VII EVENTO HISTORIADORES EN EL CENTRO UNHIC VILLA CLARA
Título: PERIODISMO: ARMA REVOLUCIONARIA EN MANOS DE JOSÉ MARTÍ.
Autor: Ariel Lemes Batista.
Santa Clara, 24 de marzo de 2005
"La
prensa debe ser examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no
dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que
viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene en forma
de razonado consejo".
José
Martí
“Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede
estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la
prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario
honrado y libre”.
Con
estas palabras, José Martí define lo que para él debe ser la ética de un
periodista. Con posterioridad, argumenta este pensamiento cuando
manifiesta: "El periódico es una espada y su empuñadura la razón. Solo
deben esgrimirla los buenos, y no ha de ser par para el exterminio de
los hombres, sino para el triunfo necesario sobre los que se oponen a su
libertad y progreso".
Y
redunda la idea al exponer: "Odio la pluma que no vale para clavar la
verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo
contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el
honor, y nunca fuera de él".
Para nadie constituye un secreto que el más grande patriota,
revolucionario e intelectual cubano del siglo XIX, ejerce esa profesión
y que puso su verbo encendido, como látigo con cascabel, al servicio de
la libertad de la tierra que lo vio nacer y por la dignidad y el decoro
del hombre.
Desde la niñez, Martí se opone a todo tipo de opresión y esclavitud
humanas. Ejemplos miles se recogen en su amplia labor periodística,
labor que se extiende desde el lapso de tiempo correspondiente a su
etapa estudiantil hasta la caída en Dos Ríos, cuando era el organizador
y jefe ideológico de la gesta independentista de 1895.
Con
su extraordinario talento y visión de futuro, el Maestro dedica más de
25 años de su vida a defender con su pluma ardiente y bella oratoria, la
causa libertadora de Cuba, de luchar por un mundo mejor para todos los
hombres, y de brindar consejos útiles y observaciones que aun hoy
conservan su vigencia.
El
periodismo constituye para el Héroe Nacional Cubano, un órgano de
información, que adopta función educativa, de prédica y de orientación.
En
el artículo “Sobre periodismo”, publicado en Patria en 1892,
Martí define la misión del periodista de la siguiente manera: “que
no haya una manifestación de la vida, cuyos diarios accidente no
sorprendan al diarista: eso es hacer un buen diario. Decir lo que a
todos conviene y no dejar de decir nada que a alguien pueda convenir.
Que todos encuentren en el diario lo que pueden necesitar saberlo. Y
decirlo con un lenguaje especial para cada especie: escribiendo en todos
los géneros, menos en el fastidioso de Bibeau, desdeñando lo inútil y
atendiendo siempre lo útil, elegantemente. Que un periódico sea
literario no depende de que se vierta en él mucha literatura, sino que
se escriba literariamente todo. El periódico debe estar siempre como los
correos antiguos, con el caballo enjaezado, la fusta en la mano, y la
espuela en el tacón. Al menor accidente, debe saltar sobre la silla,
sacudir la fusta, y echar a escape el caballo para salir pronto y para
que nadie llegue antes que él. Debe, extractando libros, facilitar su
lectura a los pobres de tiempo. O de voluntad o de dinero. Hacer asistir
a los teatros, como sentados en cómoda butaca que este efecto hace una
alineada y juiciosa revista, a los pobres y a los perezosos. Deber
desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir,
catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para
penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante,
oportuno, saliente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que
lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que
un buen periódico”.
Las
primeras inquietudes de Martí como escritor, lo llevan hacia el
periodismo. En él está el mayor volumen de su obra. El grueso de sus
trabajos en esta disciplina, sobre los más variados temas y en casi
todos los géneros, son recogidos por los principales órganos de prensa
de la época.
Los
artículos, crónicas, ensayos, y el resto de la producción periodística
martiana se refieren, en primer lugar a Cuba, y, luego, dedicada a
Estados Unidos, España y al resto de los países latinoamericanos y
europeos. ¿Temas preferidos? Política y crítica de arte y literatura.
Pero en ellos tenemos por norma el respeto a la moral del periodista y a
su labor. Lo anterior se puede constatar cuando Martí expresa: “De
impresiones viven las letras, más que de expresiones. ¡Escombros,
escombros¡ todas esas frases rellenas, todos esos abalorios históricos,
todos esos parlamentos literarios, ¿qué dejan en quien lee, sino la
presunción de que el escritor es sabihondo? Narciso no se ha de ser en
las letras, sino misionero. No se ha de escribir para hacer muestra de
sí, y abanicar como el pavón la enorme cola; sino para el bien del
prójimo, y poner fuera de los labios, como un depósito que se entrega,
lo que la Naturaleza ha puesto del lado adentro de ellos. Los motivos,
los abominables y ruidosos motivos, se han puesto de moda en la
literatura como en la música”.
Ante las censura de su padre, el ex sargento de artillería español
Mariano Martí, y los halagos de compañeros, entre los que figuraba su
maestro, Rafael María de Mendive, Martí se inicia en esta ocupación en
la adolescencia. En el periódico manuscrito de los estudiantes del
Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, El Siboney, compone
su soneto ¡ Diez de octubre¡, en el que exalta el gesto independentista
de Carlos Manuel de Céspedes.
El
9 de enero de 1869, el español Domingo Dulce, Capitán General de la
Isla, firma un decreto que propugna la libertad de imprenta. Con tan
solo 16 años, Martí aprovecha esa ley real, nacida de un programa de
reformas administrativas y políticas, más aparentes que verdaderas, para
sacar a la luz un periódico en el que critica la difícil situación que
vive el país.
De
esa forma, el 14 de enero de ese mismo año sale El Diablo Cojuelo, publicación que deviene bautizo de fuego como
revolucionario y periodista para el impetuoso joven. Junto a su amigo
Fermín Valdés Domínguez, Martí esgrime sus primeras armas como hombre de
letras y, con una prosa irónica, entre burlona y mordaz, a veces con
cierta nota festiva, ataca al gobierno colonialista.
