Economía
Política industrial, reconversión productiva y competitividad
La experiencia cubana de los 90
La obra que
comentamos fue realizado por del Instituto Nacional de Investigaciones
Económicas (INIE)-CUBA
Por considerarlo de sumo
interés, para la realidad uruguaya y latinoamericana, por los tiempos
fermentales y decisivos que vivimos y viviremos tomamos esta experiencia,
extrayendo pasajes de los primeros tramos del libro. Por el enfoque de la
ciencia económica que se hace, devolviéndole el carácter de tal, superando el
voluntarismo que en ocasiones se cayó en la construcción del socialismo, pero
desde un ángulo marxista: “Los filósofos solo han
interpretado de varias maneras el mundo, se trata de transformarlo” (tesis XI, sobre Feuerbach, de Carlos Marx). Teniendo en cuenta el carácter de
ciencia social que detenta la economía, donde no existe la objetividad, sino que
toda política o medida económica, responde, siempre, a intereses de clase, de un sector social
u otro, en permanente lucha.
Así comienza:
Asumimos aquí la
realización de un análisis del saldo de las políticas de desarrollo productivo y
tecnológico aplicadas en la década, mirando más que todo hacia las reservas no
aprovechadas y tratando de descubrir, lo más certeramente posible, el potencial
productivo latente que no ha podido ser debidamente explotado, enfocando los
requerimientos de transformación pendientes de realizar para lograr una
competitividad sostenible en el mediano y largo plazos. (pag. 1)
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Para abordar
adecuadamente el problema del diseño e implementación de la política de
desarrollo productivo se consideró imprescindible hacer una revisión del "estado
del arte" en la temática, lo que nos obligó al abordaje de temas de notable
complejidad conceptual y carácter polémico relacionados, por ejemplo, con los
enfoques, modos y alcances en que se debe enmarcar la intervención del Estado en
la Economía. (pag. 2)
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La
obra analiza una etapa singular de la historia económica del país: los años
noventa,
período en que se inició un proceso de reformas económicas orientadas a la
reinserción externa y la modernización del aparato productivo. Estas no han
estado guiadas por un modelo económico preestablecido, sino que han resultado de
la adecuación de la economía al nuevo escenario internacional, a partir de un
conjunto de principios estratégicos para la continuidad de la obra
revolucionaria cubana.
Dichos principios incluyeron, ante todo, la necesidad de asegurar la
supervivencia del proyecto socialista en el contexto de una crisis económica y
un entorno internacional adverso, lo que ha exigido cautela respecto a la
realización de cambios que puedan tener un carácter irreversible para el
mantenimiento de los fundamentos raigales del socialismo y comprometer la
soberanía nacional. Los principales objetivos fueron: preservar las principales
conquistas sociales; distribuir lo más equitativamente posible los costos del
ajuste; y gradualidad en la exposición de los actores a las nuevas reglas de
juego -en particular en la apertura externa-, con vista a preservar, como núcleo
para las transformaciones, el acervo de capacidades tecnológicas y productivas
adquiridas con anterioridad.
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El
reto competitivo que tiene la economía cubana en la actualidad y el agotamiento
de ciertas reservas de mejora hacen necesario acometer con mayor alcance la
elaboración de políticas de desarrollo productivo, para dinamizar el crecimiento
y mejorar su calidad. (pag.6)
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En el
presente libro se pone de manifiesto la amplitud y el carácter abierto y
cambiante del problema en la actualidad y los aspectos en donde la teoría
económica no ha brindado aún una respuesta adecuada para su abordaje sobre bases
sólidas.
En
particular, se revela con claridad que el debate sobre los alcances necesarios y
convenientes de la acción estatal no está ni con mucho agotado.
La discusión sobre la naturaleza y eficacia de los nuevos instrumentos de
política industrial posibles de utilizar en las condiciones actuales, y de las
características de la institucionalidad que se requiere para liderar el
requerido proceso de cambios, está aún lejos de madurar en lo teórico y en lo
práctico, y ha sufrido una importante distorsión en sus bases conceptuales
derivada de la preeminencia en la última década de la ideología del libre
mercado.
Se ha
pretendido asumir en diversos ámbitos académicos y ejecutivos, la lógica de que los economistas deben ser objetivos y que los juicios de valor son para
los políticos y los filósofos,
aplicando un enfoque reduccionista que limita el horizonte respecto al núcleo
teórico de la economía; y asociado a ello, en gran parte de los trabajos sobre
economía de mercado se abrieron brechas para una defensa velada de premisas
afines a la ideología neoliberal o que pretenden dar prioridad en todo momento a
la racionalidad mercantil por sobre la racionalidad social.
