hogar, dulce hogar
Marisa. Battegazzore
Para generaciones de uruguayos la Ley Serrato fue sinónimo de posibilidad de acceso a la vivienda propia. Así es recordada todavía hoy, ya sea por experiencia personal o por la trasmitida por padres o abuelos. Gracias a la Ley Serrato muchos uruguayos de recursos limitados pudieron comprar o construir su vivienda, sin hipotecar simultáneamente su tranquilidad y la de sus familias. Era el Uruguay del Estado paternal y amortiguador, tan vilipendiado en las últimas décadas.
La experiencia actual difícilmente genere ese tipo de memorias.
No consultaremos los libros de historia ni la memoria de los ancestros, sino el sitio web del BHU, que relata la transformación de la sección hipotecaria del antiguo Banco Nacional «en un Ente que cumpla con los cometidos sociales de distribución de riqueza, al revertir el ahorro nacional a la Sociedad, en forma de vivienda. Es así que el 23 de mayo de 1912 el presidente de la república Don José Batlle y Ordóñez, conjuntamente con su Ministro de Hacienda, Ing. Don José Serrato, presentan el proyecto de nacionalización del Instituto. El 8 de junio el Cuerpo Legislativo aprueba el mencionado proyecto. [...]
El 13 de julio de 1921, se sanciona la Ley denominada "Derecho a la Vivienda", consecuente con la política del Banco de brindar una amplia colaboración a toda realización de valor social y económica para el País. [...]
A fines de 1929, la operativa del B.H.U. se amplia. Además de atender a los sectores de medianos y bajos recursos, como así también al agro, ahora queda facultado para otorgar préstamos para compra, construcción, ampliación o mejoras de tierras o edificios para oficinas públicas, o instituciones deportivas, sociales o culturales que tengan personería jurídica. [...]
En 1947, inicia sus actividades el Departamento Financiero de la Habitación. La filosofía de la ley que lo origina es la de solucionar el problema habitacional sobre la base del fomento y la defensa del ahorro.»
Está claro que la finalidad social del BHU queda establecida desde sus orígenes y, en apariencia, no se ha abdicado de ella. Estas declaraciones, confrontadas con la realidad actual, parecen dar muestra de un pronunciado gusto por la ironía.
Leyendo con atención, las prioridades originales del BHU eran “atender a los sectores de medianos y bajos recursos”. Pese a ello, en el presente nadie que tenga ingresos inferiores a 60 UR, algo más de $U 20 400, es aceptado como deudor por el Banco, independientemente del monto de la deuda y del valor de la vivienda.
Ni siquiera es admitida para la renovación de una hipoteca de la que apenas se adeudan 900 UR, una persona que puede acreditar ingresos líquidos de $U13 000, aunque, por otro lado, la cuota mensual no superaría el 25% de los mismos. No pongo un ejemplo imaginario, sino un caso concreto y reciente.
Hay una contradicción flagrante en las exigencias del BHU, por no mencionar la confusa y fragmentaria información que suministra, a través de su sitio web y, mucho peor, en los mostradores de la institución. En ninguno de los dos lugares se informa sobre esta reciente exigencia. Y no sólo a los comunes mortales que quizás concurramos con ignorancia igual a nuestras ilusiones, sino a los mismos escribanos que llevan años trabajando con el Banco.
Se puede argüir que se toma como mínimo el valor de una canasta básica –la cual, en realidad es muy superior. Pero ¿cuántos de nosotros, la gente, tenemos la suerte de alcanzar sueldos equivalentes a una canasta básica? ¿cuántas familias pueden reunir ese ingreso? ¿Dónde queda la “atención a los sectores de medianos y bajos recursos”? Un buen consejo: dichos sectores, ¡abstenerse! ¿Quién los mandó ser pobres?
Otro interrogante que merecería ser aclarado a nosotros, la gente, y sobre todo a los frenteamplistas a los que se pide apoyo activo en vista a las próximas elecciones, es qué relación tiene esta política del BHU con los compromisos asumidos en el punto 17 de la Carta de Intención con el FMI, de 27/12/05, que puede leerse en los sitios del Fondo y del Ministerio de Economía. En inglés en ambos casos, así que proveerse del diccionario. Sería bueno que el Ministerio no sólo tradujera el lenguaje sino los contenidos de ese acuerdo. Así por lo menos sabremos que nos quedamos sin vivienda por culpa del Fondo Monetario y que el gobierno no tiene más remedio que hacer bien los deberes.
Hay algunas notables paradojas, dignas de Horacio Buscaglia.
Paradoja #1. Aquellos uruguayos cuyos ingresos no son juzgados suficientes para pagar una cuota de $ 3.000 al BHU son considerados, supuestamente, aptos para pagar alquileres muy superiores, según los niveles de un mercado inmobiliario en el que me tomé el trabajo de constatar personalmente que se arrienda un sótano acondicionado como vivienda (es un decir) por más de $U4.000 o viejos apartamentos de un dormitorio, literalmente destruidos, por precios superiores, según la zona.
Una pieza en una pensión puede costar una media de $U2.000.
Salvo que se piense en extender los asentamientos irregulares o que los jóvenes vivan eternamente en casa de sus padres. Esto, en el caso de que los padres tengan vivienda. A lo mejor el BHU, en su fiebre liquidadora, sacó a remate extrajudicial su casa de tres dormitorios con base de 1.040,63 UR. (véase http://www.bhu.net/bhuvende/remates.htm)
Al mismo tiempo que el BHU exige que el monto de la cuota no supere el 25% de los ingresos, el tope que fija ANDA para otorgar garantías para alquileres es del 35%. El que alquila puede arreglarse con menos comida que el que compra.