En
"O Yara o Madrid", se revela el futuro periodista comprometido con la
libertad de Cuba. En ese primer periódico del Apóstol aparece un
editorial que, escrito por él, dice: “nunca supe yo lo que era
público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado,
aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo”.
O
sea, a pesar de su corta edad, Martí ya adopta la actitud del periodista
ético, valiente y osado que siempre fue. Más tarde, mientras vive en los
Estados Unidos, demuestra que la pureza deviene en conducta que marcaría
su vida tras escribir: “Una tormenta de injurias fue la prensa, y lo
es aún ahora. Cuando se ensalza aquí, el mundo entero lo oye, pero
cuando acá se lapida, las piedras son montañas: y se visten de tal
dignidad los periódicos comprados, que da grima creer que pueda haber
criaturas con luz en la frente y canas en la barba que por dinero abran
a las paseantes, como la mujer de la biblia, esta arca santa de los
pueblos, que debe ser la prensa. No hay monarca como un periodista
honrado".
Lamentablemente, no puede darle continuidad al empeño de proseguir
sacando a la luz a El Diablo Cojuelo.
El 23
de enero de 1869, desde la imprenta El Iris, situada en la calle Obispo,
en La Habana Vieja, se edita La
Patria Libre, que se autotitula “semanario democrático-cosmopolita”.
Posee mayor formato y cantidad de páginas, tiene forma de tabloide y
mejor calidad de papel. Martí y Fermín intervienen como redactores, pues
este órgano es confeccionado por Mendive y el abogado Cristóbal Madan.
La
Patria Libre disfruta de la extraordinaria importancia de que en su único número
ocupa sus páginas el drama patriótico-simbólico Abdala.
Martí utiliza además el periodismo para divulgar sus ideas políticas a
través de la poesía: "El amor, madre, a la
Patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan
nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor
eterno a quien la ataca (...)
En
esta obra el Apóstol vaticina, en conmovedoras estrofas, su propia
caída, 26 años más tarde, cuando el guerrero nubio anuncia: ¡Oh, qué
dulce es morir cuando se muere luchando audaz por defender la patria¡
Estos primeros trabajos periodísticos contribuyen a su condena por
infidencia. En las Canteras de San Lázaro, el Héroe Nacional conoce en
carne propia el horror del colonialismo español. De los sufrimientos y
atropellos que padecen los cubanos encarcelados en esas minas, Martí
deja viril constancia en su acusador “El presidio político en Cuba”,
folleto publicado en Madrid, en 1871, durante su primera deportación.
Si
bien no de modo regular, y conocedor de que “criticar es el ejercicio del criterio”, en ese país también redacta artículos en los que
polemiza con aquellos cronistas ibéricos que manipulan la realidad
cubana, y denuncia la cruel coyuntura política, económica y social por
la que atraviesa su amada nación. Algunos de ellos se recogen en los
periódicos La
Soberanía Nacional, de Cádiz; La discusión, El Jurado Federal,
y Diario de Aviso, de Madrid; y, aunque esporádicamente, colabora
de forma militante en La
Cuestión Cubana,
publicación que editan en Sevilla los emigrados criollos.
Tras recorrer algunas ciudades europeas, llega a México en 1875. Pasa a
ocupar un puesto en la redacción del gubernamental diario Revista
Universal, gracias a las gestiones de varios amigos: de ese país,
Manuel Mercado, y los cubanos Pedro Santacilia y Antenor Lezcano. No es
hasta este momento en que el Apóstol considera que actúa, por primera
vez, como todo un periodista. Él mismo lo reconoce en uno de sus
apuntes: “yo apenas había escrito para el público antes de ir a
México, fuera de lo que requería el servicio de mi patria, y esto
naturalmente había sido muy poco, porque la patria quiere más actos que
palabras”.
La colaboración con esa gaceta se inicia el 7 de marzo de ese año, con
una sentida poesía a su recién difunta hermana Ana. Luego, le seguirían
su traducción de la novela “Mis hijos”, del francés Víctor Hugo; y
algunos artículos en los que aborda la situación de Cuba. Además,
redacta crónicas parlamentarias, editoriales, críticas de teatro y de
arte, noticias sobre la vida cotidiana de la tierra en la que vive y
hasta corrige pruebas.
Un
acontecimiento político trae el cierre de la Revista Universal y
un paréntesis en la producción periodística de Martí: la caída del
gobierno de Sebastián Lerdo de Tejeda por el golpe de Porfirio Díaz.
El
Maestro considera este suceso como nocivo y perjudicial para la tierra
de Benito Juárez, y lo cuestiona en dos artículos que escribe en El
Federalista.
Como el logro más significativo de esta etapa tenemos la elaboración de
sus Boletines en los que, firmados con el seudónimo Orestes,
narra con mucho acierto y singular estilo diversos aspectos de la
sociedad azteca.
La
gran importancia de esta publicación es que en ella Martí deja
constancia de su opinión sobre cuál debe ser la misión de la prensa y
cuál la del periodista, y nos ofrece la dimensión humana del Héroe
Nacional al preocuparse por los problemas del pueblo mexicano y de
Nuestra América.
“Así nuestros obreros se levantan de masa generada a clase consciente:
saben ahora lo que son, y de ellos mismos les viene su influencia
salvadora”. En el artículo “Función de los meseros”, Martí defiende los intereses de
los desposeídos y participa en las luchas revolucionarias de los
trabajadores.
En El Socialista, órgano oficial de los socialistas utópicos
mexicanos, también se insertan algunos trabajos periodísticos en los que
Martí confirma su posición junto a estos en sus batallas.
A
pesar de que cartas y otros documentos reconocen que el Apóstol escribe
para medios informativos de Guatemala, no se han encontrado evidencias
de su intervención en periódicos de esa nación centroamericana, desde su
partida de México, en 1877.
