BOLIVIA: LA CONFIRMACIÓN DE LA REVOLUCIÓN EN NUESTRA AMÉRICA
Autor: Luis Quintana
La tranquilidad con la que se ha desarrollado la jornada del referendo constitucional en Bolivia da cuenta de la extraordinaria capacidad de su pueblo para participar organizada y pacíficamente en la decisión, reiteración y ratificación de los valores, principios y derechos por los cuales el movimiento indígena campesino se ha venido movilizando desde hace casi dos décadas, y que hoy la nueva Constitución Política del Estado reivindica plenamente.
Esta histórica aprobación (1) reivindica los más de quinientos años de resistencia en contra de la dominación colonial no sólo porque en el proceso de construcción del proyecto fueron protagonistas los pueblos históricamente marginados e invisibilizados, sino porque el texto mismo es expresión de una confrontación civilizatoria entre dos y más visiones de mundo. En el texto se plantea una fractura de la cosmovisión liberal occidental que socava todas las fuentes de la vida en el planeta, con el desarrollo de las cosmovisiones de los pueblos y naciones originarias que desde hace miles de años han desplegado modos de vida solidarios radicalmente distintos a los que se pueden comprender desde las limitadas perspectivas eurocéntricas y capitalistas con las que se suelen juzgar estos procesos revolucionarios.
Es así como la nueva Constitución Política del Estado boliviano se convierte en un punto de partida para la construcción colectiva del Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario. Un inédito proceso que tiene su correspondencia con el caso del Ecuador.
Los caminos de realización de los contenidos en el texto constitucional son de largo aliento y de alta complejidad política. Para ello es imprescindible la continuidad y profundización de la Revolución Democrática y Cultural liderada por Evo Morales, entre otras cosas porque su diseño de sociedad y comunidad es antagónico e incompatible con el modelo colonial y neoliberal que abandera la oposición y el Imperio. Es decir, la sociedad figurada en esta Constitución sólo puede ser conducida desde una plataforma revolucionaria y emancipatoria.
Desde esta incompatibilidad se puede explicar y proyectar que la oposición en el fondo no reconozca y acepte la Constitución ni aquello que se derive de ella. Esto implica que también comienza una nueva etapa de la lucha por la hegemonía, en la cual el Gobierno de Bolivia debe dar por sentado que la oposición y el Imperio van a afianzar su proyecto golpista para dar al traste con esta y con las demás revoluciones en marcha en Nuestra América.
Este año 2009 será decisivo para la próxima década en Bolivia. El Gobierno tiene el desafío de gestionar la transición hasta la elección de las autoridades de las nuevas instituciones, confrontando las configuraciones de poder adversas en el Congreso Nacional y en los Departamentos de la Media Luna. Sin embargo, todo parece indicar que el Presidente Evo Morales no titubeará en adelantar algunas medidas que le permite la nueva Constitución para cumplir con las expectativas más inmediatas de los movimientos sociales. En este sentido, el Gobierno demostrará una vez más que, no obstante las operaciones golpistas, tiene la más firme determinación de radicalizar las políticas a favor de la activación definitiva del Estado Plurinacional.
Con la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado en Bolivia se confirma una vez más el camino revolucionario por el que democráticamente se han decidido comprometer los pueblos de Nuestra América.
(1) Los resultados oficiales publicados por la Corte Nacional Electoral otorgó un 61.68% de los votos al Sí Y EL 38.32 % AL No, luego de escrutados el 99% de los votos. La nueva Carta Magna fue apoyada en los departamentos bolivianos de La Paz, Oruro, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, mientras fue rechazada en Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando. (Nota del Editor de Cubarte)