Sin embargo,
la economía es una ciencia social y al existir intereses en la sociedad,
generalmente, cualquier evaluación o formulación de política lleva incorporados
juicios de valor, por lo que es insoslayable que el economista actúe con
conciencia social; es decir, como economista político. Más aún, carece de
toda ética obviar de manera gratuita la asunción de altos costos sociales
asociados de la aplicación siquiera experimental de principios doctrinarios que
sustentan determinadas políticas, siendo estos asumidos acriticamente en función
de concepciones que en definitiva carecen de la necesaria validación desde el
punto de vista de las ciencias sociales.
Resultan
asombrosamente insatisfactorios los enfoques arriba aludidos al abordar el
problema de las diferencias entre necesidades sociales y demanda efectiva,
determinada esta última por la capacidad de compra, sin considerar orgánicamente
los (Pag.9) problemas de la distribución de los ingresos. Así se llega a
enarbolar la “soberanía del consumidor” dentro de los principios de defensa de
la competencia en las políticas industriales, soberanía que en irónica paradoja
excluye a la alta y creciente proporción de la población pobre (más del 40% en
la región latinoamericana), marginada del consumo.
....(Pag.10)
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De lo
que se trata en buena medida, es de proponerse la recuperación del "sentido
común" en las políticas de fomento, después de casi dos décadas en las que ha
predominado la retórica del fracaso del Estado y del buen funcionamiento
alternativo de la mano invisible del Mercado, es decir, erradicar esa
simplista visión dicotómica; ni uno ni otro han cumplido adecuadamente su
cometido. Se requiere entonces adoptar una actitud más pragmática en
función de las necesidades específicas de cada escenario productivo e
institucional, de donde puede arribarse a la necesidad de explorar nuevas formas
de experimentación social, en un marco de incertidumbre y falta de información
acerca de qué funciona y qué no, moviéndose con un enfoque proactivo hacia un
intenso proceso de aprendizaje institucional.
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El Estado
debe ser capaz de coordinar en el tiempo los incrementos de la disciplina
impuesta por el mercado,
con un activo accionar encaminado al fortalecimiento de los factores de
competitividad sistémicos. Un factor esencial para ello está en el desarrollo de una "ingeniería institucional" que permita al Gobierno tener un
papel protagónico pero sin suplantar la iniciativa empresarial, asumiendo para
ello una actuación cercana a la figura del promotor, facilitador y articulador
de esfuerzos para el desarrollo competitivo,
convirtiéndose en interfase efectiva entre lo micro, lo meso y lo macro, y
asumiendo conscientemente el fuerte componente político de su misión integradora
para situarse en cada vez mayor capacidad de liderar la construcción de
estrategias colectivas y de futuros posibles. Ello
supone la concepción de un nuevo tipo de intervencionismo estatal en estrecha
conexión con la sociedad civil, coherente con el diseño de una política
industrial más descentralizada y articulado en todos los niveles, lo que exige
madurez en el desarrollo de instituciones democráticas...... (pag.13)
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(en cuba) ...avance hacia el empleo de un herramental de conducción económica
mucho más sustentado en la utilización de instrumentos indirectos de regulación
y planificación, en donde las relaciones económicas horizontales tendrán un
papel más protagónico. Ello
será así en la misma medida en que el propio avance y fortalecimiento de la
economía, el desarrollo de la capacidad empresarial para ejercerse autónomamente
de manera eficiente y eficaz, y el fortalecimiento y desarrollo de la capacidad
institucional para la formulación de políticas públicas en las nuevas
condiciones de funcionamiento, permita disminuir la preponderancia del
esquema actual de dirección basado en la realización de transformaciones
delimitadas y acotadas casuísticamente por el nivel superior de dirección y con
intervención de métodos administrativos en proporción no deseable, y pasar a
atender de manera mis prioritaria aspectos relativos a la elevación del grado de
coherencia e integralidad del diseño funcional del modelo económico-social en
gestación. (pag.19)
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Un
conjunto de acontecimientos internacionales ha conducido a la necesidad de
modificar la propia noción de competitividad prevaleciente antes de la
irrupción de la actual revolución tecnológica a mediados de los 70. Los mismos
nos conducen a afirmar que toda transformación productiva estará ahora
indisolublemente ligada a la internacionalización de la producción y a la
profundización exportadora.
