Periodistas cubanos vs Bush
Bárbara Suárez, periodista de Camagüey
26/10/2007
enviado por Nuria Barbosa
En su injerencista discurso de este 24 de octubre, el señor Bush aludió a los periodistas cubanos. El emperador dijo: “Sabemos que habrá una nueva Cuba, cuando haya una prensa libre”.
NO asombra la afirmación por venir de alguien tan desinformado respecto a la mayor de las Antillas, pero tampoco resulta ocioso aclararle algunos conceptos al Presidente de Estados Unidos.
¿A qué llama Usted “prensa libre”? ¿A la que desde Miami manipula y tergiversa la verdad sobre la Isla?,¿O tal vez al puñado de mercenarios --pocos de ellos profesionales de la noticia--, que se venden al mejor postor?
Realmente, esa es la prensa más esclava del mundo contemporáneo, sujeta siempre a los designios del amo yanqui y sus testaferros.
La misma que en su momento ignoró el caso del niño Elián González, secuestrado por la mafia miamense, e ignora ahora la injusticia cometida por el sistema judicial norteamericano contra cinco profesionales, que lo arriesgaron todo para proteger del terrorismo a los pueblos de Cuba y Estados Unidos.
Y ni qué decir del silencio en torno al triunfo de los movimientos progresistas, a favor de las grandes mayorías, en la República Bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Los periodistas cubanos, mister Bush, somos verdaderamente libres desde enero de 1959, y vivimos con el orgullo de andar codo a codo junto a un pueblo heroico, que labra su propio destino.
Ninguna expresión de libertad más diáfana, que la posibilidad real de reflejar en texto impreso, audio e imágenes la grandeza de la obra colectiva que es la Revolución.
Obra imperfecta, sí, pero tan humana y hermosa, que millones en el mundo la envidian sanamente.
Somos, señor Bush, parte indisoluble de un pueblo bravo, rebelde y digno, que aprendió de Fidel “la necedad de vivir sin tener precio”.
Esa es la libertad que nos enorgullece, aunque le sea difícil entenderlo, porque Usted mismo es un prisionero en la telaraña política de su país.
Nosotros amamos la paz, señor Presidente, pero NO olvide nunca que tenemos también la libertad de defender con las armas, si fuera necesario, los privilegios que la Revolución Socialista le ha dado a los cubanos.