El
Maestro reconoce, en correspondencia enviada a Joaquín Macal, ministro
de Relaciones Exteriores de Guatemala, el 11 de abril de 1877, que está
muy ligado a la carrera periodística y que es consecuente con la ética
que conlleva esa profesión: “Mi oficio, cariñoso amigo mío, es cantar
todo lo bello, encender el entusiasmo por todo lo noble, admirar y hacer
admirar todo lo grande. Escribo cada día sobre lo que cada día veo (...)
los naturales temores de escribir donde no se es conocido, (...)de
algunos renglones, (...) y no han de ser ellos los últimos que sobre tan
noble y bien entendida materia escriba mi pluma apasionada, apasionada
de la grandeza y de mi deber; por eso, (...) nunca turbaré con actos, ni
palabras, ni escritos míos la paz del pueblo que me acoja. Vengo a
comunicar lo poco que sé y a aprender mucho que no sé todavía. Vengo a
ahogar mi dolor por no estar luchando en los campos de mi patria, en los
consuelos de un trabajo honrado, y en las preparaciones para un combate
vigoroso. No me anuncie a nadie como escritor, que tendré que decir que
no lo soy. Amo el periódico como misión, y, lo odio... no, que odiar no
es bueno, lo repelo como disturbio (...)”.
Su
regreso a Cuba, en 1878, tras la firma del Pacto del Zanjón, impide que
naciera en la tierra del quetzal la anunciada Revista Guatemalteca.
La
persecución imperante en la Isla contra los independentista y las
publicaciones que estos elaboran, así como las secretas acciones
conspirativas que lleva a cabo Martí, impiden que pueda realizar en su
patria la labor periodística.
De
esa época sólo escribe una crónica sobre una velada en el Liceo de
Guanabacoa, y que firmada X aparece en el periódico El Progreso,
de Regla y la propia villa de Pepe Antonio.
La
etapa más fecunda e intensa de su actividad como periodista ocurre tras
su llegada a Nueva York, en enero de 1880, después de su segunda
deportación a España. En la revista de arte The Hour, ven la luz
sus bellas crónicas, en las que se destacan las que reseñan la vida
norteamericana, intituladas Impressions of America, bajo el seudónimo A
very fresh Spaniard. También redacta artículos sobre los pintores
impresionistas, que llegan a causar admiración. En estas páginas Martí
muestra un amplio conocimiento artístico, así como sensibilidad y
capacidad crítica.
El
periódico The Sun, de Charles Anderson Dana, comienza a contar
con la colaboración del Maestro, quien recibe grandes elogios de ese
reportero estadounidense por el soberbio estilo y gran dominio de temas
artísticos y literarios que inserta en ese rotativo.
Luego de su partida de la ciudad norteña, la faena periodística de Martí
prosigue en la tierra de Simón Bolívar, en 1881, donde edita dos números
de Revista Venezolana. Aquí, al intentar explicar su
estilo literario, sin proponérselo, hace el primer manifiesto del
movimiento modernista, siete años antes de que surgiera el libro de
poesía Azul, de Rubén Darío, considerado por muchos el iniciador
de esta tendencia en la literatura.
Mas, tiene que suspender su impresión al ser obligado a abandonar esta
nación sudamericana: ¿motivos? Escribir una valiente apología a Cecilio
Acosta, y desencadenar la ira del tirano Guzmán Blanco, quien no acepta
el homenaje a este intelectual progresista y cumbre del pensamiento
democrático-burgués venezolano del momento.
Al
valorar su notable desempeño como periodista, Fausto Teodoro de Aldrey,
director y propietario de La
Opinión Nacional,
le propone que sea corresponsal de ese diario, en los Estados Unidos. O
sea, Martí regresa a Nueva York y reanuda su labor periodística, a
partir del 20 de agosto de 1881, pero ahora en una faceta distinta.
Sus
trabajos comienzan a salir con el seudónimo M. de Z., pero al despertar
la curiosidad entre los lectores por saber quién es el autor de tan
encendidos trabajos, Aldrey reconoce públicamente que no es otro que
José Martí y, a partir de ese entonces, empieza a firmar con su nombre.
En La
Opinión Nacional también ocupa una columna fija de comentarios de actualidad llamada
“Sección constante”. El 10 de junio de 1882 culmina el Apóstol su etapa
como colaborador de esta publicación, al no admitir que Aldrey le ponga
freno a sus criterios.
A
partir de este momento se incrementa el quehacer literario y
periodístico del Héroe Nacional Cubano, quien al propio tiempo se
entrega en cuerpo y alma a organizar la nueva gesta independentista. Se
aferra aún más a la idea de que el periodista “es soldado de la
palabra” y mantiene su pluma al servicio de la patria.
Por
eso, vuelca todo su pensamiento e ideología en lo artículos que escribe,
pues prevé cuáles son las verdaderas intenciones del gobierno
norteamericano al querer extenderse por el continente y, al reseñar
estas actividades, ofrece su visión sobre los peligros que deben
evitarse en nuestra América y qué hacer para lograr el desarrollo
definitivo de los pueblos latinoamericanos.
Con
posterioridad, comienza a colaborar, el 13 de septiembre de 1882, con La
Nación.
Su paso por este diario argentino culmina el 26 de marzo de 1891, lo que
confirma el estrecho nexo que existe entre ambos. Inigualables crónicas
suyas, que narran la vida norteamericana e importantes sucesos acaecidos
en ese país, vieron la luz en esta publicación, en la sección titulada
Carta de Nueva York o Cartas de Martí.
“Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”.
No tuvo frase mejor para ejemplificar el Maestro lo que significa los
Estados Unidos, al prever su ambición desmedida e intenciones de dominar
a los pueblos del continente.
En
sus Obras Completas aparecen editados todos estos trabajos
periodísticos, bajo la denominación Escenas Norteamericanas. En La
Nación también encuentran cabida sus crónicas sobre la Conferencia
Interamericana, así como lo que escribe de reconocidas figuras
estadounidenses, como Whitman, Grant, Sheridan, Arthur, y otras.
Paralelamente, inicia su colaboración con el órgano informativo La
América,
de Nueva York, desde marzo de 1883.
