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Periodismo: arma revolucionaria en manos de José Martí - Ariel Lemes

LA Victoria Electoral

 

La victoria electoral del FA-EP-NM ha abierto una esperanza que alcanza incluso a muchos que no lo votaron. Ciertamente esa expectativa no debe ser defraudada.

Los frenteamplistas y los uruguayos tenemos derecho a esperar una nueva práctica política, transparente y basada en principios. Luego, que la unidad que supo mantenerse y ampliarse a lo largo de tres décadas, en medio de duras pruebas, se consolide y crezca. La unidad llegó a ser un objetivo estratégico de la izquierda uruguaya y lograrla significó el esfuerzo militante de varias generaciones y una gran dosis de generosidad y amplitud políticas, producto de una visión que trascendía lo coyuntural inmediato. Resistiendo tentaciones polémicas de detalle, plantearé brevemente algunas reflexiones de orden general, en referencia a tendencias que, a mi entender, tienen larga data. 

1.- El FA en su origen fue expresión de una alianza no solamente política sino social. La segunda trascendía las fronteras, internas y externas, que trazaba la primera. Ello le confirió rasgos inéditos respecto a otras experiencias frentistas: el doble carácter de coalición y movimiento.

En la medida que se diluye el concepto de frente policlasista se acentúa el carácter pluripartidista, la agregación en detrimento de la organicidad. Lo particular tiende a prevalecer sobre lo general, los organismos partidarios sobre los frenteamplistas, las cúpulas sobre las bases.

2.- Este rasgo alcanza a los contenidos programáticos que, al variar según quien los enuncie, pueden aparecer ambiguos y aún contradictorios. Definición y coherencia no significan inmutabilidad, ya que todo proyecto político debe tener en cuenta las condiciones del concreto momento histórico, las reales relaciones de fuerza y el carácter de la época. Se podría cuestionar si la interpretación de estos factores ha sido correcta y si no han predominado consideraciones estrechamente tácticas, pero ese es otro tema.

Lo que aquí interesa es que el peso del elemento personal aumenta en razón directa a la devaluación de lo colectivo y de lo programático. Quién lo hará importa más en la medida que se percibe menos claro, definido y firme el qué se hará.

3.- El análisis de clase ha desaparecido del pensamiento -¿o es sólo “discurso”?- de la izquierda y ha sido sustituido por abstracciones como todos, la gente o los pobres.

Desestimados los sujetos sociales, quedan los individuales o los corporativos. Esto va de la mano con posturas paternalistas y autoritarias, pues más allá de palabras, el protagonismo centrado en grupos o personalidades, puede conducir a que la participación real se reserve a los seguidores de cada uno en su respectivo ámbito de influencia. Se genera un nosotros excluyente.

Y ¿qué noción de la política y de lo político es la que se deriva de estas prácticas?

4.- Si es cierto que las ideas son una fuerza cuando se hacen patrimonio de las masas, la realización de un proyecto alternativo incluye una dimensión educativa en el sentido de que debe, como quería Gramsci, actuar para la construcción de un nuevo sentido común, diferente y opuesto al de la ideología dominante. En el mismo sentido, en el Congreso de CLACSO 2003, Perry Anderson exigía la crítica consistente de los conceptos clave de la nueva hegemonía mundial.

Se hace todo lo contrario cuando, quizás inadvertidamente, se difunden categorías, razonamientos y formas de pensar propios de esa ideología. Mitos como “la globalización” o la “sociedad del conocimiento” son adoptados acríticamente y se legitiman criterios dignos de Susanita, como el de que la asistencia social interesa a los ricos, pues así podrán gozar en paz de sus bienes terrenales. Un tópico dicho mil veces no se convierte en verdad, pero arriesga transformarse en consigna.

María Battegazzore

 

 

 

 

 

 

 

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