al mes, eso significa que hoy tenemos un régimen mas ventajoso que el de los trabajadores asalariados (48 hs semanales). Lógicamente que esto depende del mes y de las necesidades zafrales de la cooperativa. Asimismo la autogestión permite flexibilidad en el régimen laboral, siempre que nos organicemos. Si preciso ir al pueblo por una vuelta el compañero me cubre. Si se enfermó un pariente y no puedo laburar un tiempo, nosotros lo cubrimos y luego el compañero retorna, pero no pierde el laburo. Si hay que cambiarse de tarea porque se precisa un refuerzo se hace. Nadie puede hacerle asco a la changa que es necesaria.
 
La escala es también determinante: la Cooperativa es un emprendimiento de 2225 has, lo que le permite una escala agrícola, lechera, ganadera y de recría importante para incrementar la productividad del trabajo y amortizar el capital debidamente. Con nuestros problemas, pero la escala de producción nos permite sobrevivir en el sistema capitalista porque amortizamos el conjunto de la maquinaria en una superficie importante o diluimos nuestra retribución en un producto importante. Muchas veces la estructura es pesada para un productor chico, pero hay herramientas que hay que tener porque la precisas en la diaria, así la uses poco.
 
El modo de vida comunitario (en lugar de cada productor en su parcela) permite también dar cabida a emprendimientos artesanales que sirven para dar actividad a integrantes de la comunidad sub empleados: panadería, costura, etc. Esas posibilidades surgen de la cercanía, de la cultura del trabajo colectivo que engendra la cooperativización y de tener infraestructura común para el despliegue de un sinnúmero de actividades. Aun subexplotado, pero si en el germen de nuestra cooperativa está la idea de desarrollo endógeno y de relación con el mercado interno. La Cooperaria tiene una industria láctea artesanal que produce para el mercado local y en los orígenes lo hacía con frutas y verduras. Esta pata lógicamente que es la mas sensible a la competencia capitalista y por eso no ha sobrevivido, pero en la medida que pisemos firmes debemos recuperar esta pata con fuerza porque nos sitúa de otra manera, como productores de alimentos y no solo como trabajadores de la cadena agroexpotradora. El agregado de valor dentro de los territorios rurales es otro aspecto que merece prestar atención y que Latinoamérica tiene experiencias de avanzada en la producción de insumos, a nivel molinero o con frigoríficos de pequeña escala.
 
Entiendo asimismo que en la experiencia actual estamos poniendo sobre la mesa una necesidad difícil porque obedece a un devenir histórico poco frecuente: es imperioso que la matriz de experiencia de quienes nos asociamos para producir sea diversa. Hoy confluimos en la Cooperaria universitarios, asalariados urbanos, asalariados rurales, hijos de productores, pobladores de la periferia históricamente excluidos. Esta diversidad trae consigo problemas, pero mucha riqueza si hay capacidad de gestionarla colectivamente. El modelo al que apostamos reconoce los roles y la importancia de la calificación de cada trabajador en su puesto, pero apuesta a la multifuncionalidad, rompiendo la división del trabajo manual e intelectual y a la rotación siempre que sea necesaria. No hay ningún compañero que zafe de las tareas de la producción sin importar su titulo o cargo, así como no hay compañero que zafe de incrementar su conocimiento sin importar el nivel de educación formal al que logro acceder en su niñez y juventud. La apuesta es a una Cooperativa donde el proceso permita que cada compañero a su tiempo vaya teniendo más herramientas para ser cogestor del emprendimiento, así como evitar la concentración de poder, que trae la especialización, o la exclusividad en una tarea. No hay tarea estratégica que haga un solo compañero. Para cada maquina habrá al menos dos que la puedan manejar. Para cada tarea administrativa, al menos dos que la puedan hacer, para cada técnica de avanzada en el proceso productivo como la inseminación, habrá por lo menos dos que la realicen, para cada sección productiva deberán haber por lo menos dos compañeros que la puedan dirigir. Se avanza en igualdad igualando derechos y obligaciones y levantando el piso de conocimientos y capacidades que permitan cumplir roles importantes para la cooperativa.

En otros asuntos tenemos problemas obviamente y no somos el mejor ejemplo. No pretendemos negar nuestras falencias, venimos de una historia y arrastramos los dramas individuales y colectivos de la misma. Pero el proceso es de avance y hay jugo para sacar. Puedo afirmar que si los trabajadores se disponen al sacrificio de ser patrones de si mismos superando las relaciones de explotación y subordinación y si los técnicos y universitarios se disponen a abandonar el mito liberal de ejercicio profesional y el triste destino de creerse íntimamente merecedores de un pedazo mayor a cualquier trabajador, en Uruguay no hace falta nada para que exista mucho más riqueza circulando entre las mayorías. Cabe la pregunta ¿Adonde va el dinero que juntan en pala los terratenientes? ¿Circula? ¿Queda todo en los bancos de Uruguay? ¿O sale para otros países? Ojo con los patriotas que lo único que tienen de orientales es el titulo de propiedad de la tierra y los colmillos prendidos del cuello de nosotros, pero que sacan la riqueza de la nación el día después que cobraron la renta. ¿Cuánto más dinero podría circular si la producción estuviera en manos de los trabajadores y la tierra fuera un bien social? ¿Es acaso un programa alocado para el interés de las mayorías? La respuesta es que no, siempre que los trabajadores organizados de la ciudad asuman el desafío de ser fuerza motora de los cambios de la estructura agraria junto con nosotros y lo hagan a consciencia de que una parte de quienes hoy pueblan la ciudad, mañana estarán poblando el campo o el interior pueblero. Y aunque eso parezca eventualmente impuesto para una mente capa media urbana, puedo decir que en nuestra Cooperativa tenemos dos compañeros que laburaron años en la construcción y que en cuanto tuvieron la posibilidad de proyectarse en la tierra se vinieron con sus hijos y sus nietos a poblar la campaña y el asunto es como logramos laburo para toda la familia, pero en ningún caso está en discusión en nuestra cooperativa si los hijos se van para la ciudad. Tierra, condiciones y horizonte de realización, son suficientes para que rápidamente cambie el paisaje humano del interior rural. Hay que confiar en las propias fuerzas, porque no hay otra alternativa mejor para avanzar en igualdad y en soberanía.