(...) ¿Con qué se escribe bien en prosa o verso, sino con la sangre?
El que no la ha perdido, ni sabe escribir ni sabe leer. Lo que escribe
el dolor es lo único que queda grabado en la memoria de los hombres",
manifiesta Martí en El Economista Americano, de Nueva York, en
1888.
En
otro de sus tantos documentos en los que revela su pasión al expresar y
reflejar con la pluma lo que siente, Martí manifiesta: “¿Qué habré
escrito sin sangrar, ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”.
Martí deja una medular huella de su cultura e ideas independentistas en
las más renombradas publicaciones de la época: La Habana, El Elegante, El Almendares, La
Revista de Cuba, de la Mayor de las Antillas; La
Juventud, El Avisador Cubano, El Avisador Hispano-Americano, El
Porvenir, La
Revista Ilustrada y El Latinoamericano, de Nueva York; La
Opinión Pública,
de Montevideo; La
Pluma,
de Bogotá; La
Nación y El Sudamericano, de Buenos Aires; La
República,
de Honduras; La
Revista Azul y El Partido Liberal, de México, y La
Opinión Nacional,
de Caracas, son claros ejemplos de ello.
De
esta forma refuerza su opinión de que "En las redacciones de
periódicos es donde hierve ahora el genio, que antes hervía en cortes,
en conventos y en campos de batalla".
En La
Edad de Oro,
ese valioso mensuario "de recreo e instrucción", el Héroe Nacional
vierte toda su ternura y amor por los niños, y también muestra toda su
doctrina como maestro y periodista.
En
esta excepcional publicación, que solamente vive entre los meses de
julio y octubre de 1889, vuelca Martí toda su ternura y comprensión
hacia la infancia, e inculca a los pequeños su ideario anticolonialista
y antimperialista, su amor por la gran patria latinoamericana, su
devoción por la justicia, la verdad y la belleza.
“Cada número contiene, en lectura que interesa como un cuento, artículos
que son verdaderos resúmenes de ciencias, industrias, artes, historia y
literatura, junto con artículos de viajes, biografías, descripciones de
juegos y de costumbres, fábulas y versos. Los temas escogidos serán
siempre tales que, mucha doctrina que lleven en sí, no parezca que la
llevan, ni alarmen al lector de pocos años con el título científico ni
con el lenguaje aparatoso”.
Referencias a libros, a la historia del arte, a los héroes
hispanoamericanos; y, asimismo, cuentos y poemas, aparecen en cada
número. Estos van acompañados también de un editorial, en el que se
comenta todos los materiales que aparecen en el magazine, y donde el
Apóstol comenta el contenido ideológico de los mismos. Así infunde ideas
a los infantes.
En
esta revista, como en la neoyorquina La
Ofrenda de Oro,
Martí brinda sus nociones respecto a una publicación consagrada a la
niñez y dicta en ellas normas ejemplares para el periodista que quiere
dedicarse a escribir sobre este dificilísimo género.
Lo
que significa para el Apóstol la concepción de La
Edad de Oro, la
podemos encontrar en carta enviada a Manuel Mercado, el 3 de agosto de
1889: “una empresa en que he consentido entrar, porque, mientras me
llega la hora de morir en otra mayor, como deseo ardientemente, en esta
puedo al menos, a la vez que ayudar al sustento con decoro, poner de
manera que sea perdurable y útil todo lo que a pura sangre me ha ido
madurando en el alma. Yo no quiero que esta empresa se venga a tierra.
Veo por acá que ha caído en los corazones (...) Los que esperaban, con
la excusable malignidad del hombre, verme por esta tentativa infantil,
por debajo de lo que se creían obligados a ver en mí, han venido a
decirme, con su sorpresa más que con sus palabras, que se puede publicar
un periódico de niños sin caer de la majestad a que ha de procurar
alzarse todo hombre”.
En
la misma misiva, tras aclarar que La
Edad de Oro pertenece al editor A. Da Costa Gómez, añade: “Verá por la circular
que lleva pensamiento hondo y ya que me la echo a cuestas, que no es
poco peso, ha de ser para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es
a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser
felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin
divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos
retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra
parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes; pero el
cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de
criar para niños de su tiempo, y hombres de América. Si no hubiera
tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa”.
El
empeño de inculcar ideales y hacer pensar a los menores, trae como
consecuencia que el encargado de la edición de La
Edad de Oro,
le crítica al Maestro su actitud, y le plantea que en su revista nunca
se les daba a los menores orientación religiosa, y que este era el tema
fundamental a tratarse en la misma. Al no aceptar Martí transformar el
mensuario, quiebra la empresa. Gran frustración sufre el Apóstol por
esta causa, pero con dignidad antepone sus convicciones propias a la
conveniencia económica.
Con
dolor, Martí comunica a Manuel Mercado, en carta del 26 de noviembre de
1886, desde Nueva York, que "La
Edad de Oro (...) ha salido de mis manos- a pesar del amor con que la comencé,
porque, por creencia o por miedo de comercio, quería el editor que yo
hablase del "temor de Dios", y que el nombre de Dios, y no la tolerancia
y el espíritu divino, estuvieran en todos los artículos e historias.
¿Qué se ha de fundar así en tierras tan trabajadas por la intransigencia
religiosa como las nuestras?. Ni ofender de propósito el credo
dominante, porque fuera abuso de confianza y falta de educación, ni
propagar de propósito un credo exclusivo. Lo humilde del trabajo sólo
tenía a mis ojos la excusa de estas ideas fundamentales. La precaución
del programa, y el singular éxito de crítica del periódico, no me han
valido para evitar este choque con las ideas, ocultas hasta ahora, o el
interés alarmado del dueño de La
Edad de Oro".
