ACERCA DEL
CORPORATIVISMO Y LA CIENCIA POLÍTICA.A partir de
afirmaciones de la Ec. Fanny Trilesinsky, asesora del candidato colorado
Guillermo Stirling, estableciendo su preocupación por el auge de la acción
corporativa y el consecuente debilitamiento de los partidos políticos, la
periodista Sonia Brescia inició en su programa Primera Voz de AM Libre, un
debate sobre el papel de las corporaciones en la sociedad uruguaya. (4/10).
Entre
otros entrevistados, tuvimos ocasión de escuchar al Msc (Master en ciencia
política) Adolfo Garcés, discurrir en la misma línea de pensamiento de la
economista Trilesinsky, destacando además que el papel de las corporaciones
es de larga data, y no exclusivo además del Uruguay. Según esta línea de
pensamiento, los sindicatos obreros son corporaciones, al igual que las
cámaras empresariales, y todos presionan por igual defendiendo sus intereses
corporativos, “legítimos” nos aclara Garcés, ante un poder político que debe
conciliar esos intereses sectoriales con cierto “supremo” interés nacional.He aquí
que, dos siglos y pico después que las revoluciones burguesas europeas
barrieran con las estructuras feudales, entre ellas las corporaciones, y
dieran nacimiento a los partidos políticos, a formas nuevas de organización
social, de estructuras de gobierno, a través de todas las cuales pasaron a
expresarse los intereses de las clases sociales, sus contradicciones, sus
“relaciones” en el proceso de la producción social, la materialización de su
dominio en la esfera del Estado o la lucha por el mismo, dos siglos y pico
después, repito, parece que hemos vuelto al viejísimo conflicto entre las
corporaciones y el poder monárquico, entre la burguesía en el llano y la
aristocracia terrateniente en el poder.
Sistema
social, clases sociales, sociedad civil, partidos políticos, estado.Parece bastante
claro que Carlos Marx no figura en los planes de estudio de nuestras
ciencias sociales. Si no fuera por la importancia que en la formación de un
pensamiento nacional, crítico, tienen los sociólogos y politólogos, uno
tendría la tentación de decir “ellos se lo pierden”.
Por
cierto no fue Marx quien inventó las clases sociales (tampoco, dicho sea de
paso, el demonio creador de la perversa lucha entre ellas). En todo caso,
precisó mejor ese concepto. Destacó que en la producción social de su
existencia los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias,
independientes de su voluntad; que estas relaciones de producción engendran
las clases sociales y sus contradicciones; que en épocas anteriores al
capitalismo las gradaciones sociales, los estamentos corporativos, eran
múltiples y diversos; que el modo de producción capitalista simplificó esa
gama de estamentos sociales y de múltiples contradicciones, y generó una
contradicción esencial, la de la clase poseedora del capital y de los medios
de producción por un lado, y la clase de los que poseen su fuerza de trabajo
y la alquilan diariamente a cambio de un salario, por el otro. Los
procesos actuales de producción, en el mundo globalizado, son mucho más
complejos, la división del trabajo infinitamente más variada, y las clases
sociales reflejan esa complejidad y esa variedad. Pero, más allá de ella,
sigue incuestionablemente vigente (el mundo desquiciado es prueba de ello)
un modo de producción que se basa en la apropiación por los poseedores del
capital y de los medios de producción, de circulación y de cambio, de la
plus-valía generada en los procesos productivos por el trabajo asalariado,
por el trabajo físico y por el trabajo intelectual. Es la esencia del
capitalismo, no estoy haciendo en ello ningún juicio de valor. Y por lo que
sabemos, nuestro país, pobre, subdesarrollado y dependiente, se rige en su
economía y en sus relaciones sociales por ese modo de producción.Parece
entonces obvio que habría que empezar por ahí si se quiere seriamente
analizar el papel de “las corporaciones” en relación al sistema político y
el Estado.Vale
entonces una primera pregunta: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de
“corporaciones”?. Para evitar malentendidos de tipo epistemológico, que
generan reflexiones como las que inician esta nota, correspondería mas bien
hablar de organizaciones sociales, es decir, de las formas organizadas, u
organizativas, de la sociedad civil. Porque de eso se trata, y sorprende que
desde la ciencia política no se hable de ello, de la relación entre la
sociedad civil y las estructuras políticas del Estado.En
efecto, ¿qué es la sociedad civil, o mas bien, como se objetiviza, si no es
a través de sus estructuras organizadas, las que Trilesinsky y Garcés llaman
“corporaciones”?¿Y
que ocurre en el seno de la sociedad civil con las clases sociales y sus
conflictos? Federico Engels definió primariamente a la sociedad civil como “el terreno
en que se desenvuelve la lucha de clases”. No creo que anduviera muy
descaminado. Muchos
años después, y desde la soledad de la cárcel fascista, Antonio Gramsci,
prototipo del “intelectual militante”, aquel que es capaz de conjugar el
pensamiento profundo con la acción política, abordó el estudio de la
sociedad civil en una etapa más avanzada, señalando de que manera el Estado
moderno incluía la sociedad civil.
Precisamente es el liberalismo, económico y político, al adjudicar al Estado
el rol de “guardián de las leyes” (el “estado gendarme” de la doctrina
liberal del siglo XVIII), quien deposita en la sociedad civil la dirección
del desarrollo histórico. Dice Gramsci: “... No se insiste en el hecho de
que en esta forma de régimen (se refiere a la definición del estado
gendarme, es decir un Estado cuyas funciones se limitan a la tutela del
orden público y del respeto a la ley), la dirección del desarrollo histórico
pertenece a las fuerzas privadas, a la sociedad civil, que también es
“Estado”, o, mejor dicho, es el Estado.” (el subrayado es mío). “En
este sentido, dice Gramsci más adelante, se podría decir que el Estado es
igual a la sociedad política más la sociedad civil, es decir, la hegemonía
reforzada por la coerción.” (el subrayado es mío). En
tanto Fanny Trilesinsky representa el pensamiento económico liberal, el que
defiende Stirling, el P. Colorado, y buena parte del P. Nacional, el que ha
defendido y procurado por décadas el desmantelamiento del Estado, su
retirada de la economía, el “libre juego del mercado”, no se entiende mucho
que no entienda, y vale la redundancia, que sea en la sociedad civil, en sus
estructuras organizadas, donde se desarrolla la historia, donde las clases
sociales desarrollan sus conflictos, donde se ejerce la hegemonía de las
clases dominantes, donde se construye el pensamiento “contra-hegemónico” de
las clases desposeídas. Al fin ese modo de funcionamiento de la sociedad
debiera ser el “desideratum” para el liberal, político y económico.
Pero que Garcés
no repare en ello sorprende, y mucho, porque se me ocurre, no sé, pero se me
ocurre, que su pensamiento no transcurre por esos carriles.
Para
terminar vaya otra inquietud, que traslado a la ciencia política: en
tanto para el pensamiento de izquierda el rol coercitivo del Estado incluye la regulación del mercado, el desarrollo de formas sociales de
gestión para muchos de los roles históricamente asignados a las estructuras
burocráticas de administración, la descentralización, la planificación para
el desarrollo, esto es, una imbricación de esa suma gramsciana de la
sociedad política y la sociedad civil que componen el Estado, ¿no cabe
pensar en un Estado de nuevo tipo, en el cual el curso del desarrollo
histórico se desenvuelva con ambos vectores, el político y el social, en
direcciones que surjan de la democratización profunda de la sociedad?.A lo
mejor vale la pena pensar en ello.
Ing. Wladimir Turiansky.