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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE OBJETIVIDAD, RELATIVIDAD Y NEUTRALIDAD 
      ALEXIS CAPOBIANCO


Es hoy común escuchar, en los más diversos ámbitos, frases como “todo es relativo”, “la objetividad no existe”, “todo depende del cristal con que se mire”, frases repetidas una y mil veces, que se han transformado en el “sentido común” de nuestra sociedad. Desde el vecino, hasta los filósofos, historiadores, politólogos y comunicadores las pronuncian. Y esto es un hecho a tomar en cuenta: ¿los formadores de opinión, que están afirmando categóricamente una teoría gnoseológica, lo están haciendo con la necesaria reflexión previa, o la mayoría, o un gran número de ellos, la repite porque como todo el mundo lo dice parece ser verdad? Sería recomendable, sobretodo para quienes nos proponemos transformar la sociedad, desconfiar de los consensos, sobretodo si lo dicen los grandes medios, desconfiar de lo que “casi todo el mundo piensa”, es decir, de lo que Gramsci llamó el sentido común, que no es más que una expresión de la ideología dominante. 

¿Es todo subjetivo? ¿No existe la objetividad?  

Supongamos un hecho cualquiera: dos personas entran a un aula y ven un cilindro blanco a cierta distancia sobre el escritorio, uno sostiene que es una tiza otro que es un cigarro, ¿que pueden hacer para saber que es? Acercarse al objeto y tratar de analizar sus características. Se acercan y comprueban que es una tiza pues deja un rastro blanco en el pizarrón. Las dos visiones eran subjetivas pero una era una representación más adecuada de este hecho en particular que la otra, su visión subjetiva estaba más acorde con este hecho objetivo que la otra. 

En los deportes este tipo de situaciones es muy común. En el fútbol por ejemplo: ¿en la jugada que culminó en gol hubo o no posición adelantada? Supongamos que el línea dice que si y el juez dice que no, el gol no se anula. Posteriormente, se revisan las grabaciones y es clara la posición adelantada del jugador que realizo el gol. La visión del línea y del juez eran ambas subjetivas, eran dos visiones diferentes de dos sujetos y dos subjetividades diferentes, pero la visión del línea se adecuaba mucho más a la realidad objetiva que la del juez, era más objetiva que la del juez porque reflejaba en forma más adecuada los hechos objetivos.  

Supongamos un tercer y último ejemplo: un incendio. Dos investigadores se encargan del caso, en el lugar de los hechos y tras un análisis superficial uno concluye que fue intencional y otro que no lo fue. Posteriormente, y tras una revisión más profunda del lugar de los hechos, se encuentran elementos contundentes que indican que fue intencional (importantes cantidades de combustible, mecha, elementos para prender fuego, etc) Las dos visiones subjetivas son incompatibles, el incendio fue intencional o no lo fue, pero la visión del primero parece adecuarse más a los hechos objetivos que la del segundo. Estos ejemplos, aunque puedan parecer un poco triviales (son ejemplos sencillos, a nivel científico se trata de situaciones más complejas), nos señalan que constantemente, en nuestra vida práctica, estamos contrastando las visiones subjetivas con los hechos objetivos, y las conclusiones que saquemos tienen consecuencias prácticas importantes, en el segundo caso puede determinar que el cuadro que hizo el gol en posición adelantada gane o empate el partido gracias a ese gol (Uruguay recientemente fue descalificado porque la visión subjetiva del juez parece no haber visto el importante adelantamiento del arquero de la selección brasilera en la definición por penales que las grabaciones demostraron que era un hecho objetivo), en el segundo que se inicie o no una investigación para encontrar a los responsables del incendio, que se capture y procese a los culpables, etc.  
¿Qué queremos decir con todo esto? 