Mas
imprimir una revista como esta deviene en sueño largamente acariciado
por Martí. En carta enviada al abogado Miguel Viondi, fechada en Nueva
York el 8 de enero de 1880, el Maestro expresa por primera vez su
propósito de desarrollar una empresa editorial de este tipo. Al camarada
revela que ese boletín debe contener una serie de volúmenes que fueran:
“biográficos, históricos y artísticas, para todos interesantes, por
todos entendibles,- libros pequeños, amenos, cómodos y baratos”. Por
desdicha, no pudo llevar a cabo este anhelo, que de haberlo puesto en
práctica habría enriquecido nuestra literatura histórica con monografías
valiosísimas.
La
América,
revista que dirige, recibe en sus páginas, en 1889, el artículo firmado
por Martí “Reformas educacionales en Estados Unidos”, el que logra
resonado impacto en la opinión pública norteamericana. También en ella
salen otros sobre maestros ambulantes, educación y enseñanzas en el
campo.
Martí no desaprovecha ninguna coyuntura para defender la causa de los
cubanos. Ejemplo de esto lo podemos encontrar en la Carta Abierta que
envía al The Evening Post, de Nueva York, en respuesta al
hiriente ataque que contra sus coterráneos hiciera The Manufacturer,
de Filadelfia.
Para apreciar la labor periodística de Martí en los últimos quince años
de su vida, basta con leer su quehacer como corresponsal sobre los
acontecimientos de aquella época en los Estados Unidos, y sus artículos
en Patria.
En
carta a Bartolomé Mitre y Vedia, director de La
Nación,
con fecha 15 de septiembre de 1882, Martí dice: "La prensa no puede
ser, en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera
sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa
imaginación. La prensa es Vinci y Angelo, creadora del nuevo templo
magno e invisible, del que es el hombre puro y trabajador el bravo
sacerdote. Aquí hierven, junto con los modernos problemas humanos, los
problemas concretos de América, y ambiciones que alarman y grandezas
reales que deslumbran. ¿Qué mucho que, movida del ansia de cumplir estos
grandes deberes, la pluma, a riesgo de parecer cansada, se abandone a
considerarlos?".
Otra de las virtudes de Martí radica en el amplio conocimiento de los
temas que de su pluma nacen. En misiva remitida a Mitre, fechada en
Nueva York el 24 de abril de 1885, el Apóstol reconoce el elevado
dominio de materias posibles, que debe lucir el profesional que se
dedique al periodismo: “Ya el periodista ha de abarcar, si quiere
poner bien su nombre, no solamente aquellos truismos escolásticos,
amartillados en el yunque latino, y dispuestos con providencial
prosopopeya, que bastaban antes, con algún tintillo de cosas
extranjeras, para dar a un escritor fama de lucero de la prensa, sino de
moderna vida múltiple, en todas sus formas, como rige en las fraguas,
como se transforma en el comercio y viaja, como se ideifica en la
literatura y en la política, como se sublima y colorea en las artes. El
periodista ha de saber, desde la nube hasta el microbio. A Omar-Khairjam
y a Pasteur. La literatura del espíritu y la de la materia. Ambas ha de
enseñar, si quiere dar buenos hombres de ideas, o preparar bien a los
hombres de actos, el colegio moderno”.
El
periodismo no resulta para Martí un mero medio de subsistencia, sino un
oficio que ama y ejerce con verdadero placer, convirtiéndose para él en
un arma revolucionaria. Por eso, sostiene, ante el director de La
Nación,
el 10 de junio de 1887: "Tiene tanto el periodista de soldado”, y
a continuación consigna que: “el arte de escribir ¿no es reducir? La
verba mata sin duda la elocuencia. Hay tanto que decir, que ha de
decirse en el menor número de palabras posibles: eso sí, que cada
palabra lleve ala y color”.
El
periódico azteca El Partido Liberal, acoge, en enero de 1891, uno
de los
artículos más brillantez y profundos de los escritos por él: “Nuestra
América”, considerado una joya periodística y en el que defiende la
independencia y la libertad de Cuba y de los pueblos latinoamericanos.
En
definitiva, hay en nuestro Héroe Nacional el mejor juez de la vida
norteamericana, al hacer una radiografía del naciente capitalismo
estadounidense. Llega incluso a denunciar, en sus crónicas sobre la
Conferencia Monetaria Americana, los intentos de penetración económica y
política de la nación norteña en los pueblos latinoamericanos.
Constantemente recibe la censura de los propietarios de estos rotativos,
pues Martí no pierde la oportunidad de criticar la realidad
norteamericana (problema de los católicos, crimen cometido contra los
anarquistas de Chicago, la lucha entre el capital y los obreros, los
juegos y rejuegos electorales y de los políticos estadounidenses, la
vida de los emigrantes extranjeros...) cada vez que puede. Ante estos
censores siempre responde sobre la necesidad de comunicar también lo
negativo, pues "los pueblos latinoamericanos tienen que conocer la
verdad".
Asegura Martí que: “No hay tormento mayor que escribir contra el
alma, o sin ella”; y con dolorosa resignación acepta con dignidad
las trabas que los propietarios de La
Nación y La
Opinión Nacional le imponen a su labor periodística, por primar para ellos “los intereses
del negocio editorial”.
En
misiva a Mitre, con fecha del 19 de diciembre de 1892, sobre este
asunto, refiere: “Es mal mío no poder concebir nada en retazos, y
querer cargar de esencias los pequeños moldes y hacer los artículos de
diario como si fueran libros, por lo cual no escribo con sosiego, ni con
mi verdadero modo de escribir, sino cuando siento que escribo para
gentes que han de amarme, y cuando puedo, en pequeñas obras sucesivas,
ir contorneando insensiblemente en lo exterior la obra previa hecha ya
en mi. (...) Para mi la crítica no ha sido nunca más que el mero
ejercicio del criterio. (...) El método para las cartas de Nueva York,
que durante un año he venido escribiendo, (...) ha sido poner los ojos
limpios de prejuicios en todos los campos, y el oído a los diversos
vientos, y luego de bien henchido el juicio de pareceres distintos e
impresiones, dejarlos hervir y dar de sí la esencia,– cuidando no
adelantar juicio enemigo sin que haya sido antes pronunciado por boca de
la tierra, porque no parezca mi boca temeraria-; y de no adelantar
suposición que los diarios debates del Congreso y conversaciones
corrientes, no hayan de antemano adelantado. De mi no pongo más que el
amor a la expansión –y mi horror al encarcelamiento del espíritu humano.