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La liberalización y desregulación financiera han acentuado la globalización de
los mercados imponiendo nuevas condiciones a tipos de cambio y de interés que
tienden a restringir los márgenes de maniobra de las políticas locales. Las
técnicas de gestión han de ser cada vez más compatibles con la economía global,
buscando formas de organización que estimulen la innovación, la flexibilidad y la creatividad. El
conocimiento es la clave del desarrollo y el principal código organizador de la
sociedad. Lo que cuenta es la calidad de lo producido y los recursos humanos
involucrados.
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El concepto
de Competitividad nos evoca entonces una nueva era en el comercio internacional,
que ha dejado prácticamente obsoleta la teoría de las ventajas comparativas,
para dar paso a la teoría de las ventajas competitivas. (pag.22)
La globalización es un proceso que en realidad viene gestándose desde la
Revolución Industrial del siglo XIX, en la medida en que ésta se difundió e
impulsó en el siglo XX, gracias a los cambios tecnológicos y la acumulación de
capitales. Lo novedoso de esta última etapa es lo acelerado de las
transformaciones en el campo científico-tecnológico, lo cual propició la
globalización financiera y la desregulación de los grandes servicios masivos
internacionales.
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La empresa, al ser un sistema abierto en permanente interacción con el entorno,
se enfrenta a problemas estratégicos cada vez más interdependientes y
complejos. Estos problemas exigen decisiones de alta calidad que sean bien
aceptadas; por lo que el proceso que se sigue en la solución de los mismos,
influye de manera determinante en el logro de la competitividad. (pag.25)
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El
esfuerzo de una empresa "competitiva' será enorme para conservar su posición si
la macroeconomía está: equilibrada, o las aduanas no funcionan, o si las
carreteras están deterioradas, o si las telecomunicaciones no son eficientes, o
si la energía eléctrica es onerosa y hay cortes, o si la mano de obra no está
calificada, o si no hay un sistema de comercialización expedito. Lo anterior no
quiere decir que sea imposible que algunas empresas logren vencer obstáculos y
destacar en los mercados, pero una estrategia de desarrollo autosostenible a
nivel nacional debiera pretender incorporar el mayor número de empresas en la
categoría de competitiva, a partir de la consideración del fenómeno de la
competitividad sistémica. El concepto
de competitividad sistémica parte de considerar que el desempeño, que se observa
a nivel micro, proviene de -o se basa en- condiciones de competitividad en otros
niveles, que forman parte de todo el sistema económico, político, social y de
valores de un país o de un grupo de países. Estos otros niveles son los meso,
macro y meta y su mayor o menor desarrollo, su interacción y posición inciden
decisivamente en la competitividad del sector productivo, que es justamente la
que se observa en los mercados. De acuerdo
con el enfoque adoptado, el concepto de competitividad sistémica (CS) incluye
elementos económicos, pero también políticos, sociales e incluso de valores y
culturales, que contribuyen a explicar por qué ciertas regiones o países han
avanzado más que otros. (pag.27)
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Dentro de los elementos de la nueva competitividad habría que destacar, por
tanto, aspectos tales como que ya no compiten esencialmente empresas sino
sistemas. La empresa es el nudo crucial de la competitividad y la innovación,
pero ella está (pag.28) integrada a una red de proveedores, al sistema
financiero, educacional, tecnológico, energético, de transporte,
telecomunicaciones así como de infraestructura y calidad del sector público. De
ahí, que resulte necesario privilegiar explícitamente la promoción de
eslabonamientos productivos y de servicios en torno a las exportaciones (Cluster),
el desarrollo de proveedores y la producción de insumos intermedios. El
desarrollo industrial moderno debe estar articulado en tomo a cadenas
productivas lo que implica la necesidad de atender de manera particular la gama
de servicios vinculados a la producción, el mantenimiento, las reparaciones, los
servicios de consultaría industrial, tecnológica, administrativa, financiera, de
informatización, de ingeniería de diseño y de proceso. Por tanto, la política
industrial y de servicios modernos no puede desvincularse. .... (pag.29)
Del libro:
Política industrial,
reconversión productiva y competitividad
La experiencia cubana de los 90
Autores:
Adriano García Hernández
Esperanza Alvarez Salgado
José Somoza Cabrera
Nancy Quiñones Chang
Isis Mañalich Gálvez
Carlos Fernández de Bulnes
Economía