Que todos percibimos la realidad desde un punto de vista subjetivo, con toda la carga de ideas previas, de nuestra historia, del peculiar punto de vista en el cual estamos situados, es algo que compartimos (dicho de otra forma: es una verdad objetiva, ya que la subjetividad es también un hecho objetivo) etc, pero estas visiones se pueden acercar más o menos a como es la realidad objetiva, por eso llamamos visiones objetivas a aquellas visiones subjetivas que se acercan, se aproximan, reflejan mejor la realidad objetiva. Son subjetivas en tanto fueron desarrolladas por un sujeto y son objetivas en tanto reflejan en forma más adecuada la realidad objetiva.   Desde un punto de vista dialéctico no existe un abismo entre lo objetivo y lo subjetivo (no existe un mundo en si incognoscible, ni una cosa en si que nada tenga que ver con los fenómenos), en la formación de lo subjetivo interviene la realidad objetiva, nuestras sensaciones visuales tienen una carga de ideas previas, condicionamientos culturales y de expectativas, pero los objetos físicos exteriores, intervienen en la producción de nuestras sensaciones, nuestros sentidos reflejan ese mundo, lo pueden hacer de mejor o peor forma, pero, por lo general, son un instrumento fundamental para la propia sobrevivencia, si nuestras sensaciones fueran puramente subjetivas, y no tuvieran ninguna relación con la realidad objetiva, seguramente nos iría muy mal cada vez que intentáramos cruzar una calle muy transitada. 

Pero se podría objetar lo siguiente: …si, pero nosotros cuando observamos lo hacemos desde determinados esquemas conceptuales previos que fuimos adquiriendo (o paradigma para utilizar un término de moda), entonces un hecho no va a ser lo mismo visto desde determinado esquema conceptual y desde otro, y como percibimos desde un esquema conceptual no podemos saber como las cosas realmente son, etc. Es verdad que percibimos el mundo desde determinados esquemas conceptuales, pero los diferentes esquemas no son todos iguales, hay esquemas que reflejan en forma más aproximada la realidad que otros. La teoría ptolemaica que planteaba la hipótesis geocéntrica llevaba a interpretar determinados hechos como la puesta del sol, como un movimiento de éste alrededor de la tierra, la teoría copernicana supuso un cambio sustancial en la interpretación de este hecho: es la tierra la que se mueve; algunos comportamientos como las convulsiones son interpretados hoy como síntomas de una determinada patología, en la edad media algunos (el Tribunal del Santo Oficio: la Inquisición) seguramente lo interpretarían como una posesión demoníaca. El mismo hecho es visto desde “paradigmas diferentes”, pero esto no implica que todo sea subjetivo, ni que no podamos conocer la realidad objetiva, porque los diferentes esquemas conceptuales no son igualmente válidos, y hay esquemas o teorías que me permiten interpretar los hechos en forma más objetiva que otros, hay esquemas que reflejan más adecuadamente la realidad objetiva que otros. 

¿Pero cual es la consecuencia a nivel comunicacional, a nivel de la historia y la política? Supongamos un hecho como el golpe de estado, si todas las visiones son subjetivas y no es posible alcanzar la objetividad sería tan válida la teoría de los dos demonios, como la teoría que sostiene que el golpe de estado no fue causada por el enfrentamiento entre la guerrilla (la cual había sido derrotada militarmente en 1972) y los militares, sino que fue impulsado por las clases dominantes para poder imponer un proyecto que se lo impedía el movimiento popular, es más: sería tan válida la visión que sostiene que no hubo represión sistemática, ni tortura, ni desapariciones, como la que sostiene que las violaciones a los derechos humanos fueron sistemáticas, y que existió coordinación entre las diferentes dictaduras del cono sur. Estas serían las consecuencias del relativismo, de la visión que dice que la objetividad no existe, de la visión que no comprende que si bien todas las visiones son subjetivas, algunas se aproximan mejor a la realidad objetiva que otras. Tanto la visión de que el hombre fue creado por Dios, como la visión de que el hombre evolucionó de otras especies, son visiones subjetivas, pero una refleja la realidad objetiva y la otra no, lo mismo sucede con las teorías que sostienen que el trabajador asalariado es explotado y las que lo niegan, ambas visiones son subjetivas, talvez la primera sea sostenida por un obrero que no terminó la escuela y la segunda por un cientista político o por un economista (algunos de los cuales son verdaderos sacerdotes modernos que interpretan la voluntad del Dios mercado), pero eso no significa que la `primera no se aproxime más a la realidad objetiva que la segunda. La visión de quienes niegan el exterminio de los judíos por parte de los nazis, “el negacionismo”, y quienes lo afirman como un hecho histórico, son ambas visiones subjetivas, pero mientras una de las visiones subjetivas niega la verdad objetiva (los negacionistas), sosteniendo una falsedad histórica, otros sostienen una visión subjetiva que refleja adecuadamente la verdad objetiva (el hecho de que los nazis exterminaron a millones de judíos en forma sistemática). Este fenómeno del negacionismo es el mismo que se da entre algunos militares, algunos políticos de derecha y sectores importantes de nuestra sociedad.