Sobre este eje todo aquello gira”.
Su
amor por Cuba lleva a soñar a Martí con crear un órgano que inspire y
prepare la lucha por la independencia nacional. En carta enviada desde
Nueva York, el 16 de noviembre de 1889 a Gonzalo de Quesada Aróstegui,
le expresa: “Yo sé lo que yo haría, y lo que puedo hacer, y cuán
pronto lo haría. Y lo que pueda, lo haré. Ya estaría el periódico
publicado, y por Cuba y por nuestra América, que son unas en mi
previsión y mi cariño, si pudiese decidirme yo a aceptar ayuda de los
que, en público o en secreto, no comparten por entero mi modo de pensar.
Y lo que me detiene es que ideas de esta dignidad no deben aparecer con
pobreza ante el público, porque es dañarlas más que defenderlas, y no
veo claro el modo de sacar el periódico a la luz con la frecuencia y la
holgura que en estos meses de combate son necesarias. Lo haré como
pueda, porque es preciso”.
Pocas semanas después, el 13 de diciembre, escribe nuevamente a este
amigo para confirmarle su intención de sacar esa publicación: “La
verdad no se ha de quedar sin decir; vamos a ver los que piensan como
nosotros; y lo que ordena y se atrae el periódico. Si existe la
determinación que supongo a resistir estas tendencias, vamos a darle
voz, y forma (...) ya poco falta para tener el periódico en pie”.
Ese
órgano nace el 14 de marzo de 1892, con el nombre de Patria.
Creado en Nueva York, tiene como objetivo impulsar la guerra libertadora
y unir a los cubanos para ello. No solamente cuenta con la misión de
informar sobre el proceso de lucha que se prepara contra España, sino
como medio de formación de la ideología independentista.
Mas, esto no es óbice para que en él aparezcan a menudo en un solo
número vibrantes y medulares artículos de fondo, junto a bellas crónicas
artísticas, semblanzas de algún patriota y las sugestivas e íntimas
notas suyas que llevan por título “En casa”, lo que testimonia la
extraordinaria laboriosidad y capacidad polifacética de Martí.
Con
mucho celo, Martí cuida de la publicación, y pretende a cada instante
que este medio de divulgación ideológica del Partido Revolucionario
Cubano sea fiel exponente de su pensamiento y doctrina independentista y
filosófica.
“Nace este periódico, por la voluntad de los cubano y puertorriqueños
independientes de Nueva York, para contribuir sin premura y sin
descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto
Rico... Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace
este periódico. Pero este periódico viene a mantener la guerra que
anhelan juntos los héroes de mañana, que aconsejan del juicio su fervor,
y los héroes de ayer, que sacaron ilesa de la lección de los diez años
su fe en el triunfo, la única guerra que el cubano libre y reflexivo,
por naturaleza, pide y apoya, y es la que, en acuerdo con la voluntad y
necesidades del país, y con las enseñanzas de los esfuerzos anteriores,
junte en sí, en la proporción natural, los factores todos, deseables o
irremediables, de la lucha inminente; y los conduzca, con esfuerzo
grandioso y ordenado, a una victoria que no hayan de deslucir un día
después los conatos del vencedor o la aspiración de las parcialidades
descontentas, ni estorbe con la política verbosa y femenil el empleo de
la fuerza nacional en las labores urgentes del trabajo”, expresa el brillante editorial del Maestro al surgir Patria.
Sostiene Martí en varias oportunidades la necesidad de que el periódico
dé a conocer la realidad norteamericana. Un ejemplo de ello lo confirma
el artículo "La verdad sobre los Estados Unidos", el 23 de marzo de
1894: "Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los
Estados Unidos (...) Y para ayudar al conocimiento de la realidad
política de América, y acompañar o corregir, con la fuerza serena del
hecho, el encomio inconsulto -y, en lo excesivo, pernicioso- de la vida
política y el carácter norteamericanos, Patria inaugura, en el
número de hoy, una sección permanente de "Apuntes sobre los Estados
Unidos", donde, estrictamente traducidos de los primeros diarios del
país, y sin comentario ni mudanza de la redacción, se publiquen aquellos
sucesos por donde se revelen, no el crimen o la falta accidental -y en
todos los pueblos posibles- en que sólo el espíritu mezquino halla cebo
y contento, sino aquellas cualidades de constitución que, por su
constancia y autoridad, demuestran las dos verdades útiles a nuestra
América: el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos,
y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias,
inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos
hispanoamericanos".
Constantemente mantiene estrecha correspondencia con Gonzalo de Quesada
Aróstegui y Benjamín Guerra. En sus cartas a estos amigos les indica
cómo debe aparecer las informaciones en su amado periódico, y les
recomienda constantemente que los trabajos que en él se publiquen deben
fortalecer los ideales revolucionarios y libertadores. Fe de ello se
encuentra en sus palabras: "A Patria téngamela a la capa, en
cuanto a ideas, totalmente silenciosa en cuanto transpire a debate o
réplica, sobre todo en lo referente a autonomistas, martillando muy
recio en el pecado, pero sin decir jamás el nombre de los pecadores. Ya
ve cómo así vamos ganando la batalla (...) Que queden tendidos por
nuestra razón serena, y obligados a nuestra magnanimidad. Patria hágamela de asuntos pintorescos, y en cada número algo brillante y nuevo
(...) Heroísmos desconocidos y breves: relaciones pujantes (...): poca
biografía larga (...)".