Y, paradoja dentro de la paradoja, con ingresos inferiores a la mitad de 60 UR se paga impuesto a la renta.
Paradoja #2. Algunos bancos privados conceden préstamos hipotecarios con menos requisitos y/o en mejores condiciones que el BHU. Sin pretender atribuir intenciones, ¿no es por lo menos curioso que el mercado hipotecario privado florezca mientras el Estado se retira del mismo? ¿Los “sectores de medianos recursos” son derivados, advertidamente o no, hacia la banca privada? Luego de la reciente experiencia de la burbuja inmobiliaria y la crisis en los EE.UU. ¿no sería hora de definir una política de vivienda que tenga en cuenta la realidad de nosotros, la gente?
Paradoja #3. El BHU tiene una cartera de viviendas desocupadas, algunas a estrenar (ejemplo: edificio Bahía, reciclaje de la antigua fábrica de Alpargatas). Dadas las exigencias y el monto de las cuotas, es de presumir que seguirán vacías por mucho tiempo. Podría ser recomendable pensar, ya no con criterio social, sino simplemente comercial, si los costos y exigencias se corresponden con las condiciones de la demanda, cuando el Banco se orienta a los sectores de ingresos medios altos o altos. Hasta el almacenero de la esquina sabe que cuando una mercadería no sale, hay que ponerla en oferta y bajarle el precio.
Paradoja #4 . El Estado uruguayo anuncia que va a promocionar en Europa las inversiones en el sector inmobiliario.
Además de que ello tendrá costos, que saldrán como siempre del bolsillo de nosotros, la gente, ¿se ha pensado en como afectará el mercado inmobiliario y las posibilidades de acceso a la vivienda para los uruguayos de a pie?
La oferta inmobiliaria destinada a inversión, la mayor parte apartamentos modestos, es creciente. Esto repercute sin duda en el alza de los precios, especialmente en algunas zonas que se supone más solicitadas. Un sector preferencial al que se orienta esta oferta parece ser el de los estudiantes que vienen del interior. No se trata, obviamente, de viviendas de lujo ni en los balnearios.
De manera que la preocupación central del gobierno es atraer inversores, aún a costa de aquel “derecho a la vivienda” que consagraba la ley de 1921. Pero esto no es contradictorio sino perfectamente coherente con la paradoja #1.
Paradoja #5. Esta política del BHU no sólo perjudica grandemente a los promitentes compradores sino que disminuye mucho las posibilidades de los actuales deudores del Banco de vender la vivienda que ocupan, cuando se trate de unidades de bajo precio. Difícilmente el sector de la población que reúne las condiciones exigidas por el Banco esté deseoso de comprar un apartamento antiguo, de un dormitorio, en el Reducto, La Comercial o La Teja. Excepto que lo haga como inversión y no como vivienda. Con lo cual, otra paradoja, el BHU estaría financiando la especulación inmobiliaria, en contradicción con sus objetivos fundacionales.
Paradoja # 6. Mientras era oposición sin expectativas de triunfo electoral, el FA siempre consideró que los colgamentos eran abusivos e ilegales. Ello no obstó para que, como gobierno, procediera al cobro compulsivo de los mismos, llegando al remate extrajudicial de viviendas, cosa que ningún gobierno anterior había osado hacer. Y sin el menor examen público del asunto.
Los colgamentos convirtieron a los deudores del BHU en sujetos de una deuda eterna, como los peones de los obrajes. Pongo otro ejemplo concreto: luego de pagar durante 15 años las cuotas de una hipoteca de UR 1080, se ha generado, por concepto de colgamentos, una nueva deuda de casi 420 UR.
Es también notable que los medios, oficialistas u opositores, moderados o radicales, dediquen poco o ningún espacio a este problema. Es cierto que la opacidad es en ambos sentidos: recientemente fue removido el Directorio del BHU, pero nosotros, la gente, tuvimos muy escasa información sobre los motivos de esa decisión así como sobre la orientación de la nueva dirección. Si es que hay alguna.
Recientemente se ha anunciado una línea de créditos hipotecarios del BROU, pero las condiciones de los mismos no han recibido demasiada publicidad. Sólo se dice que alcanzan a los empleados públicos y a aquellos que trabajan en empresas con convenio con esa institución. Aunque escuché atentamente al Director Cladera nunca fue específico en cuanto a los requisitos económicos exigidos para acceder a ellos. Como señaló que competirían con la banca privada y no con el BHU, se puede suponer que las condiciones del préstamo (en UI y no en UR) serán similares. El hecho, muy publicitado, de que, el primer día en que se abrió esta línea de crédito se presentaran 30 000 interesados, indica la magnitud del problema.
En los cuentos populares es un tema recurrente el del príncipe que, disfrazado, se mezcla con el pueblo para enterarse de primera mano de lo que piensan, necesitan o desean sus súbditos y para conocer las realidades de las que lo separan las barreras de secretarios, burócratas y cortesanos de toda laya. Como quizás nuestros gobernantes no se pasean disfrazados ni concurren, como nosotros, la gente, a los mostradores del BHU, ni peregrinan, bajo la apariencia de obreros, empleados o docentes, por las inmobiliarias buscando una modesta vivienda, esta carta viene a proporcionar esa necesaria información al “gobierno de la gente”.
Marzo de 2008