El país, la región y el mundo no son lo que eran
en los años del surgimiento del FA.
Vivimos los tiempos de la
globalización neoliberal. Ella es la expresión económica y filosófica de un
capitalismo que a partir del derrumbe del campo socialista pasó a dominar el
planeta, ahondando a límites extremos su contradicción estructural, entre el
formidable desarrollo de las fuerzas productivas generado por el pensamiento
científico y los estrechos límites impuestos por la apropiación capitalista de
las mismas y su transformación en valor. Consecuencia de ello ha sido la
formación del llamado capital “ocioso”, la enorme burbuja de la especulación
financiera y la hegemonía del capital financiero, ajeno a los procesos
productivos pero apropiador en última instancia de la plus-valía generada en
los mismos.
Y como la otra cara de esa
contradicción, los 2/3 de la población del planeta no tienen acceso a los
bienes y servicios que el desarrollo de las fuerzas productivas podría poner a
su disposición y pasan a ser, en la lógica del sistema, población sobrante,
hombres y mujeres excedentarios, versión post-moderna del maltusianismo
darwiniano del siglo XIX.
Ese es el mundo caótico en
el que nos toca vivir y actuar, cargado de contradicciones y amenazas para la
supervivencia de la vida, con un sistema que ha generado una potencia imperial
que usa el poder militar para enfrentar las contradicciones que genera, pero
que no puede impedir la lucha de los pueblos por transitar los caminos más
diversos, las vías de aproximación más acordes a cada realidad, hacia la
liberación.
En ese contexto se inscribe
el proceso político que hoy vivimos los uruguayos, y que forma parte de
procesos similares que hoy conmueven nuestra América.
Hemos forjado una
herramienta política notable, el FA, y en su alianza con otras fuerzas de
izquierda y progresistas, que se expresa en el lema EP-FA-NM, ha captado las
grandes mayorías nacionales y se propone ser Gobierno a partir de marzo del
2005.
Será
un gobierno de contenido progresista, fruto del consenso, por un lado, de
fuerzas que se inspiran en un pensamiento de izquierda profundo, que apuntan a
la transformación revolucionaria de la sociedad, que piensan en el socialismo
como meta, y por otro lado con fuerzas progresistas, que coinciden en los
principios de una democracia participativa basada en principios de igualdad y
solidaridad, pero que piensan en caminos distintos en el desarrollo futuro de
este proceso.
Bienvenido sea este
consenso, y todo lo que se haga para fortalecerlo, para generar lazos
fraternos, de tolerancia hacia el pensamiento de cada uno, será poco.
Quienes nos ubicamos en
ese pensamiento de izquierda profundo a que hacíamos referencia debemos tener
claro que lo que aparece como una contradicción a superar en el debate
dialéctico, entre la amplitud en las alianzas y la profundidad en los
programas, para que sea fecundo y no conspire contra la unidad, sólo se
resuelve de una manera armoniosa apuntando la lucha ideológica contra el
pensamiento de derecha, conservador, profundizando por esa vía la conciencia
política del pueblo, concientes de que todo proceso de una democracia avanzada
sólo será válido en la medida que las mayorías populares lo avalen.
Es necesario sin embargo
explicitar un poco mas esta idea.
El gobierno tendrá un contenido progresista, y no
hay aquí un doble discurso o un intento de “no asustar a los burgueses”.
Cuando Tabaré explicita los objetivos de su gobierno ante los empresarios
argentinos, uruguayos, en España, en EEUU con el BID y el FMI, cuando anuncia
su ministro de economía, está diciendo claramente los alcances y las
limitaciones de su gobierno. Atención prioritaria a la emergencia social, con
recursos hoy dilapidados o malversados y con el auxilio del BID, desarrollo
productivo apoyado en las estructuras empresariales existentes, con reglas
claras para su funcionamiento, procurando inversiones internas y externas,
política monetaria basada en la libre flotación del dólar, no aumento de las
cargas impositivas y sí una distribución más justa de las mismas, apuntando a
la progresiva sustitución de los impuestos al consumo por el impuesto a la
renta, equilibrio fiscal, negociación con el FMI en torno a la deuda externa
de modo de no hipotecar en su cumplimiento el crecimiento de la economía,
combate a la corrupción allí donde esté, transparencia, democratización
profunda y participativa, impulso a la participación social en el trazado de
las grandes lineas de gobierno, desarrollo de la integración regional,
desarrollo de la educación, la investigación científica y la cultura.