Desde
Cabo Haitiano, el 10 de abril de 1895, dicta normas a seguir por los
responsables en Nueva York del órgano noticioso: “Patria ha de
ser ahora un periódico alto y hermoso. Antes pudimos descuidarla o
levantarla a brazadas; ahora no. Ha de ser continuo sobre las mismas
líneas, afirmando con majestad lo contrario de lo que se afirma de
nosotros; mostrando en el silencio inquebrantable sobre las personas- el
poco influjo real que les concedemos. A lengua sinuosa nos están
batiendo; cerrémosles el camino a mejor lengua, la hermosa, - por
ejemplo- del artículo sobre las proclamas de Masó (...). Y siempre los
mismos puntos principales: capacidad de Cuba para su buen gobierno;
razones de esta capacidad; incapacidad de España para resolver en Cuba
capacidades mayores; decadencia fatal de Cuba y alejamiento de su
destino bajo la continuación del dominio español, diferencias patentes
sobre las condiciones actuales de Cuba y de las repúblicas americanas
cuando la emancipación; moderación y patriotismo del cubano negro, y
certeza probada de su colaboración pacífica y útil, - afecto leal al
español respetuoso- concepto claro y democrático de nuestra realidad
política; y de la guerra culta con que se ha de asegurar. Eso cada día ,
y en formas varias y en el periódico todo. ¿Por qué no un artículo sobre
cada uno de esos puntos? ?O un número donde estuvieran todos ellos
tratados explícitamente? Esa es buena idea. Un número para eso, sobre
esos temas, que ustedes escriban, como de la casa, o que escriban y
firmen varios”.
Y
desde los campos cubanos: “Lúzcase en Patria con un buen
artículo sobre el espíritu uno, desinteresado, hermoso, casi religioso
de las emigraciones. Corríjame bien a Patria. Hágamelos de
asuntos pintorescos y, en cada número, algo brillante y nuevo. Heroísmos
desconocidos y breves. Embellezcan y regularicen a Patria: mucha
noticia, ahora. Estrada escriba. Un fondo con la idea fijada, vuelta y
revuelta; todo lo de Cuba; y siempre, una amenidad revolucionaria,
biografía o leyenda”.
En
estas instrucciones, claras y concretas, se patentizan la dimensión y
capacidad de Martí como director de un periódico.
Por
tal motivo, el escritor guatemalteco Rafael Spíndola llega a decir que Patria ofrece el espíritu de lucha del Apóstol, al afirmar: “más que un periódico, parece esa hoja la disección de un alma viva:
aquí el ¡ay¡ quejumbroso del dolor; más allá el himno de la esperanza
que renace; pero todas sus líneas empapadas siempre en profundísimas
nostalgias. A más de esto, el acento de convicción vibra y queda como
repercutiendo en cada uno de los renglones que brotan de aquel apóstol
mártir.”
Martí manifiesta que un periódico deber ser: “extraño a todo género
de prejuicios, enamorado de todo mérito verdadero, afligido de toda
tarea inútil, pagado de toda obra grandiosa. Donde todo sereno
pensamiento y pensador e hidalgo tenga casa”.
Cuando da su criterio sobre la variedad de estilos de una gaceta, el
Apóstol expone: “uno es el lenguaje de gabinete; otro el del agitado
parlamento. Una lengua habla la áspera polémica; otra la reposada
biografía. De aquí que un mismo hombre hable distintas lenguas cuando
vuelve los ojos ahondadores a las épocas muertas, y cuando, con las
angustias y las iras del soldado en batalla, esgrime el arma nueva en la
colérica lid del presente. No hay porqué invalidar vocablos útiles, ni
porque cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas”.
Al
valorar toda la trayectoria periodística de Martí, a su muerte, Charles
Anderson Dana escribe: “de tales héroes no hay muchos en el mundo, y
su sepulcro de guerrero prueba plenamente que, en época como esta,
material y positivista, hay espíritus que lo saben sacrificar todo por
sus principios sin recibir nada por ello.”
Sus
teorías y doctrina en este campo las deja explícitas en diferentes
oportunidades.
El
8 de julio de 1875, en Revista Universal, ofrece sus
consideraciones con respecto al objeto de la prensa: “No es el oficio
de la prensa periódica informar ligera y frívolamente sobre los hechos
que acaecen, o censurarlos con mayor suma de afecto o de adhesión. Toca
a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; tócale
examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado; no
encarnizarlos con un alarde de adhesión tal vez extemporánea; tócale
proponer soluciones, madurarlas hacerlas fáciles, someterlas a consulta
y reformarlas según ella; tócale, en fin, establecer y fundamentar
enseñanzas, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus
servicios y merecimientos, la proteja y la honre. Tiene la prensa
periódica altísimas misiones: es la una explicar en la paz, y en la
lucha, fortalecer y aconsejar; es en la otra hacer estudio de las graves
necesidades del país, fundir sus mejoras, facilitar así la obra a la
administración que rige, y ya que tantas graves cuestiones preocupan en
una nación que asciende de una situación vacilante y anómala, a la de
tierra dueña y libre, ayude la prensa periódica a los que gobiernan,
señalando, y presentando estudiadas las cuestiones que han menester más
seria y urgente reforma".
En
estas palabras se destaca cómo para Martí la prensa tiene valor
ideológico y deviene en un instrumento formador, además de jugar su
papel como medio de información.
El
Apóstol también consigna su concepción de cómo debe ser un escritor de
diario: “el escritor diario no puede pretender ser sublime. Semejante
pujo para en extravagancia. Lo sublime es esencia de la vida; la montaña
remata en pico; lo sublime es como pico de montaña. Es como quien
quisiera andar a pasos naturales por sobre picos de montaña. Los
empedrados no son cúspides sino pedrezuelas. Esa suprema altitud quede
para los que son dueños de sí mismos y pueden esperar la hora de la
inspiración. Pero el que no es dueño de sí, y no puede esperar la hora,
ha de aprovecharla si le sorprende, pero no ha de forzarla. Que la
inspiración es dama, huye de quién la busca. El escritor diario, que
puede ser sublime a las veces, ha de contentarse con ser agradable”.
