En setiembre de
1955 se desarrolló aquel XVI Congreso alumbrador, cuando el Partido
Comunista Uruguayo salía de una profunda crisis. Sin saberlo aun, el
país ingresaba, iniciaba, lo que sería la mayor crisis de su historia.
La guerra de Corea ya había dejado sus últimos beneficios y la
recuperación europea hacía que estos volvieran por su botín, se
terminaban las relaciones de intercambio favorables para nuestro país.
En el informe a
ese congreso, en 1955, se señalaba:
"América Latina es
escenario de grandes luchas de masas contra el enemigo fundamental de
nuestros pueblos, el imperialismo yanqui, a cuyo servicio se ha
entregado una pequeña casta de latifundistas y grandes capitalistas y
los gobiernos que lo representan. La política de guerra y colonización
de los imperialistas yanquis ha traído la desgracia a nuestros pueblos;
sus riquezas son saqueadas, su soberanía es pisoteada
desvergonzadamente; se quiere transformar a sus hijos en carne de cañón
para la agresión que preparan los incendiarios de guerra. Los
imperialistas yanquis no ocultan que procuran el dominio y el contralor
absoluto de las riquezas naturales de nuestros países, de su comercio
exterior, de sus fuentes de energía, de sus transportes, etc."
No parece haber
cambiado mucho el mundo en estos 50 años. Podemos decir que ha cambiado
para peor la situación económica de Uruguay y del mundo. Nunca hubo más
posibilidades de producción debido a los avances científicos y técnicos,
nunca tantas posibilidades de crear riqueza, y nunca tanta pobreza,
miseria y exclusión social, peor distribución del ingreso.
“No
es el estilo de nuestro Partido, ni tampoco responde a mis gustos
personales, concebir las celebraciones de aniversarios importantes ni
los homenajes a personalidades destacadas como actos principalmente
formales, ocasión para elogios o comentarios plenamente justificados,
pero que, a veces, se sienten como despegados del bullente fluir de la
vida ideológica y política. Por el contrario, muchas veces son
ocasiones propicias para opinar acerca de temas importantes que están
sobre el tapete de la polémica pública o profundamente insertos en la
práctica política y social.” (José Luis Massera. Homenaje a Lenin 1985)
Estas palabras de
Massera me liberan de mayores explicaciones.
Sería muy
ilustrativo que compañeros que vivieron el XVI Congreso, quienes
vivieron los hechos posteriores cuando fructifican sus postulados,
pudieran dejarnos su experiencia, para esta y futuras generaciones.
Ahora parece muy
natural un gobierno de izquierda, y además que nos cayera del cielo.
Pero no fue así. Nunca es así. Toda conquista popular tiene por detrás
una inmensa cantidad de "humanidades", alegrías y tristezas, triunfos y
derrotas, vida y lucha, los dolores, los torturados, desaparecidos y
muertos tan queridos, más los millones, en tantos años, en esa tarea
gris de todos los días, de todos las horas y los minutos, y esas tantas
vidas logran los cambios profundos de hoy.
Quisiera poder
trasmitir esa otra historia, esa otra cara de una historia que todavía
debe escribirse, fundamentalmente con las vivencias de quienes la
protagonizaron.
Un homenaje a
aquellos, que en 1955 -aún en el país de las vacas gordas- supieron ver
lo que venía, y que el camino era la unidad y se prepararon para ello.
En agosto de 1958,
en el XVII Congreso se decía:
"… asistimos a un
despertar creciente de los pueblos de América Latina. El crecimiento de
las luchas de clase obrera, bajo la forma de pujante movimiento
huelguístico, las acciones campesinas en distintos países, la militancia
democrática de los estudiantes e intelectuales, el desenvolvimiento de
la conciencia patriótica, han escrito en todo este período páginas de
gran combatividad. La caída de varias dictaduras al servicio del
imperialismo, particularmente de Venezuela, el avance democrático en
Argentina, la lucha heroica del pueblo cubano, la consolidación de la
unidad obrera y antiimperialista en Chile, el desarrollo de las luchas
nacionales en Brasil, el repudio general al imperialismo yanqui que
Nixon comprobara en carne propia, están señalando una nueva situación en
el continente."
……………………………………………….
“La unidad y
organización de la clase obrera es una condición básica en la lucha de
nuestro pueblo por la liberación nacional.
El XVI congreso de nuestro Partido dedicó como se recordará, una
atención particular a esta gran tarea y destacó la necesidad de que los
comunistas, militantes del partido de la clase obrera entregáramos
nuestra mejores energías a la unidad sindical, a la extensión de la
organización de los trabajadores, al impulso de las luchas
reivindicativas, a la participación en todos los sindicatos
independientemente de su orientación.
Desde entonces, la clase obrera uruguaya ha dado, a través de la
lucha, pasos muy importantes hacia la unidad sindical completa. El
movimiento sindical ha adquirido una gran fuerza, ha librado grandes
batallas reivindicativas económicas y políticas. Y en ellas han
participado en puestos destacados, junto a otros trabajadores, los
militantes de nuestro Partido.
La organización se ha extendido a casi la totalidad del proletariado
industrial y del transporte; ha llegado a los asalariados agrícolas, ha
agrupado junto a los obreros a sectores importantes de funcionarios
públicos; ha desarrollado vínculos de alianza con el movimiento
estudiantil, etc.”
Sería bueno que
setiembre, en una nueva primavera, alumbrara, junto al fruto de esas
luchas, el primer gobierno progresista en el país, el reencuentro con
algunos de los protagonistas de esta vieja historia, como se forjó,
quienes fueron.
Sería bueno reunir
a quienes pensamos así, para un aniversario trascendente -pero del que
no se habla-. No pienso en una actitud sectaria o revanchista, más bien
un acto de justicia histórica, del rescate de valores, fundamentalmente
un acto de educación, en el sentido que tiene aprender de los hechos,
para no equivocarse, de lo bueno que se hizo, de los aciertos y también
de los errores.
En un momento en
que la política y la ideología bajan la guardia frente al pragmatismo,
cuando parece inamovible el poder imperial, el mundo unipolar, el no se
puede, el hacé la tuya, que la economía debe responder sólo al mercado,
al poder financiero y no a las necesidades del pueblo. Revivir el aire
freso y el espíritu del "55", firmeza en los principios, flexibilidad en
lo táctico, lucha inquebrantable por la unidad. Confiar en las ideas, en
la gente, para transformar la realidad – en la política, no como el arte
de lo posible, sino como la forma de hacer posible lo que parece
imposible-.
Llamamos a quienes
estén dispuestos a retomar la “utopía”.
Pues
es el hombre, los pueblos, quienes hacen la HISTORIA.
Montevideo, 4 de octubre de 2005
Ruben López
Gracias Gastón, por
recordarlo:
"Por la alegría
vivimos, por la alegría luchamos,
por la alegría
hemos de morir.
Que nuestro nombre
jamás vaya unido a la tristeza ".
Julio Fucik
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