Las declaraciones de Rosales quien dijo que las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura fueron hechos aislados, y no una práctica sistemática por parte de las fuerzas armadas, son un ejemplo en este sentido. ¿Que es lo que se niega? La realidad objetiva y la posibilidad de conocerla. Afirmar, por tanto, la posibilidad de alcanzar la verdad objetiva es algo fundamental para los que luchan por una sociedad más justa, pues sin esta no podríamos afirmar siquiera que las estructuras sociales actuales son injustas, defender la posibilidad de alcanzar la verdad objetiva se torna imprescindible, además, cuando se intenta hacer pasar ficciones por verdades y se nos intenta vender más de un ídolo falso. La idea de que la verdad es siempre revolucionaria es una verdad objetiva que hoy sigue más vigente que nunca, sobretodo tendiendo en cuenta el impresionante desarrollo que han tenido los medios de comunicación hegemonizados por la sinfonía de la ideología dominante, verdaderas maquinarias de engaño y subordinación de los sectores subalternos de nuestra sociedad, pero que a su vez abren importantes posibilidades a los sectores contrahegemónicos,  talvez, todavía, inexploradas.
 
Otra cosa es la neutralidad, el que llega a una determinada visión objetiva de la realidad por lo general no es neutral, el que es conciente de la explotación, y es a su vez un explotado, cuando llega a comprender la estructura objetiva de esta y los conflictos que produce, seguramente tomará partido por uno de los sectores enfrentados. Quién comprende que las violaciones a los derechos humanos fueron sistemáticas, es decir alcanza una visión objetiva de los hechos producidos en la dictadura, difícilmente será neutral en el conflicto entre los que quisieron mantener el  olvido y la impunidad y aquellos que buscan la verdad y la justicia, la neutralidad, es, más bien, la actitud de quien piensa que solo hay visiones subjetivas, que no se puede distinguir entre lo objetivo y lo subjetivo, es desde ese punto de vista que todas las campanas son válidas, la “objetividad” de la cual hablan algunos comunicadores (que a través de los grandes medios imponen las “verdades” y los valores de la ideología dominante como una verdad incuestionable, consumismo, egoísmo, machismo y otras maravillas por el estilo) y cientistas varios no es más que la neutralidad, que parte de una visión relativista de la verdad, y cuya consecuencia práctica es no tomar partido (por lo menos en forma explícita). Pero claro, en sociedades divididas en poderosos y débiles, en explotados y explotadores, ser neutral es tomar partido por los fuertes, en cambio quien investiga quien descubre como fueron los hechos, quien conoce la estructura de la sociedad y lo intenta trasmitir, el historiador que señala, por ejemplo, la práctica sistemática de violaciones a los derechos humanos que hubo durante la dictadura, es decir aquel que es objetivo, ya ha dejado de  ser neutral y ha tomado partido, porque esta afirmando una visión opuesta e incompatible con los que sostuvieron la impunidad y el olvido. 

Este relativismo, y sus consecuencias neutralistas, parece algo propio de un sistema que no tiene nada para dar, pero trata de convencernos que nadie tiene nada para dar, que todo es igual, que todo es igualmente válido, y que, por tanto, no vale la pena intentar transformar la realidad.  

Relativismo que se ha transformado en concepción dominante en estas sociedades postmodernas, donde existe un descreimiento generalizado respecto a los proyectos colectivos, y solo  parece quedar lugar para los proyectos individuales, aunque el de muchos no sea más que el de la mera sobrevivencia.

     Cté. “28 de noviembre de 1971”

 

 

 

 

 

 

 

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