También, para destacar la moral que debe acompañar al periodista, el
Apóstol asegura que: “ni aún para captarse la simpatía que ha
menester en una tierra culta el cronista desconocido que llega a sus
puertas, deben emplearse en expresiones meramente personales la atención
y el espacio que han de darse enteros al mejoramiento de la patria y al
estudio leal de los problemas industriales y políticos, que pueden
ayudar a extraer oro de sus entrañas generosas o a ir poniendo en su
aire ese otro oro sutil, y de más precio, que viene con la práctica
entendida y sincera de las libertades”.
Y
con la misma ética asegura que: "El desinterés del periodista es
esencial. Aflige cobrar por lo que se piensa: y más si, cuando se
piensa, se ama. Un periódico sin generosidad, es un azote. Un periódico
generoso, es una columna".
Su
honestidad para con esta profesión le lleva a decir: "Periodismo magno
el de quienes en papeles condenados a desaparecer en horas o días,
escriben para años".
Queda una pregunta por hacer: ¿qué hubiera hecho Martí como periodista,
si llega a tener libertad total para realizar su obra de la forma que él
deseaba?
“...Una revista mensual, toda escrita de mi mano, y completa en cada
número; que venga a ser como la historia corriente y resumen, a la vez
expositivo y crítico, de todo lo culminante y esencial en política alta,
teatro, movimiento de pueblos, ciencias contemporáneas, libros, que pase
acá y allá, donde quiera que, de veras, viva el mundo”.
De
seguro, si el Héroe Nacional Cubano hubiera realizado este proyecto,
habría legado la más completa y bella revista en idioma español de su
época.
“Para Martí, no hubo preocupación más honda que la de su ideal
patriótico. Reiteradamente opone a la gloria literaria y periodística,
la de servir a Cuba, a la que solo iguala la de lograr la perfección del
hombre y la de acrecer el bienestar del mundo”, opina el intelectual
Isidro Méndez.
Sabedor de que "la prensa no es aprobación bondadosa o ira
insultante; es proposición, estudio, examen y consejo", la
labor periodística de Martí consolida la conciencia nacional,
independentista y antimperialista, cohesiona esfuerzos del pueblo
cubano, y une voluntades para luchar por la libertad del suelo patrio.
Dispersa en múltiples publicaciones, la obra periodística del Héroe
Nacional Cubano refleja uno de los aspectos más interesantes y profundos
de su vida. En las crónicas, artículos, reseñas, críticas artísticas y
literarias y correspondencias para la prensa de diversos países, se
encuentran el sentir de ese corazón puro y digno, de esa alma bella y
diáfana, las más límpidas esencias de su espíritu y cabal concepción de
la vida. Pero también, demuestran su don crítico, extraordinario
talento, capacidad abarcadora, magistral estilo, admirable penetración
en el pensamiento humano y poder de síntesis que debe acompañar al
periodista.
La
producción periodística del Apóstol, además de enseñar, deleita e
ilustra, por su profundidad, originalidad, variedad, honestidad
intelectual y amplitud.
Todos los problemas de los pueblos latinoamericanos, ya sean económicos,
culturales, religiosos, históricos, políticos, sociales, agrarios,
educacionales, étnicos, migratorios, y demás, el Maestro los estudia a
fondo; analiza minuciosamente sus causas, las contrasta, y brinda
soluciones prácticas y concretas, lo que evidencia su elevada cultura y
amor por los países de nuestra América. Y estas dificultades americanas
las plasma en los periódicos y revistas de la época y plantea la
necesidad de que estos sirvan de exponentes y defensores de la verdad y
el logro de la soberanía de cada uno de esos países, lo que se puede
observar cuando sintetiza esta idea con la frase: "La prensa es el
can guardador de la casa propia"
La
maestría, seriedad y rigor con que exalta a figuras hispanoamericanas,
como Simón Bolívar, San Martín, Cecilio Acosta, Federico Proaño, Eloy
Escobar, Juan Carlos Gómez, Santiago Pérez Triana, Olegario Andrade,
Miguel Peña, entre otros, exponen su admiración por todos aquellos
hombres que, por su valor, talento o virtud, pusieron en alto el nombre
del continente.
La
pedagoga Camila Henríquez Ureña manifiesta que: “dentro de las
circunstancias reinantes en la época, la obra de Martí hecha para
publicarse impresa –es decir, dejando aparte los discursos y las cartas
privadas- es, casi en su totalidad, periodismo”, y la martiana Fina
García Marruz alega: "No sólo publica principalmente en el periódico
la mayor parte de su obra, sino que ella es, en gran parte, auténtica
crónica periodística, que no sólo recoge lo más importante de la
actualidad literaria o política sino aun el pequeño suceso diario".
Mientras la poetisa chilena Gabriela Mistral asegura que el Apóstol
cubano es: "un hombre de tribuna y redacción", el intelectual
villaclareño Juan Marinello expresa: "Parece innegable que fue el
periodismo -un periodismo distinto, en que se vuelcan el gran escritor,
el gran revolucionario y el gran artista-, el campo donde alcanza su más
alto nivel".
Estas definiciones sobre la labor periodística de Martí no terminan
aquí. Para Ramón Becali, su periodismo es "tribuna, confesionario y
trinchera de ideas".
La
labor periodística deviene en arma revolucionaria en manos de Martí, y
la esgrime en defensa de su querida tierra, como para denunciar las
injusticias y opresión cometidas en cualquier lugar del mundo. De esta
forma, se convierte en uno de los más grandes periodistas del mundo en
su época, y un gigante revolucionario que supo dar su vida por la
libertad. Mas esa arma revolucionaria es empleada por él con total
dominio de la ética, y por tal razón dice: "El periodismo ha de ser un
culto, que lo sea la virtud. No debe hacerse de la pluma arma de
satírico, sino espada de caballero".
Y esa
misma moral lo conduce a afirmar: "No merece escribir para los hombres,
quien no sabe amarlos".
No
cabe duda que Martí desempeña esta apasionante profesión con mucho
acierto, al tener en él a un creador de extraordinaria dimensión. No
cabe duda que la obra periodística de Martí sigue vigente, pues todas
sus creaciones, desvelos y esfuerzos en este campo son ejemplo y
paradigma hacia el logro del bien social.