Esta
es la propuesta, y no es poca cosa. Alcanzar el gobierno para ello es un
trascendente salto cualitativo, el inicio de una etapa superior, de un proceso
que como tal puede tener avances y retrocesos, y que depende de la correlación
de fuerzas, del grado de acumulación en conciencia política de las grandes
masas populares, de lo que llamamos avanzar en democracia, los caminos que ese
proceso vaya a desenvolver.
En estas
ideas nos diferenciamos tanto de los que con cierto tono despectivo, poco
fraterno, se refieren a los “giles de la izquierda”, que sueñan vaya a saber
que cosas, sosteniendo en cambio, de una manera un tanto mecanicista, la tesis
de “un capitalismo sano” como objetivo; como de los que, desde su
autodefinición como radicales de izquierda, no terminan de comprender aquello
que se llama “vías de aproximación” y como avanzar en cada etapa que la
vida real, y no los esquemas, nos plantea.
Porque la
cuestión sigue siendo la resolución de la contradicción entre amplitud y
profundidad, la resolución armoniosa de esa contradicción, no a través de la
disputa interna, no a través del cuestionamiento de las alianzas y los
aliados, sino procurando avanzar con todos ellos y con el pueblo.
Por lo
tanto, con nuestra concepción de democracia avanzada no pretendemos ni
cuestionar a nadie ni poner en tela de juicio la perspectiva del gobierno
progresista. Por el contrario, defendemos ese gobierno y lo haremos desde cada
uno de nuestros lugares de militancia. Solamente decimos con honradez quienes
somos y que nos proponemos.
Hemos
ubicado en el terreno de la ideología y de la acción política lo que sería
este espacio. Somos partidarios de la democracia avanzada y del socialismo.
Nos apoyamos en la filosofía y la praxis del marxismo.
Cabe
preguntarse entonces: ¿no existen en el FA fuerzas políticas con parecidos
objetivos? Creemos que sí, que existen.
¿Porqué entonces la
conformación de este espacio?.
Creemos
que la concepción de la democracia avanzada, basada en la más amplia
participación popular en los espacios de poder, en su capacidad de elaborar
políticas y tomar decisiones, debe ejercerse desde ya en la práctica de
las organizaciones políticas y desde ellas, impregnar la labor del FA,
jerarquizar sus estructuras de base y hacer de nuestra fuerza política el
imprescindible sustento para el cumplimiento de los objetivos del Gobierno y
el avance hacia futuras metas.
Tal cosa
no ocurre, esa es nuestra percepción, y eso nos motiva, no sólo a señalarlo
críticamente, sino a desarrollar en nuestra propia actividad esa práctica
democrática que reclamamos. Lo hacemos desde los comités de base del FA, y lo
hacemos desde los otros espacios de lucha popular, sindicatos y organizaciones
sociales o políticas diversas.Es necesario dar a este problema la gravedad que
tiene. Al fin de cuentas la reserva del pensamiento de izquierda, construido
en décadas de lucha popular descansa en la militancia de base del FA, asi como
en las estructuras organizativas y de militancia en los sindicatos, en el
movimiento estudiantil y universitario, en fin, en la militancia de las
diversas organizaciones populares.
Minimizar su papel, sustituirla por lo que se suele denominar “partidos de
opinión”, o lo que es lo mismo, formas cupulares de conducción, termina por
cuestionar o negar el carácter democrático y participativo que ha dado solidez
al FA. Avanzar en democracia implica entonces defender la vigencia de los
comités de base, asi como el papel de las organizaciones sociales. En ello se
juega incluso la fortaleza del FA, su capacidad de consensuar y apoyarse en
todas estas formas de organización popular para defender su obra de gobierno,
su propuesta de cambio y la posibilidad de proponerse metas futuras.
Por
último, nos proponemos generar todos aquellos contactos que nos ayuden al
ejercicio pleno de la democracia participativa en nuestra vida política y a
buscar las coincidencias programáticas entre todos quienes nos sentimos
comprometidos en el objetivo final del socialismo.
Todo esto
se resume en los 6 puntos que fundamentan el espacio que proponemos
constituir.
(Resumen
de la intervención del Cro. Turiansky el 24 de julio)